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Andrea Verrocchio, 1435 – 1488, pintor, escultor y orfebre florentino
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Andrea del Verrocchio, de Florencia, fue en sus
tiempos un orfebre, perspectivista, escultor, grabador, pintor y músico. Pero
su estilo en escultura y pintura era un tanto duro y tosco, como si hubiera
adquirido su habilidad más bien por perseverante estudio que por don natural o
facilidad. Esta facilidad, aunque no es tan ventajosa como el estudio y la
diligencia, lo hubiera convertido en un artista excelentísimo, pero cuando
faltan tanto el estudio como la facilidad, rara vez se encuentra la máxima excelencia,
aunque el estudio se lleva la mejor parte. Empero, Andrea, por su inigualada
diligencia, ganó un lugar entre los raros y excelentes artistas. En su juventud
estudió ciencia y especialmente geometría. Como orfebre hizo, entre otras
cosas, algunos broches para capas pluviales, que se encuentran en Santa Maria
del Fiore, en Florencia, y una copa cubierta con animales, hojas y otras
curiosidades, trabajo muy conocido entre los orfebres. En otra, representó muy
lindamente algunos niños bailando. Al revelar su mérito con estas cosas, Andrea
recibió el encargo del gremio de mercaderes, de ejecutar dos bajo relieves de
plata para el altar de San Giovanni que, una vez terminados, le dieron mucha
gloria y fama.
En aquel tiempo, Roma no poseía todas las grandes figuras de los apóstoles, colocadas habitualmente en el altar de la capilla del Papa, con otros trabajos en plata, ahora destruidos. Andrea fue llamado y, por especial favor del Papa Sixto, se le encomendó la ejecución de todo lo que fuera necesario allí. Realizó su tarea con la mayor diligencia y discernimiento. Al ver que numerosas estatuas antiguas, y otras cosas de Roma, eran muy estimadas, y que el caballo de bronce había sido colocado por orden del Papa en San Juan de Letrán, y que todos los días se excavaban fragmentos de otros objetos, los cuales eran altamente estimados, Andrea decidió dedicarse a la escultura. Por lo tanto, abandonó por completo la orfebrería y comenzó a fundir algunas pequeñas figuras en bronce, que fueron muy admiradas y, animado por esto, comenzó a trabajar en mármol.
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Alrededor de esta época, murió la
esposa de Francesco Tornabuoni, a consecuencia de un parto, y su marido, que la
había amado mucho y deseaba rendirle el mayor homenaje posible, encargó a
Andrea la ejecución de su tumba. En un sarcófago de mármol, esculpió la figura
de la dama, el parto y la muerte, y ejecutó asimismo tres Virtudes; esta obra
fue considerada muy hermosa por ser su primer trabajo en mármol. La tumba fue
colocada luego en la Minerva.
Andrea regresó a Florencia con dinero, fama y honor,
y dio comienzo a un David de dos braccia y media de altura. Una vez terminada
la escultura se la colocó, para su mayor gloria, en la parte superior de las
escaleras del palacio, donde estaba la cadena. Mientras estaba ocupado en la
ejecución de esta estatua, hizo para Santa Croce la Virgen de mármol que se
yergue sobre la tumba de Messer Leonardo Bruni Aretino. Era aún muy joven
cuando hizo este trabajo para Bernardo Rossellini, arquitecto y escultor quien,
como dijimos, realizó la sepultura completa en mármol. Más adelante, ejecutó en
una laja de mármol, un bajo relieve de la Virgen con el Niño, de tamaño mitad
del natural, que se guardaba en la Casa de los Médicis, pero que actualmente se
encuentra colocada sobre una puerta de la habitación de la duquesa de
Florencia, y es una de las cosas más hermosas. También hizo dos cabezas en
metal, una de Alejandro el Grande, de perfil, la otra de Darío, cabezas
caprichosas, en bajo relieve, con diferentes penachos y armadura, y gran
variedad de detalles. Ambas cabezas fueron enviadas por el Magnífico Lorenzo de
Médicis a Matías Corvino, rey de Hungría, con muchas otras cosas que diremos
oportunamente. Como ganara reputación de excelente maestro, particularmente por
sus numerosos trabajos en bronce, en cuya ejecución se deleitaba, Andrea
recibió el encargo de ejecutar la tumba de Juan y Pedro de Médicis en San
Lorenzo, con un sarcófago de pórfido sostenido en los cuatro extremos por
soportes de bronce, con hermosas hojas torneadas, realizadas con extraordinario
esmero. Esta tumba está emplazada entre la capilla del Sacramento y la
sacristía, y no existe en lugar alguno mejor trabajo en bronce, especialmente
porque Andrea demostró al mismo tiempo su conocimiento de la arquitectura al colocar
la tumba en la abertura de una ventana de cinco braccia de ancho por cerca de
diez de alto, sobre un pedestal que separa dicha capilla del Sacramento de la
vieja sacristía. Para llenar el espacio entre el sarcófago y la bóveda, hizo
una reja de malla trenzada de bronce, de diseño ovalado, ornamentada en parte
con guirnaldas y otras notables fantasías, ejecutada con gran habilidad,
discernimiento e inventiva.
Luego que Donatello hizo el nicho de mármol para el
Magisterio de los Seis de la Mercancía, que hoy está frente al San Michèle del
oratorio de Orsanmichèle, se requirió un Santo Tomás palpando las heridas de
Cristo, pero esta obra no pudo ser llevada a cabo, debido a que algunos querían
que la ejecutara Donatello y otros Lorenzo Ghiberti. Como la discusión duró
mientras vivieron estos artistas, ambas estatuas fueron encargadas finalmente a
Andrea, quien hizo los modelos y formas, las fundió y obtuvo resultados
sumamente satisfactorios. Pulidas y terminadas luego las estatuas, las llevó a
su presente estado de perfección, el cual no tiene rival. Santo Tomás
manifiesta su incredulidad y una excesiva premura por comprobar el hecho,
aunque también expresa amor al poner su mano en el costado de Cristo, mientras
el Señor alza su brazo con gran soltura y abre sus vestiduras, poniendo fin de
esta suerte a la duda de su incrédulo discípulo, con toda la gracia y divinidad
que el arte puede infundir a una figura. La excelencia de los paños muestra que
Andrea dominaba su arte tanto como Donato, Lorenzo y otros predecesores, de
modo que su trabajo merecía que se colocara en un nicho vecino al de Donato, y
fuera tenido entonces como ahora en gran estima.
Como Andrea no podía llegar más alto en esta
profesión, y como era un hombre que no podía contentarse con la excelencia en
una especialidad, sino que ansiaba destacarse en otras, se interesó por la
pintura e hizo algunos bocetos a pluma para un combate de figuras desnudas que
se proponía ejecutar en colores en una pared. También hizo unos cartones para
unas pinturas que comenzó a ejecutar en colores, pero sea cual fuere la causa,
quedaron inconclusas. En nuestro Libro hay algunos de esos dibujos ejecutados
con extraordinaria paciencia y discernimiento, entre ellos algunas cabezas
femeninas tan hermosas y con una cabellera tan encantadora, que Leonardo da
Vinci siempre las imitó. También contiene dos caballos dibujados según el
método de aumentar las cosas en proporción y sin error. Asimismo, conservo una
cabeza de caballo en terracota, copia de un modelo antiguo, que es obra
notable, mientras que el muy Reverendo Don Vincenzio Borghini tiene otros
dibujos en su libro, como ya dijimos. Entre estos dibujos hay un proyecto para
una tumba que Andrea realizó para un dux en Venecia, y los Magos adorando a
Cristo, con una cabeza de mujer sumamente fina, pintada sobre papel. Por
encargo de Lorenzo de Médicis, hizo en bronce un niño abrazando un pescado,
destinado a la fuente de la Villa Careggi, el cual, por orden del señor duque
Cosme, fue colocado en la fuente del patio de su palacio, y es en verdad una
obra maravillosa.
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Cuando se terminó la construcción de la cúpula de
Santa Maria del Fiore se resolvió, después de muchas discusiones, colocar en el
remate de la misma una bola de cobre, de acuerdo con el proyecto de Filippo
Brunelleschi. Confiaron la ejecución de esta obra a Andrea, quien hizo una bola
de cuatro braccia de alto, y luego la fijó en un disco, de tal suerte, que
podía soportar sin peligro la cruz. Una vez terminada, fue colocada
en medio del regocijo general. Era menester emplear tanto el ingenio como la
diligencia en su construcción, pues era esencial hacerle un hueco en la parte
inferior y asegurarla de tal modo que el viento no pudiera hacerle daño. Como
Andrea jamás descansaba, sino que siempre estaba trabajando en alguna cosa, sea
pintura o escultura, ocurría a veces que un trabajo se acumulaba sobre otro y
así no podía cansarse, como le acontecía a muchos otros, de hacer siempre la
misma tarea. Si bien no realizó los cartones mencionados, hizo otras pinturas, entre
ellas un cuadro para las monjas de San Domenico de Florencia, bien ejecutado, y
del cual estaba satisfecho. Por consiguiente, poco después pintó otro en San
Salvi para los monjes de Vallombroso, que representaba a San Juan bautizando a
Cristo. En esta obra fue ayudado por Leonardo da Vinci, su discípulo, entonces
muy joven, quien hizo un ángel tan superior a las otras figuras de Andrea, que
éste resolvió no volver a tocar jamás un pincel, porque Leonardo, a pesar de
ser tan joven, lo había superado.
Se cree que el joven que Tobias es el mismísimo Leonardo Da Vinci, en su etapa de discípulo de Verrocchio, que el maestro empleó como modelo |
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El Bautismo, realizado por Andrea y Leonardo en grupo
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Cosme
de Médicis importó de Roma muchas antigüedades, y en el interior de la puerta
del jardín o patio que daba a la via de Ginori, colocó un hermoso Marsias en
mármol blanco que, atado a un árbol, estaba a punto de ser desollado. Lorenzo,
su sobrino, consiguió un torso y cabeza de otro antiguo Marsias, mucho más
bello que el primero, y de piedra roja, y quiso ponerlo junto al primero, mas
no pudo porque era muy incompleto. En vista de ello, se lo entregó a Andrea
para que lo restaurara y terminara, y el artista hizo tan bien las piernas, las
caderas y los brazos que faltaban al de mármol rojo, que Lorenzo, encantado, lo
mandó poner en el otro lado de la puerta. Este torso antiguo de Marsias
desollado estaba hecho con habilidad y discernimiento: pues el artista había
tallado diestramente algunas vetas blancas y delgadas de la piedra roja en los
sitios en que los pequeños nervios se suelen ver en las figuras naturales
cuando son desolladas y esto volvió la obra más viviente cuando fue pulida por
primera vez.
Los venecianos deseaban rendir homenaje a la pericia de Bartolommeo da Bergamo, quien les había procurado muchas victorias y, con el objeto de estimular a los demás, invitaron a Andrea, de cuya fama se tenía noticias, a que se trasladara a Venecia, y le encomendaron la ejecución de una estatua ecuestre de bronce de este capitán para la plaza de San Giovanni y Polo. Andrea había hecho el modelo para el caballo y se disponía a fundirlo en bronce, cuando por la intervención de algunos nobles se propuso que Vellano de Padua hiciera la figura y Andrea el caballo. Al oír esto, Andrea rompió las patas y la cabeza de su modelo y, sin decir una palabra, regresó furioso a Florencia.
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Enterada de esto la Señoría le advirtió que nunca se arriesgara a regresar a Venecia bajo pena de perder la cabeza, a lo cual contestó Andrea que se cuidaría muy bien de hacerlo, pues no estaba en su poder reponer cabezas humanas después que ellos la habían cercenado y, mucho menos, una cabeza como la suya, aunque podía hacerlo en el caso de la cabeza del caballo que había destruido, y aun hacer una más hermosa todavía. Esta respuesta no desagradó a la Señoría y, por consiguiente, lo instaron a que regresara a Venecia, ofreciéndole doble salario. Allí reparó Andrea su primer modelo y lo fundió en bronce, mas no pudo terminarlo, pues sufrió un enfriamiento cuando estaba acalorado por la fundición y, a consecuencia de ello, murió a los pocos días dejando inconclusa no solamente esta obra, a la que poco faltaba por hacer y que fue colocada en el sitio destinado, sino otras que estaba haciendo en Pistoia, principalmente la tumba del cardenal Forteguerra, con las tres Virtudes Teologales y Dios Padre, terminada luego por Lorenzetto, escultor de Florencia. Andrea tenía cincuenta y seis años cuando murió. Su muerte causó gran pesar entre sus amigos y numerosos discípulos, especialmente a Nanni Grosso, el escultor, tipo muy excéntrico tanto en su arte como en su vida. Se cuenta que jamás quiso ejecutar un trabajo fuera de su taller, tanto menos para monjes y frailes, salvo que le pusieran como andamio la puerta de la bodega, quedando por consiguiente ésta abierta, de suerte que pudiera entrar y beber cuando le pluguiese sin verse obligado a pedir permiso. Dicen también que en una ocasión en que salió, restablecido de una enfermedad, del hospital de Santa Maria Nuova, a sus amigos que iban a visitarlo y preguntaban por su salud les decía: «Estoy mal». «Sin embargo, te has curado», le replicaban; a lo cual él respondía: «Por eso estoy mal; porque necesitaría una fiebrecita que me permita quedarme cómodamente en el hospital».
Cuando estaba moribundo le trajeron un crucifijo en madera, toscamente tallado,
mas él solicitó que se lo llevaran y le trajeran uno de Donatello, diciendo que
de no hacerlo así moriría desesperado, a tal punto detestaba los trabajos mal
hechos. Pietro Perugino y Leonardo da Vinci, de quien hablaremos más adelante,
fueron también alumnos de Andrea, así como Francesco di Simone, de Florencia,
quien ejecutó una tumba de mármol en San Domenico de Bolonia, con pequeñas
figuras que, por su estilo, podría ser de Andrea. La hizo para Messer
Alessandro Tartaglia, un doctor de Imola, y ejecutó otra, similar, en San
Brancazio de Florencia, en la sacristía, para el caballero Messer Pier
Minerbetti. Asimismo, otro discípulo, Agnolo di Polo, hábil en trabajos en
arcilla, llenó la ciudad con sus producciones, y si hubiera querido dedicarse
seriamente al arte, hubiera hecho trabajos muy hermosos. Pero el discípulo
favorito de Andrea era Lorenzo di Credi, quien hizo traer los restos de su
maestro de Venecia, los que fueron depositados en la iglesia de San Ambruogio,
en la tumba de Ser Michele di Cione, sobre cuya lápida se grabaron las
siguientes palabras:
Ser
Michælis de Cionis et suorum;
y a
continuación:
Hic
ossa jacent Andreæ Verrochii qui obiit Venetiis
MCCCCLXXXVIII
.
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A
Andrea le gustaba mucho hacer vaciados de yeso, siendo el material una piedra
blanda que se obtenía en Volterra, Siena y muchos otros lugares de Italia. Esta
piedra, puesta al fuego y convertida en una pasta mezclándole agua tibia, podía
trabajarse como se quisiera, y una vez seca se volvía tan dura que se podían
vaciar en ella figuras enteras. Andrea la usaba para sacar moldes del natural,
tales como manos, pies, rodillas, piernas, brazos y bustos y de este modo podía
tenerlos siempre a la vista e imitarlos. Más adelante, algunos comenzaron a
hacer a bajo precio mascarillas de aquellos que morían, a tal punto que pueden
verse muchos de esos retratos sobre chimeneas, puertas, ventanas y cornisas de
todas las casas de Florencia. Esta práctica ha continuado hasta nuestro tiempo,
y ello ha demostrado ser muy ventajoso para obtener muchos de los retratos que
figuran en las pinturas del palacio del duque Cosme. Esto se lo debemos a
Andrea, quien fue uno de los primeros en utilizar dicho procedimiento.
También se debe a Andrea el perfeccionamiento de las imágenes votivas, no sólo en Florencia, sino en todos los lugares donde hay devoción, y donde las personas se reúnen para ofrecer tales objetos por algún favor recibido. Al principio, estos exvotos consistían en pequeños objetos de plata, o pequeñas tablas pintadas, o también en figurillas de cera toscamente modeladas, pero en la época de Andrea se introdujo un estilo mejor, pues éste, que era amigo de Orsino, un artesano que hacía trabajos en cera y era muy hábil en su oficio, le enseñó a Orsino cómo podía alcanzar la perfección. Cuando ocurrió la muerte de Julián de Médicis y fue herido su hermano Lorenzo en Santa Maria del Fiore, los amigos y parientes de Lorenzo resolvieron que debían hacerse imágenes de éste y ser colocadas en diversos lugares para dar gracias a Dios por haberle librado de la muerte.
Por consiguiente Orsino, con la ayuda y el consejo de Andrea,
ejecutó tres figuras en cera, de tamaño natural, para lo cual hizo un armazón
de madera, como dijimos en otro lugar, cubierta con cañas partidas, y sobre
ella extendió una tela que recubrió con cera, de suerte que nada podía desearse
más parecido a la realidad. Hizo las cabezas, manos y pies de una cera más
tosca, huecos por dentro, y pintó el cabello y otras cosas al óleo, según era
necesario, de una manera muy natural. Las tres pueden verse aún; una se
encuentra en la iglesia de las monjas de Chiarito, en la vía de San Gallo,
frente al crucifijo que hace milagros. Esta figura está vestida exactamente
como lo estaba Lorenzo cuando, herido en el cuello y vendado, se asomó a la
ventana de su casa para que lo viera el pueblo, pues éste deseaba saber si
estaba aún vivo, como esperaba, o muerto, para poder vengarlo. La segunda
figura lleva una túnica, un traje civil que usaban los florentinos, y se
encuentra en la iglesia de los Servitas en la Nunziata, sobre la puerta
pequeña, al lado del pupitre donde se venden las velas. La tercera fue enviada
a Santa Maria degli Angeli, de Asís, y colocada delante de la Virgen.
Como ya
dije, Lorenzo mandó enladrillar toda la calle que va desde Santa Maria hasta la
puerta de Asís hacia San Francisco, e hizo restaurar las fuentes que erigió
allí su abuelo Cosme. Pero volvamos a las imágenes de cera. Son de Orsino esas
que se encuentran en la llamada iglesia de los Servitas, y que tienen en el
fondo una gran O con una R dentro y una cruz arriba. Todas son
extraordinariamente hermosas, y muy pocas pueden equiparárseles. Este arte se
ha conservado hasta nuestros días, aunque en cierto modo ha decaído, por falta
de devoción, o por alguna otra causa.
Mas,
volviendo a Verrocchio, además de los trabajos citados, hizo algunos crucifijos
de madera y otras cosas en arcilla, en lo cual sobresalió, como podemos ver en
los modelos de los motivos que hizo para el altar de San Giovanni, en algunos
hermosos niños, y en una cabeza de San Jerónimo, considerada una maravilla.
También ejecutó el niño del reloj del Mercato Nuovo que alza sus brazos
articulados para dar la hora con un martillo. Esto era tenido en su tiempo como
algo muy bello y curioso. Ahora llegamos al fin de la vida de este distinguido
escultor Andrea Verrocchio. Un contemporáneo suyo, llamado Benedetto Buglioni,
aprendió de una dama, pariente de Andrea della Robbia, el secreto de la
cerámica vidriada, e hizo muchos trabajos de esta clase en Florencia y otros
lugares, y uno muy notable en la iglesia de los Servitas, al lado de la capilla
de Santa Bárbara: esa obra es una Resurrección de Cristo, con algunos ángeles,
que tienen gran mérito como trabajos de este tipo. En la capilla de San
Brancazio hizo un Cristo muerto, y decoró la luneta sobre la puerta principal
de San Pier Maggiore. El secreto fue transmitido por Benedetto a Santi
Buglioni, el único ser viviente que entiende de esta clase de escultura.