Andrea del Verrocchio, de Florencia, fue en sus tiempos un orfebre,
perspectivista, escultor, grabador, pintor y músico. Pero su estilo en
escultura y pintura era un tanto duro y tosco, como si hubiera adquirido su
habilidad más bien por perseverante estudio que por don natural o facilidad.
Esta facilidad, aunque no es tan ventajosa como el estudio y la diligencia, lo
hubiera convertido en un artista excelentísimo, pero cuando faltan tanto el
estudio como la facilidad, rara vez se encuentra la máxima excelencia, aunque
el estudio se lleva la mejor parte. Empero, Andrea, por su inigualada
diligencia, ganó un lugar entre los raros y excelentes artistas. En su juventud
estudió ciencia y especialmente geometría. Como orfebre hizo, entre otras
cosas, algunos broches para capas pluviales, que se encuentran en Santa Maria
del Fiore, en Florencia, y una copa cubierta con animales, hojas y otras
curiosidades, trabajo muy conocido entre los orfebres. En otra, representó muy
lindamente algunos niños bailando. Al revelar su mérito con estas cosas, Andrea
recibió el encargo del gremio de mercaderes, de ejecutar dos bajo relieves de
plata para el altar de San Giovanni que, una vez terminados, le dieron mucha
gloria y fama.
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En aquel tiempo, Roma no poseía todas las grandes figuras de los
apóstoles, colocadas habitualmente en el altar de la capilla del Papa, con
otros trabajos en plata, ahora destruidos. Andrea fue llamado y, por especial
favor del Papa Sixto, se le encomendó la ejecución de todo lo que fuera
necesario allí. Realizó su tarea con la mayor diligencia y discernimiento. Al
ver que numerosas estatuas antiguas, y otras cosas de Roma, eran muy estimadas,
y que el caballo de bronce había sido colocado por orden del Papa en San Juan
de Letrán, y que todos los días se excavaban fragmentos de otros objetos, los
cuales eran altamente estimados, Andrea decidió dedicarse a la escultura. Por
lo tanto, abandonó por completo la orfebrería y comenzó a fundir algunas
pequeñas figuras en bronce, que fueron muy admiradas y, animado por esto,
comenzó a trabajar en mármol.
Alrededor de esta época, murió la esposa de Francesco Tornabuoni, a
consecuencia de un parto, y su marido, que la había amado mucho y deseaba
rendirle el mayor homenaje posible, encargó a Andrea la ejecución de su tumba.
En un sarcófago de mármol, esculpió la figura de la dama, el parto y la muerte,
y ejecutó asimismo tres Virtudes; esta obra fue considerada muy hermosa por ser
su primer trabajo en mármol. La tumba fue colocada luego en la Minerva.
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Andrea regresó a Florencia con dinero, fama y honor, y dio comienzo a un
David de dos braccia y media de altura. Una vez terminada la escultura se la
colocó, para su mayor gloria, en la parte superior de las escaleras del
palacio, donde estaba la cadena. Mientras estaba ocupado en la ejecución de
esta estatua, hizo para Santa Croce la Virgen de mármol que se yergue sobre la
tumba de Messer Leonardo Bruni Aretino. Era aún muy joven cuando hizo este
trabajo para Bernardo Rossellini, arquitecto y escultor quien, como dijimos,
realizó la sepultura completa en mármol. Más adelante, ejecutó en una laja de
mármol, un bajo relieve de la Virgen con el Niño, de tamaño mitad del natural,
que se guardaba en la Casa de los Médicis, pero que actualmente se encuentra
colocada sobre una puerta de la habitación de la duquesa de Florencia, y es una
de las cosas más hermosas. También hizo dos cabezas en metal, una de Alejandro
el Grande, de perfil, la otra de Darío, cabezas caprichosas, en bajo relieve,
con diferentes penachos y armadura, y gran variedad de detalles. Ambas cabezas
fueron enviadas por el Magnífico Lorenzo de Médicis a Matías Corvino, rey de
Hungría, con muchas otras cosas que diremos oportunamente. Como ganara reputación
de excelente maestro, particularmente por sus numerosos trabajos en bronce, en
cuya ejecución se deleitaba, Andrea recibió el encargo de ejecutar la tumba de
Juan y Pedro de Médicis en San Lorenzo, con un sarcófago de pórfido sostenido
en los cuatro extremos por soportes de bronce, con hermosas hojas torneadas,
realizadas con extraordinario esmero. Esta tumba está emplazada entre la
capilla del Sacramento y la sacristía, y no existe en lugar alguno mejor
trabajo en bronce, especialmente porque Andrea demostró al mismo tiempo su
conocimiento de la arquitectura al colocar la tumba en la abertura de una
ventana de cinco braccia de ancho por cerca de diez de alto, sobre un pedestal
que separa dicha capilla del Sacramento de la vieja sacristía. Para llenar el
espacio entre el sarcófago y la bóveda, hizo una reja de malla trenzada de
bronce, de diseño ovalado, ornamentada en parte con guirnaldas y otras notables
fantasías, ejecutada con gran habilidad, discernimiento e inventiva.
Luego que Donatello hizo el nicho de mármol para el Magisterio de los
Seis de la Mercancía, que hoy está frente al San Michèle del oratorio de
Orsanmichèle, se requirió un Santo Tomás palpando las heridas de Cristo, pero
esta obra no pudo ser llevada a cabo, debido a que algunos querían que la
ejecutara Donatello y otros Lorenzo Ghiberti. Como la discusión duró mientras
vivieron estos artistas, ambas estatuas fueron encargadas finalmente a Andrea,
quien hizo los modelos y formas, las fundió y obtuvo resultados sumamente
satisfactorios. Pulidas y terminadas luego las estatuas, las llevó a su
presente estado de perfección, el cual no tiene rival. Santo Tomás manifiesta
su incredulidad y una excesiva premura por comprobar el hecho, aunque también
expresa amor al poner su mano en el costado de Cristo, mientras el Señor alza
su brazo con gran soltura y abre sus vestiduras, poniendo fin de esta suerte a
la duda de su incrédulo discípulo, con toda la gracia y divinidad que el arte
puede infundir a una figura. La excelencia de los paños muestra que Andrea
dominaba su arte tanto como Donato, Lorenzo y otros predecesores, de modo que
su trabajo merecía que se colocara en un nicho vecino al de Donato, y fuera
tenido entonces como ahora en gran estima.
Como Andrea no podía llegar más alto en esta profesión, y como era un
hombre que no podía contentarse con la excelencia en una especialidad, sino que
ansiaba destacarse en otras, se interesó por la pintura e hizo algunos bocetos
a pluma para un combate de figuras desnudas que se proponía ejecutar en colores
en una pared. También hizo unos cartones para unas pinturas que comenzó a
ejecutar en colores, pero sea cual fuere la causa, quedaron inconclusas. En
nuestro Libro hay algunos de esos dibujos ejecutados con extraordinaria
paciencia y discernimiento, entre ellos algunas cabezas femeninas tan hermosas
y con una cabellera tan encantadora, que Leonardo da Vinci siempre las imitó.
También contiene dos caballos dibujados según el método de aumentar las cosas
en proporción y sin error. Asimismo, conservo una cabeza de caballo en
terracota, copia de un modelo antiguo, que es obra notable, mientras que el muy
Reverendo Don Vincenzio Borghini tiene otros dibujos en su libro, como ya
dijimos. Entre estos dibujos hay un proyecto para una tumba que Andrea realizó para
un dux en Venecia, y los Magos adorando a Cristo, con una cabeza de mujer
sumamente fina, pintada sobre papel. Por encargo de Lorenzo de Médicis, hizo en
bronce un niño abrazando un pescado, destinado a la fuente de la Villa Careggi,
el cual, por orden del señor duque Cosme, fue colocado en la fuente del patio
de su palacio, y es en verdad una obra maravillosa.
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Cuando se terminó la construcción de la cúpula de Santa Maria del Fiore
se resolvió, después de muchas discusiones, colocar en el remate de la misma
una bola de cobre, de acuerdo con el proyecto de Filippo Brunelleschi.
Confiaron la ejecución de esta obra a Andrea, quien hizo una bola de cuatro
braccia de alto, y luego la fijó en un disco, de tal suerte, que podía soportar
sin peligro la cruz. Una vez terminada, fue colocada en medio del regocijo
general. Era menester emplear tanto el ingenio como la diligencia en su
construcción, pues era esencial hacerle un hueco en la parte inferior y
asegurarla de tal modo que el viento no pudiera hacerle daño. Como Andrea jamás
descansaba, sino que siempre estaba trabajando en alguna cosa, sea pintura o
escultura, ocurría a veces que un trabajo se acumulaba sobre otro y así no
podía cansarse, como le acontecía a muchos otros, de hacer siempre la misma tarea.
Si bien no realizó los cartones mencionados, hizo otras pinturas, entre ellas
un cuadro para las monjas de San Domenico de Florencia, bien ejecutado, y del
cual estaba satisfecho. Por consiguiente, poco después pintó otro en San Salvi
para los monjes de Vallombroso, que representaba a San Juan bautizando a
Cristo. En esta obra fue ayudado por Leonardo da Vinci, su discípulo, entonces
muy joven, quien hizo un ángel tan superior a las otras figuras de Andrea, que
éste resolvió no volver a tocar jamás un pincel, porque Leonardo, a pesar de
ser tan joven, lo había superado.
Se cree que el joven que Tobias es el mismísimo Leonardo Da Vinci, en su
etapa de discípulo de Verrocchio, que el maestro empleó como modelo
El Bautismo, por Andrea y Leonardo en grupo
Se cree que el joven que Tobias es el mismísimo Leonardo Da Vinci, en su etapa de discípulo de Verrocchio, que el maestro empleó como modelo |
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El Bautismo, por Andrea y Leonardo en grupo |
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Cosme de Médicis importó de Roma muchas antigüedades, y en el interior
de la puerta del jardín o patio que daba a la via de Ginori, colocó un hermoso
Marsias en mármol blanco que, atado a un árbol, estaba a punto de ser
desollado. Lorenzo, su sobrino, consiguió un torso y cabeza de otro antiguo
Marsias, mucho más bello que el primero, y de piedra roja, y quiso ponerlo
junto al primero, mas no pudo porque era muy incompleto. En vista de ello, se
lo entregó a Andrea para que lo restaurara y terminara, y el artista hizo tan
bien las piernas, las caderas y los brazos que faltaban al de mármol rojo, que
Lorenzo, encantado, lo mandó poner en el otro lado de la puerta. Este torso
antiguo de Marsias desollado estaba hecho con habilidad y discernimiento: pues
el artista había tallado diestramente algunas vetas blancas y delgadas de la
piedra roja en los sitios en que los pequeños nervios se suelen ver en las
figuras naturales cuando son desolladas y esto volvió la obra más viviente cuando
fue pulida por primera vez.
Los venecianos deseaban rendir homenaje a la pericia de Bartolommeo da
Bergamo, quien les había procurado muchas victorias y, con el objeto de
estimular a los demás, invitaron a Andrea, de cuya fama se tenía noticias, a
que se trasladara a Venecia, y le encomendaron la ejecución de una estatua
ecuestre de bronce de este capitán para la plaza de San Giovanni y Polo. Andrea
había hecho el modelo para el caballo y se disponía a fundirlo en bronce,
cuando por la intervención de algunos nobles se propuso que Vellano de Padua
hiciera la figura y Andrea el caballo. Al oír esto, Andrea rompió las patas y
la cabeza de su modelo y, sin decir una palabra, regresó furioso a Florencia.
Enterada de esto la Señoría le advirtió que nunca se arriesgara a
regresar a Venecia bajo pena de perder la cabeza, a lo cual contestó Andrea que
se cuidaría muy bien de hacerlo, pues no estaba en su poder reponer cabezas
humanas después que ellos la habían cercenado y, mucho menos, una cabeza como
la suya, aunque podía hacerlo en el caso de la cabeza del caballo que había
destruido, y aun hacer una más hermosa todavía. Esta respuesta no desagradó a
la Señoría y, por consiguiente, lo instaron a que regresara a Venecia,
ofreciéndole doble salario. Allí reparó Andrea su primer modelo y lo fundió en
bronce, mas no pudo terminarlo, pues sufrió un enfriamiento cuando estaba
acalorado por la fundición y, a consecuencia de ello, murió a los pocos días
dejando inconclusa no solamente esta obra, a la que poco faltaba por hacer y
que fue colocada en el sitio destinado, sino otras que estaba haciendo en
Pistoia, principalmente la tumba del cardenal Forteguerra, con las tres
Virtudes Teologales y Dios Padre, terminada luego por Lorenzetto, escultor de
Florencia. Andrea tenía cincuenta y seis años cuando murió. Su muerte causó
gran pesar entre sus amigos y numerosos discípulos, especialmente a Nanni
Grosso, el escultor, tipo muy excéntrico tanto en su arte como en su vida. Se
cuenta que jamás quiso ejecutar un trabajo fuera de su taller, tanto menos para
monjes y frailes, salvo que le pusieran como andamio la puerta de la bodega,
quedando por consiguiente ésta abierta, de suerte que pudiera entrar y beber
cuando le pluguiese sin verse obligado a pedir permiso. Dicen también que en
una ocasión en que salió, restablecido de una enfermedad, del hospital de Santa
Maria Nuova, a sus amigos que iban a visitarlo y preguntaban por su salud les
decía: «Estoy mal». «Sin embargo, te has curado», le replicaban; a lo cual él
respondía: «Por eso estoy mal; porque necesitaría una fiebrecita que me permita
quedarme cómodamente en el hospital».
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Cuando estaba moribundo le trajeron un crucifijo en madera, toscamente
tallado, mas él solicitó que se lo llevaran y le trajeran uno de Donatello,
diciendo que de no hacerlo así moriría desesperado, a tal punto detestaba los
trabajos mal hechos. Pietro Perugino y Leonardo da Vinci, de quien hablaremos
más adelante, fueron también alumnos de Andrea, así como Francesco di Simone,
de Florencia, quien ejecutó una tumba de mármol en San Domenico de Bolonia, con
pequeñas figuras que, por su estilo, podría ser de Andrea. La hizo para Messer
Alessandro Tartaglia, un doctor de Imola, y ejecutó otra, similar, en San
Brancazio de Florencia, en la sacristía, para el caballero Messer Pier
Minerbetti. Asimismo, otro discípulo, Agnolo di Polo, hábil en trabajos en
arcilla, llenó la ciudad con sus producciones, y si hubiera querido dedicarse
seriamente al arte, hubiera hecho trabajos muy hermosos. Pero el discípulo
favorito de Andrea era Lorenzo di Credi, quien hizo traer los restos de su
maestro de Venecia, los que fueron depositados en la iglesia de San Ambruogio,
en la tumba de Ser Michele di Cione, sobre cuya lápida se grabaron las
siguientes palabras:
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Ser Michælis de
Cionis et suorum;
y a continuación:
Hic ossa jacent Andreæ Verrochii qui obiit Venetiis
MCCCCLXXXVIII .
A Andrea le gustaba mucho hacer vaciados de yeso, siendo el material una
piedra blanda que se obtenía en Volterra, Siena y muchos otros lugares de
Italia. Esta piedra, puesta al fuego y convertida en una pasta mezclándole agua
tibia, podía trabajarse como se quisiera, y una vez seca se volvía tan dura que
se podían vaciar en ella figuras enteras. Andrea la usaba para sacar moldes del
natural, tales como manos, pies, rodillas, piernas, brazos y bustos y de este
modo podía tenerlos siempre a la vista e imitarlos. Más adelante, algunos
comenzaron a hacer a bajo precio mascarillas de aquellos que morían, a tal
punto que pueden verse muchos de esos retratos sobre chimeneas, puertas,
ventanas y cornisas de todas las casas de Florencia. Esta práctica ha continuado
hasta nuestro tiempo, y ello ha demostrado ser muy ventajoso para obtener
muchos de los retratos que figuran en las pinturas del palacio del duque Cosme.
Esto se lo debemos a Andrea, quien fue uno de los primeros en utilizar dicho
procedimiento.
También se debe a Andrea el perfeccionamiento de las imágenes votivas,
no sólo en Florencia, sino en todos los lugares donde hay devoción, y donde las
personas se reúnen para ofrecer tales objetos por algún favor recibido. Al
principio, estos exvotos consistían en pequeños objetos de plata, o pequeñas
tablas pintadas, o también en figurillas de cera toscamente modeladas, pero en
la época de Andrea se introdujo un estilo mejor, pues éste, que era amigo de
Orsino, un artesano que hacía trabajos en cera y era muy hábil en su oficio, le
enseñó a Orsino cómo podía alcanzar la perfección. Cuando ocurrió la muerte de
Julián de Médicis y fue herido su hermano Lorenzo en Santa Maria del Fiore, los
amigos y parientes de Lorenzo resolvieron que debían hacerse imágenes de éste y
ser colocadas en diversos lugares para dar gracias a Dios por haberle librado
de la muerte.
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Por consiguiente Orsino, con la ayuda y el consejo de Andrea, ejecutó
tres figuras en cera, de tamaño natural, para lo cual hizo un armazón de
madera, como dijimos en otro lugar, cubierta con cañas partidas, y sobre ella
extendió una tela que recubrió con cera, de suerte que nada podía desearse más
parecido a la realidad. Hizo las cabezas, manos y pies de una cera más tosca,
huecos por dentro, y pintó el cabello y otras cosas al óleo, según era
necesario, de una manera muy natural. Las tres pueden verse aún; una se
encuentra en la iglesia de las monjas de Chiarito, en la vía de San Gallo,
frente al crucifijo que hace milagros. Esta figura está vestida exactamente como
lo estaba Lorenzo cuando, herido en el cuello y vendado, se asomó a la ventana
de su casa para que lo viera el pueblo, pues éste deseaba saber si estaba aún
vivo, como esperaba, o muerto, para poder vengarlo. La segunda figura lleva una
túnica, un traje civil que usaban los florentinos, y se encuentra en la iglesia
de los Servitas en la Nunziata, sobre la puerta pequeña, al lado del pupitre
donde se venden las velas. La tercera fue enviada a Santa Maria degli Angeli,
de Asís, y colocada delante de la Virgen.
Como ya dije, Lorenzo mandó enladrillar toda la calle que va desde Santa
Maria hasta la puerta de Asís hacia San Francisco, e hizo restaurar las fuentes
que erigió allí su abuelo Cosme. Pero volvamos a las imágenes de cera. Son de
Orsino esas que se encuentran en la llamada iglesia de los Servitas, y que
tienen en el fondo una gran O con una R dentro y una cruz arriba. Todas son
extraordinariamente hermosas, y muy pocas pueden equiparárseles. Este arte se
ha conservado hasta nuestros días, aunque en cierto modo ha decaído, por falta
de devoción, o por alguna otra causa.
Mas, volviendo a Verrocchio, además de los trabajos citados, hizo
algunos crucifijos de madera y otras cosas en arcilla, en lo cual sobresalió,
como podemos ver en los modelos de los motivos que hizo para el altar de San
Giovanni, en algunos hermosos niños, y en una cabeza de San Jerónimo,
considerada una maravilla. También ejecutó el niño del reloj del Mercato Nuovo
que alza sus brazos articulados para dar la hora con un martillo. Esto era
tenido en su tiempo como algo muy bello y curioso. Ahora llegamos al fin de la
vida de este distinguido escultor Andrea Verrocchio. Un contemporáneo suyo,
llamado Benedetto Buglioni, aprendió de una dama, pariente de Andrea della
Robbia, el secreto de la cerámica vidriada, e hizo muchos trabajos de esta
clase en Florencia y otros lugares, y uno muy notable en la iglesia de los
Servitas, al lado de la capilla de Santa Bárbara: esa obra es una Resurrección
de Cristo, con algunos ángeles, que tienen gran mérito como trabajos de este
tipo. En la capilla de San Brancazio hizo un Cristo muerto, y decoró la luneta
sobre la puerta principal de San Pier Maggiore. El secreto fue transmitido por
Benedetto a Santi Buglioni, el único ser viviente que entiende de esta clase de
escultura.
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