EL POLITIKOM

III

EL POLÍTICO Y EL OBRERO

 

   ¿Pero qué es la Política? ¿Es una ciencia a la manera de la Biología, la Historia, la Química, la Geología? ¿Es un arte a la manera que lo es la Pintura, la Escultura, el Cine? ¿Es un oficio a la manera que lo es la Carpintería, la Albañilería, la Mecánica, la Panadería? ¿Qué es la Política?

   Veámoslo desde otro ángulo. ¿Puede ser llamado científico el político a la manera que lo es el físico, el astrónomo, el biólogo, el médico, el filósofo? ¿Puede el político ser llamado artista a la manera que lo es el escultor, el escritor, el músico? ¿Puede el político ser llamado trabajador, empleado, obrero, asalariado, peón, a la manera que lo es el jornalero, el carpintero, el electricista, el piloto, el jardinero, el herrero? ¿Qué es el político?

   Tratemos de descubrir lo que sea definiendo lo que no es. El político no es un asalariado ni un jornalero ni un peón ni un obrero, porque la condición natural del trabajador es su sujeción al salario, de manera que lo que define al trabajador, al obrero, al peón, al jornalero, es su ausencia de cuota de poder para subirse su salario en función de la necesidad, personal o social. Para adquirir apariencia de cuota de poder cuenta con los sindicatos. El político, en cambio, cuenta con una cuota de poder que le permite subirse el salario a voluntad, sin tener que darle explicaciones a ningún patrón, ni sentarse a discutir con ningún empresario su prima. Mejor aún, él mismo estipula las condiciones de su contrato.

Que sepamos, al menos hasta la fecha, ningún trabajador, peón u obrero se sienta a la mesa con el empresario y chatea alegremente con él mientras éste firma las condiciones que el trabajador, obrero o peón ha establecido de antemano para el desarrollo feliz de su trabajo. Muy al contrario el político no sólo tiene el poder y la libertad de subirse alegremente el salario de acuerdo a sus ambiciones y necesidades de partido, personales o familiares, además tiene el poder de establecer las condiciones de felicidad en las que realizará su trabajo. Por tanto el político al no sujetarse su trabajo a la naturaleza de la relación entre el trabajador y el empresario, no puede ser llamado trabajador, asalariado, peón, jornalero, obrero.

   Lo cual nos lleva a considerar la posibilidad matemática de excluir positivamente la Política del Árbol de los Oficios. El número de los Oficios crece en la medida que el progreso y la evolución de la Civilización se diversifica y su estructura se hace cada vez más compleja. Pero el Oficio de no importa qué obrero, trabajador o peón se sujeta siempre a una ley externa que regula su trabajo y estipula su cuota de acceso a los bienes que genera el progreso general de la Sociedad.

El político, como hemos visto, no sólo tiende, conforme llega al Poder, a abolir para sí esa ley externa por la que su trabajo está sujeto a una cuota de participación y acceso, sino que además tiende a imponer su ley sobre todos los demás sectores de la sociedad. Tendencia inercial absolutamente natural teniendo en cuenta lo que hemos dicho antes sobre la igualdad entre el animal salvaje y el animal político. Lo ilógico -excusando ahora lo inexcusable- sería que un animal salvaje no intentase imponer su ley a las demás fieras de la selva.

Ahora bien, lo que define al trabajador, al obrero y al peón es su desarrollo mental, su impronta social y su inteligencia natural para mantener una convivencia pacífica sobre las bases de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad con todos los demás miembros de la Sociedad Humana, tanto a nivel Nacional como a nivel Internacional. Estas tres propiedades del trabajador: desarrollo, impronta e inteligencia son las tres barreras que lo alejan de la condición salvaje del animal político, cuya función natural, como hemos dicho, es transformar la sociedad en una selva.

Cómo y por qué el trabajador, cuyo alejamiento de las condiciones de esclavitud feudal, a que estuvo sometido por ese animal salvaje político, es al presente de una distancia insalvable, sigue sometido a este tipo retro, dislocación del Homo Sapiens, cuyo trabajo consiste en pervertir y corromper todo sistema social en el que se instala, sea república, reino o democracia, este cómo y por qué es un dilema que hemos heredado del Siglo XX y cuya respuesta nos toca a nosotros resolver.