EL
POLITIKOM
LA LEY DEL DIVORCIO
Y EL CONCEPTO DE PATRIA POTESTAD COMO ORIGEN DEL CRIMEN DE GÉNERO
La experiencia habla positivamente sobre la
circunstancialidad bajo cuyo orden los Parlamentos y los Senados, desde la
legalidad, promueven el imperio del crimen. Esta no es una
declaración de guerra contra la Democracia; es la constatación de un hecho que estamos viviendo, y
viendo cómo impunemente un ladrón es sucedido por un criminal, y esto no ya en las naciones
con sistema típicos de "repúblicas bananeras", sino que se produce en
el corazón mismo de las llamadas "superpotencias". Las ideologías están ahí para justificar el crimen en la Razón de Estado, y a su vez la Razón de Estado está ahí para justificar su naturaleza delictiva en la Necedidad del Poder, sin el cual el Hombre en cuanto Ser no podría subsistir en el Tiempo. ¿Algo que objetar?
En verdad que el Futuro leerá la Historia del Siglo XX
con la atención que se le debe a una clase magistral de Política del Horror, y es de creer que en razón de ese Horror habrá quien no quiera saber nada de sus páginas. Y sin embargo el
valor Político del Siglo XX, independientemente de su naturaleza esquizoide suicido-genocida, hace superar las náuseas que su Horror genera, determinando su conversión en Historia la necesidad de extraer de la experiencia la esencia del conocimiento del que se nutre la Inteligencia de la Civilización. Pues la estructura del Ser Humano íntimamente relacionada con el pensamiento la imposibilidad de no hacer ciencia de la experiencia es manifiesta, y la negación a hacerlo en base a las náuseas hacia el objeto es una condena contra la Civilización, a la que se la sentencia a repetir, aunque bajo otras formas, los mismos errores causantes de la Tragedia del Hombre del Siglo XX. Ahora bien, ¡no hay nada que le repugne más a la inteligencia que hacer del error el motor de su crecimiento!
Apartar los ojos del desarrollo del Siglo XX como
estadio final de una Línea de Tiempo cuyo fatal desenlace buscanba la Destrucción
de la Vida sobre la Tierra es, sin duda, cerrar los ojos, echarse la
manta sobre la cabeza y abandonarse, precisamente, a la fuerza destructora que
buscaba legitimar su existencia de mil maneras: un día que si el Crimen
tiene en Dios su legitimidad, y le puso Corona; al siguiente que el crimen es
inherente a la propia estructura biológica del ser, de donde se sigue que el
Criminal Entronado no debe bajo ningún concepto escuchar el grito del débil, su
siervo, su esclavo, su víctima. ¡Oh Lord Darwin, los muertos te saludan!; y
sigue la cuenta de las ideologías y razonamientos en cuyos presupuestos criminales las clases altas justificaron su perseverancia en el Homicidio a gran escala.
El Futuro, pues, está en nosotros, los Vivientes. Y
el Pasado vive en un Presente que por todos los medios obstaculiza el salto de
Era a Era, de Edad a Edad, anclados sus elementos en las doctrinas de los
muertos, a los que veneran y a cuya memoria les sacrifican naciones e
individuos. ¡Marx está muerto!. Y Einstein, y Mahoma, y Buda, y Descartes. A
ellos les importan nada nuestra vida. ¿Por qué iba a importarnos a nosotros, los
vivos, la de los muertos?
El Futuro, por contra, leerá la Historia del
Siglo XXI con la atención que se lee una Batalla de los Vivientes contra los
Fantasmas del Pasado para quienes la Ciencia hace de medium y el Poder de guardián dispuesto a sacrificar a sus ídolos tantas generaciones como para su
subsistencia sean necesarias. ¡Que se derrame mucha o poca sangre
dependerá de la Inteligencia de nosotros, los Vivientes del Siglo XXI, para
liberar a las generaciones del Poder de los libros de los Muertos!
Digamos, entrando ya en materia, que todo hombre estuvo sujeto a la Ley de la Ciencia del
Bien y del Mal. Y que todas las obras y trabajos de los siglos vino determinada por la ley de la Ciencia del Bien y del Mal. Y dicha Ley esclavizó el pensamiento y las voluntades de los hombres a su imperio, poniendo bajo sus cadenas a todas las naciones, sin excepocin.
Desde la óptica del Ser no hay nada más absurdo que la negación del Mal ni nada más obsoleto que la
santificación del Hombre. Ahora bien, la filosofìa de los guardianes de los
Muertos es mantener la Ortodoxia del Pasado viva en el Presente, esclavizando
el Futuro a las respuestas que el Pasado le diera a sus problemas, de esta
manera negando que el Presente tenga los propios, y en cuanto propios requieran
de una respuesta nueva.
En el tema del Divorcio esta sencilla expresión del
Pensamiento encuentra un campo abierto a la aplicación de lo expuesto.
La
herencia del Siglo XX en el tema de la Ley del Divorcio se merece todos los
calificativos debidos a una de razón criminal, recogida por una justicia ciega para verle a la ley su
verdadero rostro asesino. ¿Pues hay algo más contrario a la Libertad que el el Ser en cuanto Propiedad de Alguien que no sea el propio Ser? ¿Y
qué es la Patria Potestad sino un título de Propiedad sobre el Ser?
Siendo el Hombre, desde la Razón del Derecho Universal, un Ser nacido Libre, el título de
Propiedad sobre su Persona que defiende el Poder, y la Justicia ratifica en el
"Concepto de Patria Potestad": es un delito contra el Derecho Universal Natural.
Se ve claramente que la Patria Potestad es una negación de la Libertad Original del
Hombre. Y en consecuencia la Patria Potestad es un delito contra la Libertad del
Ser.
Si tomamos la evolución de la Libertad desde la Esclavitud al Concepto de Patria Potestad ciertamente advertimos una creciente y positiva evolución ontológica. Mas una vez asumida la Plenitud de su Libertad por el Ser, asumir por quien es Libre la esclavitud que encierra el Concepto de Patria Potestad, por el que otro Ser deviene Propiedad, es, no ya un contrasentido, sino perpetuar el status asesino que duirante Milenios le sirviera de base a las clases aristocráticas a la hora de establecer su derecho al crimen, individual y en masa.
Tomando como medida de toda Libertad Social y Ontológica el Derecho Natural se entiende que la naturaleza del Concepto de Patria Potestad, en cuanto que divide el Ser y hace que se lo apropie una Parte del Matrimonio Procreador, es un Delito contra la Libertad Original del Ser, que admite Tutoría, pero jamás su Propiedad, pues cualquier o toda Propiedad del Ser sobre el Ser determina un status de esclavitud, y que ésta sea parcial o total no le quita ni le añade al Hecho.
Toda Esclavitud es, como defendemos, ya parcial ya total, un atentado contra el Derecho Universal Natural.
Por lo cual cualquiera sea la parte del Matrimonio Procreador que acuda a la Patria Potestad en detrimento de la Tutoría Ontológica, es una parte delictiva y se integra dentro de la Razón Delincuente formada por el Poder que hizo la Ley y por la Justicia que contra Justicia aplica esa Ley esclavista. Así que partiendo la Ley del Divorcio que
el Siglo XX puso sobre la mesa de este Delito ¿a quién le extraña que
las consecuencias de la aplicación de una Ley fundada sobre un Concepto Esclavista
procediera a lo que se diera por llamar Crimen de Género?
Pero no porque el Futuro suela estudiar el Pasado con la
pasión de quien estudia el comportamiento de un patio de locos, el Presente,
que vive bajo los efectos de dicha locura, puede permitirse la risa. Y no
porque el Presente no se halle libre. La determinante básica de la Inteligencia
es la abstracción, plataforma desde la que el espíritu observa el tiempo y
deduce sus leyes y sus consecuencias.
Y si desde las causas se obtienen unos efectos, es una
lección muy antigua que desde los efectos se pueden llegar a las causas. Que el
matrimonio justicia-política impusiera en el Siglo XX el destierro de esta
sencilla razón de su esfera, afirmando que el sistema causa-efecto no debe
aplicarse a su clase específica, esto no quiere decir que la ley deje de seguir
su curso. Es decir, si existe un Crimen de Género es porque existe una causa,
en este caso, una ley criminal reguladora de la relación procreadora,
cuyo efecto es el crimen. De manera que si, siguiendo la ley, hacemos
inoperativa la causa: dejará de sucederse el efecto.
La legitimación del fracaso de la ley política, que
llaman del Divorcio, como proceso natural inherente a la propia estructura del
Ser es lo que ha recibido el título pomposo "Crimen de Género".
Observemos que en su día la generación de Darwin
legitimó el fracaso de la fuerza racional humana para superar el dilema de la
tragedia de la Civilización, desde los tiempos antiguos dividida en dos clases,
antagónicas y enemigas, la del fuerte y la del débil, elevando el fracaso a
ciencia, y dándole un nombre científico: Selección Natural. Con este pomposo
título y filosofía el Poder buscó la obediencia ciega del Hombre que se había
alzado negando que el Poder reciba de Dios su derecho sobre la vida y la
muerte. Como dice la canción: A kind of magic.
En este caso del Divorcio la clase política quiso
cerrar su fracaso para vencer los efectos de la naturaleza delictiva del Hombre
en cuanto Propiedad, que recoge el Concepto de Patria Potestad, elevando las
consecuencias de esta Ley Criminal a la estructura natural de la relación entre
hombre y mujer. Y le puso un nombre: Crimen de Género.
Si el siglo de Darwin quiso reducir la lucha por la
Libertad del Hombre a un estado de locura del pobre, canonizando de esta manera
la Ciencia su fracaso para entender las causas de esta Lucha Milenaria del
pobre contra el rico, el Siglo XX se lavó las manos sobre las consecuencias de
la Ley criminal que le sirve de base al Crimen de Género, entregando al hombre
y a la mujer al imperio de la ley criminal que le sirviera de regulación a su
unión procreadora.
La única salida de esta situación desastrosa es la Abolición del Concepto de Patria Potestad, la Declaración de la Tutoría Ontológica Procreadora, estableciendo Igualdad de condiciones en el Acto de Formación del Ser Procreado, implicando delito la separación de los hijos de sus padres por una parte de la Pareja Procreadora, reestableciendo la relación de los padres con los hijos, y mediante esta Igualdad proceder a elevación de la Libertad del Ser, afectado por la Incompatibilidad de Caracteres en el Origen de la Finalización de la Unión Matrimonial, a su Plenitud. ¡Derechos iguales, deberes iguales!.
El análisis de los efectos que la negación de la Plenitud de la Libertad del Ser sobre la parte procreadora afectada y la relación de estos efectos con el Crimen de Género debe desgajarse, lógicamente, de las causas coadyucentes referidas al adulterio, la maldad de las leyes de división de los bienes y la delictividad de la justicia por dejaciòn de sus deberes. Pero esta distancia no debe jamás excluirse como factor participativo en ese efecto final que el Crimen de Género.
En definitiva, mientras el Ser esté sujeto al Concepto de la Patria Potestad y nazca esclavo, condenando mediante la Libertad Original que defiende el derecho Natural y el Divino, el Crimen de Género, aún cuando las otras causas se pulieran, seguiría existiendo, porque al ser una Propiedad la parte procreadora alienada luchará hasta la muerte por lo que es suyo, y siendo una propiedad para la parte favorecida ésta usará lo que es suyo como arma de venganza o simplemente de escarnio, tanto una como la otra parte olvidando que el Ser del Hombre en su Infancia no es de la Propiedad de nadie, y sólo está bajo la Tutoría de sus Progenitores hasta que la Vida en él alcanza la Plenitud de su Autonomía e Independencia Física e Intelectual.
Observamos en la experiencia del Divorcio cómo la mala natura, apoyada por la injusticia que el poder establece y la ley defiende, irrumpe en la Civilización y priva al Ser de la Libertad alcanzada por Derecho, Natural y Divino. Bajo las ruedas del enfrentamiento lógico en la etapa del Divorcio la abolición de la Libertad y la involución hacia la esclavitud del Ser Humano deviene el pan de cada día del Ser, que, indefenso para luchar por sí mismo, asiste impotente a ser arrastrado, contra natura, lejos de su Derecho Natural, para ser tratado como un vulgar esclavo cuya propuedad le pertenece, por ley, a una de las partes de su Origen.
Dicen que No, la justicia lo dice, que la Patria Potestad lo niega. Pero el simple hecho de su existencia es ya un tráfico de personas, y en consecuencia un delito, de manera que su misma existencia es causa de crimen. En los casos más extremos observamos que corre la sangre. Pero en la mayoría de los casos ¿quién ve lo que muere en el Ser? Obviamente de esta muerte la justicia se limpia las manos. Lo que de no hacerlo, cuando se limpia no ya las manos sino hasta el cuerpo de la sangre que corre, sería un improcedente.
En lo que atañe, pues, a la Patria Potestad como causa eficiente contributiva al Crimen de Género, su abolición y la Declaración de la Tutoría Ontológica, determinando Deberes y Derechos Iguales, es de una necesidad existencial sin concesiones. Partiendo de esta plataforma las partes tendrán que determinar su Divorcio y sus relaciones Postreras de acuerdo a una Ley de Libertad y no a un Delito por el que el Ser deviene un esclavo cuya propiedad le pertenece a todos menos a él mismo.
El Divorcio en sí, referido desde esta plataforma de aplastamiento de la Libertad y del Derecho del Ser, es un delito y en conscuencia las partes maquinan sin mirar al Tercer Miembro de la Cuestión, el hijo. ¿DSebe sufrir el hijo las consecuencias de los errores de los padres?
La Ley del Divorcio del Siglo XX determinó que sí. Y los padres más afectados y más débiles respondieron con el Crimen. La Justicia fue la culpable, el Poder fue el origen y la ley, su razón.
La Justicia nunca debe mirar al más fuerte, sino al más débil. Pero cuando la Justicia y la Ley vienen determinadas por el Poder, ¿qué se puede esperar sino el crimen y el delito como fruto de la justicia y la ley?
En lo que respecta al Divorcio como causa contributiva al Crimen de Género todo lo que se diga de más es ofensa contra el Ser y su Libertad Natural y Divina. Pues es evidente que la plataforma sobre la que se va a mover la persona determina su pensamiento. Si tiene que caminar por una regiónde barro adoptará y pensará de acuerdo a la naturaleza del terreno, si por una zona pedregosa adoptará los zapatos y el vestido a esa natuyraleza. De la misma manera si a quien se divorcia se le pone una plataforma en la que sus rencores, sus venganzas y sus celospueden ser descargados, pensará acorde a esta opción tenebrosa, Pero si el divorcio le pone sobre un terremno en el que esas razones no tienen ningún juego, se moverá ante el hecho deñl divorcio acorde a esta nueva realidad.
Y pues que la función de la justicia es defender al débil, y en este caso es el Niño, una ley que le sirve a las partes un terreno abierto a la venganza, los rencores, y... el crimen... es una ley maligna, y quienes la aplican son responsables de los crímenes que por esa ley se acometen. Y decir que "es la ley" es una ideología criminal de la misma naturaleza que la proclama "yo soy el Estado". Si la misión de los hombres es cambiar las leyes a fin de que la Ley sea el reflejo de la riqueza de su Ser, ¡cuánto más quienes tienen que moverse en ella tienen la misión de levantarse contra el Poder y unirse a la Sociedad demandando la abolición de las leyes malignas que, por ley del Poder, deben aplicar, siendo parte del crimen que el Poder ampara con su ley!
