Psicología
23.- En la descripción del hombre deben comprenderse los animales de
la especie, tales como el mono, el babuino y muchos otros similares.
24.- La marcha del hombre tiene el carácter general de la del
cuadrúpedo, que mueve las patas en cruz. Como el caballo que trota, el hombre
agita sus cuatro miembros en cruz: si adelanta el primero el pie derecho,
adelantará al mismo tiempo el brazo izquierdo, o viceversa.
25.- Los antiguos llamaban al hombre un mundo menor, designación
justa, porque está compuesto de tierra, agua, aire y fuego como el cuerpo
terrestre, y a él se asemeja. Si el hombre tiene sus huesos, que le sirven de
armadura y sostienen su carne, el mundo tiene sus rocas que sostienen su
tierra; si el hombre tiene dentro de sí un lago de sangre, donde crece y
decrece el pulmón para su respiración, el cuerpo de la tierra tiene su mar
océano que, cada seis horas, crece y decrece también para su respiración; si de
aquel lago de sangre derivan las venas que van ramificándose por todo el
organismo, análogamente el mar océano llena el cuerpo terrestre con
innumerables venas de agua; pero faltan a nuestro globo los nervios, que no le
han sido dados porque ellos están destinados al movimiento, y el mundo, en su
perpetua estabilidad, carece de movimiento, y donde no hay movimiento los
nervios son inútiles. Pero, en todo lo demás, el hombre y el mundo son
semejantes.
26.- Si la naturaleza hubiera fijado una sola regla para la calidad de
los miembros, las fisonomías de todos los hombres serían semejantes, y no sería
posible distinguirlas unas de otras; pero ella ha variado de tal modo las cinco
partes del rostro que, aunque haya establecido una regla general para la
proporción, no ha seguido ninguna para la calidad; de manera que es fácil
reconocer cada semblante.
27.- Yo he encontrado en la constitución del cuerpo humano, como en la
de los otros animales, la más obtusa y grosera inventiva. Compuesto sin
ingenio, de instrumentos en parte inapropiados para recibir el vigor de los
sentidos.
28.- Como los ojos de la especie leonina ocupan una gran parte de la
cabeza, los nervios ópticos comunican inmediatamente con el cerebro. En el
hombre pasa lo contrario: los agujeros de los ojos toman poco lugar en la
cabeza, y los nervios ópticos, livianos, largos, débiles, operan flojamente; el
hombre ve poco durante el día y menos durante la noche; los animales citados
ven mejor de noche que de día: cosa que no les molesta porque salen de noche y
duermen de día, como hacen también las aves nocturnas.
29.- El ojo, a una distancia y
en condiciones medias, se equivoca menos en su oficio que cualquiera de los
otros sentidos, porque no ve sino por líneas rectas: las que componen la
pirámide base del objeto y las que la conducen al ojo, como espero demostrarlo.
30.- En cambio, el oído suele engañarse en cuanto a la situación y
distancia de sus objetos; porque las representaciones de éstos no llegan a él
por líneas rectas, como para el ojo, sino por líneas tortuosas y reflejas; y
ocurre muchas veces que las cosas remotas parecen más cercanas que las
próximas, por culpa de los recorridos del sonido. La voz del eco, sin embargo,
sólo por líneas rectas se encamina al oído.
31.- El olfato indica con menos certeza el lugar de donde procede un
olor; pero el gusto y el tacto sólo tienen la exacta noción del objeto que
tocan.
32.- El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y
falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una
pequeña certeza que un gran engaño.
33.- No me parece que los hombres groseros, de costumbres bajas y de
poco ingenio, merezcan tan bello organismo ni tal variedad de rodajes como los
hombres especulativos y de gran talento. Los primeros no son más que un saco a
donde entra y de donde sale lo que comen, pues nada me prueba que participen de
la naturaleza humana, salvo en la voz y en la figura; en todo lo demás son
bastante semejantes a las bestias. Debiera llamárseles fabricantes de estiércol
y rellenadores de letrinas, porque no es otro su oficio en el mundo. Ninguna
virtud ponen en práctica. Letrinas llenas, es todo lo que queda de su paso por
la Tierra.
34.- El alma parece residir en la inteligencia, y ésta en el lugar a
donde concurren todos los sentidos, el cual se llama común sentido o cerebro.
El alma no está toda en todo el cuerpo, como muchos han creído, sino toda ella
en el cerebro, porque si estuviera desparramada en todas partes, o toda en cada
parte, los instrumentos de los sentidos no necesitarían concurrir a un solo lugar;
antes bien bastaría que el ojo llenara el oficio de la sensación sobre su
propia superficie, sin tener que mandar por la vía de los nervios ópticos,
hasta el cerebro, la representación de las cosas vistas; pues el alma, por las
razones dichas, podría sentirlas en la superficie del ojo.
35.- De un modo semejante, al sentido del oído bastaría la voz que
resuena en las concavidades porosas del hueso pétreo, que se halla en el oído,
sin que fuera necesario que ella recorriera el camino hasta el cerebro.
36.- El sentido del olfato se ve también necesariamente obligado a
concurrir al cerebro. Las sensaciones del tacto pasan por los nervios al
cerebro, y estos nervios se derraman en infinitas ramificaciones hasta la piel
que circunda los miembros del cuerpo y las vísceras.
37.- Los nervios transmiten también la sensación y la voluntad a los
músculos, los cuales obedecen, actualizando su obediencia en contracciones y
tumefacciones Los nervios se internan, a través de los músculos, hasta los
extremos de los dedos, y llevan finalmente al cerebro la sensación táctil.
38.- Los músculos con sus tendones obedecen a los nervios, como los
soldados a sus capitanes; y los nervios están subordinados al cerebro, como los
capitanes al supremo comandante; la coyuntura obedece, pues, al tendón, el
tendón al músculo, el músculo al nervio y el nervio al cerebro. El cerebro es
el sitio del alma, cuya proveedora es la memoria y cuya consejera es la
sensibilidad.
39.- El común sentido (que reside en el cerebro) juzga de las cosas
que los otros sentidos le transmiten y entra en acción mediante las mismas. Los
objetos exteriores mandan sus imágenes a los cinco sentidos, las cuales son
transferidas a la sensibilidad y percepción, y de ésta al común sentido; y
después de ser allí examinadas, pasan a la memoria, que las conserva más o
menos, según la potencia de cada una.
40.- Los cinco sentidos son: la vista, el oído, el tacto, el gusto y
el olfato.
41.- Los antiguos pensadores habían llegado a la conclusión de que la
facultad de juzgar concedida al hombre tiene su causa en un instrumento al que
se refieren los otras cinco mediante la percepción, y a dicho instrumento
designaron con el nombre de común sentido, afirmando que se halla situado
dentro de la cabeza. Le aplican este hombre de común sentido sólo porque él es
el juez común de los otros cinco sentidos, a saber: vista, oído, tacto, gusto y
olfato. El común sentido entra en acción mediante la percepción, que se halla
entre ella y los sentidos. La percepción es excitada por las imágenes que le
envían los instrumentos superficiales, es decir, los sentidos, colocados entre
las cosas exteriores y la percepción, y actuados a su vez por los objetos. Los
objetos también mandan sus imágenes a los sentidos, los sentidos las
transfieren a la percepción, ésta al común sentido y de allí pasan a la
memoria, en la cual permanecen más o menos según la importancia o poder de cada
una.
42.- La naturaleza ha distribuido en el cuerpo del hombre los
músculos, que estiran los tendones y mueven los miembros de acuerdo con la
voluntad y deseo del común sentido, a semejanza de los oficiales distribuidos
por su señor en varias provincias y ciudades, los cuales en dichos lugares lo
representan y obedecen a su voluntad. Y el oficial que una vez haya obedecido a
las indicaciones directas de su señor, hará después espontáneamente, en igual
caso, lo necesario, sin desviarse de la voluntad superior.
43.- Así hacen frecuentemente los dedos que han aprendido muy
dócilmente a ejecutar, con discernimiento, sobre un instrumento de música, una
pieza cualquiera, y que sabrán después tocarla sin intervención de aquella
facultad.
44.- Esto te aparecerá claro si observas cómo agitan los paralíticos y
los entumecidos de frío sus miembros temblorosos, su cabeza y sus manos, sin
licencia del alma, la cual, con todo su esfuerzo, no podría impedirlo. Y ello
ocurre asimismo en los epilépticos y en los miembros mutilados, como por
ejemplo en la cola de un lagarto separada del cuerpo del animal.
45.- Piensa, ¡oh lector!, lo que podemos creer de nuestros antepasados
cuando han pretendido definir lo que es el alma y la vida, cosas
indemostrables, porque no son cosas que la experiencia puede claramente conocer
y probar, ya que durante tantos siglos han sido ignoradas o falsamente creídas.
46.- La esperanza y el deseo de repatriarse y volver al primitivo
estado, es como la luz para la mariposa; el hombre, con perpetuo deseo, aspira
a nueva primavera, a un nuevo estado, a próximos meses y a nuevos años; y
cuando llegan las cosas deseadas es demasiado tarde, y el hombre advierte que
aspira así a su ruina.
47.- Pero este deseo es la quintaesencia de los espíritus elementales
que se hallan encerrados, por el alma, en el cuerpo humano; el hombre aspira
sin cesar a volver a su mandatario. Y es sabido que ese mismo deseo y esa
quintaesencia son compañeros de la naturaleza, como el hombre es modelo del
mundo.
48.- El hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir
siempre, en la esperanza de no sufrir más; y la vida le escapa mientras espera
gozar de los bienes que ha adquirido al precio de grandes esfuerzos.
49.- Si queréis saber cómo habita el alma en el cuerpo, os bastará
observar cómo usa el cuerpo de su cotidiana habitación: si ésta es desordenada
y confusa, desordenado y confuso será el cuerpo poseído por el alma.
50.- Siempre se verán sobre la Tierra animales que combaten entre sí,
con grandes perjuicios y frecuentemente la muerte para cada partido.
51.- Su malignidad no tiene límites; sus brazos salvajes arrojan por
tierra los más grandes árboles de las selvas del mundo; y para conseguir el
sustento que alimente sus deseos, desencadenarán la muerte, las penas, los
dolores, las guerras y la devastación sobre todo ser viviente. En su prodigioso
orgullo se elevarían contra el cielo, si el peso demasiado grande de sus
miembros no los mantuviera sobre la Tierra. Nada, ni en la tierra, ni bajo
ella, deja de ser perseguido, perturbado, aniquilado por ellos; pasan de un
país a otro y el cuerpo de esta ralea se convierte en sepultura y pasaje de todos
los cuerpos de animales muertos.
52.- ¡Oh, mundo!, ¿cómo es que no te abres para arrojar al fondo de
tus barrancos, precipicios y abismos, y no mostrar más a la luz un monstruo tan
cruel y tan implacable? |