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La
interminable disputa Irán versus ONU por el derecho del pueblo iraní
a la energía nuclear se hace a expensas de la verdadera causa tras
el No de Europa y los USA a la reapertura de la carrera armamentística
atómica por parte de Irán o de cualquier otra nación del planeta.
Los USA y la URSS reventaron unas 40.000 bombas atómicas contra
los océanos, la litosfera alta y la estratosfera baja. Para controlar
la potencia destructora de los missiles con ojivas nucleares era
necesario controlar el poder de devastación de la energía atómica
con fines militares. Las documentos sobre esos experimentos en la
raiz de terremotos, maremotos y huracanes del último cuarto del
siglo XX no son de propiedad pública: Dos son los muros contra los
que se estrellan cualquier petición.
El primero es el propio interés de las clase político-militar. El
segundo: la visión que el mundo tendría del verdadero rostro de
la Ciencia. Esta no puede permitirse bajo ningún concepto que la
Humanidad le vea su verdadera cara y abra los ojos al crimen contra
la Humanidad perpetrado por la Ciencia durante el último cuarto
del siglo XX: destrozando el techo ionosférico, elevando la cuantificación
de la atmósfera y de los océanos, extendiendo el cáncer y la ceguera
como consecuencia de las olas de ratiactividad desplegadas por la
detonación de tales 40.000 bombas atómicas.
La necesidad implica que esos documentos sean desclasificados y
es de creer que no han de pasar muchas décadas antes de que la verdad
salga a luz.
Otras consecuencias se derivan de los efectos de la Edad Atómica
sobre el curso de la Civilización. Pero esto tendremos que discutirlo
con el tiempo. El punto esencial es que la carrera atómica no debe
reiniciarse de nuevo, bajo ningún concepto, no importa quién ni
por qué derecho. Su reapertura implica volver al método de la experimentación
para el dominio de las armas atómicas. Esta reapertura sería volver
a abrir la caja de Pandora. Si ya hemos abierto agujeros en el techo
del cielo y hemos podrido la esencia del aire, del agua y la tierra,
derribado torres en el edificio del sistema inmunológico... pero
aún estamos vivos, ahora hay que cerrar esa Caja, levantar murallas
que impidan el acceso a su tapa y prohibir el paso a toda nación,
no importa el derecho que invoque ni sus razones para imponer su
deseo de abrir la Caja Atómica.
La clase político-militar dirigente de nuestra civilización y mundo
se ha alzado como ese muro de protección, pero la desgracia es que
el conocimiento científico que los impulsa a hacer lo correcto no
se ponga sobre la mesa, no para la ciudadanía occidental solamente
sino también a fin de que los pueblos cuyos gobiernos exigen su
libertad para reabrir la carrera atómica estén capacitados para
entender por qué no se les puede permitir eso a sus gobiernos. ¿Llegaremos
a ver el día en que los mass media sirvan para algo más que para
vivir del cuento?
A
raiz de la última explosion atómica registrada, en candelero todavía,
bajo el suelo de la península norcoreana, ya tenemos uno de los
parámetros en la base de la investigación atómica de la industria
militar durante la segunda mitad del siglo XX. Ha sido necesario
que el mundo entero tuviera fijos los ojos en Corea para que el
velo comienze a caerse. El anuncio no puede ser más edificante:
"El centro de vigilancia de seismos de Corea del Sur informó
que se sintió un temblor de 3,6 grados de magnitud en el momento
de la presunta prueba nuclear. La magnitud del seismo podría indicar
que era un explosivo de 550 toneladas de TNT, dijo Park Chang-soo,
portavoz del Instituto de Geociencias y Recursos Minerales de Corea.
De ser así, sería bastante menor a las bombas arrojadas por Estados
Unidos en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo,
el ministro ruso Ivanov expresó que la fuerza de la detonación fue
de entre 5.000 y 15.000 toneladas. La bomba atómica que cayó en
Hiroshima el 6 de agosto de 1945 tenía el poder destructivo de unas
15.000 toneladas de TNT."
Es decir, la investigación científica de las potencias atómicas
del siglo XX pensó del siguiente modo: ¿Qué cantidad de TNT es necesaria
para provocar un terremoto de magnitud, por ejemplo: 4, 5, o 7?
La cantidad inducida se extenderá en dos direcciones, el diámetro
de la onda expansiva y el poder destructor durante su recorrido.
Si una bomba de unas 15.000 toneladas equivale a un terremoto de
intensidad 3 y algo, otra de 150.000 toneladas de TNT ¿qué intensidad
pondrá en acción y a lo largo de qué diámetro a la redonda extenderá
su destrucción?
El centro sismológico surcoreano no ha podido radiografiar el diámetro
sobre el que el terremoto inducido ha abierto el abanico de su potencia
destructora. Chinos, americanos y rusos llevaron este tipo de investigación
a sus extremos. No sólo buscando la creación artificial de terremotos,
también de maremotos, proyección fuera de su dirección de una corriente
atmosférica, creación de un ciclón... ¡La Ciencia del siglo XX!
Esa ciencia nos iba a liberar de la enfermedad, del infierno religioso
en general y del cristianismo en especial.
Las dos últimas décadas fueron especialmente violentas en terremotos
y ciclones. ¿La conexión de la carrera atómica con la necesidad
de controlar el poder devastador de una onda atómica desatada en
los alrededores de una ciudad, por ejemplo? Porque no ignoramos
que la destrucción viaja fuera del epicentro en razón de la masa
denotada.
No es descabellada la sospecha que un periodista australiano levantó
sobre la relación entre la prospección petrolífera suboceánica en
la placa indostánica, al sur del Océano Índico, y el maremoto de
la navidad del 2004. Personalmente y puesto que la fiebre India-Pakistán
estaba en su apogeo, y por eso de que piensa mal y acertarás, no
me privé de ver una conexión entre la energía atómica y el desastre,
más aún después de ver un vídeo sobre el maremoto.
La idea de un maremoto es una tormenta de olas elevándose hasta
el cielo. EL maremoto indonesio fue un escupitajo de barro reptando
por la playa. Justo lo que se espera de una detonación atómica suboceánica.
Que fuera atómica o tipo bomba de sonido usada por la industria
petrolífera y que el efecto fuese indistinto hizo que el periodista
australiano pusiera el grito en los media, que, por supuesto, no
llegó a ninguna parte, porque los científicos, que son los causantes
de esas pruebas, no son tan idiotas como para tirar piedras contra
su propio tejado.
El caso es que la voz ha saltado a nivel mundial. Las pruebas termonucleares
subterráneas producen terremotos de intensidad y extensión más o
menos baja o alta dependiendo de la carga. O sea, que si quisieramos
destruir Londres o Paris, sólo tendríamos que provocar un terremoto
artificial. Pero claro, esto implica un dominio a tope de la energía
atómica.
40.000 bombas atómicas de la fuerza que acaba de detonar Corea del
Norte hicieron posible ese dominio por la parte de chinos, rusos
y americanos. Explotar una bomba tipo Hiroshima, hoy, no significa
absolutamente nada. Cada una de las ojivas nucleares de las potencias
atómicas del siglo XXI vale por cien de las coreanas. El problema
es que para llegar a tener una sola de éstas Corea debe reventar
un par de miles, y como su espacio vital es tan corto o se destruye,
o abandona, o amenaza con los efectos a los vecinos.
Otro problema alternativo es la zona caliente que la placa indostánica
representa. Sujetarla a una tensión de pruebas atómicas, la India
y la China lo saben, significaría dar libertad a todos los males
de la Caja de Pandora sobre su espacio.
USA se hace portavoz del escándalo pero ha sido China la que ha
saltado la primera. Obviamente China ha optado por limitar el uso
de la fuerza. China no permitiría que USA pisase Asia. Y los USA
es lo que quieren, que China se comporte y... Los locos tendrían
que estar todos en el psiquiatra y no coronados y dándoselas de
presidentes y ministros.
Todo lo cual nos lleva al origen del terremoto devastador pakistaní,
que tuvo lugar justo durante el momentum álgido entre las dos potencias
nucleares, la India y Pakistán, por la cuestión del Punjab. Si una
simple bomba H levanta un seismo de 3.6, una de las bombas actuales,
cien veces más poderosas que aquellas de juguete de los 50s, qué
tipo de terremoto es capaz de crear, y si se controla su devastación,
y usada contra una cierta zona: ¿no servirá de discurso de disuasión
contra cualquier gallo? ¿O acaso el espiritu de Ghandi gobierna
todavía la India? Recordemos las matanzas contra los hindúes que
los musulmanes independistas estaban llevando a cabo en el Punjab
indio. Después del terremoto se acabaron los gallitos. Lo que puede
pruebar que Pakistán era el autor intelectual de aquellas matanzas,
y trae a estrado la posibilidad de haber tenido que recurrir la
India a semejante método de disuación, tras cuyo mensaje Pakistán
ha replegado crestas y se ha limitado a vengarse con las masacres
de Bombay.
Pero entremos en materia científica o sobre el por qué NO debe reabrirse
la carrera atómica. Dejemos que el conocimiento apoye sus razones.
La Tierra es una olla de vapor cuya espita son los volcanes. De
dos fuerzas depende el equilibrio térmico de nuestro planeta. Del
fuego que alimenta la olla y de la solidez de la tapa que contiene
la espita. Habreis notado seguramente un fenómeno curioso, me refiero
a la constancia térmica del fondo de los océanos. Uno de los dos
hemisferios está bajo las aguas y toda esa región del anillo litosférico
está sujeta a una temperatura constante gracias a los 4 grados universales
de las profundidades de los océanos.
En términos prácticos diremos que los océanos se comportan respecto
al transformador geonuclear como las aguas del río respecto a una
planta nuclear. Sin este mecanismo natural en constante trabajo,
semejante al de las aguas del río respecto al motor de una planta
nuclear, la litosfera se calentaría, y el calentamiento progresivo
del sistema acabaría por hacer reventar toda la arquitectura geofísica.
No es esto sin embargo lo que pasó en Chernobyl. Puede que entremos
en las causas de la Kimera soviética, reemprendida por el consorcio
euro-chino en la actualidad, un poco más adelante.
Los océanos actúan respecto a la litosfera exactamente igual que
las aguas del río especto a una central nuclear. La constancia de
su temperatura mantiene en equilibrio térmico la litosfera externa.
¿Qué pasaría si esta temperatura universal oceánica se rompiese
y se elevase?
En términos mecánicos diríamos que sería como si la estructura cristalina
de la tapa de la olla a vapor se reblandeciese.
Cómo sería posible proceder a un calentamiento global de los fondos
oceánicos, con pérdida del 4 universal y subida del termómetro geofísico
en vertical ascendente, es la cuestión.
Y
bueno, que el calentamiento global ya se ha iniciado, es un cantar
en boca de los que tienen boca, y saben lo que dicen porque ellos
han provocado la causa que ha puesto en peligro el equilibro del
sistema biosférico. Total, no hay que ser un genio para relacionar
la masa de los casquetes polares con el 4 universal, ni ser demasiado
estúpido para dejar de relacionar la pérdida acelerada de masa polar
a la que estamos asistiendo con el calentamiento global de los océanos.
La mayor prueba de que el 4 universal se está rompiendo es el calentamiento
de la litosfera continental. La mejor prueba nos tendría que venir
de la mano de los institutos oceanográficos mediante el seguimiento
del aumento de la actividad geofísica hipooceánica en los últimos
decenios. Desgraciadamente la misma ley que vale para los físicos
atómicos vale para el resto de la comunidad de la que depende el
control de las constantes del Globo.
El caso es que la pérdida de masa polar, de seguir adelante, elevará
la temperatura de los fondos oceánicos, cercenando el efecto del
agua del río al paso por la planta nuclear. La litosfera en general
se calentará, los desiertos, tal cual ya han avisado sus eminencias,
se harán inhabitables, la actividad volcánica se disparará, terremotos
y maremotos serán constantes, el envenenamiento de la atmósfera
se hará crítico por la emisión sismológica. Y la cadena sigue: el
4 universal oceánico se eleva por el aumento de la actividad sísmica,
que acelera la descongelación de las masas termorrefrigeradoras
polares, lo que conduce al deshielo de las cordilleras… y sigue
la cuenta. Pero lo importante no es seguirle la pista a un efecto
hipotético no sucedido, sino llegar a la causa que procedería a
su explosión. O lo que es lo mismo, ¿qué relación tiene la carrera
atómica con el calentamiento global percibido hasta hoy?
Y
bueno, todos sabíamos que las superpotencias del siglo XX en consorcio
con la ciencia atómica no pudieron resistir la tentación del geocidio
controlado y llevaron en secreto sus experimentos por el dominio
de la fuerza destructora nuclear. Laurent Fabius, el actual presidenciable,
homicida, aunque involuntario, pero saboteador directo del Rainbow
Warrior, con la consecuencia de un muerto, fue uno de esos grandes
hombres que en nombre del Poder abrieron la Caja de Pandora y su
aliento radiactivo cubrió el planeta. Aunque esto no aclara nada.
Lo que sí lo aclara todo es el ángulo de rotación de la Tierra.
Útimamente lo científicos acaban de relacionar este ángulo con las
eras glaciales. No son tontos; de tontos no tienen ni un pelo. Hablan
con conocimiento de causa porque saben que la carrera atómica desvió
ese ángulo de incidencia de la energía solar sobre los Polos, ocasionando
así la descongelación acelerada de la que hoy somos impotentes testigos.
Confío en vuestra inteligencia natural para relacionar ángulo de
rotación y ángulo de incidencia de la masa solar. El caso es: ¿cómo
es posible que un piojo en la melena en declive de un planeta camino
de su tercera edad haya podido causar semejante tortículis en el
cuello de la Tierra? Aquí es donde entra la carrera atómica y la
desviación del ángulo de rotación de la Tierra del que depende la
cantidad de energía solar entrante en el sistema biosférico.
Lo mismo que en cosmología se sigue predicando la doctrina falsa
de Einstein y sus socios sobre la estructura y dinámica del cosmos,
en geología sus eminencias siguen el mismo método, por comodidad,
o porque la actualización no depende de ellos sino de sus amos,
el consorcio político-militar, el interés del cual es -si hay algún
tonto que lo dude todavía que sepa que los tontos tienen las puertas
abiertas del reino de los cielo- ese interés es la idiotización
del pueblo mediante la reducción de su nivel de vida al punto crítico
de supervivencia.
Es más, habreis visto que aún se sigue predicando en los institutos
que los planetas son bolas de gases. Hay que ser un peligro público
para la humanidad para mantener semejante bola de ignorancia en
el sistema educativo, por obra y gracia de negaciones como ésta
convertido al presente en sistema educativo basura.
El caso es que aquella ley gloriosa de que la energía ni se crea
ni se destruye es otra de esas bolas.
Los físicos atómicos saben perfectamente que cada vez que se ha
reventado un hongo nuclear se ha destruido un volumen equis de energía
gravitatoria. Y saben que dependiendo de los megatones envueltos
en el hongo mágico la cantidad de energía destruida sube o baja.
La cuestión final es: ¿Qué volumen de energía gravitatoria destruida
representan los 500-600 megatones reventados contra la atmósfera,
la litosfera continental y los océanos?
Aunque claro, reducir el caso a 500 0 600 megatones, un concepto
ajeno a la inteligencia del peatón de todos los días, es una forma
ingeniosa de ocultar la verdadera naturaleza del caso. Si traducimos
en números de bombas atómicas tipo Hiroshima y Nagasaki esa cifra
puede que la tosca inteligencia del “vulgo, la masa, yo, tú, nosotros,
vosotros; no él, ni ellos”, se despierte y entienda. ¿Qué tal alrededor
de unas 30.000 bombas las declaradas y unas 10.000 las calladas?
Si ahora relacionamos la pérdida de volumen gravitatorio por parte
del campo terrestre y resolvemos las constantes geofísicas como
producto de la relación del Sol con ese campo sujeto a pérdida de
parte de su volumen, entenderemos qué tiene que ver la carrera atómica
con la desviación manifiesta del ángulo de rotación, y por qué no
debe reabrirse jamás, bajo ninguna circunstancia, ese Caja Maldita.
Aunque hemos tocado el sistema geofísico el equilibrio no ha sido
roto tal que el propio sistema no pueda repararlo. Los científicos
le dan un medio siglo a la Tierra para la recuperación natural de
sus constantes geohistóricas. Este calculo está hecho sobre la base
de una paralización total de los experimentos nucleares. Este cálculo
es el que se está pasando por alto Corea del Norte; Irán quiere
hacer otro tanto, y si no se le para los pies ahora, más tarde habrá
que cortarles las cabezas para acabar con el problema.
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