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Leonardo da Vinci Aforismos
(Saburía y proverbios)
Alegorías
Modo de representar una batalla
569.- Figurarás, primero, el humo de la artillería mezclado con el
polvo que levantan los caballos y los combatientes. Representarás esa mezcla de
polvo y humo del siguiente modo: el polvo, cosa terrestre y pesada, aunque se
eleve en el aire, gracias a su sutilidad, vuelve fácilmente abajo y sólo llega
a lo más alto su parte más sutil; esta parte es, por consiguiente, lo que menos
se ve, confundiéndose casi con el colordel aire. En cuanto al humo, que se
mezcla con el aire cargado de polvo, llegado a cierta altura, semejará oscura
nube y será allí más visible que el polvo.
570.- El humo tenderá a tomar un color algo azulado, mientras que el
polvo conservará el suyo propio. Del lado de donde viene la luz, esta
mezcolanza de aire, humo y polvo parecerá mucho más lúcida que de la parte
opuesta; los combatientes, cuanto más se internen dentro de esa turbia
atmósfera, tanto menos aparentes serán al observador, y menos sensible la
diferencia entre las partes oscuras y las iluminadas de los mismos.
571.- Darás un tinte rojizo a los rostros, a las personas, al aire, a
los fusileros, y a todo el ambiente; y ese tinte rojizo se irá perdiendo a
medida que de su origen se alejen las cosas. Las figuras situadas entre la luz
y tú, estando alejadas, aparecerán oscuras en un campo claro, y las piernas de
los personajes perderán visibilidad en las partes más próximas
al suelo,
porque allí el polvo es más grueso y denso.
572.- Y cuando representes caballos que huyan corriendo del montón,
hazlos seguir de nubecillas de polvo, distantes una de otra tanto cuanto puedan
indicar el intervalo de los saltos de los caballos, y la nubecilla más alejada
del caballo, se verá menos, mostrándose alta, dispersa y enrarecida; mientras
la más próxima estará formada de un polvo más aparente, condensado y espeso.
573.- El aire estará lleno de saetas de diversos tipos: las unas
seguirán una trayectoria ascendente, otras descenderán oblicuamente, otras, en
fin volarán en línea horizontal; y las balas de los fusiles irán acompañadas
por detrás de un poco de humo.
574.- Las figuras de primer plano tendrán cubiertos de polvo los
cabellos, las cejas y otras partes lisas aptas para retenerlo. Los vencedores
darán al viento sus cabelleras y las cosas flotantes de su vestimenta;
frunciendo el ceño, harán avanzar los miembros contrarios, es decir, que si
lanzan hacia adelante el pie derecho, el brazo izquierdo se moverá también
hacia adelante. Si quieres figurar cómo resbala y cae un combatiente, harás ver
en torno a él, la tierra semilíquida y las huellas impresas por el pasaje de
los hombres y caballos sobre el suelo convertido en un sangriento charco.
575.- Representarás algún caballo arrastrando a su jinete muerto, y
dejando sobre el polvo y el fango la traza del cuerpo así arrastrado. Los
vencidos mostrarán su abatimiento en la palidez del rostro, en la elevación del
entrecejo y en los numerosos y doloridos pliegues de la carne que les queda.
Los costados de la nariz estarán surcados por arrugas que, partiendo de sus
ventanas, formarán arcos terminados cerca de los ojos, y cuya causa está en el
fruncimiento de las narinas. Los labios enarcadas dejarán al descubierto los
dientes superiores, los cuales estarán separados de los inferiores, como para
dar paso a un grito quejumbroso. Una de las manos se colocará como un escudo
delante de los asustados ojos con la palma dirigida hacia el enemigo; la otra
apoyada en tierra para sostener el busto levantado. A otros los representarás
fugitivos, con la boca desmesuradamente abierta, lanzando gritos. Al pie de los
combatientes pondrás toda suerte de armas destrozadas: escudos, lanzas, espadas
y cosas semejantes. Mostrarás cadáveres cubiertos a medias por el polvo, y el
polvo mismo, mezclado con la sangre, convertido en rojo fango; y pintarás la
sangre con su color propio, brotando del cuerpo y perdiéndose en tortuosos
giros, mezclada con el polvo; y los hombres que, apretando los dientes,
revolviendo los ojos y retorciendo las piernas, se golpeará la cara con los
puños. Podrá verse también alguno, desarmado y golpeado por el enemigo,
volverse contra él y, con arañazos y mordiscos, tomar dura y cruel venganza.
Podrá verse algún caballo correr rápidamente con las crines tendidas al viento,
por entre los enemigos, causándoles gran daño. Algún herido se verá, en fin,
postrado en tierra, cubriéndose con su escudo, y el enemigo, inclinado frente a
él, esforzarse en rematarlo.
576.- Podrán asimismo verse muchos hombres, tumbados juntos, sobre un
caballo muerto; algunos de los vencedores abandonar el combate y retirarse a la
multitud, limpiándose con ambas manos los ojos y las mejillas, embadurnadas del
fango hecho de lágrimas y polvo; escuadrones de reserva, esperanzados y
temerosos a la vez, con las manos sobre las erizadas cejas, atentos al mandato
del jefe; y éste con el bastón en alto corriendo hacia ellos para mostrarla el
lugar donde es necesaria su presencia; y caballos a la carrera dentro de un río
cuyas aguas enturbian y cubren de espuma, haciéndolas saltar entre sus patas y
sobre sus cuerpos. Y que no haya más superficies lisas que las de la sangre que
llena las pisadas.
Cómo se debe representar una tempestad
577.- Si quieres representar bien una tempestad, examina atentamente
sus efectos cuando el viento, soplando sobre la superficie del mar y de latierra,
arranca y se lleva consigo todo lo que no puede resistir a su corriente
avasalladora.
578.- Para lograr con exactitud esa representación, empezarás por
figurar las nubes, rotas y destrozadas, siguiendo la dirección del viento, y
acompañadas del polvo arenoso procedente de las playas marinas. Mostrarás
también remos y hojas arrastrados por la furiosa potencia del viento y
esparcidos por el aire, junto con mil otras cosas ligeras. Los árboles y las hierbas,
doblados hacia el suelo, parecerán como dispuestos a seguir el curso de los
vientos; sus ramos, torcidos y desviados de su actitud natural, harán ver sus
hojas en desordenada agitación. Los hombres que allí se encuentren estarán
desfigurados por el polvo y rodando algunos, por tierra, enredados en sus
vestimentas. Otros se mantendrán en pie abrazados a un árbol para evitar que el
viento los arrastre. Otros, con las manos sobre los ojos, para defenderlos
contra el polvo, estarán inclinados hacia el suelo y con sus cabellos y sus
ropas impulsadas en la dirección del viento. El mar, turbulento y tempestuoso,
lleno de remolinos y de espuma que cubrirá los intervalos entre sus empinadas
olas, dejará al viento levantar en el aire agitado otra espuma más sutil, a
semejanza de niebla espesa y cerrada. A los navíos que allí se encuentren los
figurarás con las velas rotas en jirones, sacudidas por el viento, junto con
trozos de cuerdas desprendidas; otros, cubiertos de mástiles despedazados por
las olas furiosas. Algunos hombres, agarrados a los restos del naufragio,
lanzarán grandes gritos. Figurarás las nubes llevadas por el viento impetuoso a
las altas cumbres de los montes, y formando a su alrededor remolinos semejantes
a los de las olas al chocar con un peñasco. Y el aire aparecerá espantosamente
oscuro, a causa del polvo, la niebla y las nubes tenebrosas.
Manera de representar la noche
579.- Una cosa enteramente privada de luz es toda tinieblas. Estando
la noche en tales condiciones, si quieres figurar en ella una escena,
dispondrás un gran fuego que teñirá de su color los objetos, principalmente los
que estén más cerca de él; porque una cosa participa tanto más de la naturaleza
de otra cuanto más próxima se halla de esta otra. Y si das al fuego un color rojo,
rojas también deberás hacer todas las cosas iluminadas por él; mientras que las
más alejadas de él deberán en mayor grado teñirse del color negro de la noche.
Las figuras que estén situadas entre el fuego y tú deberán aparecer oscuras en
la oscuridad de la noche, y no claras como el fuego; las que se encuentren a
los lados serán medio oscuras y medio rojizas; y, en fin, las que puedan verse
más allá de los confines de las llamas, aparecerán completamente iluminadas de
luz rojiza en campo negro.
580.- En cuanto a las actitudes representarás a los personajes que se
hallan cerca del fuego como resguardándose con las manos o con un manto del
excesivo calor; y, volviendo el rostro al lado opuesto, mostrarás a los más
alejados en el acto de huir; y mostrarás a la mayoría de ellos defendiéndose
con las manos los ojos ofendidos por el vivo resplandor.
Paisajes
581.- (I). Un efecto de nubes sobre el Lago Mayor. He visto ya tales
condensaciones de nubes en la atmósfera; y sobre Milán, cerca del Lago Mayor,
he visto una nube en forma de grandísima montaña, llena de peñascos
incendiados, porque el sol, que ya tocaba el horizonte, la teñía de su color
rojizo. Y esta nube atraía a sí todas las nubecillas que la rodeaban; y la nube
grande no se movía de su lugar; antes bien, conservó en su cumbre la luz del
sol hasta una hora y media después de anochecer, ¡tan inmensa era! Y hacia las
dos horas de la noche se levantaron grandes vientos de una fuerza estupenda e
inaudita.
582.- (II). Variadas coloraciones del mar. El mar undoso no tiene un
color único. Para quien lo ve de tierra firme es de un color oscuro, y tanto
más oscuro cuanto más vecino al horizonte, observándose en él algunas manchas
claras o lustrosas que se mueven con lentitud como blancas ovejas en medio de una
tropa de ganado. Para quien lo ve desde alta mar, parece azul; y esto viene de
que, desde la tierra, sus ondas reflejan la oscuridad de la tierra, mientras
que, observado de alta mar, se ve el aire azul reflejado como en un espejo
sobre la superficie de sus olas.
583.- (III). La isla de Chipre. De las costas meridionales de la
Cilicia se ve, hacia el sur, la bella isla de Chipre, que fue el reino de la
diosa Venus. Muchos, atraídos por su belleza, han destrozado los cascos y
obenques de sus naves contra los escollos que la rodean y en medio de las olas
vertiginosas. La hermosura del suave collado invita a los navegantes vagabundos
a recrearse entre sus floridas verduras que, agitadas por los vientos
juguetones, llenan de suaves olores la isla y el mar que la circunda... ¡Oh,
cuántos barcos naufragados en sus costas!, ¡cuántos despedazados en sus
escollos! Aquí podrían verse innumerables navíos deshechos y medio cubiertos de
arena, unos mostrando sólo la popa fuera del agua, otros la proa, o la carena,
o las cuadernas: espectáculo que hace soñar con un juicio final de buques
muertos, prontos a resucitar. ¡Tan grande en la multitud de los que cubren toda
la ribera septentrional! Aquí los aquilones resuenan con varios horribles
estruendos.
584.- (IV). Una ascensión al Monte-Rosa. Afirmo que el azul que el
aire muestra no es su color propio, sino que es causado por la humedad
caliente, evaporada en diminutos átomos insensibles, la cual absorbe los rayos
solares que la hieren y se hace luminosa bajo la oscuridad de las inmensas
tinieblas de la región del fuego que la recubren.
585.- Y esto verá, como lo vi yo, el que suba al Monteroso
(Monte-Rosa), cima de los Alpes que divide Francia de Italia. Esta montaña da
nacimiento en su base a cuatro ríos, que riegan en cuatro direcciones
contrarias toda la Europa; y ninguna montaña tiene su base a tanta altura.
586.- Su altura es tal, en efecto, que casi está por encima de todas
las nubes; y rara vez nieva sobre ella, sino únicamente granizo de verano,
cuando las nubes ascienden a mayor altura; y este granizo se conserva de modo
que, si no fuera porque rara vez cae y rara vez suben tan alto las nubes (cosa
que solamente ocurre un par de veces por generación), el hielo formado por
capas sucesivas de granizo alcanzaría grandísima altura. Ellas aparecen más
espesas a mediados de julio. Pude observar sobre mí la oscuridad tenebrosa del
aire, y comprobar que el sol hería aquí, más luminoso, la montaña, que en las
bajas llanuras; porque se interponía menos aire entre la cima de la montaña y
el sol mismo.
587.- (V).- La vegetación sobre una colina. Sus hierbas y plantas
serán de color tanto más pálido cuanto más árido y escaso, de humor sea el
terreno que las nutre; y el terreno es más árido y pobre sobre las piedras de
que se componen los montes. Los árboles serán tanto más pequeños y delgados
cuanto más próximos estén a las cumbres de los montes, pues el terreno es tanto
más estéril cuanto más vecino a dichas cumbres, y tanto más rico en humores
cuanto más se acerca a la concavidad de los valles.
588.- Mostrarás, por consiguiente, ¡oh, pintor!, en lo alto de los
montes, las piedras de que están constituidos, desprovistas de tierra en su
mayor parte; y las hierbas que allí nacen, pequeñas, delgadas, pálidas y secas
por falta de savia; y dejarás entrever el arenoso y magro terruño por entre las
pálidas hierbas, y las menudas plantas, fatigadas, envejecidas, de ínfimo
tamaño, con cortas y espesas ramificaciones y pocas hojas, descubriendo en gran
parte las raíces áridas y carcomidas, agarradas a las lajas y grietas de las
rugosas peñas, así como los troncos mutilados por los hombres y los vientos.
Aparezcan también por doquiera, superando montes y collados, peñascos vestidos
de sutil y pálido musgo, y sólo en partes luciendo su verdadero color, que el
rayo puso de manifiesto, hiriéndolos para vengarse del obstáculo opuesto por
ellos a su trayectoria.
589.- Y a medida que desciendas hacia la base de los montes, las
plantas serán más vigorosas y mejor provistas de ramos y hojas, y su verdor diferirá
de una a otra de las especies que forman la selva; siendo además diversa de una
a otra especie, la ramificación, tanto en la ordenación de los ramos como en su
frondosidad. Las hojas estarán a diferentes alturas y afectarán contornos
diferentes; ciertos árboles tendrán ramos rectos, como el ciprés; otros ramos
esparcidos y dilatados, como el castaño, la encina y sus semejantes. Algunos
tienen pequeñísimas sus hojas; o escasas, como el enebro y el plátano. En fin,
hay plantas que nacen separadas unas de otras; pero las hay también que crecen
unidas, sin espacios intermedios.
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