El Infierno no existe. Lo que vais a leer a continuación es simplemente un juego de niños. La cuestión es dónde ha estado la ONU y su super poderoso secretario general todo este tiempo.

Una esperanza por el fin de la monstruosa guerra de Uganda
por Jeffrey Gettleman del New York Times,September 14, 2006
y traducido libremente por C.R.

GULU, Uganda. Al principio se llamó simplemente la Guerra de Acholi, y a pesar de su dantesca brutalidad poca gente en el exterior del país le prestó atención alguna a esta monstruosa guerra.

El Ejército de Liberación del Señor, nombre que a sí mismo se dio este grupo rebelde mesiánico descubrió un nuevo método de hacer la guerra, infinitamente más infernal y acorde a la mentalidad del monstruo de su líder, ¡¡el secuestro de niños!! El entrenamiento demoníaco de este ejército de inocentes consistía en la quema de poblados, y su rito de iniciación supremo era trozear a los bebés encontrados y molerlos en un mortero como si se tratase de carne de cerdo.

"Maté, maté y maté," reconoce Christopher Oyet, un adolescente de 18 años, desertor del Ejército de Liberación del Señor, secuestrado a los 9. "Ahora tengo miedo de mí mismo".

Pero por primera vez en 20 años la matanza se ha detenido. El líder divino de semejante banda de demonios a la fuerza, encerrado en su inexpugnable refugio y ofreciendo una resistencia mínima, firmó la paz hace dos semanas. Que la paz sea un hecho real depende ahora de José Kony, monstruoso asesino buscado por la Corte Penal Internacional, escondido en el corazón de la selva, donde vive con sus sesenta mujeres adolescentes y sus comandantes del infierno a la espera de ser amnistiados para regresar del abismo. Cosa absolutamente imposible de conceder puesto que esta amnistía depende de la Corte Penal Internacional y ésta no ha relajado su búsqueda.

De todas formas esta es la única sombra de paz que alimenta la esperanza de un pueblo abandonado a su suerte en las manos de un demonio que ha asesinado impunemente millares de vidas mediante los métodos de asesinatos más grotescos.

En Acholilandia la bandera blanca ondea incluso en los camiones del gobierno. Gracias a dios la gente de los pueblos ya no tiene que correr hacia las ciudades próximas cada tarde que cae huyendo de los demonios de la noche. Por primera vez desde hace mucho tiempo regresan a sus campos a plantar y a recolectar sin tener que usar sus machetes como arma de defensa. Y es que las víctimas de este infierno están tan desesperadas que no sólo quieren olvidar, también quieren perdonar.

Caso típico de esta situación es Christa Labol, una muchacha a la que soldados adolescentes del infierno creado por José Kony y sus monstruos le cortaron las orejas y los labios,y ahora, con su mutilada boca, confiesa que les da la bienvenida a sus hogares a sus verdugos, porque: "Sólo Dios puede juzgarlos"

Ni que decir tiene que el terror a ser juzgados por sus crímenes infernales mantiene al pastor y a sus lobos del infierno en los remotos abismos del Congo. Muchos dudan de que José Kony, que asegura estar poseído por espíritus, vaya a entregarse. El mismo Kony dice que únicamente rendirá sus armas si la orden de captura contra su cabeza por el tribunal Internacional es borrada de su agenda. La Corte de la Haya se mantiene en sus trece y reclama a Kony y sus lobos avernales, contra quienes Uganda se ha mostrado impotente y el Sudán alimentó con armas de devastación.

El gobierno ugandés afirma que de rendirse obtendrán la amnistía que piden. Lógicamente los rebeldes exigen que primero venga la amnistía y detrás irán ellos. La última palabra está en la Corte que el 1998 abriera el caso contra semejante bestia de los abismos criminales más dantescos de finales del siglo pasado. Cogidos por total sorpresa por esta respuesta del pueblo ugandés al monstruo más terrible de sus pesadillas los miembros de la Corte Penal han confesado, por boca de su representante, Claudia Perdomo: "Estamos asombrados, jamás hemos tenido que enfrentarnos a una situación parecida".

Los Acholianos tienen su propia justicia. Se llama "mataput". Consiste en compartir una copa de una sustancia amarga durante una ceremonia de reconciliación. La paz es más importante que el castigo, y en consecuencia prefieren ver regresar a Kony a su casa que esperar a que la Corte le ponga por fin las manos encima. Y es que aunque la batalla parezca haber terminado una nueva se ha abierto: Modernidad contra Tradicionalismo. "En nuestra cultura no nos dedicamos a castigar a la gente", palabra de Collins Opoka, un jefe Acholiano."El castigo no lleva a ninguna parte". Y quien habla sabe algo sobre el castigo.

Durante décadas las tribus del sur solían copar las clases dirigentes del pais mientras el pueblo acholiano vivía de la agricultura y la ganadería. La única salida dentro el Estado para ellos era el ejército. Bajo la bandera del ejército combatieron al líder rebelde de su tiempo, Musenveni. El destino quiso que Musenveni ganara la batalla y se alzara como presidente, puesto que ocupa desde entonces, y desde entonces enemigo a muerte de los Acholianos, a los que persiguió y marginó empleando el estilo africano más al uso. Fue bajo esta coyuntura de marginación y persecución que entró en la escena Jose Kony. Un monaguillo católico que a los 12 añitos se declaró profeta y fue por ahí diciendo que su cuerpo y el de sus seguidores desde entonces y para siempre quedaba revestido de la inmortalidad. Bajo esta creencia se conjuraron para derribar al gobierno.

"Lo tomamos por nuestro salvador," confiesa Mary Olanya, que conoció a Kony desde chiquitito. Kony les lavó el cerebro jurando actuar bajo la Ley de Dios. No tardaron nada en comprobar que esa ley era la violación de todos y cada uno de sus oponentes. Lucharon contra la resistencia dentro de su propia gente, secuestrando, violando y matando indiscriminadamente de una punta a la otra de Acholilandia. El terror llegó a tal extremo que cualquiera sorprendido conduciendo una simple bici era detenido y se le cortaban los pies. Quedó prohibido el trabajo en viernes. Bajo esta transformación maligna del líder y sus lugartenientes los hombres dejaron de seguirle, lo que obligó a Kony y su ejército del infierno a secuestrar a los chavales y entrenarlos para la guerra de la forma arriba dicha: quemando chozas con sus inquilinos dentro y salvando a los bebés para cortarlos en pedazitos y molerlos como si se trataran de granos de café.

Oyet, un arrepentido fugado del Ejército del Señor de los abismos, confiesa que fue secuestrado durante la noche, cerca de Gulu, y forzado a caminar kilómetros y kilómetros al corazón de la selva. Los chavales que no podían soportar la caminata e iban cayendo extenuados por el camino eran asesinados a palos por los demás del grupo. Todos los reclutas tenían que participar en el asesinato como parte del entrenamiento.

La población reaccionó desertando sus hogares y pueblos. Dos millones de criaturas abandonaron sus casas y se refugiaron en campos de concentración dispuestos por el Gobierno. "Estábamos desesperados," confiesa Quinto Otika, un anciano de Gulu. Y ciertamente tenían que estarlo para buscar refugio bajo los brazos del mismo Musenveni que antes los persiguiera, y ahora se limitaba a quedarse de brazos cruzados viendo cómo eran masacrados.

Esta situaciónm infernal continuó durante noches largas como décadas gracias a la ayuda asesina del Gobierno Islámico de Sudán que vistió hasta los dientes con armas a semejante monstruo y le dio en su territorio santuario desde donde partir y adonde volver tras sus crímenes sin nombre.

La excusa santa de los hijos de Alá en Jartum es que Uganda hizo lo mismo con la cristiandad sudanesa del sur que se rebelara contra la Sharia impuesta sobre todo el país por el Gobierno sudanés. Todos los periódicos del mundo se hicieron eco y tomaron nota de la matanza que el Gobierno Islámico de Sudán acometió, apoyado por las milicias asesinas de los Guerreros de Alá, contra la población cristiana del sur de Sudán. Después el conflicto saltó a Darfur. Uganda acogió la rebelión legítima del sur de Sudán cuando la respuesta hubo de haber sido masiva y militar del mundo entero contra una masacre en cuya realización se vio el verdadero rostro del Islam. Ahora, era la hora de la venganza. Y el santo gobierno islámico sudanés se aprovechó de la locura de José Kony y la complacencia del presidente ugandés, para alimentar el fuego del infierno en que Acholilandia se quemaba.

Pero... en el 2002 el sacrosanto gobierno sudanés hacía las paces con la resistencia sureña y de pronto su patrocinio del infierno Kony no le convenía ya. Kony y sus demonios abandonaron el sur de Sudán y encontraron en el Congo refugio y santuario en el corazón de la selva, desde donde impusieron su ley de terror por todos los alrededores, esclavizando a la población y matando todo tipo de vida salvaje. ¿O tal vez comerciaban con ella? Al día corriente el ejército infernal de Kony se compone de uno 2.000 desgraciados.

La ONU y el mundo en general se ha limitado a mirar para otra parte. Mientras Kony aterrorizaba las cámaras se centraron en conflictos de intereses: Rwanda, Somalia,Darfur

En el 2005, y a pesar de la voluntad del pueblo Acholiano el gobierno ugandés logró de la Corte Internacional una orden de arresto contra Kony y sus lugartenientes. En la cultura Acholiana los criminales son aceptados y perdonados una vez que confiesan sus delitos y participan en un banquete comunal con los familiares de las víctimas. El "mataput" es un rito que viene de cuando la endogamia tribal de los Acholis y los lazos sanguíneos eran tan extensos y profundos que el dolor de las víctimas era tan fuerte como el de los famiiares del verdugo, porque todos eran la misma familia. La necesidad de unirse frente al mundo exterior impuso esta ceremonia de vuelta del hijo pródigo.

Aprovechándose de esta cultura el gobierno ugandés entró en negociaciones con los rebeldes y logró un alto el fuego condicionado este 29 de agosto pasado. Bajo la protección de esta tregua la deserción del ejército de Kony ha sido espontánea y se concentra en el sur de Sudán en espera de la repatriación pacífica. Por supuesto la orden de captura contra Kony y sus lugartenientes perdura, aunque el goierno sudanés cree que por poco tiempo.

Ente tanto muchos comienzan a preguntarse qué hará Kony si regresa libre.

"El nunca quiso ser político," confiesa Florence Adokorach, secuestrada a los 14 y obligada a ser una de sus mujeres adolescentes. Según ella, su deseo era regresar para predicar la Palabra de Dios.

Conclusión: Que Dios los coja a todos confesados si el demono regresa a su cuna.