EL POLITIKOM

IV

EL POLÍTICO Y EL ARTISTA

 

   ¿Puede ser el político puesto al lado del artista? ¿Es la Política un arte? ¿Posee el político el don de ser libre en la inseguridad, independiente en la incertidumbre e improvisador en el caos, cualidades naturales al alma del genio?

La respuesta es un categórico NO, un por supuesto que el político NO puede ser colocado al lado del músico, del pintor, del escultor, del escritor, del poeta, del compositor.

Infinitamente más que el trabajador, aunque al final su cuota de acceso a los bienes sociales sea más grande que la del trabajador, el artista está sometido a la incertidumbre de su genio. No tiene más contrato que el que le asegure su talla, ni otro futuro que el que le estipule sus virtudes y taras. Su mente está siempre flotando en las nubes. Es el master del espacio, el soñador impenitente por excelencia, el aventurero de las catástrofes risueñas, el que sale riéndose de la tormenta, el que en el infierno pinta paisajes del cielo, el que vaga en las tinieblas brillando con su estrella.

¿Qué tiene que ver un político con un poeta? El uno adora lo que nunca tendrá y el otro adora lo que nunca dejará.

En fin, si ya fue difícil situar al político en la rama de los Oficios, dado que por su naturaleza social todo Oficio está sujeto a una ley externa, aún más difícil nos será situar al político dentro de la rama de las Artes, cuya ley interna no puede ser regulada por ningún tipo de parlamento y cuyo desarrollo depende exclusivamente del espíritu de los tiempos.

Impronta social, inteligencia natural y desarrollo mental -dijimos- son las tres propiedades que la savia del Ser transporta por la rama de los Oficios y alimenta a todos los trabajadores con un mismo aliento.

La savia que recorre la rama de las Artes tiene sus propias cualidades, que le son naturales al genio: La libertad en la inseguridad, la independencia en la incertidumbre, la improvisación en el caos, más que ningunas otras éstas tres son las cualidades que mejor definen al artista verdadero.

Si el trabajador mantiene su relación con lo material, y la materia es su fuerte, el artista se mueve en el espacio y su relación es con el espacio, en el que es actor y observador al mismo tiempo.

Libertad, independencia e improvisación son, pues, las cualidades que el artista aporta a la civilización. Cualidades naturales del genio que sumadas al desarrollo mental, la impronta social y la inteligencia natural del trabajador, esta libertad en la inseguridad, independencia en la incertidumbre e improvisación en el caos generan una suma de sumandos tal que le proporcionan al cuerpo social: Seguridad en sí mismo y fortaleza frente a las tormentas de la historia.

   El político, pragmático, cuya meta es el control, cuyo fin es el orden, precisamente por esta tendencia animal a mantener el status quo alcanzado, bien a través de un proceso democrático o bien a través de un proceso revolucionario, y justamente por esta incapacidad para transformar la sociedad sin provocar en su seno un proceso social caótico, es, por estas razones, ajeno al genio que recorre como savia la rama de las Artes.

No hay, en definitiva, nada más contrario a un artista que "el animal político". La independencia en la incertidumbre, la libertad en la inseguridad, la improvisación en el caos son propiedades del genio contra las que el político sólo puede entonar un vade retro. Difícil por tanto incluir la Política en la rama de las Artes.