EL POLITIKOM ONTOLOGIA DEL PODER.-EL ORIGEN DEL PODER ABSOLUTO I
El origen
de la Guerra es el Deseo de Poder Absoluto; y el medio de darle realización a
este Deseo es el Crimen. La experiencia, que no nos falta en este asunto de la
Ciencia del bien y del mal, así lo testifica poniendo ante el tribunal de la
Historia el Fratricidio de Caín contra Abel como ejemplo visible de la
Matanza que en sus días se realizara y desencadenó el Fin de la Primera Edad
del Hombre.
Son ya
múltiples los testimonios de fuentes escritas no bíblicas, y que no conocieron
la Biblia, las que saliendo de la tumba han abierto la Memoria de la
Civilización a una Tragedia que marcó un Antes y un Después en la Historia del
Género Humano. Se entiende que el Ateísmo Científico, ya consolidado, hiciese
todo lo posible por silenciar la voz de los muertos, máxime cuando la Ciencia
en su conjunto había cambiado la Doctrina de la Igualdad de los Derechos
Divinos del Hombre por la Teoría de la División de la Raza Humana en dos
especies, la del Pobre y la del Rico, en términos darwinistas: Fuertes y
Débiles. Teoría que vino a darle respuesta al Dilema del Poder de Dios y la
Tragedia del Género Humano, y justificar con su Hipótesis el Derecho de las
clases gobernantes al Poder Absoluto, siendo absueltas del crimen de su
ejercicio en base a la Selección Natural, raiz de su derecho al Gobierno de los
Pueblos mediante la Fuerza.
Digamos en
descargo de la carga latente de hiperfascismo que Darwin dibujó en su Teoría de
la Evolución, que el pobre hombre, siendo por su background nacional de
tendencia imperialista, absolutamente natural para él el derecho de la Corona
Británica a aplastar a las naciones y ostentar poder sobre la vida y la muerte
de todo inglés, predeterminado su pensamiento por esta tara mental, era lógico
que su inteligencia fuese impotente para abstraerse del problema de la
Naturaleza de su Siglo y, esclavo de su Cuna, no viese ninguna violación de la
Ley Natural en el Poder Absoluto, que le convenía ahora a la Reina: por Orden
Divino no pero sí por Selección Natural.
¿A quién
le extraña que la Corona lo elevara al altar de los Lores?
No vamos a
entrar ahora en la participación del Ateísmo Científico en el conjunto de
causas que, acumulándose, arrastraron a las naciones del Siglo XX al campo de
Gog y Magog. Aunque su participación fue masiva. Lo que nos interesa a nosotros
es cómo abolir la herencia del Poder Absoluto, que jamás ha sido abortada sino
pasada de unas manos a otras; y legar a los Siglos que vienen una Civilización
Libre fundada, no en el Miedo a la Guerra, sino en el Derecho del Género Humano
a la Paz.
Basta
estudiar la estructura del mundo tal cual se nos presenta a la inteligencia y
seguir la línea de caída de los pueblos en el Absolutismo para encontrar la
diana hacia la que dirigir la flecha del pensamiento, mirando a cortarle a todo
hombre, sea quien sea, el acceso al Poder Absoluto.
II
La
estructura del mundo es el reflejo de nuestro pensamiento. El pensamiento es el
origen de la idea a cuya imagen y semejanza es creada toda sociedad. Luego la
sociedad es el reflejo del pensamiento.
No hay
necesidad de perderse en una discusiones filosófico-metafísicas sobre la
conexión invencible entre pensamiento-idea-sociedad. La existencia de la
ideología un hecho universal determinante de las fuerzas de gobierno bajo cuyos
principios – ora políticos, ora religiosos, económicos o científicos – se rigen
las naciones, las palabras sobran cuando el discurso proviene de los hechos.
Pero aquí podíamos descender a los bajos estratos de la dialéctica y liarnos a
bocados con esos principios.
Ha sido el
método, la costumbre, el instrumento de guerra o como quiera llamarsele,
adoptado por los pensadores de todos los tiempos; refutar los sistemas para
abrirle camino al propio. Es un método puritano tan manido que la sola idea de
echar mano de su recurso sería por mi parte una manera de esquivar la cuestión
sobre la relación entre pensamiento y estructura social. Baste decir que no
existiendo el pensamiento en ninguna especie, fuera del hombre, es natural que
la civilización sea privativa de la especie que sí tiene en el pensamiento su
naturaleza, nosotros, el hombre. La importancia de la naturaleza del
pensamiento, en consecuencia, emerge de esta exclusividad universal que priva a
toda especie de cualquier manifestación organizativa sujeta a leyes no
autómatas - tipo instinto – y deviene exclusiva de la especie inteligente en
cuyo cuerpo la Vida alcanza su apogeo al ser ella misma la que deviene ser, en
este caso, el hombre.
Fuera de
las contradicciones y frente a la estructura de un mundo que nos viene dado,
tenemos muchas maneras de actuar sobre la estructura social de las naciones. La
Historia está llena de ejemplos respecto a la acción basada en la Fuerza. Pero
solamente en los últimos siglos el Pensamiento vino a formar parte de la
Razón Creadora de la Civilización.
Aunque el
pensamiento viniera actuando desde milenios atrás de siempre estuvo
sometido a la Fuerza de las armas, y, consecuentemente, el pensamiento utilizó
la fuerza de las armas, generando el concepto de Revolución como método de
actuación sobre la estructura del mundo.
Pero el
ideal utópico de la inteligencia es el Pensamiento, Libre de cualquier
coerción, como instrumento y método de transformación de las estructuras
sociales. De donde nace el concepto de Diálogo como Parlamento de trabajo.
III
La
experiencia, ésa realidad que nos viene impuesta y obervamos en toda su
extensión sobre la faz de nuestro mundo, tiene por vocación aborrecer el
pensamiento no sujeto a ideologías presupuestas, y su fin en hacer del hombre
un esclavo del pensamiento escrito, comentado y transmitido bajo decreto a las
generaciones, entre las que nosotros mismos fuimos una de tantas.
Ahora
bien, Dios creó al hombre desnudo, y no precisamente para que el macho y la
hembra hiciesen del sexo su norma y norte, el tope de la experiencia que puedan
alcanzar. Contrariando a tanto beato y demás torpes, la desnudez del hombre se
refería a su no posesión de armas de guerra y, lo que es más trascendente, a su
ignorancia sobre la ciencia de la guerra. Ignorancia maravillosa por la que la
Palabra y el Diálogo fue el instrumento de acción de las primeras familias y
sus creaciones.
Es verdad
que en las cavernas y primeras habitaciones humanas las pinturas reflejan el
conocimiento del arco y la flecha. Como no es mentira que en esas mismas
proyecciones de la mentalidad humana de nuestros primeros orígenes esas flechas
jamás tuvieran al hombre por diana, y sí las bestias. Arcos y flechas,
cuchillos y hachas prehistóricas no fueron armas de guerra y sí instrumentos
necesarios para la existencia de las primeras sociedades naturales. El alto
grado de composición pictórica alcanzado en las cavernas murales negaría esta
afirmación y afirmaría la negación establecida mediante la representación del
hombre como enemigo, algo que sólo se produciría en lo que llamamos propiamente
Historia, y era desconocido en la Prehistoria, eso, la Guerra. Y porque era
desconocida el arte prehistórico ejerce su mano situando al hombre frente a la
naturaleza, y jamás al hombre frente al hombre. Ya sabemos que, posteriormente,
y apenas a un paso en el tiempo, las grandes mentes de la ciencia, utilizando
la técnica de lavado de cerebro, borraron del Pasado del Hombre su verdadera
Memoria e instalaron en su Mente un Programa de Souvenir de las Edades
Prehistóricas escrito en las cloacas del Poder, dentro de cuya estructura el
hombre fue una bestia para el hombre desde que la bestia se hizo hombre. Habría
mil formas de refutar esta perversión del conocimiento científico, jamás
avalado por los Hechos, impuesta a la Historia en base a la mediocridad del
intelecto científico de los dos últimos siglos pasados. Este Siglo se encargará
de poner a secar los cerebros. Así que sigamos.
IV
Pensar no
lo es todo, pero es lo máximo, y de aquí que la ruina de las sociedades y la
destrucción de las civilizaciones procediesen como efecto del embrutecimiento
del pensamiento humano. Sin ir más lejos no olvidemos que el mecanismo de todo
poder, independientemente de su cobertura democrática, tiene en la anulación
del pensamiento, mediante la imposibilidad de ejercerlo en base a la
esclavización del hombre al trabajo, su aliado dantesco.
El trabajo
es necesario, porque el hombre en tanto que ser es un ente creativo y creador
que necesita expresarse actuando sobre la materia, pero cuando el trabajo
deviene una cadena al muro de la supervivencia el trabajo es una maldición. De
aquí que, conociendo esta ley, Dios hablase en su Juicio descubriéndole al
mundo, una vez que el mundo eligió entre la Palabra y la Fuerza la consecuencia
de su elección: “Polvo eres y al polvo volverás”.
Tenemos,
entonces, dos realidades que son las dos monedas de una misma cara. El trabajo
como expresión del desarrollo creativo del ser humano, que le es inherente a su
propia existencia; y el pensamiento como expresión creadora de su inteligencia.
Mediante el trabajo el hombre actúa en su sociedad primaria, individual y
personal; mediante el pensamiento el hombre actúa en el conjunto de la sociedad
y su civilización. De una forma natural digamos que el trabajo transforma el
espacio en el que el ser se mueve, y el pensamiento actúa sobre el tiempo en el
que el ser avanza.
Cuando el
ser se fija en el espacio, haciendo del trabajo y su actividad el absoluto, la
sociedad se condena a la oscuridad de la ceguera del que no dirige el curso de
su actuación sobre las fronteras del tiempo y hace del aquí y el ahora su todo,
abandonando el futuro a las fuerzas caóticas inherentes a la locura de la
negación del ser. Es decir, somos inteligentes por naturaleza y en consecuencia
el tiempo no puede ser desligado del espacio, o lo que es lo mismo, el trabajo
del pensamiento. Un hombre que piensa y no trabaja no es un sabio, es un
esclavista; y uno que trabaja y no piensa es un esclavo. El futuro inmediato de
la Historia del Hombre tiene en el encuentro de este equilibrio su próximo
salto.
Diferenciemos,
consecuentemente, entre Poder absoluto y Poder Natural. El Poder Absoluto
procede de la negación de la Palabra a la Sociedad sobre la razón que procede
de las armas. El Poder Natural es aquel que se basa en el Diálogo y establece
sus conclusiones sobre el Pensamiento de los hombres, Diálogo realizado entre
hombres desnudos, es decir, voluntaria y libremente acogidos a la
afirmación de la Palabra como Camino y la negación al recurso de la Fuerza,
negación que deviene Ley, tal que el tiempo para el Diálogo es todo el del
mundo y la acción estructural tiene su curso en el Pensamiento de la Sociedad.
Identifiquemos,
de aquí, la actitud del sujeto absolutista. Y, siendo la Historia rica en memorias,
no nos será muy difícil concebir que el sujeto absoluto tiende por inercia
mental, superior a sus propias fuerzas, investirse de todos los poderes de
quien ejerce la Fuerza de las armas para imponerle a la Sociedad su
Pensamiento.
En las
sociedades absolutistas de los siglos pasados la Jefatura del Estado y la
Dirección de todos los cuerpos policiales, amén del gobierno de todas las
componentes de la Sociedad, eran la propiedad del sujeto absolutista. Y estas
propiedades le venían por derecho divino, la sangre azul …
En las
sociedades del Siglo XX aquél absolutismo devino Figura y se hizo legal en la
persona del Jefe del Estado. El Abolutismo no desapareció, por tanto, sino que
se adaptó a la época. Pero el fin del Absolutismo no es su adaptación: sino su
abolición. El Presidencialismo Democrático devino el producto final de aquella
Adaptación de la bestia absolutista a las circunstancias sociales de la
Civilización, y desde esta nueva posición celebró sus orgías bélicas y arrastró
a las naciones al campo de Gog y Magog.
No
importa, pues, la bondad de las personas sino la maldad de la posición sobre la
que se establece su pensamiento en base a la Fuerza que da el Poder Absoluto
sobre los cuerpos armados de un Estado. ¿Por qué aspira un sujeto a la
Dirección Omnipotente sobre los ejércitos y los cuerpos policiales sino en
razón de la necesidad que tiene de establecer su pensamiento, contra la
Naturaleza de la propia Sociedad, sobre la Fuerza de las armas?
Es la
propia figura del Jefe del Estado la que se opone a la Libertad de Pensamiento
del ser y se levanta entre el Presente y el Futuro para someter la Libertad al
pensamiento de un grupo. Esta Figura del Pasado es la heredera directa del
Poder Absoluto de los antiguos emperadores y reyes sobre la Paz y la Guerra,
que es, desde el pensamiento del ser, una negación del hombre a su propia
naturaleza, por en cuanto esta decisión universal en manos de un individuo y su
grupo significa una violación de la voluntad del hombre en tanto que hombre.
La
Democracia Estadista y la Sociedad Monárquica fueron los dos muros contra
los que se estrelló la convivencia pacífica de las naciones durante el siglo
pasado y ponen en peligro la Paz y la Libertad en nuestro Siglo. Mientras estas
dos figuras, la Democracia Presidencialista, con Poder sobre la Paz y la
Guerra, y el Jefe de Estado, con atribuciones complementarias de Dirección
sobre los cuerpos armados policiales del Estado, sigan existiendo: el
Pensamiento humano, y por tanto, la Civilización seguirán moviéndose a golpe de
revoluciones.
La
desnudez de todo Gobierno y, en consecuencia, la exaltación de la Palabra como
Ley Suprema, descansa su Valor Todopoderoso en la Separación entre Parlamento y
Ejército, plataforma de encuentro del que nos separa la Figura del Jefe de
Estado, de un sitio, y la Democracia Presidencialista, del otro. De la
realización de esta Separación durante nuestro Siglo dependerá la supervivencia
de nuestra Civilización tal como la concebimos en nuestro Pensamiento, basada
en la Libertad y la Paz para disfrute de las generaciones que nos sucederán,
nacidas de nuestras carnes, y formadas para mantener separadas la Fuerza y la
Palabra.
V
El
Ejército, tomado en tanto que concepto, tiene por función la Custodia de
un territorio, y esta Custodia tal que ningún Ejército viole las fronteras
sujetas a su Custodia, y bajo ningún concepto, no dándose esta violación, el
Ejército pasa al otro lado de las fronteras bajo su Custodia. En este sentido
el Ejército es el Derecho a la defensa de la Vida de un Pueblo en tanto que
Nación. No representa ninguna Fuerza sino la expresión real de un Derecho.
Desde esta
plataforma el Ejército no sale jamás de sus cuarteles. Desde este
principio afirmamos la imposibilidad invencible de un golpe de Estado. Los
Parlamentos resuelven los problemas mediante la palabra, y sólo mediante la
Palabra. Y las Naciones sus diferencias mediante el Diálogo, y sólo mediante el
Diálogo.
Este
Principio determina la Separación del Cuartel del Parlamento y del Militar del
Político, estableciendo la conexión ente Ejército y Gobierno, mediante
adcripción de Partido, como violación del Deber Militar, y por tanto causa
irresoluble del cese de Contrato entre el individuo y el Estado. Y en el caso
del político como causa potencial de delito para asociación criminal con vistas
a la sublevación para consumación de golpe de Estado.
VI
La
Policía, en cuanto concepto, es el cuerpo social orientado hacia la lucha
contra el Crimen, y su sujeción a un Gobierno temporal es una violación de su
naturaleza en la medida que su esclavitud al Poder le impide ejercer
su función con las garantías de Libertad natural a su trabajo. Desde esta
principio la utilización del cuerpo policial contra las manifestaciones del
Pueblo en el ejercicio de la Palabra: es un delito contra la propia estructura
social de la Nación, y su transformación en un cuerpo represor, no mediando la
violencia del pueblo en la manifestación de su humanidad, un delito contra
la Sociedad.
De donde
se ve que la Policía tiene por Deber luchar contra el Crimen y cualquier
desviación de este Deber de trabajo, cargando sobre el Pueblo, es causa de cese
de contrato entre el individuo y el Estado, y determina la criminalidad del
Gobierno en funciones de mediar sangre en la perversión de las funciones.
La Policía
no sale jamás de sus centros de trabajo sino en cumplimiento del Deber para el
que es contratado su cuerpo, la lucha contra el crimen, aislado u organizado, y
jamás en violación de este Contrato. Mediante este principio el abismo entre
Parlamento y Pueblo queda abolido y la manifestación de la Palabra de la Nación
sobrepuesta a la tendencia del absolutismo del Poder, por el que utiliza la
represión sangrienta y violenta contra el ejercicio de la Humanidad natural al
ser.
VII
Resumiendo:
Basta estudiar la estructura del mundo tal cual se nos presenta a la
inteligencia y seguir la línea de caída de los pueblos en el Absolutismo para
encontrar la diana hacia la que dirigir la flecha del pensamiento, mirando a
imposibilitar a todo hombre, sea quien sea, el acceso al Poder Absoluto.
El primer
paso hacia la Paz es la abrogación de la figura del Jefe de Estado.
No hay
excusa que sirva de justificación a la hora de coexistir frente a una figura
que, sirviéndose de las circunstancias, puede proceder libremente a la
instauración de la Tiranía y la Dictadura.
La Memoria
de la Civilización, que llamamos Historia del Género Humano, o Universal, según
el punto de vista del historiador, nos presenta infinitos casos de paso de los
dictadores en potencia a dictadores en acto utilizando este paso por el que se
lleva a la transfiguración de una persona en una Figura. Y que, entretanto no
se ha producido el milagro, el sujeto se las arregla para mantener su
apariencia de cordero, máscara que se quita cuando es demasiado tarde y el lobo
que se escondía detrás del cordero de Ayer devino el Dictador y Tirano del
Mañana. Que, por supuesto, excusará y justificará su Delito en la Necesidad de
combatir el Fascismo de la Oposición ...
La
Demagogia es tan vieja, en efecto, como la Democracia. Pero lo que
verdaderamente alucina es cómo siendo tan vieja los pueblos siguen cayendo en
su telaraña.
La
Historia es la que testifica en contra de la Figura del Jefe de Estado, legado
de las Monarquías Absolutas, cuya pervivencia es un Peligro constante para la
Civilización al hacer imposible la Regulación del Movimiento del Ejército de
acuerdo a la Ley para la que ha sido creado: Protección de las Fronteras bajo
su Custodia y prohibición de avance sobre las mismas para cualquier fuerza
extranjera.
No estando
sujeto el Ejército a ninguna otra Ley es imposible que la Democracia degenere
en Dictadura por en cuanto la coronación de ésta necesita del Ejército, y
estando Libre el Ejército de cualquier participación en la Dinámica de la
Política: la salida del Cuartel del Ejército es un Delito contra la Nación que
aquéllos que lo realizan acometen exponiéndose a las consecuencias debidas a la
Amenaza de Guerra Civil.
VIII
La
Sociedad, en cuanto Civilización, está expuesta a transformaciones constantes,
derivadas de su progreso y avance en el conocimiento de las fuerzas del
Universo, que aplicadas a la Tecnología ponen sobre la mesa problemas nuevos,
para solucionar los cuales están los Gobiernos. Estas respuestas se basan en la
inteligencia y estando la inteligencia humana expuesta a la dinámica del error
y el acierto, el síntoma del Poder Absoluto tiene por manifestación querer
imponer la voluntad personal a toda costa, revistiéndose de la figura de Jefe
de Estado, es decir, amenazando con Guerra Civil y Dictadura en caso de
reprobación de dicha Voluntad Personal.
La
Necesidad Histórica de abolir la Figura del Jefe de Estado y desligar el
Gobierno del Ejército es, como se ve de los Hechos, vital. Es esta Figura,
representada ayer por las coronas, con su Orden Divino, y al presente por el
sistema presidencialista democrático, basado en el Orden Natural - dicen -, la
cueva donde el dragón de la Guerra y el basilisco de la Dictadura crecen y se
mantienen a la expectativa hasta la Hora de escupir por su boca el Fuego del
Horror.
Ahora
bien, el Absolutismo político necesita esta Figura a fin de imponer, vía
democrática, el interés de Partido, y emplear el discurso de la Guerra Civil
como instrumento de imposición de la voluntad de quien, por el miedo, impone la
infalibilidad de su respuesta a los problemas nuevos que, como se ve, la
Civilización pone sobre la mesa según las generaciones se van sucediendo.
Nada más
contrario a la Inteligencia del Hombre Libre que la aceptación de esta
Infalibilidad Política, y nada más natural a la misma que la identificación de
dicha Mentalidad con la de un Dictador en potencia que se está labrando su
camino hacia la Tiranía sobre la Teoría Delictiva de la justificación que le
presta –según su doctrina - el Fascismo de la Oposición.
Pero
cualquiera sea el juego que el Futuro depare a nuestros descendientes se
entiende que roto el acceso del Gobierno al Mando Supremo del Ejército, que
reposa exclusivamente en su Estado Mayor, la vía hacia la Dictadura queda
imposibilitada y será el propio intento el que acuse al Gobierno de turno del
Crimen consecuente en razón de lo avanzado del golpe de estado que se pretenda
dar causando entre la Cúpula del Ejército división ideológica de naturaleza
cualquiera.
El
Ejército obedece exclusivamente a la Ley de la Paz y Defensa de las Fronteras
asignadas a su Custodia; y, en lo Internacional, a lo que disponga la Alianza
Internacional de las Naciones, a cuyo Consejo de la Plenitud de las Naciones,
deberá el Cuerpo de los Estados Mayores de dicha Alianza su Obediencia en lo
concerniente a las Fuerzas De Pacificación Universal.
Sólo sobre
esta base el Futuro de la Civilización abrirá a nuestros hijos y los hijos de
sus hijos un camino por el horizonte de los siglos, cuyos meandros y
destinos desconecten desde Hoy y para siempre la posibilidad de la Caída
del Género Humano en un Nuevo Fratricidio a nivel nacional o mundial. Cómo
llegar a este punto de partida es el problema.
El
principio es, sin duda alguna, la abolición de la Figura del Jefe de Estado y
la adopción del Ejército de la Custodia de las Fronteras de la Nación, y esta
Custodia establecida sobre la Ley de la Paz.
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