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| DOOR | ||||||
| HISTORIA DEL ARTE | EGIPTO ANTIGUO | Dali | ||||
El
Futuro es nuestro; el Mañana, de Dios |
EL POLITIKOM
Introducción a la política Democristiana del Siglo XXI
Sociedad e Individuo- Tradición versus Revolución
PRIMERA PARTE |
| Contra el tabaco |
| Sobre la Vida y la Muerte |
| Contra la Pornocracia |
| Por un Consejo Nacional Pedagógico |
| El Futuro del Libro |
SEGUNDA PARTE |
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| Dios versus Ciencia del bien y del mal | |
TERCERA PARTE |
| Respuesta al problema de la Libertad del Ser |
La Memoria de la Civilización es un libro vivo,
cuyas páginas contienen la experiencia del hombre y las sociedades frente al
Poder de los siglos, poderes que, por inercia, tienden a perpetuarse
monolíticamente y hacer de la inmovilidad su ley fundamental, de esta manera
negándole al Futuro arte ni parte en la Historia y, en consecuencia,
estableciendo las bases de su propia destrucción. Se hace natural, por tanto,
que al entrar en el edificio del Futuro el pensamiento abra las páginas del
Libro de la Memoria de la Humanidad a fin de extraer conclusiones provisorias a
partir de las cuales adoptar posiciones y tomar decisiones. En este sentido la
experiencia de Sócrates, tomada en tanto que legado para la Civilización, nos
propone una lección de valor superelevado sobre la Naturaleza de la relación
entre el Hombre y el Poder.
Pero para llevar el agua al molino y comenzar a
refrescar el campo digamos que Sócrates no fue de profesión filósofo, punto
irrelevante -se diría- que no viene a cuento de nada, pero que, si repensado el
asunto y extendido a esa relación durante el curso de los Milenios, se verá que
la Lección tiene un valor político tremendo a la hora de su aplicación a la
realidad del Hombre en tanto que Individuo y su Relación personal con la
Sociedad en cuanto Dominio de un Grupo de Poder.
Observamos que desde Sócrates a nuestros días
esa relación ha mantenido su status quo, a la vez que nos congratulamos al ver
cómo la distensión ha producido una apertura desde una parte a la otra en
función de la cual la Individualidad ha sido asumida por la Sociedad y el
Individuo, a su vez, ha asumido la lógica en la oposición natural que se le da
a su acción cuando su Relación no es con la Sociedad sino con la Civilización.
Así pues volvamos a Sócrates, aunque sólo sea
para abrir la Memoria y hacer constar que sin las lecciones que la Historia de
la Civilización pone sobre la mesa ningún tipo de respuesta a los problemas
coyunturales que el propio crecimiento de la Humanidad expone a los ojos de
todo el mundo: podría conducir a las Naciones al otro lado del problema. Y ya
puestos, es justo recordar que en el mundo de su juventud -hablando de
Sócrates- la Filosofía existía en forma de sistema oficial de enseñanza.
Los artistas, lo mismo que los filósofos de sus
días de juventud, eran vendedores ambulantes de noticias y conocimientos. Pero
sería falso decir que Sócrates no conocía de forma autodidacta el volumen de
conocimiento de sus días; al contrario, porque llegó a dominarlo sin pasar por
los exámenes de la sofística, dio un paso adelante y superó a todos los
filósofos de su tiempo revolucionando la relación entre el hombre y el
conocimiento. Fue gracias al sistema de enseñanza oficial contra el que
Sócrates se alzara que la cultura intelectual del mundo helénico levantó la
cabeza humana de la condición animal y la elevó a la condición de los seres
inteligentes.
En Sócrates y por Sócrates se descubrió que lo
que hace al hombre verdaderamente inteligente es la capacidad para pensar por
sí mismo. Aquéllos, los filósofos oficiales, al comprender que la inteligencia
autodidacta era superior al sistema de enseñanza oficial, creyendo que era el
fin de sus días, movieron piezas hasta conseguir su muerte.
La Civilización, sin embargo, había vencido y
mediante la muerte de su campeón dio un salto adelante, irreversible, que se
encarnaría en la Academia, sistema de enseñanza donde el autodidacta y el
discípulo, es decir, Sociedad e Individuo, convivían en alma y cuerpo, fruto de
cuyo parto con dolor fuera el Aristóteles después del cual ya nada podía ser lo
mismo y gracias al cual el mundo heleno adquirió conciencia de la misión de la
Civilización, que no es otra que sacar al hombre del infierno que la ley de la
Supervivencia, patrocinada por el Poder y desde el Poder, impone sobre la Sociedad
contra la Civilización. La Civilización, es este sentido, puede definirse como
la Lucha del Hombre, en cuanto Ser, contra el Poder, en cuanto Ente, es decir
el Hombre en cuanto Viviente frente un Poder que, en tanto que Sistema,
reacciona contra la Civilización firmando penas de muerte.
Dando un paso más adelante y comprendiendo a
Jesucristo en el Libro de la Memoria de la Civilización, al nivel de su
Humanidad, dejando de lado aquí su Divinidad, digamos igualmente que, cual
Socrates no fue filósofo y sin embargo provocó la evolución más revolucionaria
hasta entonces vivida por el Mundo del Pensamiento, Jesucristo tampoco fue
teólogo. Ni recibió del sistema de enseñanza judío un título oficial de
"rabino". Pero fue el hijo del Carpintero de Nazaret quien
revolucionó la Teología al acometer, como lo hiciera Sócrates con la Filosofía,
la transformación de la Teología desde el exterior. ¿A quién le extraña que lo
mismo que le pasara a Sócrates con los sumos sacerdotes de la Filosofía Oficial
de los Griegos le sucediera a Jesucristo en su relación con el Poder de su
Nación? Los teólogos judíos comprendieron que, sin romper con los fundamentos y
principios de la teología hebrea, mediante el paso adelante dado por "el
pensamiento jesucristiano" la transformación social consecuente que el
Cristianismo traía amenazaba toda la estructura económica establecida sobre el mamutismo de la Religión Oficial. Y en
consecuencia la decisión que antes tomaran los griegos: Sócrates debía morir,
debía ser tomada ahora por ellos.
Vemos, pues, que la Civilización se mueve sobre
dos frentes. Mediante uno estabiliza sus conquistas, y mediante el otro tiende
a conquistar nuevas fronteras. El primero es la Sociedad y el segundo es el
Individuo. Y hemos visto cómo en los últimos seis mil años estas dos fuerzas
naturales en lugar de unirse y obedecer al mismo espíritu se declararon la
guerra. Declaración de guerra que vemos en toda su manifestación antihumana en
los Estados pos-comunistas, donde el primer frente, sucesor del segundo, una
vez estabilizado se alza contra el despertar del frente revolucionario matando en
las entrañas a las generaciones futuras, caso China, donde el aborto por
decreto obedece a una estrategia de aniquilación del futuro revolucionario. Con
todo, esta misma política de momificación de las conquistas sociales fue la
característica principal del sistema mandarín contra el que se alzara la
Revolución Maoísta y, por inercia, ha de conducir a la China Pos Comunista, de
no liberar el Estado Chino las fuerzas de la Vida, a una Segunda Guerra Civil
Revolucionaria, pospuesta en la Plaza de Tianamen, pero no desterrada del
futuro de China.
La Civilización, por consiguiente, tiene un
comportamiento cuyas propiedades podemos observar y seguir estudiando en el
Libro de la Historia Universal. Cuando en Occidente y en Oriente grupos de
intereses maquiavélicos, bajo el nombre de Dios, destierran de la inteligencia
humana cualquier otro libro que no sea su "Escritura", esos grupos de intereses económicos, ocultos tras
la pantalla de una religión para sacralizar su cuento, cometen un delito contra
la Civilización al mutilar la inteligencia humana.
Creada a la imagen y semejanza de la
inteligencia divina: para no conocer límites, la inteligencia se mueve sobre
dos principios. El primero tiene que ver con la Memoria, que se traduce en un
sistema de enseñanza y transmisión del conocimiento de la Civilización. Y el
segundo tiene que ver con las conquistas que el espíritu humano aporta a la
Civilización, la encarnación de cuya fuerza es el Individuo, la Persona, el
Hombre. La guerra entre ambas plataformas naturales está en la causa de los
pasos hacia atrás de las sociedades humanas.
Aprender de este comportamiento de la
Civilización cuál es la naturaleza de la fuerza revolucionaria que acaba
imponiendo su ritmo de desarrollo, y ni el sistema omnipotente y sacro de los zares,
que resistiera el embite de la Revolución de los Derechos Humanos, pudo
contener; aprender de la Historia las lecciones consecuentes, es una acción
básica para escapar al destino de ser los próximos a poner el cuello bajo la
guillotina. Pero si en el futuro estas dos fuerzas naturales de la Civilización:
Sociedad e Individuo, estarán integradas en un cuerpo gobernado por la Paz,
mucho nos tememos que al alba de este Siglo XXI el Poder y el Espíritu aún
siguen en guerra.
Para llegar a ese estadio en cuyo campo las
fuerzas sociales e individuales jueguen a divertirse y no a matarse aún nos
queda un largo camino. Pero la meta está dibujada y, conociendo el Origen de la
Vida, yo pongo las manos en el fuego a favor de la victoria de la Civilización.
II
RAZÓN Y FE
¿Pero qué es el Poder? La fuerza de seis mil
años viviendo en el infierno nos obliga a abrir los ojos y enfrentarnos a la
realidad.
“El Poder corrompe; el Poder absoluto corrompe
absolutamente”. ¿Quién no ha escuchado más de una vez esta sentencia
proverbialmente mágica inventada precisamente por los mismos que ejercieron
despóticamente el Poder?
Aunque sea temprano para ir repartiendo
papeletas de cita con el diablo hay que ser realista y admitir que este credo
maligno fue inventado para justificar la corrupción y acallar la propia
conciencia con las orejeras de una ley universal al imperio de cuyos azotes no
escapa nadie. ¡Y quién será capaz de llevarles la contraria! Es la propia
experiencia histórica la que tiende a darles la papeleta del millón.
La corrupción ética y la política las hemos
conocido unidas al mismo tronco del Poder. Y más de una vez mostrándonos en su
unión ser los dos brazos del cuerpo del Mal. Y esto no es emplear términos anti-científicos,
retrógrados, a no ser que las visiones del Siglo XX fueran paisajes del paraíso
de un más allá, etéreo, ingrávido, una pesadilla que pasó ya. ¿¡Duérmete
chiquito, duérmete ya, que el coco se ha ido y ya está aquí papá!? La Nana de
la Cebolla que hace reir, la Rosa sin espinas que hace sangrar con pétalos de
hierro, la Canción del verano “unidos no nos vencerán, no dejaremos ni uno,
ra,ra,ra”. ¡Quién no está curado ya de las promesas del Poder! ¡Reyes,
profetas, papas, mesías, líderes, sabios, genios y demás miembros de las clases
y castas elegidas, hacednos un favor: regresad al infierno del que fuisteis
sacados, ya hicisteis vuestro papel, es la hora del sol de la Verdad!
No es mentira decir que la experiencia histórica
muestra a las claras que en los últimos seis mil años el Poder ha estado, sin
descanso ni interrupción, en manos homicidas y corruptas. Si los demócratas lo
niegan tendrán que explicarnos cómo se llama lo que hacía un presidente de
todos unos Estados Unidos dando clases de práctica de fellatio mientras su país estaba bajo la amenaza de la
organización terrorista más grande del planeta. ¿A qué estaba jugando el hombre
más poderoso de América?
La experiencia no engaña, pero deducir de una
experiencia local una ley universal es un ejercicio de retórica gratuita.
Verdad que demostraré a continuación y nos servirá para definir qué sea la
Razón.
Lo que la Fe sea, lo sabemos. Depende de quien
hable la Fe será una neurosis patética o la única fuente de cordura natural.
Qué sea la Fe, qué es lo creíble y qué sea lo increíble en su organigrama
ideológico tradicional, clásico, por llamarlo de una manera más cariñosa, y que
se sostiene sobre un tipo de lógica, cuyos principios no pueden medirse ni
someterse a los principios básicos y naturales relacionados con lo que solemos
llamar la Razón, es otra cuestión.
Pero pensemos. Si todo lo que comúnmente se da
por racional fuera lo único creíble, y todo lo que suele darse por increíble
fuese lo irracional: cualquier cosa que sobrepasase el campo de la experiencia
humana sería irracionalmente increíble. Conclusión que no tiene ni pies ni
cabeza, porque no puede tener cabeza lo que no tiene pies, y viceversa.
Desde una plataforma así, lo humano, al no
entrar en el campo de la experiencia animal, sería lo increíble, lo irracional.
A no ser que alguien diga lo contrario. Ya que siendo lo que la Ciencia llama
inteligencia simplemente un grado más elevado de razón animal, lo humano, no
entrando en el campo de la experiencia animal, sería lo increíble y en
consecuencia lo irracional, en suma, lo no existente, un fenómeno que está ahí,
como nosotros, los hijos de Dios, pero al que no habría de prestársele más
atención que la debida a una locura atípica del ser.
La veta ontológica, pues, no tiene desperdicio.
El único problema es que esta mina ya ha sido castigada, y fuera de unos
vagones moribundos y una estructura en ruinas no queda nada de valor por lo que
volver a declararse la guerra. De nuevo: toda vez que lo creíble de la Fe es lo
irracional en la Razón: lo increíble racionalmente es lo irracionalmente
creíble en la Fe; de donde se ve que por lógica de fuerza mayor la Fe y la
Razón tenían que declararse la guerra y tratarse la una a la otra de locura
neurótica, de demencia vandálica, e incluso de practicar el bestialismo.
El siglo XX no fue precisamente un siglo de
síntesis. Fue un siglo de oposición entre la tesis y su antitesis. El
enfrentamiento anunciado en el XIX por el materialismo dialéctico entre tesis
(Fe-Capital) y antitesis (Razón-Socialismo) materializó su guerra particular de
muchos modos y formas durante el XX. Nadie lo ignora, el principio del Último
Gran Siglo fue de anuncio de guerra, de trompetas apocalípticas llamando a
Batalla Final.
Durante la primera mitad: Revolución y
Contrarrevolución, Gog y Magog conduciendo a la ruina a todas las naciones de
la Tierra. La segunda mitad fue de retirada de las costas en las que
desembocara el enfrentamiento entre Fe (tesis) y Razón (antitesis). La última
parte del Siglo -en obediencia a la lógica del materialismo histórico- fue de
acercamiento de la tesis y de la antitesis en busca de la síntesis. El polvo
del camino en los pies no nos queda más que sacudirnos el cansancio de los
huesos y reir con la alegría del que ya ha llegado al final: "La
Síntesis". ¡Por fin!
III
EL POLÍTICO Y EL OBRERO
¿Pero qué es la Política? ¿Es una ciencia a la
manera de la Biología, la Historia, la Química, la Geología? ¿Es un arte a la
manera que lo es la Pintura, la Escultura, el Cine? ¿Es un oficio a la manera
que lo es la Carpintería, la Albañilería, la Mecánica, la Panadería? ¿Qué es la
Política?
Veámoslo desde otro ángulo. ¿Puede ser llamado
científico el político a la manera que lo es el físico, el astrónomo, el
biólogo, el médico, el filósofo? ¿Puede el político ser llamado artista a la
manera que lo es el escultor, el escritor, el músico? ¿Puede el político ser
llamado trabajador, empleado, obrero, asalariado, peón, a la manera que lo es
el jornalero, el carpintero, el electricista, el piloto, el jardinero, el
herrero? ¿Qué es el político?
Tratemos de descubrir lo que sea definiendo lo
que no es. El político no es un asalariado ni un jornalero ni un peón ni un
obrero, porque la condición natural del trabajador es su sujeción al salario,
de manera que lo que define al trabajador, al obrero, al peón, al jornalero, es
su ausencia de cuota de poder para subirse su salario en función de la
necesidad, personal o social.
Para adquirir apariencia de cuota de poder el
obrero cuenta con los sindicatos.
El político, en cambio, cuenta con una cuota de
poder que le permite subirse el salario a voluntad, sin tener que darle
explicaciones a ningún patrón, ni sentarse a discutir con ningún empresario su
prima. Mejor aún, él mismo estipula las condiciones de su contrato.
Que sepamos, al menos hasta la fecha, ningún
trabajador, peón u obrero, se sienta a la mesa con el empresario y chatea
alegremente con él mientras éste firma las condiciones que el trabajador,
obrero o peón, ha establecido de antemano para el desarrollo feliz de su
trabajo. Muy al contrario el político no sólo tiene el poder y la libertad de
subirse alegremente el salario de acuerdo a sus ambiciones y necesidades de
partido, personales o familiares, además tiene el poder de establecer las
condiciones de felicidad en las que realizará su trabajo. Por tanto el político
al no sujetarse su trabajo a la naturaleza de la relación entre el trabajador y
el empresario, no puede ser llamado trabajador, asalariado, peón, jornalero,
obrero.
Lo cual nos lleva a considerar la posibilidad
matemática de excluir positivamente la Política del Árbol de los Oficios.
El número de los Oficios crece en la medida que
el progreso y la evolución de la Civilización se diversifica y su estructura se
hace cada vez más compleja. Pero el Oficio de no importa qué obrero, trabajador
o peón se sujeta siempre a una ley externa que regula su trabajo y estipula su
cuota de acceso a los bienes que genera el progreso general de la Sociedad.
El político, como hemos visto, no sólo tiende,
conforme llega al Poder, a abolir para sí esa ley externa por la que su trabajo
está sujeto a una cuota de participación y acceso, sino que además tiende a
imponer su ley sobre todos los demás sectores de la sociedad. Tendencia
inercial absolutamente natural teniendo en cuenta lo que hemos dicho antes
sobre la igualdad entre el animal salvaje y el animal político. Lo ilógico
-excusando ahora lo inexcusable- sería que un animal salvaje no intentase
imponer su ley a las demás fieras de la selva.
Ahora bien, lo que define al trabajador, al
obrero y al peón es su desarrollo mental, su impronta social y su inteligencia
natural para mantener una convivencia pacífica sobre las bases de la Igualdad,
la Libertad y la Fraternidad con todos los demás miembros de la Sociedad
Humana, tanto a nivel Nacional como a nivel Internacional. Estas tres
propiedades del trabajador: desarrollo, impronta e inteligencia son las tres
barreras que lo alejan de la condición salvaje del animal político, cuya
función natural, como hemos dicho, es transformar la sociedad en una selva.
Cómo y por qué el trabajador, cuyo alejamiento
de las condiciones de esclavitud feudal, a que estuvo sometido por ese animal
salvaje político, es al presente de una distancia insalvable, sigue sometido a
este tipo retro, dislocación del Homo Sapiens, cuyo trabajo consiste en
pervertir y corromper todo sistema social en el que se instala, sea república,
reino o democracia, este cómo y por qué es un dilema que hemos heredado del
Siglo XX y cuya respuesta nos toca a nosotros resolver.
IV
EL POLÍTICO Y EL ARTISTA
¿Puede ser el político puesto al lado del artista?
¿Es la Política un arte? ¿Posee el político el don de ser libre en la
inseguridad, independiente en la incertidumbre e improvisador en el caos,
cualidades naturales al alma del genio?
La respuesta es un categórico NO, un por
supuesto que el político NO puede ser colocado al lado del músico, del pintor,
del escultor, del escritor, del poeta, del compositor.
Infinitamente más que el trabajador, aunque al
final su cuota de acceso a los bienes sociales sea más grande que la del
trabajador, el artista está sometido a la incertidumbre de su genio. No tiene
más contrato que el que le asegure su talla, ni otro futuro que el que le
estipule sus virtudes y taras. Su mente está siempre flotando en las nubes. Es
el master del espacio, el soñador impenitente por excelencia, el aventurero de
las catástrofes risueñas, el que sale riéndose de la tormenta, el que en el
infierno pinta paisajes del cielo, el que vaga en las tinieblas brillando con
su estrella.
¿Qué tiene que ver un político con un poeta? El
uno adora lo que nunca tendrá y el otro adora lo que nunca dejará.
En fin, si ya fue difícil situar al político en
la rama de los Oficios, dado que por su naturaleza social todo Oficio está
sujeto a una ley externa, aún más difícil nos será situar al político dentro de
la rama de las Artes, cuya ley interna no puede ser regulada por ningún tipo de
parlamento y cuyo desarrollo depende exclusivamente del espíritu de los
tiempos.
Impronta social, inteligencia natural y
desarrollo mental -dijimos- son las tres propiedades que la savia del Ser
transporta por la rama de los Oficios y alimenta a todos los trabajadores con
un mismo aliento.
La savia que recorre la rama de las Artes tiene
sus propias cualidades, que le son naturales al genio: Libertad en la
inseguridad, independencia en la incertidumbre, improvisación en el caos, más
que otras cualesquieras éstas tres son las cualidades que mejor definen al
artista verdadero.
Si el trabajador mantiene su relación con lo
material, y la materia es su fuerte, el artista se mueve en el espacio y su
relación es con el espacio, en el que es actor y observador al mismo tiempo.
Libertad, independencia e improvisación son,
pues, las cualidades que el artista aporta a la civilización. Cualidades
naturales del genio que sumadas al desarrollo mental, la impronta social y la
inteligencia natural del trabajador, esta libertad en la inseguridad,
independencia en la incertidumbre e improvisación en el caos: generan una suma
de sumandos tal que le proporcionan al cuerpo social: Seguridad en sí mismo y
fortaleza frente a las tormentas de la historia.
El político: pragmático, cuya meta es el
control, cuyo fin es el orden, precisamente por esta tendencia animal a
mantener el status quo alcanzado, bien a través de un proceso democrático o
bien a través de un proceso revolucionario, y justamente por esta incapacidad
para transformar la sociedad sin provocar en su seno un proceso social caótico,
es, por estas razones, ajeno al genio que recorre como savia la rama de las
Artes.
No hay, en definitiva, nada más contrario a un
artista que "el animal político". La independencia en la
incertidumbre, la libertad en la inseguridad, la improvisación en el caos son
propiedades del genio contra las que el político sólo puede entonar un vade
retro. Difícil por tanto incluir la Política en la rama de las Artes.
V
EL POLÍTICO Y EL
CIENTÍFICO
La Política no es un Oficio, convenimos antes,
porque no se sujeta a ninguna ley externa y tiende a usar la que hay para
elevarse y desde el Poder imponer la suya propia.
No es un Arte, convenimos también, porque su ley
es una ley contraria a la ley interna del artista, que lo mueve, lo anima y lo
supera.
¿Será entonces acaso la Política una Ciencia? No
es un Oficio, no es un Arte, ¿será una Ciencia?
El físico es el sujeto de la Física, como el
astrónomo es el sujeto de la Astronomía. El médico es el sujeto de la Medicina
y el ingeniero el de la Ingeniería. Y así hasta el infinito. También al
contrario, la Física hace al físico, la Medicina al médico, la Astronomía al
astrónomo, la Biología al biólogo, etcétera. Tanto monta, monta tanto - podríamos
decir sin equivocarnos. Y lo contrario, que alguien sea llamado y tenido por
físico sin conocimiento de la Física, o abogado sin conocimiento del Derecho, o
geólogo sin título de Geología, aunque psicodélicamente surrealista, ni en
sueños semejante farsa en la utopía sería defendida por nadie.
Al igual que la rama de los Oficios aporta al
cuerpo social sus propiedades típicas, y la de las Artes sus características propias,
la rama de las Ciencias aporta al árbol de la humanidad: Perseverancia
invencible ante los problemas, duda positiva frente a la apariencia de
legalidad, y capacidad creadora desde la abstracción de la realidad.
Sumadas las cualidades existenciales del
trabajador, las virtudes animistas del artista y las características creadoras
del científico: la igualdad es una Sociedad en progreso continuo, que crece por
inercia y tiende a un desarrollo cada vez más complejo desde las formas
primitivas más elementales de convivencia.
La fraternidad social del trabajador, la
libertad irreprimible del artista, la igualdad inalienable del científico, he
aquí las tres patas del trípode de la Creación, las tres caras de la pirámide
de la Civilización. Materia, espacio y energía fundidos en un todo: el hombre,
el género humano, la humanidad.
Entonces viene el animal político y dicta la ley
del más fuerte, transforma la sociedad en una selva donde él, por supuesto, es
el rey. De manera que la pregunta es obligada. ¿El político, de qué ciencia es
sujeto?
¿De la Política? ¿Y eso cómo puede ser? Hemos
visto que el físico tiene un título en Física por el que su autoridad se ve
respaldada por una comunidad científica; que el ingeniero es portador de un
título por el que puede hablar de Ingeniería con plena autoridad científica; el
médico está autorizado para ejercer Medicina por unos estudios científicos, sin
los cuales únicamente a un loco o a un desesperado se le ocurriría poner su
corazón o su apendicitis en las manos de una persona que no hubiera estudiado
esa Ciencia.
Hemos visto que una Ciencia se define por el
sujeto de quien y para quien ella es objeto. Y sin esta condición no puede
haber Ciencia. ¿Desde esta legalidad: qué tiene que ver el Político con la
Politica en tanto que Ciencia?
Quienes dicen ser su sujeto, los políticos,
estos sujetos, los políticos, no sólo no han estudiado Política, sino que
además, de serlo: el sujeto de la Ciencia Política, la Política sería la
primera Ciencia que haría científicos a las personas sin necesidad de estudios
ni de títulos. Lo cual nos lleva a un callejón sin salida, o con salida sólo al
infierno. Así que o bien la Política es una Ciencia y por tanto quienes se
llaman políticos sin haberla estudiado ni poseer el correspondiente título son
todos unos farsantes, o bien la Política no es una Ciencia y en consecuencia
los políticos tienen y están en su derecho de llamarse políticos.
VI
SOCIEDAD Y ESTADO
Más que condenar a nadie estas consideraciones
preliminares sobre la relación entre la Política y la Sociedad nos conducen y
tienen por meta guiarnos al corazón de uno de los núcleos alrededor de los
cuales orbitan los grandes problemas históricos del Género Humano. Las
conclusiones derivadas de la absoluta ausencia de conexión entre la Ciencia
Política y los políticos nos sirve una de las causas por las que la Sociedad
permanece estancada en las marismas de la Ciencia del bien y del mal.
¿Qué pasaría si un hospital fuese dejado en las
manos de sujetos sin ningún conocimiento de Medicina? ¿O si lo fuera una
empresa cualquiera en manos de gente sin ningún conocimiento ni de la
producción ni de la comercialización del producto y estuvieran al frente de la sociedad por el afán de lucro? ¿Cuál
sería el futuro de un laboratorio en las manos de un ignorante en la ciencia
especializada al caso? ¿Qué nombre le pondríamos a una sinfónica dirigida por
un individuo incapaz de leer las matemáticas solfamilasol?
“Si el dinero es bueno y el trabajo es de tontos
¿dónde está el problema? Se agarra el dinero, se mete en el bolsillo y a salir
corriendo, que son cuatro años y hay que espabilarse. ¿Quién se ha hecho rico
trabajando?”.
Este retrato del político y de la Sociedad del
Siglo XX sería hermoso de contemplar si estuviese en el Museo de la Historia.
Desgraciadamente ese personaje y su hábitat salvaje están vivos en estos
principios del Nuevo Milenio, amenazan con hacer de este Siglo su nueva selva particular,
han dictado ya su ley, y el siguiente paso es imponerla al precio que sea.
En qué acabará la aventura de tales reyes de la
selva es una crónica anunciada, a la que nadie le da importancia hasta que el
fuego de la guerra se extiende, se hace incontrolable, se abren las puertas de
la Muerte y los ejércitos del Infierno devastan por millones las vidas humanas.
Es el cuento de todos los siglos, es la misma vieja historia de todos los
milenios. Cambian los armamentos, cambian los uniformes, cambian los sonidos de
las armas y el discurso de los tiranos, pero el fruto es el mismo de siempre:
Guerra, destrucción y muerte. Lo cual nos lleva a declarar solemnemente que la Política
es una Ciencia, y que la Civilización del Siglo XX vivió bajo un continuo golpe de estado protagonizado por grupos
de intereses que se organizaron en partidos políticos para entrar en los Bancos
Nacionales y hacerse con las Riquezas de las Naciones en nombre de ... ¡la
Democracia!
Ese mismo sistema de dictadura de la democracia,
protagonizado por partidos compuestos de hombres y mujeres sin ningún
conocimiento de la Ciencia Política, ese mismo sistema que llevó a la ruina a
tantas naciones del Siglo XX, ese mismo sistema pretende imponer su ley en este
Nuevo Milenio. Y nuestra misión es la de impedir que ese sistema se perpetúe y
nos conduzca a todos a las puertas de un infierno cuya naturaleza es mejor ni
imaginar.
La Historia Política de las Naciones nos
descubre los límites del hombre y qué hay más allá cuando el hombre revienta.
La historia de los políticos -reyes, emperadores, líderes, caudillos, partidos,
etcétera- a su vez, es un constante hundir al pueblo hasta tener su cuello bajo
sus pies, hasta tenerlo aplastado bajo el peso de sus botas estatales, punto
crítico que despierta el instinto de supervivencia y conforme el pueblo se
levanta destroza piernas y brazos, cabeza y cola. Nuestra misión es impedir que
esta situación se reproduzca, y la Historia no se repita. Las medidas que
debemos adoptar son las que exige la propia naturaleza: Que el político sea
sujeto de la Política. Es decir, que nadie que no sea político, como el físico
es en relación a la Física, el músico a la Música, el mecánico a la Mecánica,
el médico a la Medicina, que nadie que no sea político -en relación a la
Ciencia Política- entre en la Administración de las relaciones sociales propias
de una nación. A todos los niveles.
La introducción vírica de un sujeto extraño a la
Ciencia Política en el cuerpo de la Administración, y cuya razón política es el
enriquecimiento personal, está en el origen de la corrupción y de la injusticia
que les afectan a las Sociedades democráticas. Para evitar esta infección
vírica de efectos malignos a largo plazo, aunque a corto no parezca hacer
peligrar la salud de la Sociedad, la cuota de poder que el político del Siglo
XX se adjudicó, por el que se subía el salario y se permitía adaptar a sus
necesidades y gustos las condiciones de su contrato laboral, esa cuota debe ser
entregada a quien le pertenece por derecho natural: la Sociedad.
La Sociedad es, en relación a la Administración,
el patrón que estipula las condiciones del contrato laboral a las que el
político se sujeta por el tiempo contratado. La Sociedad no renunció jamás a
este derecho natural, se le quitó de las manos, pero Hoy exige que se le
restituya.
La Sociedad, no el Estado, es el heredero
natural de la Historia de una Nación. Mientras un Estado esté en las manos de
un rey, de una élite o de un partido, mientras el Estado esté en otras manos
que en las de la Sociedad, y porque lo está: el Estado deviene un instrumento
dictatorial. Sólo en las manos de la Sociedad, a la que sirve, el Estado
adquiere su naturaleza civilizadora. Por consiguiente el Estado, de los pies a
la cabeza, sirve a la Sociedad, el verdadero patrón de la Administración, que
regula su trabajo y tiene el poder de despido y de contratación que le es
inalienable por derecho natural. ¡Cómo llegar a este estado de cosas es el
problema! Resolverlo y legarlo perfectamente aplicado a la Civilización del XXI
es nuestra misión.
VII
SOCIEDAD E HISTORIA
Pero para alcanzar este grado de desarrollo
social la realidad nos pide empezar por la base, es decir, incluir la Ciencia
Política en la Educación de la Juventud, y elevarla al mismo rango que las
ciencias básicas sin las cuales el desarrollo intelectual del ser humano es
imposible.
Si las Ciencias Naturales nos permiten
comprender el espacio y la materia, la
Ciencia Política nos permite comprender la Historia del Hombre en el Tiempo.
¿Qué es un hombre sin memoria genética activa? ¿Y una Sociedad privada de su
memoria histórica, qué cosa es? Por la memoria genética nos situamos
automáticamente en el espacio; por la memoria histórica nos movemos en el
tiempo.
Un hombre que se mueve sólo en el presente,
confundiendo espacio y tiempo, desconectado del pasado como si fuera cosa ajena
y despreocupado del futuro como cosa sobre la que no tiene poder, ese hombre es
un animal, una bestia racional, la Razón la única diferencia entre él y
cualquier bestia. Ahora bien: La propiedad universal de la inteligencia, la que
le da al hombre su verdadera naturaleza, es el poder de intervenir en el Futuro
transformando el Presente.
Ningún hombre sin memoria genética, sin la cual
su capacidad de movimiento en el espacio se vería mutilada, en mayor o menor
medida en función del daño sufrido o heredado; ningún hombre sin memoria
histórica universal, pues en este caso la ley sigue la propiedad inversa, a
mayor conocimiento mayor inteligencia, a mayor inteligencia mayor poder de
transformación de la Sociedad.
El hecho de poder intervenir en el Futuro
mediante la transformación de la Sociedad nos conduce al conocimiento de las
herramientas con las que podemos ejecutar dicha transformación.
Con independencia del lugar y del tiempo, la
Sociedad es un cuerpo vivo que a medida que crece se transforma mediante la
evolución creadora que la anima. El proceso de transformación es constante y
las herramientas de trabajo serán más o menos complejas, pero las bases son
siempre las mismas, de la misma manera que dos y dos son cuatro, siempre,
independientemente de la naturaleza de la máquina que ejecute la suma.
La Naturaleza se encarga automáticamente de que
no haya ningún hombre sin memoria genética. La Sociedad es en relación a la
memoria histórica la que ejecuta esa actividad de apertura de la inteligencia del
hombre al Tiempo, plataforma evolutiva en la que se mueve su Conocimiento,
independientemente del Espacio en el que la Humanidad desarrolla su movimiento.
Hemos visto en el Siglo XX que cuando el Estado
ejecuta la acción del virus maligno y se sumerge en el cuerpo de la Sociedad
para desde su núcleo reproducirse y anular la fuerza natural de la propia
Sociedad, cuando el Estado suplanta a la Sociedad: el hombre camina hacia su
ruina, pierde cuota de poder y de acceso a los bienes de la Civilización, y se
ve enseguida flotando en medio de un mar de corrupción, que lo ahoga con sus
injusticias, lo oprime con sus impuestos, y busca la anulación de su
inteligencia mediante diferentes y múltiples técnicas de manipulación y borrado
de la personalidad.
La misión del Político no es domesticar al
Estado, su misión es restituirle a la Sociedad lo que le pertenece al hombre.
Al hombre le pertenece el Estado, y le corresponde a la Sociedad, a la que el
Estado sirve, regular el contrato político, de un lado, y del otro, establecer
la Ciencia Política como Carrera Universitaria de acceso al Estado, sin cuyo
título nadie pueda trabajar para la Sociedad sirviéndola en la Administración
de las relaciones internas y externas que la propia Humanidad genera con su
existencia.
La Sociedad, como patrona de la Administración,
debe conservar el derecho de despido -con los perjuicios que hubiere- contra el
Político que incumpla, viole u omita parte o la totalidad de su trabajo.
Quien quiere levantar una casa debe comenzar por
los cimientos. Y quien quiere reformarla debe apuntalar las vigas maestras,
entonces ya puede trabajar evitando cualquier riesgo de desplome de la
estructura. De todas las medidas de apuntalamiento de la estructura social que
hemos heredado esta primera nos permitirá seguir trabajando desde la Paz por la
Paz.
VIII
NATURALEZA DE LA CIENCIA
POLITICA
Volvamos al principio y recojamos el hilo de la
cuestión principal: ¡el Poder! Al igual que una montaña super explorada está ya
dotada de diferentes vías de ataque, el Poder tiene caminos insondables
escritos sobre líneas torcidas que todo el mundo de la política conoce.
Poco nuevo se puede decir sobre un tema por los
expertos dicho ya todo, y si no lo han dicho todo será porque se han guardado
cierta fórmula mágica a fin de conservar ellos el Poder. Así que la pregunta
es: ¿qué tendrá el Poder que vuelve loco a quien lo alcanza?
¿Qué esconde detrás de su sonrisa esa cumbre por
llegar a la cual los hombres se matan, cometen los crímenes más horrorosos y
una vez llegados son capaces de hundir a una nación en la guerra civil con tal
de no abandonar la condición alcanzada?
Recordemos aquélla sabiduría extraña al universo
creado, maléfica en sus entrañas, infernal por sus consecuencias: "Seréis
como dioses, conocedores del bien y del mal".
Quien exhaló esta sentencia era alguien que
concebía el Poder desde la cima de esa montaña inaccesible al pueblo, desde la
cual el mundo se ve como un dios y de la que no se está dispuesto a bajar
aunque se hunda el mismo universo en un Apocalipsis cósmico total. El Hombre
que cayó en la trampa de aquella Bestia infernal loca por el Poder Absoluto fue
un hombre sin experiencia en la Ciencia del Bien y del Mal, dicho de otra forma
más natural, lógica, cercana: “en las cosas de la Política”.
Seis mil años después el Hombre que con los ojos
de su inteligencia contempla las consecuencias del Poder de los dioses, a la
imagen y semejanza de los príncipes del imperio del infierno, tiene el alma de
todos los colores menos blanca como la página esa de la que decía el famoso
Platón estar constituido nuestro más profundo ser. Ni aún los niños nacen limpios
de maldad, según cuentan las iglesias; todavía menos un hombre de los pies a la
cabeza ha de verse libre de toda clase de conocimiento y sabiduría por el que
se pierde la inocencia. Desde esta realidad uno se atreve a confesar que la
inocencia es un crimen. Seis mil años de experiencia avalan esta confesión.
La cuestión sobre qué es el Poder nos lleva a su
primera y más importante rama: ¿Qué es el Estado?
¿Será el Estado un club de ladrones organizado,
ayer en castas elegidas y hoy en partidos, con la misión sagrada de mantener
contentos a los mendigos sobre los que basan sus miembros su status quo?
¿Será una especie de vampiro que no puede
soportar la visión del pueblo del que vive pero tampoco puede destruirlo porque
se destruiría a sí mismo?
Según la revolución Francesa el Estado fue eso,
un club de castas azules consagradas por los Papas de turno con la misión
divina de mantener contentos a esas clases bajas continuamente mendigando un
poco más de Derecho.
Según la Revolución Comunista el Estado fue eso,
un monstruo sacrílego devorador de carne humana que necesitaba beber sangre
para comulgar con los dioses de un olimpo al que les habían abierto la puerta
los santísimos príncipes de una religión de miserables adoradores del oro y la
plata.
Dos misas diferentes, dos sacrificios
diferentes, dos formas de ver la misma realidad del Poder Absoluto, del Estado
Todopoderoso y Omnipotente que camina sobre los cadáveres de todas sus víctimas
y de nada debe arrepentirse.
Dos realidades enviadas por la Historia al
infierno del que salieran. Dos lecciones que los hombres inteligentes debemos
tener siempre presentes para no dejarnos conducir, mediante engaños y promesas
dulces que esconden en su núcleo el veneno del poder absoluto, al paraíso de los
dioses enviados a su lugar de origen por dos Revoluciones para la eternidad.
Y seguimos donde estábamos. ¿Qué tiene el Poder
para que el ser humano prefiera la condición de los monstruos del averno a la
maravillosa libertad de un Hijo que no tiene más Padre, Señor y Rey que Dios?
¿Qué fuerza infernal animaba el alma de ésos
desgraciados para cometer la macabra ofrenda de sus crímenes perpetuos al Dios
que abominaba de sus misas y sus sacerdotes, y que sin mover un párpado ese
mismo Dios los entregó en plena justicia al verdugo?
Y en fin, seis mil años de esa Historia macabra,
siendo sus víctimas más que sus protagonistas, son suficientes para abrirnos
los ojos.
Al Primer Hombre que abrió la Caja de Pandora y
tuvo que huir para que no lo encontrasen y lo mataran por el crimen monstruoso
que cometiera contra la Humanidad, a aquél Hombre de Dios le bastaron las
visiones proféticas que en un segundo tuvo para saber lo que había hecho, sólo
que ya era demasiado tarde, una vez abiertas las puertas del infierno ... como
bestias irracionales privadas de toda libertad espiritual que sólo obedecen a
sus instintos ...
Pero esto es Historia más que Política y no
entra en la argumentación. Si por una causa u otra ¿qué? El hecho es que el
cadáver está presente, y al muerto si se murió de diarrea o de un susto ¿qué?
La desnudez del Hombre fue el talón de Aquiles
de nuestro mundo. Los sacerdotes judíos, en su ignorancia, mantuvieron que esa
desnudez se refería a la desnudez del cuerpo. Pero en su perfidia malvada
siguieron manteniendo semejante estupidez una vez que por la Sabiduría fuimos
enseñados y comprendimos que la Desnudez se refería a la Inocencia de nuestro
Mundo sobre la Ciencia del Bien y del Mal. Traducido esto a la relación del
Hombre con el Siglo XX quiere decir que la ignorancia sobre la Política fue el
talón de Aquiles de la Humanidad.
Pero hoy día, al presente, solamente los
intereses mediáticos y privados logran hacer que el Conocimiento se mantenga
oculto tras la pantalla del Silencio creado por los miedos y los intereses.
Seis mil años después ya sabemos lo que es la Política. Y lo que es más
importante, sabemos lo que es el Estado.
Desde esta plataforma de conocimiento nuestro
trabajo consiste en mantener en crecimiento este Estado, garante de nuestra
Libertad, desde el cual nuestro Individualidad se mueve, y sujetar el ritmo de
su evolución al de nuestra Civilización, impidiendo el anacronismo hasta ahora
vigente de tener por estructura estatal un organismo desfasado respecto a
nuestro conocimiento.
Mientras el Estado esté encadenado a los
intereses privados de ciertos grupos que en nombre de nuestra libertad lo
convierten en su propiedad personal, su fuente de Poder y riqueza, siendo
incluso capaces de sumir en el caos a la Sociedad si ven en peligro su
"herencia": el Estado será el enemigo número uno del Hombre y, por
coherencia consigo mismo, tenderá a atacar nuestro crecimiento y evolución aún
al precio de la guerra civil.
La Ciencia Política tiene por principio impedir
que esta Manipulación del Estado por grupos privados tenga lugar, y su fin es
que el Estado siga siendo el punto de encuentro de todos los miembros de la
Sociedad, alrededor de cuyo núcleo se articulan sus existencias y al
mantenimiento de cuya fuerza universal todos contribuimos alegremente para
mantener esta Libertad eternamente alejada de esas leyes de la Ciencia del Bien
y del Mal por las que grupos de demencia se creen dioses, se atribuyen las
propiedades sociales de los dioses que se inventan y en sus nombre se declaran,
padres, reyes y señores nuestros.
¡Al infierno lo que del infierno salió!
El Futuro no puede basarse en las premisas
suicidas sobre las que el Pasado montó sus guerras y sus tragedias.
Mientras una causa se mantenga en activo sus
efectos seguirán gestándose y buscando la forma de salir a flote. El fin
especial de la Educación es la formación de un hombre inmunizado contra
cualquier sistema de manipulación y lavado de cerebro, religioso o político.
Fin natural que es enemigo del fin político y religioso de quienes tienen en la
esclavitud mental del ser humano la base de su Poder.
Es prioridad de la Sociedad liberar la Educación
y Formación del Ser Humano de la clase política y poner su Cuerpo en las manos
de un Consejo Nacional Pedagógico dotado de todos los poderes concernientes a
Estructura de la Educación, a todos los niveles, y esté capacitado para
presentarle a la Sociedad cuáles son las prioridades -pedagógicas y
presupuestarias-, y sólo la Sociedad tenga el Poder de aprobar y analizar esas
medidas. En cuanto al Nacimiento y Organización de este Consejo Para la
Educación y Formación de la Inteligencia: los profesionales tienen la Palabra.
IX
EL NACIMIENTO DEL FUTURO
Al crearnos a su imagen y semejanza Dios
estableció nuestra existencia sobre los principios básicos trabajando con los
cuales El transformó la Realidad Universal: la reflexión, la meditación, el
análisis de las partes de una estructura, el juicio objetivo sobre el
movimiento de todas las cosas. En una frase final más acertada y definitiva “el
diálogo entre la Realidad y el Yo”.
Esto significa que la estructura biohistórica
del ser humano ha sido perfectamente modelada sobre el barro del tiempo para
desarrollar estas funciones intelectuales desde su propia estructura natural
ontológica.
Este juego de verdades fue desde el principio el
motor revolucionario de la Historia. Antes de descubrir en su ser al
científico, al político, al militar, al obrero, al inventor, al trabajador, el
ser humano descubrió su naturaleza religiosa. La antropología y la arqueología,
siendo contrarias a admitir esta realidad, con su negación y desde su negación
se ven impotentes para desligar la conexión religiosa del origen de la
sociedad.
Primero fue el hombre y luego la sociedad, pero
antes que la sociedad fue la familia, y en ésta la religiosidad marcó la
diferencia entre lo que hubo antes del Homo Sapiens y lo que habría después.
Dos tendencias paranoides de impulsos asesinos
intentaron en el siglo XX reducir el fenómeno religioso a una neurosis
esquizoide sufrida por las primeras familias, contagiada a las naciones, origen
de todos los males del futuro de la raza humana. Esta tendencia acabó haciendo
del discurso de la locura su sabiduría.
La otra tendencia quiso reducir la manifestación
religiosa a una desviación estúpida tipo animismo, cuestión de magos y druidas
perdidos en el tiempo de los primeros milenios de razonamiento. Esa tendencia
se consumió en la hoguera de su propia idiotez y al presente ya nadie se
preocupa de llamar fetichistas a las primeras familias humanas.
Es supercurioso por tanto que a la hora de
estudiar el origen de la raza cuyos logros y maravillas han transformado la
realidad de un planeta los defensores de la Humanidad, en sus orígenes se
llamaron humanistas, no perdieran oportunidad de condenar al Hombre y tratarlo
de bestia estúpida y repugnante cuyos logros y desarrollo apenas si, partiendo
de su estupidez natural, pueden ser explicados.
¡Nada nuevo bajo el sol! El discurso de siempre
en la boca de los sabios y genios del siglo XX, ésos de los que tan orgullosos
se sienten sus herederos y a la memoria de cuyos nombres encienden velas en el
altar de sus vanidades tecnológicas.
Los dos monstruos que la Ciencia, haciendo de
partera en el templo de la Razón, ayudara a traer al mundo, le callaron a
"mamá Ciencia" la boca por un tiempo, pero en el silencio la locura
siguió adelante su curso y ad maiorem ciencia
gloriam reinvindicaron para sí "los genios" la condición de los
dioses, de manera que siendo considerado delito contra la Paz y el Futuro de
las Naciones cualquier guerra de tipo nuclear, ellos reventaron la Tierra en
medio siglo con, aproximadamente, cincuenta mil veces la primera bomba atómica.
El futuro de la Civilización está entonces en
nuestras manos.
Siendo el Hombre y la Sociedad las dos caras de
un mismo rostro, nuestro deber es impedir que grupos demenciales en formación
democrática conquisten el Poder para disociar Sociedad y Hombre. La Sociedad es
y será siempre la plataforma donde la Memoria de todos los logros y su
materialización es almacenada para disfrute del Hombre, de cuyo espíritu
innovador depende el crecimiento continuo de la Sociedad. Cuando ésta sucumbe
bajo los golpes de organizaciones absolutistas, democráticamente organizadas,
cuyo realismo pragmático y liberalismo dogmático levantan barreras entre el
Hombre y la Sociedad, la Civilización entra en crisis, y sus síntomas, semejantes
a las de un organismo vivo, se manifiestan en la estructura social: Pobreza,
incultura, delincuencia, terrorismo, corrupción.
El resto es cosa de todos.
Cristo Raúl.Y&S