Alberto
Durero
(21
de mayo de 1471 - 6
de abril de 1528)
Durero es el artista más famoso del Renacimiento
alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados
y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia
en los artistas del siglo XVI de
su propio país y de los Países Bajos.
Vida
y obra
Durero
nació el 21 de mayo de 1471 en Nuremberg, ciudad a la que estuvo
íntimamente unido. Su padre, Alberto Durero
el Viejo, era orfebre y
fue el primer maestro de su hijo. De su primera formación, el joven Durero
heredó el legado del arte alemán del siglo
XV, en el que estaba muy presente la pintura flamenca del gótico tardío. Los artistas
alemanes no tenían dificultad en adaptar su propia tradición gótica a
la de artistas flamencos como Robert Campin, Jan van Eyck y, sobre todo, Rogier
van der Weyden.
El
concepto empírico del mundo de la gente del norte (fundamentado más en
la observación que en la teoría) era el nexo común. Durante el siglo
XVI, el fortalecimiento de lazos con Italia a través del comercio
y la difusión de las ideas de los humanistas italianos por el norte de
Europa, infundieron nuevas ideas artísticas al mundo del arte alemán,
de tradición más conservadora.
Para
los artistas alemanes resultaba difícil conciliar su imaginería medieval -representada con ricas texturas, colores brillantes y figuras con gran
lujo de detalle- con el énfasis que los artistas italianos ponían en la antigüedad clásica, los temas mitológicos
y las figuras idealizadas. La tarea que Durero se planteó fue la de proveer
a sus compatriotas de un modelo con el que pudieran combinar el interés
empírico por los detalles naturalistas con los aspectos más teóricos del
arte italiano.
En
su abundante correspondencia -especialmente en las cartas al humanista Willibald Pirckheimer, amigo suyo
toda la vida- y en diversas publicaciones, Durero hacía hincapié en que
la geometría y las medidas eran la clave para el entendimiento del arte
renacentista italiano y, a través de él, del arte clásico. En la lista
de amigos de Durero estaba el austriaco Johann
Stabius, autor que le proporcionó los conocimientos y detalles
sobre la construcción de relojes solares.
Entre las notas que dejó en su diario, cabe mencionar una descripción
de una pesadilla que tuvo una noche de Pentecostés en 1525 donde veía
caer trombas de agua del cielo. Marguerite
Yourcenar hizo un interesante análisis en su libro El
tiempo, gran escultor.
Desde
aproximadamente 1507 hasta su muerte
tomó notas y realizó dibujos para su tratado más conocido, Vier Bücher
von menschlicher Proportion (Cuatro libros sobre las proporciones
humanas, publicado póstumamente en 1528). Sin embargo, otros artistas
contemporáneos suyos, con una orientación de tipo más visual que literaria,
ponían mayor atención en los grabados en planchas de cobre y madera de Durero, que en sus escritos dirigidos
a orientarlos en la modernización de su arte con desnudos de corte clásico
y temas idealizados, propios del Renacimiento italiano.
Aprendizaje
y primer viaje
Después
de estudiar con su padre, Durero entró con 15 años como aprendiz del pintor
y grabador Michael Wolgemut.
Entre
1488 y 1493, el taller de Wolgemut se dedicó a la considerable tarea de
realizar numerosas xilografías para ilustrar la Crónica de Núremberg (1493)
de Hartmann Schedel, y es probable
que Durero recibiera una instrucción exhaustiva de cómo hacer los dibujos
para las planchas de madera. Durante toda la época renacentista, el sur
de Alemania fue centro de muchas publicaciones y era común que los pintores
estuvieran también calificados para realizar xilografías y grabados para
ellas.
Como
era costumbre entre los jóvenes que habían acabado su periodo de aprendizaje,
Durero emprendió un viaje de estudios en 1490. En 1492 llegó a Colmar,
donde intentó entrar en el taller del pintor y grabador alemán Martin
Schongauer que, cosa que no sabía Durero, había muerto en 1491.
Los
hermanos de Schongauer le aconsejaron que se dirigiera al centro de publicaciones
de Basilea, en Suiza, para buscar
trabajo. En Basilea y después en Estrasburgo,
Durero realizó ilustraciones para varias publicaciones, entre las que
se encuentra Das Narrenschiff de Sebastian
Brant en 1494 (traducida en 1507 como La nave de los locos).
Durante esta primera etapa de su vida, comprendida entre su aprendizaje
y su regreso a Núremberg en 1494,
su arte refleja una enorme facilidad en el trazado del dibujo y una minuciosa
observación del detalle. Dichas cualidades son especialmente evidentes
en una serie de autorretratos,
entre los que se encuentra uno de sus dibujos más antiguos (1484, Albertina, Viena)
que hizo a la edad de 13 años, un retrato de expresión seria dibujado
en 1491 (Colecciones de la Universidad, Erlangen,
Alemania), y otro retrato en el que aparece como un joven seguro de sí
mismo (1493, Museo del Louvre).
Primer
viaje a Italia
Después
de casarse con Agnes Frey en Nuremberg en 1494, Durero viajó a Italia.
Allí realizó acuarelas de paisajes
con gran minuciosidad de detalle, probablemente durante su viaje de regreso,
como por ejemplo una vista del castillo de Trento (National Gallery, Londres). Durante
los diez años siguientes en Nuremberg, desde 1495 a 1505, produjo un gran número
de obras que le ayudaron a asentar su fama. Entre ellas destaca la serie
de ilustraciones para grabar en madera de El Apocalipsis (1498), los grabados de La gran fortuna (1501-1502)
y La caída del hombre (1504).
Éstas y otras obras de este periodo muestran, en su conjunto, una maestría
técnica cada vez mayor en el arte de la xilografía y el grabado, un manejo
de las proporciones humanas basado en los textos del tratadista romano Vitrubio y una brillante capacidad
para incorporar detalles de la naturaleza en obras que reflejan el entorno
con gran realismo.
En
1497 pintó su Autorretrato (Museo del Prado, Madrid)
y en 1500 el de la Pinacoteca de Múnich, en el que se representa
con las características que habitualmente se atribuyen a Cristo,
y expresa de forma visual la preocupación que demostró durante toda su
vida por elevar la categoría del artista por encima de la del mero artesano.
Segundo
Viaje a Italia
Durero
volvió a viajar a Italia entre 1505 y 1507. En Venecia conoció al gran maestro Giovanni Bellini y a otros artistas, y la Fundación de Comerciantes Alemanes le encargó
una obra importante: el retablo de La fiesta del Rosario (1506, Museo Nacional de Praga).
En
1507 regresó a Nuremberg, donde comenzó un segundo periodo de una ingente
producción artística con obras como el retablo para la iglesia de los
Dominicos de Francfort del Meno (1508-1509,
destruido en un incendio en 1729),
la tabla de la Adoración de la Trinidad (1508-1511, Kunsthistorische Museum, Viena), Eva (1507, Museo del Prado); retratos; y numerosos grabados, entre
los que se encuentran dos ediciones de la Pasión, los grabados en madera
para el Arco del triunfo, encargo
del emperador del Sacro Imperio Romano
Germánico Maximiliano I,
y una serie de grabados como El caballero, la Muerte y el Diablo (1513), San Jerónimo (1514)
y La melancolía (1514). Mediante
el grabado de línea Durero consiguió crear diferentes gamas de sombreado
y texturas con las que logró plasmar formas tridimensionales con una maestría nunca antes superada.
Es
acogido por la familia Fugger,
de cuyos miembros realiza algunos retratos.
Último
viaje y últimas obras
En 1520 Durero se enteró de que Carlos
I, sucesor de Maximiliano I, iba a viajar desde España a Aquisgrán
para ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano germánico. Durero
había recibido una pensión anual por parte de Maximiliano y tenía la intención
de que Carlos I mantuviera esa asignación. Emprendió el viaje a Aquisgrán,
que financió vendiendo grabados y otras obras durante el trayecto, y de
allí pasó a los Países Bajos entre 1520 y 1521.
Su diario nos proporciona un fascinante relato de estos viajes, de las
audiencias de los monarcas y de los recibimientos que le brindaron sus
compañeros artistas, especialmente en Amberes.
Resultó
muy satisfactoria su audiencia con Carlos I. Regresó a Nuremberg, donde
habría de permanecer hasta su muerte, el 6
de abril de 1528. Sus últimas
obras son dos grandes tablas en las que están representados Los cuatro
apóstoles (hacia 1526, Alte
Pinakothek Múnich), que ofreció como regalo a la ciudad de Núremberg.
La
calidad de la obra de Durero, la cantidad prodigiosa de su producción
artística y la influencia que ejerció sobre sus contemporáneos fueron
de una importancia enorme para la historia del arte. En un contexto más
amplio, su interés por la geometría y las proporciones matemáticas, su
profundo sentido de la historia, sus observaciones de la naturaleza y
la conciencia que tenía de su propio potencial creativo son una demostración
del espíritu de constante curiosidad intelectual del renacimiento.
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