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Leonardo da Vinci Aforismos
(Saburía y proverbios)
Astronomía
205.- Afirman algunos escritores que las estrellas tienen luz propia,
alegando que, si Venus y Mercurio no la tuvieran tal, cuando esas estrellas se
interponen entre nuestros ojos y el sol, oscurecerían una parte del sol igual a
sus tamaños aparentes. Pero esto es falso, por cuanto está probado que un
cuerpo sin lumbre colocado frente a otro luminoso, queda rodeado y cubierto todo
por los rayos laterales del resto de dicho cuerpo luminoso, y permanece, por
consiguiente, invisible. Así se comprueba cuando se mira el sol a través de las
ramificaciones de un árbol de hojas muy separadas unas de otras. Las ramas del
árbol no interceptan entonces parte alguna del sol a nuestros ojos.
206.- Lo mismo ocurre, pues, con los mencionados planetas, los cuales,
aunque privados de luz propia, no ocupan, según lo dicho, ninguna parte de sol
para nuestros ojos.
Geología
207.- La Tierra es una estrella. Gracias a la esfera acuosa que la
envuelve en gran parte, resplandece en el universo como un simulacro del Sol y
a la manera de todas las demás estrellas de cuyo conjunto forma parte.
208.- Nada nace donde no hay vida sensitiva, vegetativa o racional.
Nacen las plumas sobre el cuerpo de las aves y cambian todos los años. Los
pelos crecen sobre a piel de las bestias y cambian también todos los años,
salvo en alguna parte, como en las barbas de los leones, gatos y otros animales
semejantes. Nacen las hierbas sobre los prados y las hojas sobre los árboles, y
en gran parte se renuevan todos los años. Podremos, pues, decir que la Tierra
tiene alma vegetativa y que su carne es el suelo, sus huesos los órdenes y
agregaciones de las rocas que forman sus montañas, sus tendones las tobas, su
sangre las venas de agua. Podremos igualmente decir que al lago de sangre que
rodea el corazón corresponde el mar océano; que a la respiración y a las
palpitaciones del pulso con el crecer y decrecer de la sangre, corresponde en
la Tierra el flujo y reflujo del mar; que el calor del alma del mundo es el
fuego oculto en su interior, y, en fin, que el alma vegetativa reside en el
mismo fuego que en diversos lugares del globo caldea el agua de los baños
termales y se muestra en sulfataras y volcanes, en Mongibello de Sicilia y en
bastantes sitios más.
209.- Los cursos subterráneos del agua, así como los que se deslizan
entre el aire y la tierra, desgastan y profundizan constantemente sus lechos.
210.- La tierra que arrastran los ríos se descarga en su
desembocadura, es decir, que esa tierra, arrancada de la parte superior de su
curso, se deposita en los últimos bajíos de su carrera.
211.- Donde abunda el agua dulce en la superficie del mar, es seguro
presagio de la creación de una isla, que se descubrirá tanto más tarde o tanto
más temprano, cuanto menor o mayor sea la cantidad de agua que surge.
212.- Y una isla se formará también por la acumulación de tierra o de
rocas descompuestas, causada por un curso subterráneo de agua en los sitios en
que se detiene.
213.- Empieza por la definición del ojo.
214.- Mostrarás después cómo el centelleo de las estrellas tiene su
causa en el ojo, y por qué ese centelleo es más pronunciado en unas que en
otras, y de qué modo los rayos de la luz estelar afectan el ojo. Agrega después
esta observación: que si el centelleo proviniera de las estrellas, como
aparentemente ocurre, su dilatación se igualaría al cuerpo de cada estrella; si
ésta fuera mayor que la Tierra, resultaría que tal movimiento instantáneo
sería, aun entonces, bastante veloz para redoblar la magnitud de la estrella;
prueba después cómo la superficie del aire en los confines del fuego y la
superficie del fuego en su extremo, es la misma en que los rayos solares,
penetrándola, tienen semejanza con los cuerpos celestes: de gran dimensión,
cuando salen o se ponen, y pequeños cuando se hallan en el medio del cielo.
215.- Si miras las estrellas libres de toda irradiación (lo que puede
conseguirse observándolas a través de un pequeño agujero hecho con la punta de
una aguja delgada y colocado casi tocando el ojo), comprobarás que ellas son de
tan mínimas dimensiones que nada menor puede concebirse. La gran distancia que
nos separa de las mismas es realmente la causa de su proporcional disminución,
por más que muchas de esas estrellas sean de magnitud infinitamente superior a
nuestra Tierra.
216.- Que la Tierra no está en el centro de la órbita del Sol ni en el
centro del mundo, sino en medio de sus elementos, a ella unidos y que la
acompañan; y que, a un observador colocado en la Luna cuando ella y el Sol
están debajo de nosotros, esta nuestra Tierra con su elemento acuoso, parecería
hacer el oficio que hace la Luna para nosotros.
217.- La yema del huevo está en medio de la clara, sin caer de ningún
lado. Ella es o más ligera, o más pesada, o de igual densidad que la clara. Si
es más ligera, debería elevarse sobre toda la clara y detenerse cuando
estuviera en contacto con la cáscara; si fuera más pesada, debería descender; y
si fuera de igual peso podría estar en uno de los extremos, como en el medio o
más abajo.
218.- El movimiento de los cuerpos pesados hacia el centro común no
tiene por causa el propio deseo de llegar a ese centro, ni una atracción
semejante a la del imán ejercida por el centro sobre los cuerpos.
219.- ¿Por qué el peso no permanece en su sitio?
220.- ¿Por qué no está dotado de resistencia?
221.- ¿Y hacia dónde se moverá?
222.- Se moverá hacia el centro.
223.- ¿Y por qué no seguirá otra línea?
224.- Porque el peso, desprovisto de resistencia, descenderá por el
camino más corto al centro del mundo, que es el sitio más bajo.
225.- ¿Y cómo sabrá hallarlo y con tanta brevedad?
226.- Porque no tendrá que ir, como lo haría un ser animado, vagando
primero por diversas líneas.
227.- Fin del mundo: Quedando el elemento acuoso, rodeado por las
riberas siempre más altas de los ríos y el mar reducido gradualmente por la
invasión de las tierras, el aire circundante que cubría la masa reblandecida de
la Tierra -mantenido entre el agua y el fuego-, se verá privado del agua
necesaria y con su volumen muy reducido. Los ríos perderán su caudal, el fértil
suelo dejará de brotar sus gráciles frondas, los campos perderán el adorno de
las plantas renovadas; los animales, no encontrando frescas hierbas que pacer,
morirán; faltará la comida a las bestias rapaces: leones, lobos y otros
animales que viven de la caza; y los hombres, agotados todos los expedientes,
perecerán al fin, desapareciendo de la Tierra el género humano. Abandonada así
la fértil y fructuosa Tierra, se tornará estéril y árida. No obstante, gracias
al humor acuoso (encerrado en su vientre), y por obra de la vivaz naturaleza,
continuará manifestando algo de su virtud productiva, hasta que, desaparecida
la acción del aire sutil y frío, el fuego la consuma; su superficie se cubrirá
entonces de cálidas cenizas, y éste será el fin de la vida terrestre.
228.- El litoral gana terreno avanzando constantemente hacia el medio
del mar. Los escollos o promontorios se desmoronan y desgastan continuamente.
Los mares interiores expondrán al aire sus fondos y sólo reservarán un canal
para el río más caudaloso, que lo atravesará corriendo al océano a derramar en
él sus aguas, junto con las de todos sus afluentes.
229.- ¡Oh tiempo, rápido devastador de las cosas creadas! ¡Cuántos
reyes, cuántos pueblos has hecho desaparecer, cuántas mutaciones, cuántos
diversos casos han ocurrido, desde que la maravillosa forma de este pez, muerto
aquí en las cavernosas y retorcidas entrañas... y ahora, consumido por el tiempo,
yace inmóvil en este oculto lugar, con los huesos descarnados y desnudos,
convertido en armadura y sostén del monte superpuesto!
230.- Los mariscos son animales cuyo esqueleto es exterior. (Citado
por Humboldt.)
231.- Como los acontecimientos son mucho más antiguos que las letras,
no es de extrañar que no haya llegado a nuestra época noticia escrita que nos
haga saber cómo el mar ocupó en otros tiempos tantos países; y si, con todo,
alguna escritura aparecía, las guerras, los incendios, las inundaciones, los
cambios de lenguas y de leyes, han destruido toda la Antigüedad; pero bástennos
los testimonios que nos da el hecho de encontrarse hoy cosas provenientes de
aguas saladas, en altos montes alejados de los mares de entonces.
232.- Hay quienes afirman que los mariscos fósiles provienen de
animales nacidos por un influjo astral a gran distancia del mar, y que ese
influjo astral hizo apto para crear animales fósiles el lugar en que nacieron.
233.- A ellos hay que responder que, si se admitiera, semejante influjo,
sería a condición de no hallarse juntos sino animales de la misma suerte y
edad, y no (como se observa) viejos con jóvenes, algunos provistos de cubierta
(testáceos) y otros sin ella, unos rotos y otros enteros. Tampoco debieran,
encontrarse algunos de estos mariscos fósiles llenos de arena de mar o de
fragmentos grandes o chicos de otros mariscos. Ni veríamos el aparato bucal de
un cangrejo sin el resto de su cuerpo; ni mariscos de otras especies prendidos
a ellos en forma tal que parecen haber atacado su corteza o cubierta, sobre la
cual se conservan vestigios semejantes a los que deja el teredo en la madera
roída por él; ni aparecerían finalmente, entremezclados con esos mariscos,
huesos y dientes de pescado en forma de saetas o de lenguas de serpiente, y
miembros de diversos animales: todo lo cual nos obliga a reconocer que los
tales mariscos fósiles fueron arrojados del litoral marítimo.
234.- Si dijeras que los mariscos fósiles que se ven en los confines
de Italia, en nuestros tiempos, lejos del mar y a gran altura, están allí por
causa del diluvio bíblico, te contestaré que, creyendo tú que el tal diluvio,
superó en siete codos al monte más alto -como escribió el que lo midió-, esos
mariscos, que siempre están vecinos a las costas del mar, debieron quedar sobre
las montañas y no tan cerca de su base y por capas a nivel.
235.- Si dijeras que, siendo los mariscos amigos de vivir en la
proximidad del borde del mar, cuando éste creció, aquéllos abandonaron su
mansión primitiva para seguir la creciente hasta su máxima altura,
responderíamos que los mariscos no son más veloces que la limaza, antes bien
son más lentos, e incapaces de nadar, recorriendo por día tres o cuatro brazas;
y que, por consiguiente, hubieran necesitado para ir del mar Adriático hasta
Monferrato en Lombardía, a 250 millas de distancia, mucho más de los cuarenta
días que menciona el que llevó la cuenta.
236.- Si pretendieras afirmar que las ondas los transportaron, te
contestaría que su peso les impide moverse, de otro modo que arrastrándose
sobre el fondo; y si te niegas a concederme esto, tendrás que confesar por lo
menos que ellos hubieran debido quedar en las cimas de los más altos montes o
en los lagos que éstos encierran; como ser el Lago Mayor o los de Lario, Como,
Fiésole, Perugia, etc.
237.- En conclusión, la existencia de estos fósiles tan tierra adentro
sólo se explica admitiendo que ellos nacieron en los sitios donde ahora se
encuentran.
238.- Aclaremos, para terminar, la duda de si el diluvio acaecido en
la época de Noé fue universal o no. Diremos las razones que demuestran que no
lo fue. Según el relato bíblico, el diluvio consistió en una lluvia universal y
continua que duró cuarenta días y cuarenta noches y elevó el nivel de las aguas
seis codos por encima del monte más alto de la Tierra; y si efectivamente la
lluvia fue universal, ella envolvió con sus aguas nuestra Tierra dándole una
figura esférica. Pero una superficie esférica tiene todos sus puntos
equidistantes de un centro, de donde resulta que el agua en las condiciones
expresadas no podía moverse, porque el agua sólo se mueve descendiendo. ¿Cómo,
pues, pudo el agua del diluvio escurrirse, si todo movimiento le estaba vedado,
según acabamos de demostrarlo? A falta de razones naturales, hay que apelar al
milagro para resolver la duda, o decir que el agua fue evaporada por el Sol.
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