![]() |
Pintores y Pintura |
sus vidas y sus cuadros |
![]() |
Vittore Carpaccio, y otros pintores venecianos y lombardos
Es un hecho comprobado que cuando comienzan a
trabajar algunos artistas en cualquier provincia, son seguidos por muchos
otros, sucesivamente, y ocurre que a menudo actúan varios al mismo tiempo. Por
rivalidad y emulación, y siguiendo paso a paso a uno u otro de los grandes
maestros, los artistas se esfuerzan al máximo para superarse mutuamente. Pero
cuando muchos siguen a un solo maestro, desde que la muerte los separa de él, o
por cualquier otra causa se alejan, surge inmediatamente un desacuerdo en sus aspiraciones;
entonces, cada cual, para demostrar ser el mejor, y el más independiente, trata
de hacer conocer su propio valor. Deseo hablar aquí de muchos hombres que se
destacaron en la misma época y en la misma provincia, y como no puedo
proporcionar todos los pormenores, escribiré algunas líneas sobre ellos para no
omitir a ninguno de los que se han dedicado a adornar al mundo con sus
trabajos, puesto que ya estoy llegando al término de la segunda parte de mi
obra. Además de no haberme sido posible recoger todos los detalles de sus Vidas, no he podido encontrar sus retratos, salvo el de Scarpaccia, a quien por este
motivo pongo al comienzo de este capítulo. Acéptese, pues, aquí que haga lo que
puedo, visto que no me es posible hacer lo que quisiera.
En la Marca de Treviso y en Lombardía vivieron
durante muchos años Stefano de Verona, Aldigiere da Zevio, Jacopo Davanzo de
Bolonia, Sebeto da Verona, Jacobello de Flore, Guariero de Padua, Giusto y
Girolamo Campagnuola, Giulio, su hijo, Vincenzo de Brescia, Vittore, Sebastiano
y Lazzaro Scarpaccia, venecianos, Vincenzio Catena, Luigi Vivarini, Giovanni
Battista de Congliano, Marco Basarini, Giovanetto Cordegliaghi, el Bassiti,
Bartolommeo Vivarino, Giovanni Mansueti, Vittore Bellino, Bartolommeo Montagna
de Vicenza, Benedetto Diana y Giovanni Buonconsigli, con muchos otros que no es
menester citar.
Para comenzar por el principio, Stefano de Verona, 1375-1451, sobre quien doy algunos detalles en la Vida de Agnolo Gaddi, era en su época un pintor de considerable mérito. Cuando Donatello estaba trabajando en Padua, como referí en su Vida, fue en una ocasión a Verona, donde quedó tan sorprendido por las obras de Stefano, que declaró que sus frescos eran superiores a todo cuanto se había ejecutado hasta entonces en esos lugares. Stefano ejecutó su primera obra en Sant' Antonio de Verona, en la extremidad del tabique del coro, a la izquierda, debajo de la curva de la bóveda, donde representó a la Virgen y el Niño entre San Jaime y San Antonio. Hasta el presente, esta pintura es considerada hermosa en dicha ciudad, por el vigor con que están tratadas las figuras y especialmente las graciosas cabezas. En San Niccolò, iglesia parroquial de esta ciudad, pintó al fresco un magnífico San Nicolás, y en la Via San Polo que conduce a la Porta del Vescovo, pintó en la pared de una casa la Virgen con algunos ángeles encantadores y un San Cristóbal. En la Via del Duomo, en un nicho de una pared de la iglesia de Santa Consolata, hizo una Virgen con algunos pájaros, inclusive un pavo real, divisa del pintor. En Santa Eufemia, un convento de los frailes Ermitaños de San Agustín, pintó sobre la puerta lateral un San Agustín con otros dos santos, y unos cuantos frailes y monjas de la Orden bajo el manto del santo. Pero lo mejor de esta obra son dos profetas, de medio cuerpo y de tamaño natural, cuyas cabezas son lo más admirable y vigoroso que Stefano produjo jamás. El color ha sido puesto con cuidado y se conserva hasta ahora en buenas condiciones, a pesar de estar muy expuesto a la intemperie. Si la pintura hubiera estado a cubierto, se habría conservado tan fresca como si la acabara de pintar, pues Stefano no la retocó en seco, sino que se cuidó de hacer toda la obra al fresco; de este modo ha sufrido poco deterioro. En el interior de la iglesia, en la capilla del Sacramento, pintó, alrededor del tabernáculo, unos ángeles volando, otros tocando instrumentos, y algunos cantando o incensando el Sacramento. Una figura de Cristo ocupa la parte superior, a modo de remate del tabernáculo y, abajo, lo sostienen unos ángeles, los cuales llevan blancas vestiduras que los cubren hasta los pies que, al parecer, terminan en nubes.
Ésta era la manera peculiar de Stefano de representar ángeles, los cuales siempre tienen graciosos rostros, de expresión encantadora. A un lado de esta obra se encuentra San Agustín y del otro, está San Jerónimo, ambos de tamaño natural, quienes sostienen con sus manos la Iglesia del Señor, como si señalaran que con su sabiduría defienden a la Santa Iglesia contra los herejes. En el mismo templo, en una pilastra de la capilla principal, pintó al fresco una Santa Eufemia, de hermoso y gracioso continente, y firmó su nombre con letras de oro, quizá porque pensó que era ésta su mejor obra, y en verdad lo fue. Según su costumbre, introdujo un hermoso pavo real y dos leones en la composición, mas estos últimos no eran muy buenos, pues no podía dibujarlos del natural como hiciera con el pavo real. En el mismo lugar pintó en una tabla, como era uso entonces, algunas medias figuras, especialmente un San Nicolás de Tolentino y otros santos, y en la predella desarrolló escenas de la vida del santo, con figuras de pequeño tamaño. En San Fermo, iglesia de los franciscanos, en la misma ciudad, hizo doce medias figuras de profetas, de tamaño natural, para adornar un Descendimiento situado frente a una de las puertas laterales, con Adán y Eva a sus pies, y el habitual pavo real con el cual firmaba sus pinturas. En Mantua, en la iglesia de San Domenico, en la Porta del Martello, Stefano pintó una Virgen encantadora. Como los frailes hicieron una construcción en ese sitio, trasladaron cuidadosamente la cabeza de esa Virgen a la pared central de la capilla de Santa Úrsula, perteneciente a la familia de los Recuperati, que contiene algunos frescos de la misma mano.
En la iglesia de San Francesco, a la derecha de la entrada
principal, hay una serie de capillas, construidas por la noble familia de los
Ramma, una de cuyas bóvedas fue decorada por Stefano. Allí pintó los cuatro
Evangelistas sentados y un almendro y otros árboles con sus copas pobladas de
pájaros, y especialmente con pavos reales; también se ven allí ángeles
encantadores. En una columna de la misma iglesia, a la derecha de la entrada,
pintó una Santa María Magdalena de tamaño natural. En la calle llamada
Rompilanza, ejecutó al fresco, en una puerta, una Virgen con el Niño y algunos
ángeles de los hinojos, con un fondo lleno de árboles frutales. Éstas son las
obras que se atribuyen a Stefano, aunque, como gozó de larga existencia, es
probable que hiciera muchas más. Pero no he podido encontrar otras, ni tampoco
he descubierto su apellido, el nombre de su padre, su retrato, u otros
pormenores. Algunos aseguran que Stefano, antes de trasladarse a Florencia, fue
discípulo de Maestro Liberale, un pintor veronés, mas ello carece de
importancia, puesto que aprendió en Florencia, con Agnolo Gaddi, todo lo bueno
que en él había.
En la misma ciudad de Verona vivió Aldigieri da
Zevio, 1330-1390, quien era amigo íntimo de la familia Della Scala, y que entre otras
muchas cosas, pintó el salón principal de su palacio, donde ahora reside el
podestà; allí representó la guerra de Jerusalén, según el relato de Josefo. En
esta obra, Aldigieri demostró mucho espíritu y discernimiento al separar las
escenas mediante una franja ornamental. En la parte superior de esta franja se
hizo una serie de medallones que, según se supone, contienen los retratos de
muchos hombres distinguidos de esa época, incluso varios de los Della Scala,
pero no puedo decir más, pues no estoy seguro de que sea así. Con esta obra,
Aldigieri probó que poseía genio, criterio e inventiva, y que había tenido en
cuenta todo lo que en la guerra es digno de atención. Los colores están bien
conservados, y entre los numerosos retratos de grandes hombres, se puede
reconocer el de Petrarca.
Jacopo Avanzi, 1360-1516, pintor de Bolonia, rivalizó con
Aldigieri en la decoración de este salón, y debajo de las pinturas de este
último, pintó al fresco dos hermosos Triunfos, con tal arte y tan excelente
estilo, que Girolamo Campagnuola declara que Mantegna las elogió,
calificándolas de obras notables. El mismo Jacopo, en colaboración con
Aldigieri y Sebeto da Verona, pintó la capilla de San Giorgio, al lado de la
iglesia de San Antonio de Padua, de acuerdo con lo establecido en el testamento
de los marqueses de Carrara. Jacopo decoró la parte superior, Aldigieri hizo
debajo algunas escenas de la vida de Santa Lucía y Sebeto pintó la historia de
San Juan. Luego, los tres maestros regresaron a Verona, donde pintaron
conjuntamente dos bodas en la casa de los Condes Serenghi, con muchos retratos
y trajes de la época, considerándose que lo mejor es la parte que ejecutó
Jacopo. Pero
como lo he citado en la Vida de Niccolò d'Arezzo, a propósito de las obras que
realizó en Bolonia en competencia con los pintores Simone, Cristofano y
Galasso, nada más diré sobre él aquí.
En la misma época, Jacobello di Flore era altamente estimado en Venecia, a pesar de que seguía el estilo bizantino. Hizo varias obras en dicha ciudad, entre ellas una tabla para las monjas de Corpus Domini, la cual se encuentra en su iglesia, en el altar de Santo Domingo. Giromin Morzone, rival de Jacobello, hizo un buen
número de pinturas en Venecia y varias ciudades de Lombardía, pero como era un
continuador del viejo estilo y hacía las figuras paradas en la punta de los
pies, no diré más sobre él, salvo que existe una obra de su mano, que
representa varios santos, en el altar de la Asunción, en San Lena.
Un
maestro muy superior, fue Guariero, pintor de Padua, quien, entre varias
cosas, pintó la capilla principal de los Ermitaños de San Agustín, en Padua, y
una capilla en el primer claustro. Además, decoró otra capillita en la casa del
Urbano Perfetto y la sala de los Emperadores romanos, a donde van a bailar
los estudiantes en los días de carnaval. También pintó, en la misma ciudad,
algunas escenas del Antiguo Testamento en la Capilla del Podestá.
Giusto,
otro pintor paduano, pintó algunas escenas del Apocalipsis de San Juan
Evangelista, y otras del Antiguo Testamento y de los Evangelios, en la capilla
de San Giovanni Battista, fuera de la iglesia del Vescovado. En la parte
superior, hizo un coro de ángeles en el Paraíso y otras decoraciones muy
originales. En la iglesia de Sant'Antonio, pintó al fresco la capilla de San
Lucas y decoró una capilla de los Ermitaños con figuras de las Artes liberales,
las Virtudes y los Vicios, así como de aquellos que se distinguieron por sus
virtudes o se hundieron en la vileza, los cuales son arrojados al infierno por
sus vicios.
En la
misma época estaba trabajando también en Padua, Stefano, pintor de Ferrara.
Como ya dije, decoró con varias pinturas la capilla y la urna que contiene el
cuerpo de San Antonio, y también pintó la Virgen llamada del Pilar. Un pintor
de Brescia, Vincenzio, era también famoso en esa época, según refieren Filarete y Girolamo Campagnuola, otro pintor de Padua, alumno de Squarcione. Giulio, hijo de Girolamo, pintaba e iluminaba y grabó en cobre algunas cosas
hermosas, que se encuentran en Padua y en otros lugares. En la misma ciudad, Niccolò Moreto realizó muchas pinturas. Vivió ochenta años, practicando el arte
durante toda su existencia. Además de estos pintores, hubo muchos que siguieron
a Gentile y Giovanni Bellini.
Pero Vittore Scarpaccia(c.1455/60-1525/26) fue, en verdad, el primero que ejecutó obras de importancia.
La primera que ejecutó se encuentra en la escuela de Santa Úrsula, donde pintó
sobre tela gran parte de la historia de esta santa, su vida y muerte. Trabajó
en esta tarea con tan buenos resultados, que adquirió reputación de maestro
hábil e ingenioso. Se dice que esto indujo a los milaneses a encargarle una
tabla, pintada al temple, con muchas figuras, para la capilla de San Ambrogio,
de los Minoritas. En la iglesia de Sant'Antonio, en un cuadro de la aparición
de Cristo a la Magdalena y las otras Marías -en el altar de Cristo Resucitado-
hizo una hermosísima perspectiva de un paisaje en lontananza. En otra capilla
pintó la historia de los Mártires, en el momento en que son crucificados,
introduciendo más de trescientas figuras, grandes y pequeñas, muchos caballos,
un cielo abierto, hombres desnudos y vestidos en diversas actitudes, numerosos
escorzos, y tal cantidad de cosas, que esta obra debió costarle grandes
trabajos. En la iglesia de Sant'Iob, en Canareio, en el altar de la Virgen,
pintó la Presentación de Cristo a Simeón. La Virgen está de pie y Simeón, con
su capa pluvial, aparece entre dos personajes vestidos de cardenales. Detrás de
la Virgen se ven dos mujeres, una de ellas con dos palomas, y debajo hay tres
niños tocando el laúd, la storta y la lira o viola; el colorido es muy
agradable. En verdad, Vittore fue un maestro muy diligente y hábil, y muchas de
sus pinturas de Venecia, retratos y otras cosas, son de gran valor para su
época. Enseñó su oficio a sus dos hermanos, Lazzaro y Sebastiano, quienes le
imitaron. Éstos pintaron para el altar de la Virgen, en la iglesia de las
monjas de Corpus Domini, a Nuestra Señora sentada entre Santa Catalina y Santa
Marta, con otros santos, dos ángeles tocando instrumentos y una hermosa
perspectiva de casas como fondo de la obra. Tengo en mi Libro los dibujos de
los artistas para esta pintura.
Otro
pintor de mérito de esta época fue Vincenzio Catena, quien se dedicó a pintar
retratos, más que a cualquier otra clase de pintura; en verdad, hizo algunos
muy notables, entre ellos uno de un alemán de los Fugger, hombre distinguido,
que a la sazón residía en Venecia, en el Fondaco de' Tedeschi, y que está
pintado con mucho vigor.
En la
misma época, Giovan Battista da Conigliano, discípulo de Giovanni Bellini, hizo
muchas obras, entre otras una tabla para el altar de San Pedro Mártir, en la
iglesia de las monjas de Corpus Domini: representa a este santo, con San
Nicolás y San Benedito, en un paisaje; los acompañan un ángel tocando la cítara
y muchas pequeñas figuras de considerable mérito; si Conigliano no hubiera
muerto joven, probablemente habría igualado a su maestro.
Otro
pintor de esta época que merece el título de buen maestro fue Marco
Vasarini, nacido en Venecia, de padres ciegos, que pintó un Descendimiento
de la Cruz, en San Francesco della Vigna, Venecia. En la iglesia de Sant'Iob,
pintó un Cristo en el Huerto, con los tres Apóstoles durmiendo, y a San
Francisco y Santo Domingo, con otros dos santos. La parte más admirada de esta
obra era el paisaje, poblado de pequeñas figuras graciosamente ejecutadas. En
la misma iglesia pintó un San Bernardino en una roca, con otros dos santos.
Giannetto
Cordegliaghi hizo varias pinturas de cámara en esta ciudad; en realidad,
prácticamente no hizo otra cosa, y su estilo en semejantes trabajos era, a la
verdad, muy delicado y suave y considerablemente superior al de los pintores
mencionados más arriba. En San Pantaleone, en la capilla contigua a la
principal, pintó un San Pedro platicando con otros dos santos, los cuales
llevan hermosos vestidos que están admirablemente ejecutados.
Marco
Basaiti, 1470 – 1530, gozó de considerable fama en esta época, y en la iglesia de los frailes
cartujos, en Venecia, hay una gran tabla, pintada por él, que representa a Cristo
entre Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo en el lago Tiberíades, con un brazo
de mar, una montaña, parte de una ciudad y muchas figuras de pequeño tamaño.
Podría citar más obras suyas, pero bástenos con ésta, puesto que es la mejor.(Cristo orando)
Bartolommeo
Vivarino de Murano hizo algunas obras muy buenas, como podemos verlo en su
cuadro para el altar de San Luis en la iglesia de San Giovanni e Polo, que
representa al Santo sentado con su capa pluvial, San Gregorio, San Sebastián y
Santo Domingo de un lado, y del otro, San Nicolás, San Jerónimo y San Roque,
con una cantidad de bustos de santos arriba.
Giovanni Mansueti (1485 - 1526) ejecutó bien sus obras, pues le
gustaba copiar las cosas naturales, y hacer figuras y paisajes en lontananza,
imitando el estilo de Gentile Bellini. Hizo muchas pinturas en Venecia, entre
otras las de la parte superior de la sala de audiencias de la Scuola de San
Marco, donde representó al Santo predicando en la plaza, con la fachada de la
iglesia, turcos, griegos y hombres de diversas naciones en curiosos atavíos,
que se agolpan para escucharlo. En el mismo lugar, en una escena en que el
Santo aparece curando a un enfermo, hizo una perspectiva de dos escaleras y
muchos pórticos. En otra composición, hizo a San Marcos convirtiendo al
cristianismo a una gran multitud; allí se ve un templo abierto, un crucifijo
sobre el altar y gran variedad de trajes, cabezas y expresiones.
Vittore Bellini continuó esta obra, en el mismo
lugar. Representó a San Marcos prisionero y atado, con una excelente
perspectiva de casas y varias figuras en las cuales imitó a sus predecesores.
Otro pintor de mérito fue Bartolommeo Montagna de Vicenza. Vivió en Venecia,
donde ejecutó muchas pinturas, e hizo una tabla para la iglesia de Santa Maria
d'Artone, en Padua. Benedetto Diana fue un pintor no menos admirado que los que
acabamos de citar, como lo demuestran sus obras en Venecia, en San Francesco
della Vigna, donde pintó, para el altar de San Juan, a este Santo de pie entre
otros dos, cada cual con un libro en la mano.
Giovanni Buonconsigli tuvo también fama de buen maestro. En la iglesia de San Giovanni e Polo pintó en el altar de Santo Tomás de Aquino a dicho santo en medio de una multitud a la cual lee las Escrituras, e hizo una excelente perspectiva de casas. Simon Bianco, escultor de Florencia,
y Tulio Lombardo, un escultor muy hábil, residieron la mayor parte de su vida
en Venecia.
En
Lombardía, Bartolommeo Clemente de Reggio y Agostino Busto fueron excelentes
escultores, y Jacopo Davanzio de Milán, y Gasparo y Girolamo Misceroni fueron
buenos grabadores. En Brescia, Vincenzo Verchio descolló como excelente
fresquista y adquirió gran reputación en su ciudad natal. Lo mismo se puede
decir de Girolamo Romanino, hábil dibujante, como lo demuestran sus obras que
se encuentran en Brescia y sus alrededores. Alessandro Moretto sobrepujó a
estos dos artistas, y fue un delicado colorista, sumamente diligente, como lo
prueban sus obras.
Pero
volviendo a Verona, donde siempre florecieron y aún florecen excelentes
artistas, allí se destacaron Francesco Buonsignori y Francesco Caroto, y
también el Maestro Zeno de Verona, quien pintó el retablo de San Martino en
Rímini, y otros dos, con gran diligencia. Pero el que hizo las más notables
figuras del natural fue el Moro de Verona, o Francesco Turbido, como le llaman
algunos, quien hizo el retrato de un caballero de la familia Badovaro, vestido
de pastor, muy natural y que puede rivalizar con cualquier cosa producida en
esos lugares. Dicho retrato se encuentra actualmente en la casa de Monsignor
de' Martini. Battista d'Angelo, su yerno, es un bello colorista y hábil
dibujante, que debe ser considerado superior, y no inferior, al Moro. Pero no
me propongo hablar de quienes viven actualmente, y deseo, como dije al comienzo
de esta Vida, referirme a algunos de quienes no conozco todos los pormenores,
de modo que sus talentos y méritos reciban por lo menos lo poco que puedo
darles, aunque quisiera ofrecerles más.
|