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Leonardo da Vinci Aforismos
(Saburía y proverbios)
La naturaleza
188.- Toda cosa desea naturalmente mantenerse en su ser.
189.- Muchas veces una misma cosa está sometida a dos influjos
violentos: necesidad y potencia. Cae el agua, y la tierra la absorbe por necesidad
de líquido; el sol la evapora no por necesidad, sino por potencia.
190.- En todo el universo cada cosa desea mantenerse en su naturaleza;
por eso la corriente de agua en movimiento procura mantener su curso según la
potencia que la impulsa, y si tropieza con un obstáculo, acaba, por un
movimiento circular y torcido, el trayecto de su curso empezado.
191.- Todos los elementos, cuando están fuera de su sitio natural,
desean volver a él, principalmente el fuego, el agua y la tierra.
192.- Toda acción natural se verifica por el camino más corto.
193.- Toda acción natural está realizada por la naturaleza misma del
modo y en el tiempo más breve posible.Ninguna acción natural puede abreviarse,
pues la naturaleza la genera del modo más breve posible.
194.- No es tan fuerte el mugir del mar tempestuoso cuando el
septentrional aquilón lo agita en olas espumantes entre Escila y Caribdis; ni
el estruendo de Stromboli o Mongibello, cuando las llamas de azufre, rompiendo
y abriendo violentamente la gran montaña, fulminan por los aires piedras y
tierra que escapan junto con las llamas vomitadas, o cuando las caldeadas
cavernas de Mongibello, regurgitando el mal contenido elemento (el fuego) y
lanzándolo a su región propia, se llevan furiosamente por delante cualquier obstáculo
que se opone a su impetuosa furia... Y arrastrado por mi vivo deseo, ansioso de
ver la gran mezcolanza de las variadas y extrañas formas creadas por la
artificiosa naturaleza, después de rondar algún tiempo entre umbrosos peñascos,
llegué a la entrada de una gran caverna, delante de la cual quedé por un rato
estupefacto y sin saber lo que veía. Después, arqueando el lomo, con una
cansada mano fija sobre la rodilla, hice sombra con la diestra a las pestañas
que mantenía bajas y cerradas. Encorvándome muchas veces hacia un lado u otro,
trataba yo de discernir algo allá dentro, sin poder lograrlo, a causa de la
gran oscuridad interior. Después de estar así por cierto plazo, despertáronse
en mí súbitamente dos cosas: miedo y deseo; miedo de la amenazadora y oscura
caverna, deseo de ver si allí adentro, había alguna cosa de milagro.
195.- La necesidad es maestra y tutora de la naturaleza. Es su tema y
la fuente de sus invenciones, su freno y su regla perpetua.
196.- ¿Por qué no dispuso la naturaleza que los animales no viviesen
unos de la muerte de los otros?
197.- La naturaleza satisface su deseo y encuentra placer en crear
continuamente vidas y formas, porque sabe que ellas acrecientan su material
terrestre, y tiene más voluntad y prisa por crear que el tiempo por consumir;
por eso ha dispuesto que muchos animales sean alimento unos de otros; y cuando
ello no basta a su deseo, suele enviar ciertos vapores venenosos y pestilencias
sobre las grandes multitudes y congregaciones de animales, y especialmente de hombres,
que se reproducen en gran escala; y evita de ese modo que otros animales los
devoren. Suprimida así la causa, desaparece el efecto.
198.- Así, pues, en nuestra Tierra, es tanto mayor la pérdida de vidas
cuanto más aumenta su multiplicación.
199.- Por la ya indicada y demostrada razón, los efectos no se
asemejan muchas veces a sus causas: los animales son ejemplo de la vida
mundial.
200.- En las cosas muertas subsiste vida insensible; ellas recobran
vida sensible e intelectual cuando son absorbidas por el estómago de los seres
vivientes.
201.- Si la naturaleza ha hecho capaces de sufrir dolor a las almas
vegetativas dotadas de movimiento (los animales), velando por la conservación
de los instrumentos que el movimiento podría deteriorar o destruir, las almas
vegetativas sin movimiento (las plantas), que no están expuestas a chocar
contra obstáculos exteriores, no necesitan de tal defensa, y por esa razón se
las puede romper sin ocasionarles dolor como a los animales.
202.- Si un árbol pierde una parte de su corteza, la naturaleza
proveerá el remedio dirigiendo a esa parte del árbol una cantidad mucho mayor
de savia; de manera que, para compensar la falta, hará crecer en ese punto una
corteza mucho más fuerte que en cualquier otro; y la savia, llegada al lugar
donde su socorro es necesario, surgirá en alto, pululando y borbotando, como un
agua que hierve impetuosamente.
203.- ¿Quién te mueve, hombre, a abandonar tus propias habitaciones de
la ciudad, a dejar tus parientes y amigos, a ir por lugares campestres, por
montes y valles, si no es la belleza natural del mundo, la cual, si bien lo
consideras, sólo con el sentido de la vista puedes gozar? ¿Y si el poeta
pretende entonces rivalizar con el pintor, por qué no aprovechas la descripción
que hace él de tales sitios, y te quedas en casa, al abrigo del excesivo calor
del sol? ¿No conseguirías de ese modo algo más útil y menos fatigoso, dentro de
un ambiente fresco, sin necesidad de movimiento, sin peligro de enfermedad? Sin
duda; pero tu alma ya no podría gozar del beneficio de los ojos, ventanas de su
habitación; no podría recibir las imágenes de los alegres sitios, no podría
contemplar los umbrosos valles regados por los arroyos que serpentean
juguetones, ni ver las variadas flores cuyos colores forman una armonía visual,
ni, en fin, todas las otras cosas que solamente los ojos pueden percibir. Pero
si el pintor en la estación fría y triste del invierno, te muestra esos mismos
paisajes y otros que hayan sido teatro de tus placeres; si junto a alguna
fuente puedes verte de nuevo, amante con tu amada, sobre los prados florecidos,
bajo la dulce sombra de los verdes árboles, ¿no experimentarás un placer más
grande que oyendo el mismo efecto descrito por el poeta?
204.- La costumbre de cortar las narices a los caballos, es cosa digna
de risa. Los necios la practican como si creyeran que la naturaleza ha omitido
algunas cosas necesarias, y que los hombres deben corregirla. Ella ha hecho las
dos ventanas de la nariz -cada una de las cuales tiene un ancho igual a la mitad
del diámetro del canal de los pulmones por donde se exhala el aliento-, si bien
la boca, de no existir ellas, bastaría sobradamente a ese fin. Y si me
preguntas por qué la naturaleza ha dotado a los animales de narices, cuando la
respiración por la boca es suficiente, te contestaré que las narices sirven
para usarlas cuando la boca está ocupada en masticar el alimento.
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