EL POLITIKOM

I

Sociedad e Individuo- Tradición versus Revolución

  Sócrates no fue de profesión filósofo. En el mundo de su juventud la Filosofía existía en forma de sistema oficial de enseñanza. Los artistas lo mismo que los filósofos de sus días de juventud eran vendedores ambulantes de noticias y conocimientos. Pero sería falso decir que Sócrates no conocía de forma autodidacta el volumen de conocimiento de sus días; al contrario, porque llegó a dominarlo sin pasar por los exámenes de la sofística, dio un paso adelante y superó a todos los filósofos de su tiempo revolucionando la relación entre el hombre y el conocimiento. Gracias al sistema de enseñanza oficial contra el que Sócrates se alzara la cultura intelectual del mundo helénico levantó la cabeza humana de la condición animal y la elevó a la condición de los seres inteligentes. Pero en Sócrates se descubrió que lo que hace al hombre verdaderamente inteligente es la capacidad para pensar por sí mismo. Éstos, los filósofos oficiales, al comprender que la inteligencia autodidacta era superior al sistema de enseñanza oficial, creyendo que era el fin de sus días, movieron piezas hasta conseguir su muerte. La Civilización, sin embargo, había vencido y mediante la muerte de su campeón dio un salto adelante, irreversible, que se encarnaría en la Academia, sistema de enseñanza donde el autodidacta y el discípulo, es decir, Sociedad e Individuo, convivían en alma y cuerpo, fruto de cuyo parto con dolor fuera el Aristóteles después del cual ya nada podía ser lo mismo y gracias al cual el mundo heleno adquirió conciencia de la misión de la Civilización, que no es otra que sacar al hombre del infierno.

   Jesucristo tampoco fue teólogo. Ni recibió del sistema de enseñanza judío un título oficial de rabino. Pero fue el hijo del Carpintero de Nazaret quien revolucionó la Teología al acometer, como lo hiciera Sócrates con la Filosofía, su transformación desde el exterior. Lo mismo que le pasara a Sócrates con los sumos sacerdotes de la Filosofía Oficial le sucedió a Jesucristo. Los teólogos judíos comprendieron que, sin romper con los fundamentos y principios de la teología hebrea, mediante el paso adelante dado por el pensamiento jesucristiano la transformación social consecuente amenazaba toda la estructura económica establecida sobre el mamutismo de la religión oficial. La decisión que antes tomaran los griegos: Sócrates debía morir, debía ser tomada ahora por ellos.

   Vemos, pues, que la Civilización se mueve sobre dos frentes. Mediante uno estabiliza sus conquistas y mediante el otro tiende a conquistar nuevas fronteras. El primero es la Sociedad y el segundo es el Individuo. Y hemos visto cómo en los últimos seis mil años estas dos fuerzas naturales en lugar de unirse y obedecer al mismo espíritu se declararon la guerra. Declaración de guerra que vemos en toda su manifestación antihumana en los Estados pos-comunistas, donde el primer frente, sucesor del segundo, una vez estabilizado se alza contra el despertar del frente revolucionario matando en las entrañas a las generaciones futuras, caso China, donde el aborto por decreto obedece a una estrategia de aniquilación del futuro revolucionario. Con todo, esta misma política de momificación de las conquistas sociales fue la característica principal del sistema mandarín contra el que se alzara la Revolución Maoísta y, por inercia, ha de conducir a la China Pos Comunista, de no liberar el Estado Chino las fuerzas de la Vida, a una Segunda Guerra Civil Revolucionaria, pospuesta en la Plaza de Tianamen pero no desterrada del futuro de China.

   La Civilización, por consiguiente, tiene un comportamiento cuyas propiedades podemos observar y seguir estudiando en el Libro de la Historia Universal. Cuando en Occidente y en Oriente grupos de intereses maquiavélicos bajo el nombre de Dios destierran de la inteligencia humana cualquier otro libro que no sea su "Biblia", esos grupos de intereses económicos, ocultos tras la pantalla de una religión para sacralizar su cuento, cometen un delito contra la Civilización al mutilar la inteligencia humana.

   Creada a la imagen y semejanza de la inteligencia divina: para no conocer límites, la inteligencia se mueve sobre dos principios. El primero tiene que ver con la memoria, que se traduce en un sistema de enseñanza oficial y transmisión del conocimiento de la Civilización. Que se traduce en el nacimiento de la Sociedad. Y el segundo tiene que ver con las conquistas que el espíritu humano aporta a la Civilización. La encarnación de cuya fuerza es el Individuo, la Persona, el Hombre. La guerra entre ambas plataformas naturales está en la causa de los pasos hacia atrás de las sociedades humanas.

   Aprender de este comportamiento de la Civilización cuál es la naturaleza de la fuerza revolucionaria que acaba imponiendo su ritmo de desarrollo y ni el sistema omnipotente y sacro de los zares, que resistiera el embite de la Revolución de los Derechos Humanos, pudo contener; aprender de la Historia las lecciones consecuentes, es una acción básica para escapar al destino de ser los próximos a poner el cuello bajo la guillotina. Pero si en el futuro estas dos fuerzas naturales de la Civilización, Sociedad e Individuo, estarán integradas en un cuerpo gobernado por la Paz, mucho nos tememos que al alba de este Siglo XXI la Sociedad y el Individuo aún siguen en guerra. Para llegar a ese estadio en cuyo campo las fuerzas sociales e individuales jueguen a divertirse y no a matarse aún nos queda un largo camino. Pero la meta está dibujada y, conociendo el Origen de la Vida, yo pongo las manos en el fuego a favor de la victoria de la Civilización.