ENERGIA NUCLEAR, SALUD Y DEFENSA

CENTRALES NUCLEARES

PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
Las Pruebas Nucleares Soviéticas del 29 de Agosto de 1944 al 24 de Octubre de 1990
Arsenales Nucleares de Rusia y Estados Unidos en 1996
Fuerzas Estratégicas de Estados Unidos en 1996
Las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia a Fines de 1997
Las Armas Nucleares Estratégicas en Estados Unidos al Finalizar 1997
Las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia a Finales de 1998
Fuerzas Nucleares Chinas en 1999
Total de Arsenales Nucleares en el Mundo Entre 1945 y 1997

Las cuestiones sobre la seguridad y los peligros constituyen el centro de la controversia nuclear. Antes de emprender este tema sumamente complejo resultará útil considerar algunos de los principios básicos de la seguridad industrial, y después describir su aplicación a las plantas nucleares. Para familiarizarse con los conceptos generales del diseño seguro, utilizaremos el ejemplo del automóvil. Primero reconocemos que el propósito de un carro consiste en desplazar a la gente de un lugar a otro, lo cual encierra un peligro intrínseco, ya que pueden cruzarse en su camino otros objetos y herir a los pasajeros. Por consiguiente la primera condición consiste en que una operación sin riesgos debe formar parte del diseño original. Por ejemplo, los frenos deben funcionar de modo uniforme y confiable; el conductor debe ver el camino claramente en todas direcciones, por la noche o durante lluvias o nevadas; y el automóvil debe amortiguar los golpes provenientes de los baches. Pero todos sabemos que los artefactos mecánicos no son perfectos. Las cosas pueden salir mal, y, después de cierto tiempo, sabemos que así será. Existen dos respuestas posibles a dichos peligros. Una consiste en proporcionar un "soporte" o sistemas de duplicación que funcionen en caso de que fallen los originales. Algunas veces a este procedimiento se llama redundancia. En el automóvil, un ejemplo de esto es el sistema de frenos independiente que funciona si el primario falla. La otra respuesta consiste en proporcionar una prevención, de modo que el conductor pueda maniobrar y evitar un accidente inminente. Así, una luz o un zumbador pueden indicar el sobrecalentamiento o la pérdida de aceite. El desgaste de los materiales y los componentes obliga a ofrecer un programa de inspección y mantenimiento. Por último, si fracasan todos estos sistemas y ocurre un accidente, el diseño debe contener medidas que eviten o reduzcan al mínimo las lesiones. Entre ellas figuran los cinturones de seguridad, bolsas de aire, cascos, trajes de asbesto, amortiguadores autorregenerativos y barras de rodamiento. Las plantas nucleares, al igual que los automóviles, tienen una función inherentemente peligrosa: procesan materiales que son nocivos en grado sumo para los organismos vivos. Por tanto, se deben seguir los cinco principios de medidas de seguridad. Sus aplicaciones a las plantas nucleares se sintetizan a continuación:

Diseño Seguro. Tómese en cuenta que en un reactor no autorregenerador el U-238 se enriquece poco con el U-235 fisionable y, por tanto, el combustible no se parece en nada a una bomba atómica. Las barras de control se insertan al empujarlas hacia abajo en el núcleo, de modo que si no hay energía simplemente caerán. El agua corriente es tanto un refrigerante como un moderador. Si el exceso de calor hiciera que el agua hirviera hasta agotarse la pérdida del moderador detendría la reacción en cadena. En las especificaciones de diseño se señala que los materiales de construcción sean de la mejor calidad técnica y sean probados en su totalidad antes de su utilización. El reactor autorregenerador es intrínsecamente más peligroso, pero esto sólo significa que su diseño de seguridad es más importante aún.

Redundancia. El sistema que más necesita un substitutivo es el que enfría el núcleo del reactor. Si este falla, casi siempre se tendrán al menos dos sistemas de enfriamiento adicionales e independientes. Si fallara el sistema de energía en que se basan las medidas de emergencia, se podría utilizar una fuente externa. Si ésta también falla, intervendrían las turbinas de gas o generadores diesel de la planta. Los sistemas secundarios de este tipo son bastante complejos y se interrelacionan de tal modo que sus respuestas son específicamente adecuadas a la naturaleza de la urgencia. Además, son por completo automáticas; no tienen que ser activadas por un operador humano.

Prevención. El cuarto de control de una planta nuclear está lleno de manómetros, cuadrantes, luces, zumbadores y alarmas. Los trabajadores cuentan con dispositivos que son sensibles a la radiación y que verifican el grado a que el usuario ha sido expuesto. En toda la planta están distribuidos aparatos de detección y también se encuentran fuera de la planta a diversas distancias.

Inspección y mantenimiento. Los operadores del reactor deben pasar por estrictos procedimientos de capacitación, con cursos periódicos de actualización. Las plantas son inspeccionadas varias veces al año, se aplican sanciones a los violadores de las regulaciones y se conservan las listas de cualquier defecto o falla.

Protección en caso de accidentes. El receptáculo del reactor, fabricado de acero grueso, esta rodeado por blindaje antirradiactivo de varios pies de espesor. Como una barrera final, todo el sistema esta circundado por una estructura de retención, de hormigón reforzado, recubierto de acero y a prueba de vapor. Esta barrera está diseñada para resistir terremotos y huracanes, y para contener toda la materia que pudiera liberarse dentro, aún en el caso de que el más grande sistema primario de tubería del reactor quedara destrozado instantáneamente. En Rusia y en algunas otras naciones no es necesaria esta ultima barrera, hecho que los partidarios de la energía nuclear citan para enfatizar la gran prioridad que Estados Unidos da a la seguridad. (Todo lo antes señalado suena muy tranquilizante, pero recuérdese que siempre hay accidentes de automóviles. Lo mismo sucede en las plantas nucleares).

En la vida de hoy, la energía eléctrica es un elemento básico. Cuando Faraday empezó sus investigaciones y se las presentó al Rey de Inglaterra, este le preguntó qué utilidad tendría para la corona. El científico le respondió "Majestad, ya verá cuando pueda cargarla con impuestos." Mucho se ha avanzado desde entonces y hoy, independientemente de los impuestos, se consigue obtener energía eléctrica por muy distintos medios. En una central hidroeléctrica, por ejemplo, es la fuerza del agua al caer por la presa lo que mueve las turbinas. En la energía eólica el molino que genera electricidad lo hace trasmitiendo el movimiento que el viento produce en sus aspas a turbinas similares Las centrales nucleares también son fábricas que producen energía eléctrica generando vapor mediante el calentamiento de agua. El sistema, excepto en la manera de obtener el calor, es idéntico al de cualquier otra central térmica de producción de energía eléctrica, sea de gas, de carbón o de fueloil. El agua calentada mediante distintos procedimientos se convierte en vapor que, a través de circuitos, mueve las turbinas que generan la electricidad.

En el caso de las centrales nucleares el sistema para calentar el agua es una reacción nuclear. Un circuito cerrado de agua se calienta al estar en contacto con las varillas en la que se aloja el combustible, llamadas vainas del combustible, y cede su calor a otro circuito que a su vez acciona la turbina que produce la energía eléctrica.

En las centrales nucleares todos los sistemas responden a la filosofía de la seguridad en profundidad. Este concepto supone el establecimiento de distintas barreras de protección que evitan que los productos radiactivos del reactor lleguen al medio ambiente y dé niveles de seguridad de acuerdo a procedimientos previamente establecidos. Las barreras de contención son tres, aunque algunos autores hablan de cuatro, ya que suponen que la pastilla en la que se aloja el combustible es la primera barrera efectiva. En todo caso, mayoritariamente se considera a las barras dentro de las que se encuentran las pastillas de combustibles como la primera barrera; la vasija del reactor en la que se aloja el núcleo con todas las barras de combustible dentro, y el circuito primario forman la segunda barrera; y el recinto de contención es la tercera barrera. En alguna centrales se trata de una caja con muros de más de un metro de espesor de hormigón y ferralla, forrado por la cara interna con una chapa de varios centímetros de acero; en centrales de otro tipo la contención se consigue mediante otros sistemas igualmente reputados como seguros. En las centrales occidentales estos recintos de contención se hacen de acuerdo a muy rigurosas medidas y prescripciones técnicas, de manera, por ejemplo, que son resistentes a terremotos e, incluso, al choque de un avión. La contención evita que, en caso de accidente, la radiación generada durante la reacción nuclear salga al exterior. Uno de los problemas de las centrales de los países de Europa oriental es, precisamente, que la construcción de la contención no se hacía de acuerdo a estos principios.

Los niveles de seguridad más generalmente aceptados son cinco. El primero de ellos es una construcción sólida, de acuerdo a las más estrictas medidas de seguridad y con un riguroso control de calidad. Durante el diseño, la construcción, las pruebas y la puesta en marcha de una central (y de cualquier instalación radiactiva, como por ejemplo una sala en la que se coloque un aparato de rayos X) se inspeccionan numerosas veces las obras y el resultado final, para que sea tal y como se ha planeado inicialmente. El segundo nivel de seguridad es el cumplimiento de unos rigurosos controles para mantener siempre a la planta dentro de las condiciones normales de operación. El tercer nivel consiste en sistema de seguridad capaces de hacer frente a los posibles accidentes y a los incidentes El cuarto es una técnica muy desarrollada para el control de accidentes, incluidos accidentes con daños en el núcleo, si los hubiera. Y, por último, se cuenta con planes para hacer frente a las emergencias que puedan ocurrir. En todo caso, cuando se hacen análisis de riesgos en las centrales nucleares se hacen pensando que puede ocurrir siempre lo más improbable. Por eso, todos los sistemas son redundantes, es decir, que siempre hay varios sistemas capaces de hacer determinada tarea, de manera que cualquiera de ellos, si uno falla, permite funcionar con normalidad. Además, se utiliza el criterio de diversidad, es decir, dos métodos distintos para hacer una sola cosa. Por ejemplo, para parar la reacción en cadena en el núcleo del reactor se pueden bajar las barras de control o introducir agua borada, lo que también para la reacción. El concepto de seguridad en profundidad, presente en las actividades nucleares, exige tener siempre prevista una eventualidad improbable, y tener preparada la solución ante ese hecho que es poco probable que se produzca. Una de las misiones del CSN es, precisamente, el control y la vigilancia de esos sistemas de seguridad. Pero, a pesar de todo, las centrales nucleares tienen riesgos muy improbables, razón por la cual se toman todas las precauciones que se ha señalado. Algunas personas piensan que los riesgos, básicamente un accidente que pudiera contaminar una gran zona durante mucho tiempo, son mayores que los beneficios, es decir, que los peligros son mayores que las ventajas que reporta a la sociedad la energía eléctrica que aportan las centrales nucleares al total de la producción de un país. En España, las centrales nucleares producen un tercio de la energía eléctrica total que se consume; en Francia, el 85 por ciento; en Suecia cerca de la mitad; y en Estados Unidos algo menos de 20 por ciento. Los organismos reguladores, las instituciones como el Consejo de Seguridad Nuclear en cada país, controlan el que los riegos asumidos estén siempre dentro de los límites tolerables, es decir, controlan que la probabilidad de que ocurra un accidente sea muy pequeña, para lo que se toman multitud de precauciones. Se puede afirmar que no hay ninguna otra industria en el mundo, quizá con la excepción de la aviación civil, que esté sometida a los controles de seguridad equivalentes a los que están sometidas las centrales nucleares. Las funciones del CSN están encaminadas básicamente a garantizar a los españoles que las instalaciones cumplen las normas de control que optimizan la seguridad. Otro problema derivado del uso de las centrales nucleares es el de los residuos radiactivos de alta actividad, es decir, el combustible gastado. Por el momento, se almacena en piscinas en las propias centrales, aunque se están buscando soluciones para el largo plazo.