Evolucionismo versus Creacionismo

IV- Historia Natural del Hombre

Tenemos una verdad indisociable del futuro del Género Humano, y es que el Conocimiento de la Historia  Natural del Hombre y del Universo son los dos grandes pies sobre los que avanza la Sociedad, las dos columnas maestras sobre las que reposa el edificio de la Civilización. Este verdad eterna es fácil de ver en la naturaleza de los escritos ideológicos de aquellos que hicieron las grandes revoluciones de nuestra Historia reciente. De sus inteligencias y los efectos de la fuerza que le imprimieron al cuerpo social para avanzar en la dirección por ellos establecida, que, según ellos, era cosa del destino histórico, nosotros comprendemos que el Conocimiento y el Comportamiento de las Naciones, en general, y de la Sociedad, en particular, viene dictada por la ley de la relación entre el Hombre y el Universo. No quiero invocar aquí como testigo a la Etología de los seres vivos sin cerebro, cuya relación con el mundo viene establecida por órganos vivos desde los que la vida establece su existencia: Pero es totalmente cierto que esta relación teleonómica demuestra que el principio de la vida sobre la Tierra está establecido sobre la relación Conocimiento-Comportamiento, de aquí que los grandes revolucionarios de los últimos siglos de nuestros tiempos lo primero que hicieran, antes de  echarse a andar, fuera establecer la relación del Hombre con el Estado y la Sociedad desde una plataforma de Interpretación de la Historia Natural del Hombre fabricada a la medida de la Civilización a edificar sobre las ruinas de la precedente.

Desafortunadamente la vigencia de ley de la Ciencia del Bien y del Mal: “Quiero el bien, pero hago el mal”, es de una ferocidad aplastante y, cual serpiente mágica que le habla al hombre con palabras de hombre, pervierte la Razón Natural, en función de la Ignorancia de los pueblos sobre su Historia Natural, para desde la recreación artificial de su Pasado hacer del Futuro una evolución lógica de su Presente, perpetuando así su forma, si bien bajo nuevas y diferentes ropas.

Criticar a muerte la Historia Natural de Marx y Engels, por ejemplo, sería ejercer de abogado del diablo, máxime cuando conociendo nosotros la relación entre el Conocimiento y el Comportamiento sabemos que tales ideólogos no fueron sino ciegos construyendo un mundo desde la Ignorancia que le sirvieron quienes, por naturaleza, tienen por función la primera parte de la relación etológica, es decir, recrear la Historia Natural del Hombre, o lo que es lo mismo: Poner sobre la mesa el pan del Conocimiento. Habiéndoles servido la Ciencia una Información falsa sobre la verdadera estructura del edificio Natural el futuro del Socialismo sólo podía tener curso en tanto que esa falsificación de la Historia Natural del Hombre permaneciese sobre dichos principios. Ahora bien, el progreso cognoscitivo de la Civilización es un estado en constante crecimiento, de aquí que la edad de vida del Socialismo, es especial, y del Materialismo Científico, en general, viniese integrado en el nacimiento del Ateísmo Científico. Será, pues, sobre este Ateísmo contra el que hay que descargar todo el fuego, pues es su pan el alimento que genera en la Sociedad todo tipo de violencia al hacer que el Hombre se comporte en razón de una Razón que legitima, desde una información absolutamente falsa sobre el Universo y el Hombre, todo tipo de violencia, crímenes y guerras.

Exactamente igual a como el Socialismo se viste de las palabras por herencia propias de la Ideología Cristiana para legalizar la corrupción que le es inherente a un cuerpo político en declive que necesita de un evangelio para institucionalizar sus delitos “contra el pueblo, en nombre del pueblo”, el Ateísmo se viste de las palabras propias de la Filosofía Natural para legalizar un comportamiento delictivo, cuya delictividad se centra en la reducción del hombre al estado de objeto de  investigación de la Ciencia, mediante su alienación del Ser y del Espíritu, y la transformación de lo humano en Animal de laboratorio y Ente de estudio específico, que en cuanto objeto es inservible una vez terminado el estudio. Esto, en definitiva, es el Ateísmo Científico, o lo que es lo mismo, el Ateísmo Científico es un Delito contra la Humanidad que usa el Humanismo Natural para implantar en la Sociedad la necesidad de su transmutación en Especie Animal sin más interés que el debido al estudio que sobre su entidad ejerce el investigador científico.

Obviamente si el Ateísmo Científico fuera consciente de ser lo que es la única opción que la Civilización tendría sería llevar ante los tribunales a la Ciencia. Pero sabemos positivamente que la Ciencia ha despojado al Hombre de su Ser y lo ha transformado en una Bestia sin pleno conocimiento de causa, y sí arrastrada por la fuerza universal que a todos los pueblos de la Antigüedad privara de su Herencia Natural y arrojara a la selva del instinto de supervivencia en la antesala del infierno. Nos toca pues a nosotros ahora el trabajo de corregir el programa cognoscitivo implantado en el último siglo del segundo Milenio respecto a la Historia Natural del Hombre para que, el futuro pueda activar su juicio  desde la plenitud de sus facultades y no, como ha venido siendo hasta ahora, sobre la base de una inteligencia mutilada por la falsificación de la estructura histórica del Universo.

No es necesario insistir en que la capacidad del juicio que compele a la elección de movimiento en una dirección o en otra desde la respuesta correcta a un  problema específico tiene en la verdad su principio, y que si la base sobre la que el juicio realiza su elección es falsa o incorrecta la decisión final se corresponderá a la naturaleza de una respuesta corrupta y, por tanto, limitada en el espacio y el tiempo. Esta ley funciona a todos los niveles de la vida en la Tierra. Pues que la Etología de K. Lorenz ya ha demostrado con la genialidad de un sabio la vigencia de este principio nada nos queda sino entrar en materia. Y unificar de una vez por todas la Ciencia con la Filosofía Cristiana, dando así por terminada la antigua enemistad entre Razón y Fe, entre Ciencia e Iglesia. El resumen sobre el que trabajaremos es el siguiente:

La Ciencia de la Creación de la Vida Natural parte de  principios científicos estables. Su aplicación a la Tierra impuso la norma del equilibrio natural entre todas las partes del Sistema, y teniendo en cuenta estas magnitudes físicas, sin cuyo conocimiento el futuro de la Vida del Hombre hubiera quedado sujeto a las limitaciones derivadas de la Ignorancia sobre las leyes del Universo, Dios pasó a la acción. En la Introducción a la Cosmología del Siglo XXI he tocado con suficiente tiempo y el esmero que me es dado articular en razón de mi conocimiento el recorrido histórico protagonizado por nuestro Creador desde el Principio al Fin, es decir, la Creación de la Biosfera y  la Edificación de la Ecosfera, demostrando, en la medida de mis potencias naturales, cómo sin este Edificio era imposible garantizarle al Hombre un futuro en el Tiempo. Garantía que, siendo una imposición del Creador para consigo mismo, vino a traducirse en un Cuerpo Natural Autónomo que envuelve en su Mecánica a todas las partes del Sistema Astrofísico que hace posible su Estabilidad en el Espacio y el Tiempo. Nos toca a nosotros recrear la sucesión de los saltos que la Evolución de la Vida diera desde el Barro al Homo Sapiens, pues desde el Homo Sapiens a nosotros, hijos de Dios, los conocemos por la Biblia.

La Vida, una vez que Dios terminara de edificar el Edificio de la Naturaleza, comenzó bajo las aguas que en su Día cubrieron la superficie de la Tierra. Aquí entra el Ateísmo Científico para imponer por la fuerza de su relación con el Poder su visión sesgada y violenta sobre ese Día. No teniendo más pruebas que su propia imaginación nos regala su teoría de la formación de la Tierra sobre la base de la Cosmología del Siglo XX, cuyos principios, como hemos visto, son tan verdaderos como la promesa marxista de la Dictadura del proletariado a la hora de abolir el Estado una vez conquistado el Estado. Dejaremos la crítica total contra la hipótesis de la Formación de la Tierra según el Siglo XX para otro momento, pues hay veces en que cansa razonar con quien por vocación tiene la demencia. Expuesto ya el Modelo de Formación de la Tierra que puso Dios en movimiento y consumó cuando El dio por terminada la Creación del Sistema Natural, que, insisto, podéis seguir en la Introducción a la CSXXI, perder el ritmo de esta recreación de la Historia Natural del Hombre en función de la necesidad de machacar para siempre el cuerpo dialéctico de semejante demente vocacional, repito, no es aconsejable en este momento, así que sigamos adelante.

El Árbol de la Vida echó sus raíces “bajo las aguas que estaban debajo del firmamento de los cielos” –en palabras del Autor del Génesis. Es el crecimiento de este Árbol en el espacio terrestre y la figura que crea en el tiempo histórico el cuadro sobre el que gravita todo el misterio y que, el Ateísmo Científico, condicionado por el programa anticreacionista CSXX, interpreta  de las maneras más burlescas y bestiales a su alcance. No importándole tanto la Verdad cuanto alcanzar la meta que no pudo el Materialismo Anticristiano en su forma más virulenta, o Comunismo, la destrucción de la Fe Cristiana, y por antonomasia de toda Religión, el Ateísmo Científico ni oculta ni niega que su doctrina histórica es una chapuza válida a falta de pruebas en contra, de manera que haciendo del principio de inocencia, que en el Derecho es sagrado,  transmuta su relación con el Mundo mediante la falacia de mantener su culpabilidad como inocencia en tanto que no puede ser demostrado que su delito sea un crimen contra la Humanidad. Ahora bien, el hecho de ignorar que el comportamiento de las naciones, y por ende, del Hombre, depende de la información cognoscitiva con la que trabaje la Civilización es una ley fundamental de la Vida, y por el hecho de volver la cara y darle la espalda a la Verdad ese demente vocacional que se llama Ateo, desde el momento que es aquel de quien depende la Información sobre la verdadera estructura del Espacio y del Tiempo, ese desprecio hacia la Humanidad es de por sí constitutivo de delito. Tomar en serio, intelectualmente hablando, su reconstrucción de la Dinámica de Crecimiento del Árbol de la Vida en la Tierra es, sobre todo y más que nada, un insulto contra la inteligencia y, finalmente, un suicidio. En otro lugar recordaremos el absurdo cuadro que se han creado a fin de justificar lo injustificable: el bestialismo del Poder.

El Árbol de la Vida echa sus raíces bajo las aguas y desde aquí levanta su tronco y saca sus ramas al aire, provocando el salto del agua a la tierra en dos direcciones. Tenemos la vía anfibia y la vía de las primeras aves. De estas dos ramas saldrán todas las especies que han existido en la Vida en la Tierra. El problema está ahora en dilucidar cuál de las dos ramas dio como fruto al Hombre.

La elección de la Ciencia del Siglo XX ya la conocemos. Increíble pero cierto la locura del genio de la Edad Atómica, en cuyas manos quedó la elección revolucionaria final, que por fracaso nos toca ahora a nosotros, se decantó por la vía anfibia. El hecho de que la vía aérea tenga con la estructura mamífera la sangre caliente y la anfibia la tenga fría, no detuvo al loco que en el Santuario de los Nobeles se sienta para bailar al son de su demencia de cuando en cuando.

No hay Selección Natural, sino Fuerza reproductora que, Generación Multiplicativa  Contundente, expande el tronco del Árbol de la Vida y acaba por hacer reventar el hábitat común, rompiendo aguas unas ramas vía  terrestre y otras saltando del agua al cielo abierto.

En este momento la Vida es una Fuerza Universal, Increada, que se desarrolla acorde a la estructura del Sistema Natural. De la misma manera que determinamos la naturaleza de un proceso mediante la elección de la estructura que lo albergará, y siendo el objeto el mismo su comportamiento dependerá de nuestra elección respecto a la estructura en que conduciremos el proceso, el Predeterminismo teleológico Divino opera dentro de esa relación con la Vida. Es Dios quien eligiendo el tipo de Sistema determina la dirección del movimiento filogenético general y  elige la naturaleza final del fruto del Árbol de la Vida en un Mundo específico. Esto implica un Conocimiento infinito de estructuras naturales y la variación a que dan lugar en tiempo eterno.

Creada acorde a una Estructura, la Evolución de la Fuerza de la Vida en la Tierra quedaba predeterminada por la Naturaleza de dicha Estructura Astrofísica. El Hombre era el Fin del Proceso. Creada esta Estructura por Dios, el Hombre devenía su Creación. Puesto que la Vida, como hemos dicho en la Tercera Parte de la Historia Divina, es Increada y forma parte de la Realidad Universal que emparenta a Infinito, Eternidad y Dios en el mismo Espíritu Creador.

La Filogénesis Humana que el Génesis nos pone sobre la mesa es la siguiente: La línea humana salta del agua al aire, de donde salta al bosque, de donde baja a tierra firme, en donde se alza sobre sus piernas y deviene el Homo Sapiens, que será el ser vivo sobre el que Dios volverá a incidir personalmente mediante su Formación a su Imagen y Semejanza.

Esta Línea es rota y desterrada de la Memoria del Hombre por el Ateísmo Científico mediante el increíble argumento ad dementia de la destrucción del Mundo de los Dinos por un Cometa o Asteroide que da fin a su Era. No sólo la demencialidad del argumento cometario choca con la Lógica Natural, sino que además nos descubre el estado de gravedad patológica en la que la Conciencia del mundo científico se mueve, gravedad desde la que podemos comprender la irracionalidad delictiva de un comportamiento que tiene sus miras puestas en la legalización internacional de la transmutación del ser humano en bestia de laboratorio. La clonación y la transgenia son los dos últimos pasos de la Ciencia en esta dirección biocriminal.

La  verdadera causa de la extinción del mundo de los dinos, si destrucción se le puede llamar a un proceso geohistórico creativo, tuvo una causa infinitamente más lógica. La revolución que causó en la Biosfera la evolución del reino de las plantas cuando pasaron a transformar la Atmósfera Prehistórica en la Biosfera tal como la conocemos, cambiando la composición química del aire, sería el factor decisivo que conduciría la evolución durante aquél tramo geohistórico, deviniendo el Oxígeno en el elemento bajo cuya ley ese mundo se iría y se fue extinguiendo paulatinamente a medida que la estructura de las plantas dio paso a la estructura  actual.

Obviamente la mentalidad científica, hambrienta de riquezas y de Poder, que huye de la masa como de la peste, eligió aquella escandalosa imagen para tarados intelectuales que tan bien le convenía a una especie destinada a pasar por sus laboratorios una vez que las ratas y los monos ya no pudieran enseñarle absolutamente nada sobre el proceso de creación de la vida a imagen y semejanza de sus creadores. Durante una parte del Siglo XX a esta manipulación del hombre por el hombre se le llamó Nazismo Científico. Increíblemente en este primer tramo del Siglo XXI a aquel Hipernazismo de la ciencia –recordemos a Menguele, el famoso Doctror Muerte de Hitler que pretendía hacer del ser humano una rata de laboratorio- Hoy  se le llama Clonación y Transgenia y cualquiera que esté contra la Legalización del Nazismo Intelectual como estado natural de la Ciencia es un demente.

Cosas de la evolución de las especies, por supuesto.

Sobre esta línea filogenética: evolución de las aletas en alas, de las alas en miembros prensiles, y de los miembros prensiles en brazos y piernas, deberemos trabajar durante este Siglo a fin de legar al que viene un Modelo de Conocimiento Válido desde el que las generaciones futuras puedan, conociendo las preguntas correctas,  dar con las respuestas ciertas que les permitan avanzar en el Universo acorde a las leyes de ese Universo.