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Leonardo da Vinci Aforismos
(Saburía y proverbios)
Estética
309.- Con razón la pintura se duele de ser excluida del número de las
artes liberales, siendo, como es, verdadera hija de la naturaleza, y operando
por medio del ojo, que es el más digno de los sentidos.
310.- Injustamente, pues, ¡oh, escritores!, la habéis dejado fuera del
conjunto de dichas artes liberales; desde que ella no sólo se aplica a las
obras de la naturaleza, sino que realiza infinidad de otras que la naturaleza
no creó jamás.
311.- Y es porque los escritores no se han percatado de la ciencia de
la pintura, ni han sabido describir los grados y las partes que la constituyen
-pues la obra artística no se traduce en palabras-, que, en su ignorancia, la
han relegado a un rango inferior al de las ciencias, lo cual no alcanza, sin
embargo, a privarla de su divino carácter.
312.- Y a la verdad, una razón tenían para no ennoblecerla: ella es
noble por sí misma, sin ayuda de ajenas lenguas, como lo son las obras
excelentes de la naturaleza. Y si los pintores no la han descrito ni
convertídola en ciencia, no es por culpa de la pintura, que no es por ese
motivo menos noble, sino porque hay pocos pintores que hagan profesión de las
letras, no bastándoles toda su vida para dominar su arte.
313.- ¿Diremos, acaso, que las virtudes de las hierbas, piedras,
plantas, no existen porque los hombres no las han conocido?No, por cierto;
diremos, antes bien, que ellas conservan su nobleza, sin la ayuda de las
lenguas o letras humanas.
314.- Una ciencia es tanto más útil cuanto más universalmente pueden
comprenderse sus producciones; y, al contrario, lo serán menos en la medida en
que éstas sean menos comunicables.
315.- El fin de la pintura es comunicable a todas las generaciones del
universo, porque depende de la facultad visual, y las impresiones de la visión
pasan al cerebro sin utilizar el oído.
316.- Ella no necesita, por consiguiente, de intérpretes de diversas
lenguas, como la literatura; y satisface de inmediato al espíritu humano, a
semejanza de las cosas que produce la naturaleza. Y no sólo a la especie
humana, sino también a los otros animales; así ocurrió con una pintura que
representaba a un padre de familia: los hijos, todavía en pañales, lo acariciaban,
como asimismo el perro y el gato de la casa, siendo algo maravilloso contemplar
este espectáculo.
317.- Las ciencias imitables son tales que en ellas el discípulo
iguala al maestro, y sus producciones son semejantes a las de éste. Son útiles
al imitador, pero no poseen la misma excelencia que es propia de las que no
pueden pasar en herencia como los otros bienes, y entre las cuales priva la
pintura. Ella no se enseña a quien la naturaleza no lo concede; ocurre lo
contrario con las matemáticas, en las que el discípulo asimila todo lo que el
maestro le explica. La pintura no se copia como las producciones literarias,
cuyas reproducciones valen tanto como el original; ni se genera por fiel
imitación como las obras de la escultura, que pueden reemplazar al original en
cuanto al efecto artístico; ni se prolifica en infinitos hijos como los libros
impresos. Sólo la pintura se mantiene en su nobleza, honra a su autor, es
preciosa y única, y no pare hijos iguales a sí misma. Y esta singularidad la
hace más excelente que las otras ciencias que por todas partes se divulgan.
318.- ¿Pues no vemos a los más grandes reyes del Oriente andar velados
y cubiertos, pensando disminuir su fama si mostraran al público su presencia?
¿Y no se ven las pinturas representativas de la suprema divinidad, envueltas
constantemente en riquísimas telas que las mantienen cubiertas? Al acto de
descubrirlas preceden grandes solemnidades eclesiásticas, acompañadas de
variados cantos y diversas piezas musicales. Asiste a él gran multitud de
gentes que se prosternan y adoran al ser fulgurado en la pintura, y le
solicitan la gracia de recuperar la perdida salud y obtener la salvación
eterna, exactamente como si tal divinidad estuviera allí presente y viera.
319.- Esto no se ve en ninguna otra ciencia, en ninguna otra creación
humana. Si dijeras que no interviene aquí la potencia del pintor, sino la
propia potencia de la cosa imitada, te contestaré que, si así fuera, podrían
los hombres dar satisfacción al deseo de su mente sin abandonar el lecho y sin
ir a lugares de acceso difícil y peligroso, como vemos que lo hacen en
frecuentes peregrinaciones.
320.- Pero si estas peregrinaciones se realizan continuamente, ¿quién
las inspira sin necesidad? Confesarás ciertamente que es el simulacro pictórico
de la Divinidad, la cual no podría ser figurada en efigie y virtud por ninguna
descripción literaria. Parecería, pues, que la Divinidad ama la tal pintura y
ama a los que la aman y reverencian, y se deleita más en ser adorada, en esa
figura que en otra imitación suya, y que, en fin, por ella concede gracias y
dones de salud, según creen los que a tales lugares de peregrinación concurren.
321.- El ojo, que llaman ventana del alma, es la vía principal por
donde el centro de los sentidos o común sentido (comune senso) puede contemplar
más ampliamente las infinitas y magníficas obras de la naturaleza; la oreja es
el segundo sentido, el cual se ennoblece escuchando el relato, de las cosas que
el ojo ha visto.
322.- Si vosotros, historiógrafos, o poetas, o matemáticos (hombres de
ciencia), no habéis visto las cosas con vuestros ojos, mal podréis referirlas
por escrito; y si tú, poeta, quieres trazar una historia con la pintura de tu
pluma, el pintor con su pincel lo hará más satisfactoriamente y, causando menos
hastío, logrará que lo entiendan. Si tú llamas a la pintura una poesía muda, el
pintor podrá replicarte diciendo que la poesía es una pintura ciega. Decide
ahora cuál es la más perjudicial de las dos incapacidades: la del ciego o la
del mudo. Si el poeta es tan libre en sus invenciones como el pintor, sus
ficciones no procuran al hombre tanta satisfacción como las pinturas, porque si
la poesía se empeña en figurar con palabras, formas, hechos, sitios, el pintor
busca en la imitación de las formas la manera de reproducirlas. Ahora bien,
¿qué está más cerca del hombre: su nombre de hombre o su figura humana? El
hombre cambia de un país a otro; la forma sólo se altera con la muerte.
323.- Si dijerais: la poesía
perdura más, yo contestaría que las obras del calderero son más durables aún, y
que el tiempo las conserva más que las vuestras y las nuestras; pero, fantaseos
aparte, la pintura, ejecutada sobre una superficie de cobre y empleando colores
de vidrio, dura indefinidamente.
324.- El arte que profesamos nos confiere el derecho de llamarnos
descendientes de Dios. Si la poesía trata de filosofía moral, nuestro arte se
ocupa de filosofía natural; si aquélla describe las operaciones de la mente que
la ocupan, ésta influye en los movimientos con la mente; si aquélla aterroriza
a los pueblos con sus ficciones infernales, ésta produce igual efecto
poniéndolas en acción. Imaginemos al poeta y al pintor rivalizando en la
representación de la belleza, de la fiereza o de la fealdad nefanda y
monstruosa; por muchas transmutaciones, de formas que el poeta realice a su
modo y antojo, nunca llegará a superar al pintor. ¿Pero no se han visto
pinturas tan conformes a la verdad que engañaban a hombres y animales?
325.- Hay de la imaginación al efecto la misma proporción que de la
sombra al cuerpo que la proyecta, y esa misma proporción existe entre la poesía
y la pintura. Porque la poesía representa las cosas con la imaginación,
literaria, mientras que la pintura las representa fuera del ojo, en forma real,
después de haber recibido del ojo mismo las imágenes, no de otro modo que si
fueran las cosas naturales. La poesía no da esa imagen de las cosas, las cuales
no son por ella percibidas siguiendo el camino de las impresiones visuales,
como ocurre con la pintura.
326.- La pintura representa a la sensibilidad, con más verdad y
certidumbre las obras de la naturaleza, de lo que hacen las palabras o las
letras; aunque las letras representan con más verdad las palabras de lo que
podría hacer la pintura. Pero siempre diremos que es más admirable aquella
ciencia que representa las obras de la naturaleza, que la que sólo representa
las obras del operador, es decir, las obras de los hombres, las palabras, como
hace la poesía y otras semejantes que se manifiestan por el lenguaje humano.
327.- El ojo, por el cual se refleja como por un espejo la belleza del
universo a quien la contempla, es de tan grande excelencia que el que consiente
en su pérdida renuncia a representarse todas las obras de la naturaleza, viendo
las cuales se reconcilia el alma con la prisión del cuerpo. Gracias a los ojos,
el alma se representa todas, las varias cosas de la naturaleza, pues quien los
pierde queda con su alma encerrada en una oscura prisión adonde no llega
ninguna esperanza de ver de nuevo el sol, luz de todo el universo. Hombres hay
para los cuales las tinieblas nocturnas son sumamente odiosas, aunque de breve
duración. ¿Qué harían ellos si esas tinieblas los acompañaran por toda su vida?
328.- Nadie, a buen seguro, preferiría perder, antes que el oído o el
olfato, el sentido de la vista. La pérdida del oído sólo trae consigo la
pérdida de todas aquellas nociones que se resuelven en palabras; mientras que,
la de la visión, lo privaría de la belleza del mundo, la cual consiste en la
superficie de los cuerpos, ya sean naturales o producidos por el arte, que se
reflejan en el ojo humano.
329.- La pintura sirve a un sentido más digno que la poesía y
reproduce con mayor verdad que el poeta las figuras de las obras de la
naturaleza; y éstas son mucho más dignas que las palabras, que son obra humana;
porque media la misma proporción entre las obras de los hombres y las de la
naturaleza que la que separa al hombre de Dios. Es, por consiguiente, más digna
cosa imitar las obras de la naturaleza con verdaderas imágenes de los hechos,
que imitar con palabras los hechos y palabras de los hombres.
330.- Y si quieres, ¡oh, poeta!, describir las obras de la naturaleza
sin salir de tu profesión, fingiendo diversos sitios y formas de varias cosas,
el pintor te vencerá con infinita superioridad de potencia. Si quieres, en
cambio, apropiarte ciencias ajenas, separadas de la poesía, tienes que
reconocer que no te pertenecen: tales la astrología, la retórica, la teología,
la filosofía, la geometría, la aritmética y otras semejantes. Dejas ya entonces
de ser poeta, te transformas y no eres más aquél de quien hablamos ahora. ¿No
ves, pues, que si quieres ir a la naturaleza, irás con ayuda de las ciencias
inventadas por otros para estudiar los efectos naturales? El pintor, por sí
solo, sin valerse de nada perteneciente a las diversas ciencias, irá, en
cambio, directamente a la imitación de las obras de la naturaleza.
331.- Así el amante será atraído hacia el simulacro de la amada y
hablará con la pintura que la imita. Los pueblos, con fervientes votos,
marcharán en busca de los simulacros de los dioses, y no a ver las obras de los
poetas que figuran con palabras a esos mismos dioses. Hasta los animales se
dejan engañar por las pinturas. Yo vi hace algún tiempo cómo, engañado por el
parecido, un perro hacía grandes fiestas a una pintura que representaba a su
amo; y análogamente he visto perros abalanzarse ladrando contra perros
pintados, queriendo morderlos; y a un mono hacer mil locuras frente a otro mono
pintado; he visto, en fin, golondrinas volando e intentando posarse sobre los
hierros figurados en saliente en las ventanas de los edificios.
332.- La imaginación no ve tan excelentemente como el ojo, porque éste
recibe las apariencias o similitudes de los objetos y las transmite a la sensibilidad,
y de la sensibilidad al común sentido, que las juzga. Pero la imaginación no
sale fuera del común sentido sino para ir a la memoria, donde se detiene y
muere, si la cosa imaginada no es de gran excelencia. En este caso la poesía
reaparece en la mente o en la imaginación del poeta, que inventa las mismas
cosas que el pintor y pretende con ellas igualarlo; pero queda muy lejos de él,
como antes lo hemos demostrado. Luego, pues, en estas invenciones, podremos
ajustándonos a la verdad, decir que hay tanta distancia de la ciencia de la
pintura a la poesía como entre el cuerpo y la sombra que proyecta; o mayor
todavía, puesto que la sombra de tal cuerpo entra al menos por el ojo hasta el
común sentido, mientras que la imaginación del mismo cuerpo nace allí mismo, en
el común sentido (o cerebro). ¡Cuánta diferencia entre el imaginar la luz en el
cerebro y verla efectivamente fuera de las tinieblas!
333.- Si describes, ¡oh, poeta!, una sangrienta batalla en medio de
una oscura y tenebrosa atmósfera, que ensombrecen el humo de terribles y
mortíferas máquinas y la espesa polvareda que levantan en su fuga, enloquecida
por el temor y la muerte, los míseros combatientes, el pintor te supera también
en este caso, porque tu pluma habrá consumido todo su poder antes de que
termines la descripción de lo que el pintor, con su ciencia, habrá logrado
representar inmediatamente, y tu lengua se verá impedida por la sed, y tu
cuerpo por el sueño y el hambre, antes de que muestres con tus palabras lo que
el pintor muestra con su pintura en un instante. Y en esa pintura sólo faltará
el alma de las cosas representadas. De cada cuerpo se verá íntegramente todo lo
que un solo aspecto puede revelar; al paso que la poesía necesitará repetir,
con largo y molesto esfuerzo los movimientos de los actores del combate y
describir en detalle los miembros de sus cuerpos y ornamentos; cosas todas que
la pintura te pone por delante con tanta rapidez como verdad. Sólo echarás de
menos en ella el estrépito de las máquinas, el clamor terrorífico de los
vencedores, los gritos y quejas de los vencidos; pero sobre todo el poeta no
podrá tampoco representarlo al sentido del oído. Diremos, en resumen, que la
poesía es ciega, que opera principalmente sobre los ciegos, y la pintura sobre
los sordos; y por eso la pintura puede reclamar para sí más alta dignidad, ya
que sirve a un sentido superior.
334.- El único oficio del poeta consiste en fingir palabras de
personas que hablan unas con otras, y sólo estas palabras ofrece al sentido del
oído como naturales, pues lo son en sí en cuanto creaciones de la voz humana.
En todos los demás casos, el pintor lo supera. Pero más numerosas, sin
comparación, son las variedades a que se aplica la pintura que aquellos que son
del resorte de la palabra. Infinitas cosas hará el pintor que no podrán
designarse con palabras, por carencia de vocablos apropiados. ¿No ves, en
efecto, que si el pintor quiere figurar animales o diablos en el infierno la
abundancia de sus invenciones no tendrá límite?
335.- Me sucedió hace algún tiempo representar en pintura una
divinidad. Un enamorado de mi obra, habiéndola comprado, la despojó de los
atributos divinos para poder besarla sin sospecha de profanación. Pero la
conciencia venció al fin los impulsos de la sensualidad, y la pintura fue retirada
de su casa. ¡Ea, pues, poeta! Describe una belleza, sin representación de cosa
viva, capaz de despertar en los hombres semejantes apetitos. Si tú dices: «Yo
te describiré el infierno o el paraíso y otros horrores o delicias», el pintor
te aventajará solicitándote, en silencio, con iguales delicias, o inspirándote
el deseo de huir con los horrores imaginarios de sus pinturas. La pintura
excita log sentidos más pronto que la poesía. Si afirmas que, con la palabra,
tú eres capaz de hacer llorar o reír a la multitud, te contestaré que no eres
tú quien la conmueve, sino el orador y su fisonomía. Cierto pintor representó a
un hombre en el acto de bostezar, y todos cuantos miraban la pintura bostezaban
en seguida. Otros han representado actos lujuriosos, y sus pinturas incitaban a
quien las contemplaba, a imitar tales actos, cosa que no está al alcance de la
poesía. Si tú, poeta, describes la figura de algunos dioses, tu escritura no
merecerá las mismas muestras de veneración que el cuadro que la represente, el
cual será objeto de continuos votos y diversas oraciones; y vendrán a visitarlo
muchas generaciones de varias provincias y aun de los mares del Oriente para
pedir su socorro. Nada de eso ocurrirá con tu escritura.
336.- ¿Quién no preferirá perder el oído, el olfato y el tacto antes
que la vista? Porque el que pierde la vista es como un hombre desterrado del
mundo, puesto que ya no puede verlo ni ver cosa alguna; y una vida semejante es
hermana de la muerte.
337.- También los animales sufren mayor perjuicio privados de la vista
que privados del oído, y esto por varias razones: primero, porque la vista les
es necesaria para hallar el alimento que es indispensable para su nutrición y,
segundo, porque es con la vista como se percibe la belleza de las cosas creadas,
y máximamente de las que inducen al amor. Es así como, entre los hombres, el
ciego de nacimiento no puede concebir por el oído lo que es la belleza, porque
nunca tuvo noción de ella; y el sentido del oído que le queda sólo le sirve
para entender las voces del lenguaje humano, que encierra los nombres de todas
las cosas que tienen nombre. Sin saber siquiera esos nombres, también se puede
vivir contento, como viven los sordomudos, que se distraen dibujando.
338.- ¿Qué poeta, con sus palabras, reproducirá para ti, amante, la
exacta efigie de tu ideal, con tanta verdad como el pintor? ¿Quién te mostrará
los paisajes de los ríos, bosques, valles y campiñas, donde pasaron tus días
más felices, si no es el pintor?
339.- Y sí tú dices: «La pintura es de por sí una poesía muda si no
hay alguien que nos explique lo que ella representa», ¿no ves que tu libro está
en peores condiciones? Porque, suponiendo que alguien hable por él, todavía te
será imposible ver las cosas de que habla, como se verán las cosas que una
pintura representa, si en la misma las escenas y los hechos son tan bien
ordenados mentalmente que entendemos la pintura como si nos hablara.
340.- La pintura es una poesía que se ve sin oírla; y la poesía es una
pintura que se oye y no se ve; son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres,
dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra
inteligencia. Porque si una y otra son pintura, pasarán al común sentido a
través del sentido más noble que es el ojo; y si una y otra son poesía, habrán
de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído.
341.- Someteremos entonces la pintura al juicio del sordo de
nacimiento, y la poesía será juzgada por el ciego de nacimiento. Y si la
pintura está figurada con los movimientos propios de los caracteres morales que
actúan en un sentido determinado, no hay duda de que el sordo de nacimiento
comprenderá la obra y las intenciones del pintor; pero el ciego de nacimiento
no comprenderá nada de lo que el poeta manifieste y que haga honor a la poesía.
Y aunque entre sus nobles representaciones se cuentan las de los gestos de los
personajes que componen sus historias, las de los paisajes con sus ornamentos
deleitosos y sus aguas transparentes que muestran el verde fondo y cuyas ondas
juguetean sobre las praderas o los menudos guijarros y abundan en peces de
ágiles movimientos; todas estas descripciones podrían dirigirse con igual
efecto a una piedra que a un ciego de nacimiento, quien nunca vio cosa alguna
de las que forman la belleza del mundo, es decir, la luz, las tinieblas, el
color, los cuerpos, las figuras, los paisajes, la lejanía, la proximidad, el
movimiento y el reposo, que son los diez ornatos de la naturaleza.
342.- Pero el sordo, privado del sentido menos noble, aunque haya
perdido juntamente el lenguaje, porque nunca oyó hablar, y no haya podido
aprender ninguna lengua, podría, sin embargo, percibir cualquier detalle del
cuerpo humano mejor que uno capaz de hablar y oír; y comprenderá también las
obras del pintor y todo lo que en ellas se represente con figuras apropiadas.
343.- La pintura es una poesía muda y la poesía una pintura ciega, y
una y otra van imitando la naturaleza en cuanto les sea posible, y por una y
otra pueden mostrarse muchos hábitos morales, como hizo Apeles con su Calumnia.
344.- Pero del hecho de que la pintura sirve a un sentido más noble,
como es el ojo, resulta para sus producciones una especie de proporción
armónica; en otros términos: de la misma manera que muchas voces diferentes,
unidas en simultáneo efecto, dan la sensación de una proporción armónica que
satisface el sentido del oído al extremo de producir en los auditores una
admiración casi estática, así también, y aun mucho más, las bellezas
proporcionadas de un rostro angélico, puestas en pintura, son para el ojo lo
que es para el oído un armonioso concierto de sonidos musicales. Y si esta
armonía de bellezas es mostrada al amante de la mujer que les ha servido de
modelo, la admiración profunda y el placer incomparable de sus ojos serán muy
superiores a todo lo que podría experimentar con sus otros sentidos.
345.- En cambio, la poesía -obligada a ensayar la representación de
una perfecta belleza, mediante la figuración de cada una de las partes que
componen la armonía pictórica mencionada antes- no llegará a obtener un
resultado que supere en gracia al que nos proporcionaría el músico haciéndonos
oír sucesivamente, en varios tiempos, cada una de las voces, que sólo actuando
a la vez formarían un armónico acento; o al que lograríamos haciendo mostrar un
rostro parte por parte, recubriendo siempre las que mostramos primero. En una
tal exhibición nuestros ojos olvidarían cada cosa a medida que otra la
reemplazara, y no podrían abrazar el conjunto en simultánea y proporcionada
armonía.
346.- Tal ocurre con las bellezas de cualesquiera creaciones del
poeta, de las cuales, por ser sus partes recitadas separadamente, en tiempos
separados, la memoria no puede percibir ninguna armonía.
347.- La pintura se muestra directamente, con la manifestación para la
cual su autor la generó, y da al sentido máximo todo el placer que puede dar
cosa creada por la naturaleza. En este caso, el poeta, que envía las mismas
cosas al común sentido por el camino del oído, sentido inferior, no da otro
placer que el experimentado escuchando el relato de una cosa.
348.- Ahora bien, observa cuánta diferencia media entre oír, durante
un lapso prolongado, contar una cosa que da placer a los ojos, y verla con la
presteza con que se ven las cosas naturales. Y aunque las producciones poéticas
sean leídas dedicándoles mucho tiempo, suele acaecer con frecuencia que no las
entendamos o necesitemos, para alcanzar a entenderlas, del auxilio de diversos
comentarios; sucediendo entonces todavía que los mismos comentadores rarísima
vez penetran la mente del poeta; y, en fin, muchas veces no leemos, apremiados
por el tiempo, sino pequeña parte de sus obras. Pero la obra del pintor es
inmediatamente comprendida por quienes la contemplan.
349.- La pintura, en un instante solo, representa su esencia en tu facultad
visual, y utiliza el propio medio con que la percepción recibe los objetos
naturales, y el mismo momento en que se componen la armónica proporcionalidad
de las partes constituyentes del todo que satisface al sentido: la poesía, en
tanto, transmite, por un intermediario menos, digno que el ojo y más
confusamente y con mayor tardanza que este órgano, las representaciones de las
formas mencionadas. Dicho órgano es, en efecto, el que interpreta los objetos,
haciendo que la sensibilidad pueda percibir enseguida, con suma verdad y
exactitud, las superficies y figuras que ante él se manifiestan, armonizándolas
en un dulce concento, agradable al espíritu. No de otro modo se armonizan
diversas voces simultáneas en el sentido del oído; peto también en este caso el
sentido del oído es inferior en dignidad al del ojo, porque las sensaciones
auditivas son fugaces y nacen y mueren, tan veloces en nacer como en morir:
cosa que no puede ocurrir con el sentido de la vista. Si representas para los
ojos una belleza humana compuesta de hermosos miembros bien proporcionados, tal
belleza no es tan mortal ni se disipa tan ligero como la de la música; antes
bien goza de larga permanencia y se deja ver y curiosear. No renace, como la
música, en fuertes sonoridades que molestan. Esa belleza humana te enamora y es
causa de que todos los sentidos quisieran poseerla y luchar a porfía para
lograrlo. Su boca, por ejemplo, desearíamos apropiárnosla e incorporárnosla;
nuestro oído sentiría placer en escuchar la descripción de sus encantos; el sentido
del tacto penetraría de buena gana en todos sus secretos; el olfato anhela
absorber el aire que ella constantemente respira. Pero el tiempo destruirá en
pocos años esa belleza y armonía; mientras que, imitada por el pintor, se
conservará un largo plazo; y los ojos, desempeñando su oficio, sienten un
placer tan grande en la contemplación de la belleza figurada, que no se lo
procuraría mayor la misma belleza viva. Sólo el tacto quedará insatisfecho, el
cual, si ya logró antes su intento, usando de sus fueros de hermano mayor, no
impedirá después a la razón que considere a su gusto la divina belleza. A esto
suplirá en gran parte la imitación pictórica, pero nunca las descripciones del
poeta, que, pretendiendo equipararse al pintor, no se da cuenta de que el
tiempo separa sus palabras, con las cuales va mencionando uno a uno los
miembros de la belleza, deja que el olvido se interponga entre ellas y divide
las proporciones, que le es imposible al poeta detallar sin gran prolijidad,
fallando así en su intento de componer el resultado armónico hecho de tales
divinas proporciones. El lapso que basta para la contemplación de una belleza
pictóricamente imitada, no bastará, pues, para su descripción verbal; y comete
un pecado contra natura, quien se proponga utilizar el oído, allí donde hay que
utilizar los ojos. Aplíquesele a los menesteres de la música, y no a la
percepción de las figuras naturales cuya imitación compete a la pintura.
350.- ¿Qué te mueve, hombre, a abandonar tus habitaciones de la
ciudad, a dejar parientes y amigos, a recorrer lugares campestres atravesando
montes y valles, si no es la belleza natural del mundo, la que, pensándolo
bien, sólo puedes gozar con el sentido de la vista? Y si el poeta quiere
entonces llamarse, él también, pintor, ¿por qué no aprovechas sus descripciones
de aquellos sitios, y te quedas en casa sin tener que soportar el calor
excesivo del sol? Al fresco, sin agitación, sin peligro de enfermarte, ¿no
conseguirías así un más útil resultado con menos fatiga? Pero el alma no lograría
entonces el beneficio que los ojos -ventanas de su habitación- le conceden, de
contemplar los alegres paisajes de umbrosos valles, regados por el curso
juguetón y sinuoso de los ríos; las variadas flores que armonizan sus colores
para encanto de los ojos, y todas las otras cosas que se manifiestan a la
vista. Y si el pintor, en los días fríos y duros del invierno, te ofrece la
imitación de esos mismos paisajes y de otros que fueron escenario de tus
placeres; si en ella puedes verte de nuevo en compañía de tu amada, cabe a una
fuente, rodeado de floridas praderas, bajo la dulce y verde sombra de los
árboles, ¿no sentirás un deleite muy superior al de oír los mismos efectos
descritos por el poeta?
351.- Aquí el poeta nos responde: Admite los argumentos que preceden;
pero dice que supera al pintor, porque hace hablar y razonar a los hombres
mediante diversas ficciones de cosas inexistentes; que los puede arrastrar a
tomar las armas; que sabe describir el cielo, las estrellas, la naturaleza, las
artes y cualquier otra cosa. A lo que es fácil responder que ninguna de estas
cosas de que se jacta, pertenece a su profesión propia, pues cuando quiere
hablar y arengar, el orador lo vence; si habla de astrología, lo que dice lo ha
robado del astrólogo; y si de filosofía, al filósofo; porque, en efecto, la
poesía no tiene dominio propio, y todo su mérito es el de un mercader que junta
las mercaderías hechas por diversos artesanos.
352.- Cuando el poeta cesa de figurar con palabras lo que en la
naturaleza es un hecho, no iguala al pintor. Todo lo que puede efectuar,
abandonando tal figuración, es describir las palabras elegantes y persuasivas
de la persona a quien hace hablar, y entonces se convierte en orador y no es
más un poeta, ni un pintor; si habla de los cielos, se torna astrólogo; y
filósofo o teólogo, si se ocupa de la naturaleza o de Dios; pero si vuelve a
intentar la figuración de algún objeto, sólo emularía al pintor si, como él,
pudiera, con sus palabras, satisfacer el sentido de la visión.
353.- Pero la divina ciencia de la pintura considera los objetos (ya
sean obra de Dios o de los hombres) limitados por sus superficies, y fija con
estos lineamientos terminales de los cuerpos, que impone al escultor, la
perfección de las estatuas. Gracias a sus principios del dibujo, enseña al
arquitecto a dar a sus edificios un aspecto grato a la vista: dirige a los
fabricantes de urnas o vasos, y a los orífices y tejedores y bordadores. Ella
inventó los caracteres con que se expresan las diversas lenguas, las cifras aritméticas,
las figuras de la geometría y enseña la perspectiva a los astrólogos,
maquinistas e ingenieros.
354.- No hay parte alguna de la astrología que no dependa de los rayos
visuales y de la perspectiva, hija de la pintura -porque es el pintor quien
engendró la perspectiva por necesidad de su arte. Esa perspectiva enseña a
trazar las líneas que limitan las figuras todas de los diversos cuerpos creados
por la naturaleza. Sin ella la ciencia del geómetra no existiría.
355.- Si el geómetra reduce toda superficie circundada por líneas a la
figura del cuadrado, y todo cuerpo a la figura del cubo, y la aritmética hace
lo mismo con sus raíces cúbicas y cuadradas, estas ciencias no van más allá de
la noción de cantidad continua y discontinua; pero de la cualidad no se
preocupan, la cual es belleza de las obras de la naturaleza y ornamento del
mundo.
356.- Dice el poeta que su ciencia es invención y medida, que forman
simplemente el cuerpo de la poesía: invención de materia y medida en los
versos, que él adorna después con todas las galas de otras ciencias. A lo que
el pintor responde que él tiene las mismas obligaciones en su ciencia de la
pintura, es decir, invención y medida: invención de la materia que debe
representar, y medida en las figuras para que no aparezcan desproporcionadas;
pero que él no se viste de aquellas tres ciencias (aritmética, geometría,
perspectiva), antes bien son las otras ciencias la que se visten de la pintura;
como la astrología, que no hace nada sin ayuda de la perspectiva, la cual es parte
principal de la pintura -hablo de la astrología matemática y no de la falaz
astrología judiciaria (¡y perdónenme los que, explotando a los tontos, viven de
ella!)
357.- Dice el poeta que él sabe describir (alegóricamente) cosas qué
representan a otras llenas de hermosos pensamientos. Y el pintor dirá a su vez
que él puede, a su arbitrio, hacer lo mismo; con lo cual demuestra que, también
en esto, él es poeta. Si el poeta afirma ser capaz de encender en los hombres
el amor, que es cosa principal en todas las especies animales, el pintor podrá
hacer lo mismo, mostrando al amante la propia efigie del objeto amado, la que
es frecuentemente de tan exacto parecido, que induce a besarla y hablarle: cosa
imposible de hacer con las bellezas que describe el poeta. Y aun llega a tanto
el dominio de su arte sobre el espíritu humano que lo tienta a enamorarse de
pinturas que no representan a ninguna mujer real.
358.- Si el poeta sirve al común sentido por vía del oído, el pintor
utiliza el órgano más noble de la visión. Bastaría para mi objeto que un buen
pintor representase el furor de una batalla, que un poeta describiera la misma
y que ambas producciones, una junto a la otra, se exhibieran al público. Verías
entonces dónde los espectadores se detendrían de preferencia para contemplar,
alabar y manifestar su mayor satisfacción. Ciertamente la pintura, mucho más
útil y bella, agradará más. Inscribe en un lugar el nombre de Dios, y confronta
esta inscripción con la figura, colocada al lado, que representa al mismo dios;
tú verás cuál de los dos, inscripción o figura, inspira más reverencia. Si la
pintura comprende en sí todas las formas de la naturaleza, sólo te quedan los
nombres, que no son universales como las formas. Vosotros describís los efectos
de las cosas visibles; nosotros las representamos en sus efectos.
359.- Tomad a un poeta que describa las bellezas de una mujer a su
enamorado, tomad un pintor que la figure; verás hacia dónde dirigirá la
naturaleza al enamorado juez. Debemos, sin duda, dejar al ensayo de la experiencia
que pronuncie su dictamen. Habéis clasificado la pintura entre las artes
mecánicas; a buen seguro que, si la pintura fuese apta para alabar por escrito
sus obras, como lo hacéis vosotros, no sería ella relegada a tan vil categoría.
Si la llamáis mecánica porque es con ayuda de las manos que ejecuta lo que la
fantasía concibe, vosotros también, poetas, dibujáis manualmente con la pluma
lo que os sugiere vuestro ingenio. Y si decís que la pintura es mecánica porque
se hace pagar su trabajo, ¿quién cae en este error, si error puede llamarse,
más que vosotros? Si dais conferencias en casas de estudios, ¿no vais a quien
mejor os paga? ¿Hacéis algo sin beneficio? Aunque no digo esto para censurar
tales opiniones, pues todo trabajo espera retribución. Y en fin, si el poeta
dice: mi ficción tendrá un significado grandioso, cosa igual podrá hacer el
pintor, como lo hizo ya Apeles con su Calumnia.
360.- Cuentan que el día del natalicio del rey Matías, cierto poeta le
ofreció una obra suya que celebraba la fecha memorable en que, para bien del
mundo, había nacido el ilustre monarca; y agrega la tradición que un retrato de
su amada le fue presentado en el mismo acto por un artista que lo había pintado
con tal fin. El rey, apenas tuvo en sus manos la pintura, sin hacer más caso
del libro, fijó en ella sus ojos con gran admiración.
361.- El poeta entonces, fuertemente indignado, dijo: «¡Oh, rey, lee,
lee, y percibirás algo de mayor sustancia que una muda pintura!» Pero el rey,
oyéndose reprochar su atención hacia cosas mudas, replicole: «Calla, oh poeta,
que no sabes lo que dices; esta pintura apela a un sentido más noble que tu
libro, que es bueno para ciegos. Dame algo que pueda ver y tocar, y no
solamente oír, y no me censures porque he puesto la obra tuya bajo mis codos
mientras que sostengo la pintura con ambas manos, frente a mis ojos. Ellas se
han puesto espontáneamente al servicio de un sentido superior al oído. Pues yo
creo que la distancia que separa la ciencia del pintor de la ciencia del poeta,
es la que media entre los sentidos respectivos de que se sirven.»
362.- «¿No sabes tú que nuestra alma se compone de armonía, y que ésta
exige contemporaneidad de las partes, en la cual los objetos se hagan ver u oír
en justas proporciones? ¿No ves que en tu ciencia, esa contemporaneidad no
existe, sino que antes bien una parte nace de la otra sucesivamente, y no nace
la subsiguiente si la antecedente no muere?»
363.- «Por eso juzgo tu invención bastante inferior a la del pintor:
quiero decir, porque no puede componerse con aquélla una proporcionalidad
armónica. Ella no satisface la mente del oyente o espectador, como lo hace la
buena proporción de los bellísimos detalles que forman la divina hermosura de
este rostro que contemplo, los cuales, todos al mismo tiempo reunidos en
conjunto, me producen tal placer con su divina proporción, que no creo que otra
cosa sobre la Tierra, hecha de mano de hombre, pudiera dármelo más grande.»
364.- No habrá hombre tan insensato que, si se le da a elegir entre
estar perpetuamente en las tinieblas o perder el oído, no diga al instante que
preferiría perder el oído junto con el olfato, a quedarse ciego.
365.- Pues quien pierde la vista, pierda la belleza del mundo con
todas las formas de las cosas creadas, y el sordo pierde únicamente el sonido,
que resulta de la agitación del aire golpeado, cosa de mínima importancia en el
mundo. Tú que dices que una ciencia es tanto más noble cuanto más digno es el
sujeto a que se aplica, y que por eso vale más una falsa concepción de la
esencia de Dios que la concepción verdadera de una cosa menos digna, habrás de
admitir que la pintura, que sólo se aplica a las obras de Dios, es más digna
que la poesía, que sólo se ocupa en fraguar mentirosas ficciones de las obras
humanas.
366.- Tú dices, oh pintor, que tu arte es adorada. No te atribuyas tal
virtud; lo que se venera son las cosas que tus pinturas imitan.
367.- Aquí el pintor responde: -¡Oh, poeta, que también te haces
imitador!; ¿por qué no representas con tus palabras, o con las descripciones
que con ellas formas, cosas que hagan adorables tus palabras?
368.- Alabemos, pues, al que satisface al oído con palabras; y al que
con sus pinturas satisface al gusto de los ojos; pero menos al primero que al
segundo, porque las palabras son creaciones accidentales del hombre y no obras
de la naturaleza, como las que el pintor imita, y que se le presentan en forma
de figuras definidas por las superficies que las determinan.
369.- Para concluir, la poesía ocupa el grado más alto de comprensión
para los ciegos; y la pintura, para los sordos. Diremos, pues, que la pintura
es superior a la poesía por cuanto apela a un sentido mejor y más noble; y esta
nobleza ya hemos probado que es tres veces mayor que la de cada uno de los tres
sentidos del oído, del olfato y del tacto, mostrando que, de tener que elegir,
preferiríamos perder juntamente el oído, el olfato y el tacto, antes que la
vista.
370.- El que pierde la vista, pierde, en efecto, la percepción de la
belleza del universo y queda como encerrado en un sepulcro, aunque vivo y capaz
de movimiento.
371.- ¿No ves que, en efecto, el ojo abraza la belleza total del
mundo? Es jefe de la astrología, crea la cosmografía, aconseja y corrige todas
las artes humanas, conduce al hombre a diversas partes del mundo, es príncipe
de las matemáticas, sus nociones son ciertísimas, mide la altura y la magnitud
de las estrellas, ha descubierto los elementos y sus posiciones, ha hecho
predecir los acontecimientos futuros mediante el curso de las estrellas, ha
engendrado la arquitectura, la perspectiva y la divina pintura. ¡Oh, tú,
excelentísima entre todas las otras cosas creadas por Dios!, ¿con qué alabanzas
expresar tu nobleza? ¿Qué pueblos, qué lenguas podrán describir cuanto operas?
372.- Ésta es la ventana del humano cuerpo; a través de ella, el alma
contempla y goza la belleza del mundo, gracias a ella, soporta su humana
cárcel, que, sin ella, sería su tortura; por ella, la industria humana ha
descubierto el fuego, mediante el cual el ojo reconquista lo que las tinieblas
le robaban; ha ornado, en fin, la naturaleza con la agricultura y con jardines
deleitables.
373.- ¿Pero a qué extenderme en tan alto y largo discurso? ¿Qué cosa
existe que no se haga con su mediación? Él mueve a los hombres del Oriente al
Occidente, ha inventado la navegación, y supera a la naturaleza en esto: que
las variedades de los minerales, vegetales y animales son finitas, mientras que
las obras que el ojo encomienda a las manos, son infinitas, como lo demuestra
el pintor en las ficciones de innumerables formas de animales y hierbas,
plantas y sitios.
374.- No debemos llamar la música con otro nombre que el de hermana de
la pintura, ya que está subordinada al oído, sentido que viene después del de
la visión. Ella compone la armonía, mediante la conjunción de sus partes
proporcionales en un mismo tiempo, está obligada a nacer en uno o en varios
espacios armónicos; esos espacios circundan la proporcionalidad de los miembros
que componen, a la manera como lo hace el contorno de los miembros que
constituyen la belleza humana.
375.- La pintura sobrepasa en excelencia y señorío a la música, porque
no muere luego de haber dado a luz sus creaciones, como le ocurre a la
desventurada música; la pintura, al contrario, prolonga su existencia
mostrándonos sobre una simple superficie toda su vitalidad.
376.- ¡Oh, maravillosa ciencia de la pintura, tú das vida permanente a
las caducas bellezas de los mortales, y les confieres más duración que a las
obras de la naturaleza, continuamente sometidas a las variaciones del tiempo,
que las conduce a la vejez inevitable!, tú guardas la misma proporción con la
divina naturaleza, que la que existe entre tus obras y las suyas; eres, pues,
digna de nuestra adoración.
377.- Cada cosa es noble en la medida en lo que es el sentido a que
satisface; la pintura, por consiguiente, es más noble -ella, que satisface el
sentido de la vista- que la música, la cual sólo satisface al oído.
378.- De dos cosas, es más noble la que más perdura; la música, que va
consumiéndose a medida que nace, es de menor dignidad que la pintura, que puede
conservarse eternamente, empleando el cobre y colores de vidrio.
379.- El arte que contiene en sí más universalidad y variedad de cosas
debe ser considerado como el de mayor excelencia. La pintura ha de ser, por
consiguiente, colocada a la cabeza de todas las actividades artísticas. Ella
contiene todas las formas que existen y aun las que no se hallan en la
naturaleza. Merece más gloria y exaltación que la música, la cual tiene la voz
por único dominio.
380.- De ella son los simulacros de los dioses, en cuyo alrededor se
celebra el culto divino, colaborando, como sirvienta suya, la música; ella
procura a los amantes un símil del objeto amado; ella conserva las bellezas que
el tiempo y la madre naturaleza hicieron efímeras; ella perpetúa la imagen de
los hombres famosos. Y si dijeses: la música se hace eterna escribiéndola, lo
mismo pasa con las letras que ahora trazamos aquí sobre el papel.
381.- ¿Por qué has incluido la música entre las artes liberales?
Suprímela, o agrega a la lista la pintura.
382.- Si me dijeras: hay hombres viles que utilizan la pintura; yo te
preguntaré: ¿desmerece acaso la música puesta al servicio de quien no la sabe?
383.- Y finalmente, si dices: Las ciencias no mecánicas son las únicas
ciencias que pueden llamarse mentales, te contestaré que la pintura es mental,
pues así como la música y la geometría consideran las proporciones de las
cantidades continuas, y la aritmética las de las discontinuas, la pintura
considera todas las cantidades continuas, y las cualidades de las proporciones
de sombras y luces y distancias, en su perspectiva.
384.- Pretende el músico equiparar su ciencia con la del pintor,
porque aquélla compone un cuerpo de muchos miembros, del cual el observador
contempla toda la gracia, en tantos tiempos armónicos cuantos son los tiempos
en que cada miembro nace y muere; y así la música solaza y encanta el alma que
reside en el cuerpo del contemplador.
385.- Pero el pintor responde y dice que el cuerpo de una figura,
compuesto de sus miembros no sólo produce a intervalos armónicos una sensación
de placer en quien lo contempla, sino que esa agradable sensación, sujeta
-cuando de una belleza musical se trata- a nacer y morir en esos intervalos, se
hace, en la pintura, permanente por muchísimo tiempo; de manera que la obra
pictórica logra conservar viva aquella armonía de proporcionados miembros cuya
duración la naturaleza con todos sus recursos no sabría prolongar.
386.- ¡Cuántas veces la pintura eterniza el simulacro de una divina
belleza, cuyo original verdadero fue destruido en breve espacio por la muerte o
el tiempo! Y la obra del pintor ha vencido la creación de la naturaleza, su
maestra.
387.- Si arguyes, ¡oh, músico!, de mecánica la pintura, porque opera
con el ejercicio de las manos, la música también opera con el ejercicio de la
boca, aunque no por cuenta del sentido del gusto, como el pintor cuando utiliza
las manos no pone en juego el sentido del tacto.
388.- Las palabras valen menos todavía que los hechos, y tú, escritor
científico, no haces más que copiar con palabras de tu mano lo que tienes en la
mente; como el pintor traduce en sus imágenes los hechos que están en su
espíritu.
389.- Y si me dices que la música está compuesta de proporciones, con
estas mismas persigo yo mi obra pictórica, como lo verás.
390.- En la figuración de las cosas corpóreas, la poesía y la pintura,
difieren tanto como los cuerpos desmembrados difieren de los unidos: cuando el
poeta describe la belleza o la fealdad de un cuerpo lo muestra miembro a
miembro y en diversos tiempos; el pintor lo hace ver íntegro en un solo
instante.
391.- El poeta no puede poner de manifiesto con sus palabras la
verdadera figura de los miembros que componen un todo; el pintor, en cambio,
muestra las cosas con toda la realidad posible en la naturaleza. Le acontece al
poeta como al músico, que canta él solo un trozo compuesto para cuatro voces:
empieza por la voz de soprano, sigue con la de tenor, con la de contralto y la
de bajo; pero de esta sucesión de voces no resultará la gracia de la
proporcionalidad armónica, que está encerrada en tiempos armónicos. Y hace el
tal poeta como si mostrara un rostro hermoso, parte por parte; no pudiendo así
comunicarnos una impresión satisfactoria de su belleza, que consiste ante todo
en la divina proporcionalidad de esas partes, las cuales, sólo obrando de
consuno, producen el sublime acuerdo que extasía al contemplador.
392.- La música, al menos, realiza en su tiempo armónico suaves
melodías, compuestas de varias voces; pero el poeta se ve privado de esa
distribución armónica, por razón del carácter sucesivo, y no simultáneo, de su
discurso; así, pues, aunque la poesía se perciba, como la música, por el
sentido del oído, el poeta no puede describir la armonía de la música, porque
no goza de la facultad de expresar diversas cosas en un mismo tiempo. Esta
facultad, pertenece también a la pintura, que compone en conjunto armónico los
diversos miembros de sus figuras, lo que permite apreciar su encanto, ya en
común o en detalle: en común, por el entendimiento del todo; y en detalle, por
el entendimiento de los diversos componentes de ese todo. Por eso el poeta
queda muy detrás del pintor en cuanto a la figuración de las cosas corpóreas, y
se muestra inferior al músico en la representación de las cosas indivisibles.
393.- Pero si el poeta pide a las otras ciencias que le presten ayuda,
podrá presentarse en la feria como los otros mercaderes que apartan diversos
objetos de muchas proveniencias. Eso hace el poeta cuando recurre a ciencias
ajenas, como las del orador, filósofo, astrólogo, cosmógrafo y otras tales, que
nada tienen de común con la poesía. El poeta, en resumen, es como un, corredor
o intermediario entre varias personas que hacen un negocio; y si quieres
definir el oficio propio del poeta, di que es un compilador de objetos robados
a diversas ciencias, con los cuales hace un engañoso menjurje, o dicho en más
corteses palabras, un artificioso compuesto. Y con esta libertad de
imaginación, que constituye la más débil parte de la pintura, es que el poeta
pretende equipararse al pintor.
394.- Para representar la palabra, la poesía supera a la pintura, y
ésta a aquélla en la representación de hechos; la proporción entre los hechos y
las palabras, es la misma que hay entre la pintura y la poesía, desde que los
hechos están sometidos a la visión y las palabras al oído; y los sentidos
guardan entre sí la misma jerarquía que los objetos, razón por la cual, juzgo
la pintura superior a la poesía.
395.- Pero, como los pintores no han sabido dar sus razones, han quedado
mucho tiempo sin abogados; la pintura no habla, sino que se muestra y termina
en los hechos, en tanto que la poesía termina en palabras y con ellas se teje
vanagloriosas alabanzas.
396.- Todo el campo de lo visible es del domino de la pintura.
397.- La primera pintura fue solo una línea que circundaba la sombra
de un hombre proyectada sobre un muro.
398.- Si el pintor quiere contemplar bellezas que lo enamoren, es
dueño de crearlas; si quiere ver cosas monstruosas que causen espanto, o sean
grotescas o ridículas, o dignas de compasión, puede también evocarlas como
señor y dios; si quiere generar paisajes o desiertos, lugares umbríos y
tenebrosos en época de calor o sitios cálidos en épocas de frío, puede
igualmente generarlos. Si prefiere valles o si desea descubrir grandes campiñas
desde las altas cimas de los montes, y admirar después el horizonte del mar, o
descubrir desde los valles bajos las montañas elevadas, o desde éstas los
valles y las playas, está en su poder hacerlo. Y, en efecto, cuanto el universo
contiene en esencia, frecuencia o imaginación, todo lo tiene él, primero en su
mente y luego en sus manos; y la excelencia de sus obras es tal, que ellas
producen a la par una armonía de proporciones que se revela a una sola mirada,
como lo hacen las cosas reales.
399.- Quien condena la pintura, condena la naturaleza, puesto que las
obras del pintor representan las obras de la naturaleza. El que así blasfema
carece, pues, de sentimiento.
400.- Podernos afirmar rotundamente que se engañan los que llaman buen
maestro al pintor que sólo hace bien una cabeza o una figura. No es, a la
verdad, gran hazaña conseguir, a fuerza de estudiar una sola cosa toda la vida,
hacerla con cierta perfección.
401.- Pero sabiendo nosotros que la pintura abraza y contiene en sí
todo cuanto produce la naturaleza o la accidental actividad de los hombres, y
en resumen, todo lo que pueden comprender los ojos, nos parece un pobre maestro
el que sólo hace bien una figura.
402.- ¿Pues no ves cuántos objetos son obra de los hombres? ¿Y no ves
la diversidad de animales, árboles y hierbas y flores, y las fuentes, los ríos,
las ciudades, los edificios públicos o privados, tantas cosas de oportuno uso
humano, como la multitud de ropajes, de adornos, de artes?
403.- Todas estas cosas y otras de semejante utilidad y bondad, han de
ser usados por el hombre que te place llamar un buen pintor.
404.- El pintor disputa y rivaliza con la naturaleza.
405.- Si tú desprecias la pintura, imitadora de todas las obras
visibles de la naturaleza, desprecias en ella un sutil invento que, con
filosófica y sutil especulación, considera, todas las cualidades de las formas,
ambientes, sitios, plantas, animales, hierbas y flores, envueltas en sombra y
luz. Y verdaderamente esta ciencia de la pintura es hija legítima de la
naturaleza, porque la engendra la naturaleza. O, para hablar con más
corrección, es nieta de la naturaleza; porque todas las cosas visibles han sido
engendradas por la naturaleza, y de ellas ha nacido la pintura. La podemos,
pues, llamar, con exactitud, nieta de la naturaleza y parienta de Dios.
406.- El maestro que pretendiera no sólo comprender todas las formas y
efectos de la naturaleza, sino también ser capaz de conservarlas en sí, me
parecería de veras rico en ignorancia, ya que tales efectos son infinitos y
nuestra memoria no es bastante grande para darles cabida.
407.- Cuida, pues, ¡oh pintor!, de evitar que la codicia de la
ganancia venza en ti el honor del arte, pues la ganancia del honor vale mucho
más que el honor de la fortuna.
408.- Por estas y otras razones que podrían decirse, debes ante todo
atender a que tu dibujo dé al ojo en forma demostrativa la intención y la
invención elaborada primero por su facultad imaginativa: agrega o quita después
lo necesario hasta quedar satisfecho de tu obra; dispón luego las figuras de
hombres vestidos o desnudos, de la manera que te has propuesto hacer efectiva,
sometiendo a la perspectiva las magnitudes y medidas, para que ningún detalle
de tu trabajo resulte contrario a lo que aconsejan la razón y los efectos
naturales. Por ese camino es como llegarás a conquistar honor en tu arte.
409.- Bien sabemos que los errores se descubren más fácilmente en las
obras ajenas que en las propias, y que reprendemos con frecuencia los pequeños
errores que otros cometen, mientras ignoramos los nuestros por grandes que
sean. Para evitar esta ignorancia, empieza por ser hábil en la perspectiva, y
por conocer a fondo las dimensiones del hombre y otros animales. Trata de ser
buen arquitecto, en cuanto concierne la forma de los edificios, estudiando
también otros objetos que se ofrecen a tu vista y cuya variedad es infinita. Y
así, cuanto más de tales nociones vayas adquiriendo, más laudable será tu obra.
Si alguno de aquellos objetos se te presenta por vez primera, no dejes de
retratarlo del natural.
410.- Nunca debemos recusar, cuando pintamos, el juicio de cada uno;
porque es claro que aun los que no son pintores conocen y pueden juzgar la
forma de otro hombre y ver si es jorobado, o si tiene un hombro, más alto que
el otro, o una boca o nariz desproporcionada, u otros defectos. Y si hemos de
reconocer en los demás capacidad suficiente para opinar, sin equivocarse, de
las obras de la naturaleza, con cuánta más razón hemos de confesar que ellos
también pueden condenar nuestros errores. Sabiendo cómo nos engañamos en la
apreciación de nuestras obras, consideremos las faltas que otros cometen en las
suyas, y sírvannos esas faltas ajenas de ejemplo para nuestro provecho.
411.- Escucha, pues, con paciencia la opinión de otros jueces; y
examina y piensa con empeño si tu censor tiene o no razón para censurarte. Si
encuentras que la tiene, corrígete. En caso contrario, haz como si no lo
hubieras oído, o demuéstrale con argumentos -si es hombre digno de tu estima-
el porqué de su engaño.
412.- Hay toda una generación de pintores que, a causa de su poco
estudio, se pasan la vida bajo la muestra del oro y azul de la belleza,
declarando neciamente que, si no ponen en obra buenas cosas, es porque se las
pagan pobremente, pero que ellos también harían los que otros, si fueran bien
pagados. ¡Oh, gente estúpida! ¡Por qué no ofrecen una buena obra, diciendo:
ésta es de alto precio; y después otra de precio mediano, y otra, en fin, de
ínfimo precio! Así demostrarían que las tienen de todos los precios.
413.- Cuando quieras ver si tu pintura en conjunto está conforme con
el objeto que ella tomó del natural, procúrate un espejo y haz que en él se
refleje la cosa viva, parangonando con tu pintura la imagen reflejada en el
espejo; y observa bien si las dos semblanzas, la de la cosa misma y la de la
pintura, son conformes entre sí.
414.- Debes tomar al espejo por maestro -hablo de un espejo plano-,
porque sobre su superficie las cosas se asemejan en muchas partes a la pintura.
415.- Ves, en efecto, que la pintura hecha sobre un plano muestra
cosas que parecen destacarse, y el espejo, también sobre un plano, realiza lo
mismo. La pintura es una sola superficie y análogamente el espejo. La pintura
es impalpable en cuanto los objetos que en ella parecen redondos y salientes no
pueden circundarse con las manos; y lo mismo pasa con el espejo. El espejo y la
pintura muestran las imágenes de las cosas envueltas en sombra y luz; una y
otra aparecen bastante más allá de sus superficies.
416.- Y si tú reconoces que el espejo, por medio de los lineamientos y
las sombras y las luces, te hace aparecer las cosas destacándose, tú, que
tienes entre tus colores las sombras y las luces más potentes que las del
espejo, ciertamente, si sabes combinarlos bien, conseguirás que tu pintura
parezca también una cosa natural, vista en un gran espejo.
417.- Cada ramo y cada fruto nace a raíz de su hoja, la cual les hace
las veces de madre, ofreciéndoles el agua de las lluvias y la humedad del rocío
que le cae de noche, y muchas veces los abriga del calor excesivo de los rayos
solares.
418.- Pero tú, pintor, que no gozas de un parecido ordenamiento, no
desprecies el estudio, como hacen los ávidos de ganancia; y evita la crítica de
los entendidos, complaciéndote en sacar de la naturaleza todas tus
representaciones.
419.- Los hombres y las palabras son hechos. El pintor que no sabe
utilizar las figuras que representan a los primeros, es como el orador que no
sabe emplear bien las segundas.
420.- El joven debe empezar por aprender la perspectiva; después, las
medidas de cada cosa; después, debe pasar a manos de un buen maestro que lo
acostumbrará a dibujar hermosos miembros; después, dibujará del natural, para
confirmar la razón de las cosas aprendidas: después aprenderá bajo la dirección
simultánea de diversos maestros, y, en fin, se habituará a poner en práctica y
obra su arte.
421.- Digo, pues, que, ante todo, hay que estudiar los miembros y sus
movimientos; terminando este conocimiento, pasar al estudio de las actitudes
accidentales del hombre: en tercer lugar, componer historias sobre la base de
observaciones de actos naturales, al acaso de su ocurrencia accidental; fijar
la mente en ellos y anotarlos a medida que nos aparecen en las calles, en las
plazas, en el campo; usando a ese fin una representación con breves
lineamientos: es decir que, para significar una brazo, una recta quebrada, y
cosa parecida para las piernas y el busto. Vueltos a casa, traduciríamos en
perfecta forma tales recuerdos.
422.- A esto dice mi contrincante que, para hacerse práctica y
producir obras en buen número, es mejor dedicar el primer período de estudio a
copiar composiciones hechas sobre papel o en superficies murales por diversos
maestros, y así se practica velozmente y se adquieren buenos hábitos de trabajo.
A lo que responderemos nosotros que esos hábitos serán buenos a condición de
basarse en obras bien compuestas por maestros experimentados. Pero, siendo
éstos tan raros que es difícil encontrarlos aún en corto número, es más seguro
ir derechamente a los objetos que nos ofrece la naturaleza, antes que a las
imitaciones que los empeoran y que nos inculcarían hábitos mezquinos. Porque no
hay que beber de vaso cuando se puede ir a la fuente.
423.- Cuando hayas aprendido bastante perspectiva e incorporado a tu
espíritu todos los miembros y cuerpos de las cosas, es preciso que adquieras el
gusto, en tus horas de solaz, de ver y examinar tanto los paisajes como los
hombres, y las actitudes de éstos cuando discuten o ríen o riñen. Observarás
sus acciones mutuas y las de los circunstantes, causantes o simples
espectadores de tales cosas, para anotarlas pon signos abreviados, en la forma
dicha, sobre una pequeña libreta que llevarás siempre contigo. Sobre sus hojas
dibujarás con tinta, pues las cosas que sobre ellas vayas figurando no deben
ser borradas con el fin de utilizar de nuevo las hojas, sino que, antes bien,
deben conservarse con gran diligencia. Cuando hayas llenado una libreta,
emplearás, otra nueva y, coleccionadas todas, serán ellas tus autores y maestros,
que ayudarán tu memoria, incapaz de recordar, por sí sola, las infinitas formas
y movimientos de las cosas.
424.- No quiero excluir de estos preceptos un nuevo invento de
especulación, el cual, aunque parezca pequeño y casi risible, es de gran utilidad
para encaminar el ingenio hacia varias concepciones. Helo aquí: si observas
algún muro lleno de sucias manchas o en el que se destacan piedras de diversas
sustancias, y si te propones idear un paisaje, podrás ver allí, sobre ese muro,
las imágenes de distintos países, ornados de montañas, ríos, peñascos, árboles,
llanuras, grandes valles y cuellos de múltiples formas; podrás ver allí todavía
numerosas figuras de batallas y de rápidas acciones, extraños aspectos de
rostros y actitudes, y otras infinitas cosas que podrás integrar en formas de
arte. Y te parecerá que, al contemplar sobre el muro tal mezcla de cosas
imaginarias, te ocurre lo mismo que cuando oyes un sonido de campanas, y te
entretienes en fantasear nombres y vocablos correspondientes a cada toque.
425.- Me ha sucedido ya, a veces, mirando una nube o un muro,
descubrir en ellos manchas que, si bien privadas en realidad de perfección, en
algún detalle despertaban mi inventiva, gracias a la perfección de sus
movimientos y actitudes.
426.- Los cuartos o habitaciones pequeños concentran el espíritu; los
grandes lo dispersan.
427.- ¡Pobre maestro aquél cuya obra es superior a su juicio! Aquel
cuya obra es superada por su juicio, marcha en derechura a la perfección de su
arte.
428.- ¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!
429.- Cuando la obra supera el juicio del operador, éste avanzará
poco. Pero cuando el juicio supera la obra, ésta irá perpetuamente mejorando
-si la codicia del dinero no lo impide.
430.- Estudia, ¡oh, pintor!, el modo de conseguir que tus obras
atraigan a los espectadores y los hagan detenerse con gran admiración y
deleite; y no atraerlos y despedirlos luego, como atrae el aire en horas de la
noche a uno que se arroja desnudo del lecho para admirar la calidad de ese aire,
nebuloso o sereno, y vuelve a acostarse muy pronto, corrido por el frío.
Ejecuta, al contrario, obras que se asemejen al aire que en tiempos calurosos
nos arranca de nuestros lechos y nos retiene a gozar del estivo fresco; y no
quieras ser más práctico que docto, ni permitir que la codicia venza al deseo
de adquirir la gloria merecidamente conquistada con tu arte.
431.- ¿No ves tú que, entre las humanas bellezas, un bellísimo rostro
detiene a los transeúntes mejor que las riquezas que lo encuadran? Me refiero
aquí a los que adornan sus pinturas con abundancia de dorados embelecos.
432.- ¿Y no ves cómo pierde en parte su excelencia la más esplendorosa
hermosura cuando la recargan excesivos o demasiados rebuscados ornamentos? ¿No
encontraste nunca alguna campesina envuelta en toscos paños incultos, y más
bella así que otras portadoras de vistosos atavíos?
433.- No representes, pues, en tus figuras aquellos tocados que los
tontos aderezan con gran afectación, temerosos siempre de que un solo cabello
fuera de lugar provoque la censura de los espectadores circunstantes, los
cuales, abandonando su primer pensamiento, no hablen ya de otra cosa ni
critiquen otra cosa. Tales hombres tienen por constantes consejeros el espejo y
el peine; y el viento, que pone en desorden sus acicaladas cabelleras, es su
más mortal enemigo.
434.- Haz que, en las cabezas que dibujes, los rizos jugueteen movidos
por el fingido viento, alrededor de los juveniles rostros, ornándolos con su
revolotear gracioso y cambiante; y guárdate bien de hacer como aquellos que
parecen haberse propuesto embadurnar con engrudo las guedejas y dar a los
rostros no sé qué aspecto vidrioso. Locuras, siempre en aumento, de ciertos
seres, a quienes no bastando para oponerse a que el viento altere la lisura de
sus cuidadas melenas con la goma arábiga traída por los navegantes desde los
países de oriente, buscan algún artificio más ridículo todavía.
435.- Puesto que no atiendo menos a la escultura que a la pintura, y
alcanzo en una y otra el mismo grado, creo poder eludir toda grave acusación
pronunciándome sobre la facultad de inventiva, la dificultad de ejecución y la
perfección que revela cada una de ellas. En primer lugar la escultura está
sometida a determinada luz que le viene de lo alto, mientras que la pintura
trae consigo luz y sombra de todos lados; esta cuestión de luz y sombra es,
pues, importante en la escultura. El escultor obtiene una y otra con la ayuda
natural del relieve, que por sí solo las genera; el pintor, con la oportuna
aplicación de su arte, las crea allí donde lo haría razonablemente la
naturaleza. El escultor no puede diversificar los caracteres variados de los
colores; el pintor dispone de todos los colores que desee. Las perspectivas de
los escultores carecen de toda verdad; la del pintor alcanzan a cien millas de
distancia. La perspectiva aérea es ajena a la escultura, la cual no sabe
figurar ni los cuerpos transparentes, ni los luminosos, ni las formas
reflejadas, ni los cuerpos lúcidos -como los espejos y otros objetos brillantes
similares-, ni las nubes, ni la niebla, ni la oscuridad, ni otras muchísimas
cosas que no mencionamos para no aburrir.
436.- Lo que tiene a su favor es su resistencia al tiempo; aunque la
pintura tiene análoga resistencia cuando se la ejecuta sobre una lámina gruesa
de cobre, recubierta de esmalte blanco, empleando colores, también de esmalte,
y exponiendo todo al fuego. Esta pintura al esmalte aventaja a la escultura en
duración. Se podrá argüir que un error en la escultura no es fácil de remediar:
triste argumento para probar que lo irremediable de toda negligencia da mayor
dignidad a la obra. Ya os contestaré que el ingenio del maestro que tales
errores comete es más difícil de reparar que la obra malograda por él. Bien
sabemos que el escultor entendido y práctico no caerá en estos errores, sino
que, mediante la aplicación de reglas apropiadas, irá extrayendo material poco
a poco hasta llevar a buen término su trabajo. Además, si el escultor recurre a
la arcilla o a la cera, podrá agregar o quitar, y, concluido el modelo,
vaciarlo en bronce: última operación, y la más permanente, de la escultura; ya
que la obra de bronce no está expuesta a arruinarse, como la de mármol.
437.- De modo, pues, que la pintura de cobre es susceptible, por sus
métodos, de agregados o reducciones, como la escultura en bronce, la cual
admite igualmente unos y otras en el modelo de cera provisorio. Si esta
escultura de bronce es eterna, la pintura de cobre o de vidrio es eternísima;
si el bronce queda negro y feo, la pintura se muestra llena de diversos y
lindos colores de infinita variedad. Y si quisieras solamente referirte, como
antes, a la pintura sobre madera, yo daría en estos términos mi sentencia: -Así
como la pintura es más bella y de más fantasía y más copiosa, la escultura es más
durable; pero ninguna otra cosa tiene a su favor.
438.- La escultura, con poco trabajo, muestra lo que en la pintura
parece cosa de milagro: dar una apariencia palpable a objetos impalpables,
relieve a lo que es plano, lejanía a lo que está cerca. En efecto, la pintura
está ordenada de infinitas especulaciones que la escultura desconoce.
439.- La escultura no es ciencia, sino arte muy mecánica. Produce con
sudor y fatiga corporal para el operario. Bastan al escultor las simples
medidas de los miembros y el conocimiento de los movimientos y actitudes, y ahí
termina su dominio; mostrando al ojo cada objeto como es, sin provocar la
admiración del espectador; mientras que la pintura la conquista, exhibiendo, a
fuerza de ciencia, en una superficie plana, las vastísimas campiñas con sus
lejanos horizontes.
440.- Entre la pintura y la escultura no encuentro más que esta
diferencia: que el escultor ejecuta sus obras con mayor fatiga de cuerpo que el
pintor, y el pintor ejecuta las suyas con mayor fatiga de mente.
441.- Así se demuestra que el escultor, a fuerza de brazo, va haciendo
saltar a golpes en el bloque de mármol u otra piedra dura, materia de la obra
que realiza, todo lo que excede a la figura encerrada en él. Su ejercicio,
mecánico en alto grado, va frecuentemente acompañado de copioso sudor, que se
mezcla con el polvo y se convierte en fango. Con el rostro enharinado como el
de un panadero y todo él cuerpo cubierto de menudas escamas de mármol, diríase
que le ha nevado encima. Su habitación, llena de fragmentos de piedra, es sucia
y polvorienta.
442.- Todo lo contrario ocurre con el pintor -sólo hablamos, claro
está, de pintores y escultores excelentes-. Bien vestido, cómodamente sentado
frente a su obra, mueve sobre la tela su livianísimo pincel embebido en finos
colores. Sus ropas son elegantes y a su gusto. Su habitación es limpia, y
pinturas exquisitas le sirven de ornato. Se hace acompañar a veces de músicos y
lectores, que hacen oír bellas y variadas producciones, las cuales -lejos de
todo ruino de martillos o de cualquier otro bullicio- son escuchadas con
deleite.
443.- No hay comparación posible entre el ingenio, artificio y
discurso de la pintura y los de la escultura. Para esta última, la perspectiva
es resultado material y no artificial; no implicando, por consiguiente, ninguna
dificultad.
444.- Si el escultor hace notar su incapacidad de restablecer lo que
haya quitado con exceso en alguna parte de su obra, cosa que el pintorpuede
hacer fácilmente, responderemos que si tal hizo fue por falta de entendimiento
y maestría. Si sabe medir exactamente, no quitará lo que no debe; el error,
pues, no ha de imputarse a la materia, sino al operario.
445.- Pero ocupémonos tan sólo de los maestros, y no de los
malgastadores de mármol.
446.- Esos maestros no confían 'en el juicio de sus ojos, que siempre
engaña, como lo comprobará quien se proponga dividir una línea en dos partes
iguales sin más criterio que la vista: con mucha frecuencia el experimento le
demostrará la equivocación de sus ojos. Y es porque siempre sospechan, que los
buenos jueces temen siempre -al revés de lo que hacen los ignorantes-, y buscan
su gobierno en el conocimiento de cada longitud, espesor y ancho; de ese modo
no se exponen a aquel error sin remedio de quitar material con exceso.
447.- Pero la pintura tiene maravillosos artificios y sutilísimas
especulaciones, que faltan a la escultura, la cual es de muy menguado discurso.
448.- Al escultor que afirma que su obra es más permanente que la de
la pintura, basta responder que tal permanencia es virtud de la materia
esculpida y no del escultor, el cual no debe atribuirse la gloria de dicha
virtud, sino dejarla a la naturaleza, creadora de la materia.
449.- La pintura es de más discurso mental y de mayor artificio y
maravilla que la escultura, por cuanto la necesidad obliga la mente del pintor
a transmutarse en la mente misma de la naturaleza, y a ser intérprete entre la
naturaleza y el arte, comentando con aquélla las causas de sus figuraciones
obedientes a sus leyes; y cómo las imágenes de los objetos que nos circundan
concurren con los verdaderos simulacros a la pupila de nuestro ojo; y entre los
objetos de igual tamaño, cuál parecerá mayor a la vista; y entre colores
iguales, cuál se mostrará más o menos oscuro, más o menos claro; y entre las cosas
colocadas a un mismo nivel bajo, cuál parecerá estar más o menos alta; y si a
un mismo nivel alto, cuál más o menos alta; y en fin, de entre objetos iguales,
colocados a diversas distancias, por qué unos se mostrarán menos aparentes que
los otros.
450.- Este arte contiene y encierra en sí todas las cosas visibles, lo
cual no está al alcance de la pobre escultura. Ella puede representar los
colores y las medias tintas y figurar los objetos transparentes, que el
escultor reproducirá de la naturaleza sin ningún artificio; el pintor te
mostrará la diversidad de las distancias, mediante la variación que sufren los
colores por la interposición del aire entre los objetos y el ojo; y las nieblas
a través de los cuales penetran con dificultad las imágenes de los objetos; y
las lluvias, con las nubes y los montes y los valles tras de sí; y la polvareda
que levantan los pies de los combatientes y que los cubren a ellos mismos; y
las humaredas más o menos densas; y los peces que juguetean bajo la superficie
del agua, y el fondo de ésta; y, sobre las limpias arenas del cauce de los
ríos, guijarros pulidos de diversos colores, mezclados con hierbas ondulantes;
y las estrellas de diferentes alturas sobre nosotros; y así, otros objetos
innumerables, a los que no alcanza la escultura.
451.- La escultura no tiene la belleza de los colores ni su
perspectiva; no puede, como la pintura, poner en perspectiva y desdibujar los
contornos de las cosas remotas, porque para la escultura los contornos de los
objetos lejanos son tan determinados como los de los objetos próximos. No sabrá
ocultar más los objetos remotos, mediante el aire interpuesto entre ellos y
nuestro ojo, para que aparezcan velados, como las figuras que muestran la
desnuda carne bajo los velos que las cubren. No podrán, en fin, representar
menudos guijarros bajo la superficie de aguas transparentes.
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