Teodicea
5.- Te bendigo, Señor, ante todo por el amor que, de acuerdo con mi
razón, debo sentir por ti; y luego, porque Tú sabes abreviar o prolongar la
vida de los hombres.
6.- Tú vendes, ¡oh Dios!, todos los bienes a los hombres al precio de
su esfuerzo.
7.- ¡Admirable justicia la tuya, Causa Primera! Tú no has permitido
que ninguna fuerza falte al orden y calidad de sus efectos necesarios.
8.- ¡Quiera Nuestro Autor que yo haya demostrado bien la naturaleza
del hombre y sus facultades, mediante mis figuras descriptivas!
9.- Que el Señor, luz de todas las cosas, se sirva iluminarme, a fin
de que yo trate dignamente de la luz.
10.- No tocaré a las sagradas escrituras, porque ellas son la suprema
verdad.
11.- El amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su
conocimiento. El amor es tanto más ferviente cuanto más cierto es el
conocimiento; pero la certidumbre nace del conocimiento integral de todas las
partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado. Si no conoces a Dios,
no podrás amarlo; si lo amas por el bien que de Él esperas y no por su virtud
soberana, imitas al perro que menea la cola y festeja con sus saltos a quien le
va a dar un hueso; si el animal conociera la superioridad del hombre, ¿lo
amaría mejor?
12.- ¿Cuál es la cosa que cesaría de existir si se la pudiera definir?
El infinito, que sería finito si pudiera ser definido. Porque definir es
limitar la cosa definida con otra que la circunscribe en sus extremos, de modo
que lo que no tiene términos no puede ser definido.
13.- La verdad es de tal excelencia que, cuando elogia pequeñas cosas,
las ennoblece.
14.- Hay, sin duda, la misma proporción de la mentira y la verdad que
de las tinieblas a la luz; y la verdad es tan elevada esencia que, aun si se
aplica a materia humilde y baja, sobrepasa incomparablemente las vagas y
mentirosas amplificaciones y los más grandes y sublimes discursos. Aunque
nuestro espíritu, en efecto, tenga a la mentira por quinto elemento (agregado a
los cuatro que componen el mundo: aire, tierra, fuego y agua), no deja de ser
cierto que la verdad es la soberana alimentación no de los espíritus
vagabundos, pero sí de las inteligencias agudas. Mas tú, que vives de ensueños,
preferirás los sofismas y las mentiras de los charlatanes en las cosas grandes
e inciertas, a las verdades naturales, bien que menos pretenciosas.
15.- ¡Oh, contemplador!, yo no te ensalzo porque conoces las cosas
ordinarias que la naturaleza dirige por sí misma; pero te envidio cuando
alcanzas a descubrir el fin de las cosas impresas en tu mente.
16.- La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma
que media entre el hombre y Dios.
17.- Con poca esperanza pueden los míseros estudiosos aguardar el
premio de su virtud. En tal caso me encuentro yo, seguro de incurrir en no
pocas enemistades, ya que ninguno creerá lo que yo pueda decir de él. Muy
contados son los hombres a quienes desagradan sus propios vicios; antes bien,
sólo repugna generalmente el vicio a los que, por naturaleza, son contrarios a
él; muchos odian a sus padres o pierden la amistad de quienes los reprenden, y
no quieren saber de ejemplos de virtudes contrarias, ni oír ningún humano
consejo.
18.- Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de
vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en
desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras insidias;
miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y simulacros.
19.- Pero cuidad de no hacer como en algunas regiones de la India,
donde, si alguno de tales simulacros opera un milagro, o lo que allí creen ser
un milagro, los sacerdotes lo cortan en trozos (son de madera) y lo venden a
los habitantes; y cada uno pulveriza la parte que le ha tocado, la esparce
sobre el primer manjar que come y se queda persuadido de haber devorado su
Santo, que lo protegerá de todo peligro.
20.- En el número de los tontos, hay una secta de hipócritas que se
dedican continuamente a engañarse a sí mismos y a engañar a los otros, más a
los otros que a sí mismos, aunque de hecho se engañan más a sí mismos que a los
otros. Y son éstos los que reprenden a los pintores, porque estudian los días
de fiesta cosas contingentes al verdadero conocimiento de todas las figuras con
que se muestran las obras de la naturaleza y, solícitamente, se ingenian en
adquirir ese conocimiento hasta donde les es posible.
21.- ¡Callen los tales reprensores, que éste es el modo de conocer al
Operador de tantas cosas admirables, y de amar a tan sublime Inventor! El gran
amor nace del gran conocimiento de la cosa que se ama; y si tú no la conoces,
poco o nada podrás amarla; y si la amas por el provecho que de ella esperas y
no por su virtud suma, harás como el perro que menea la cola y hace fiestas a
quien puede darle un hueso. Pero si conociese la virtud de su amo, lo amaría
bastante más, siempre que ella respondiera a su propósito.
22.- Siendo los hechos más antiguos que las letras, no es de extrañar
que en nuestros días no se encuentre ninguna descripción escrita sobre los
mares que ocuparon tantos países; y si alguna escritura aparecía, las guerras,
los incendios, los diluvios de agua, las mutaciones de lenguas y de leyes han
consumido toda antigüedad; pero nos bastan los testimonios de los seres nacidos
en aquellas aguas saladas y que encontramos en altos montes alejados de los
mares de entonces.Muchos tienen tienda abierta engañando a la necia multitud, y
si alguien denuncia su impostura se le castiga.
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