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La esclavitud del hombre tiene su origen en el fratricidio. Nadie me negará que la razón - dejando ahora aparcado
el carácter divino del tema - del asesinato de Caín sobre Abel, tuvo su lógica
en el latrocinio de la propiedad de Abel, medio por el cual Caín esperaba
obtener, privado su hermano de todo medio de subsistencia, que Abel le vendiera su fuerza, de la que Caín obtendría, pan y agua a cambio, la fuerza de
Abel, y en cuanto señor de ésta Caín podría lanzarse a la conquista del mundo. Es decir, por el pan y el agua Abel se
convertía en esclavo de su señor, su hermano Caín, quien tendría sobre su vida
todo poder. Según la Biblia éste fue el principio de la esclavitud.
Se ve que las manifestaciones de la esclavitud han ido
cambiando a medida que el conocimiento de las naciones ha ido creciendo en
experiencia. Es decir, el discurso del esclavista ha ido adaptándose a
las épocas en mente, siempre: la transformación de la fuerza humana como medio
de Poder para imponer sobre las naciones el imperio de su voluntad. Y nadie
creerá que quien tiene como origen de su riqueza y Poder la expropiación de los
bienes de su hermano, homicidio mediante
alzándose contra el propio Dios, tenga complejo alguno a la hora de asesinar a
todo el que se cruce en su camino. Si alguno lo duda, no lloraremos sobre su
tumba porque él sea la próxima víctima. No es la Propiedad la que debe ser abolida, sino la esclavitud del hombre, el
dominio de un hombre sobre otro.
Pero mientras persistan las condiciones, la herencia de los milenios es
más fuerte que el individuo y la Historia.
Una experiencia de milenios marca el inconsciente y únicamente
una Formación del
Hombre en cuanto Persona dotada de todos los Atributos inherentes al Ser,
sujeto de todo Derecho y protagonista de todo Deber, puede, sin violencia,
abrirle el camino a una Civilización en la que cada Persona es de por sí un
Universo, un Mundo, un Viviente investido de todas las propiedades del espíritu
Creador, inmanipulable e incapaz por ley propia de manipular a su semejante.
En el frente social el Futuro de una Civilización edificada sobre el espítitu
de la Palabra y no en la Fuerza de las armas como plataforma de crecimiento se
debe basar en los parámetros innegociables de la
Libertad. Obviamente nos enfrentamos a una Revolución Ontológica que ha sido
ralentizada por el Siglo XX a raiz del intento frustrado de Geocidio que las superpotencias
del momento ejecutaron contra la Biosfera, que no se consumó pero que sí ha dañado
su estructura. La extensión incotrolable
del cáncer y la debilitación del sistema inmunológico humano fueron los efectos
de la ultracuantificación del tejido biosférico. Ceguera, cáncer, tuberculosis, enfermedades que se creían vencidas han
vuelto al campo de batalla a raiz del debilitamiento de un sistema inmunológico
expuesto a la radiación liberada por 40.000, 50.000 bombas atómicas. ¡El tabaco
tiene la culpa! -por supuesto. Los aerosoles de una India más pobre que las
ratas - ¡Claro!
La realidad es que estamos en la frontera del siglo de media de vida, y avanzando hacia los 120 años por norma. Bajo una Civilización regida por esta media de
vida los cánones y las leyes que supusieron la norma social del siglo XX, no
sólo son nefastos sino que son un ataque directo a la existencia del Hombre en
cuanto Hombre.
A su tiempo cada cual se las ve con la horma de su zapato – dice el
proverbio. Nosotros, dejando el tema de la descripción del camino, nos
centramos en la meta. ¿O acaso alguien se echa a andar sin tener una dirección
determinada? Antes de soltar las aguas es
necesario abrirle camino a la riada, o las aguas se desmadrarán, lo inundarán
todo, provocando caos y destrucción cuando con trazar una dirección basta para
que las aguas por su propio peso alcancen el mar.
La precipitación no es buena y actuar sin inteligencia es un suicidio.
De haberse esperado el faraón a que Moisés pasara las aguas ¿además de salvarse
no hubiera alcanzado su meta? El fin del Ateísmo, en consecuencia, es su desaparición
de la faz de la Historia. Seguiremos tocando este tema en otra ocasión. Ahora centremos nuestro pensamiento.
I
El origen de la Guerra es
el Deseo de Poder Absoluto; y el medio de darle realización a este Deseo es el
Crimen. La experiencia, que no nos falta en este asunto de la Ciencia del bien
y del mal, así lo testifica poniendo ante el tribunal de la Historia el
Fratricidio de Caín contra Abel como ejemplo visible de la Matanza que en sus días se realizara y desencadenó
el Fin de la Primera Edad del Hombre.
Son ya múltiples los
testimonios de fuentes escritas no bíblicas, y que no conocieron la Biblia, las
que saliendo de la tumba han abierto la Memoria
de la Civilización a una Tragedia que marcó un Antes y un Después en la
Historia del Género Humano. Se entiende que el Ateísmo Científico, ya
consolidado, hiciese todo lo posible por silenciar la voz de los muertos,
máxime cuando la Ciencia en su conjunto había cambiado la Doctrina de la
Igualdad de los Derechos Divinos del Hombre por la Teoría de la División de la
Raza Humana en dos especies, la del Pobre y la del Rico, en términos darwinistas:
Fuertes y Débiles. Teoría que vino a darle respuesta al Dilema del Poder de
Dios y la Tragedia del Género Humano, y justificar con su Hipótesis el Derecho
de las clases gobernantes al Poder Absoluto, siendo absueltas del crimen de su
ejercicio en base a la Selección Natural, raiz de su derecho al Gobierno de los
Pueblos mediante la Fuerza.
Digamos en descargo de la
carga latente de hiperfascismo que Darwin dibujó en su Teoría de la Evolución,
que el pobre hombre, siendo por su background nacional de tendencia imperialista,
absolutamente natural para él el derecho de la Corona Británica a aplastar a las naciones
y ostentar poder sobre la vida y la muerte de todo inglés, predeterminado su
pensamiento por esta tara mental, era lógico que su inteligencia fuese impotente
para abstraerse del problema de la Naturaleza de su Siglo y, esclavo de su Cuna,
no viese ninguna violación de la Ley Natural en el Poder Absoluto, que le
convenía ahora a la Reina: por Orden Divino no pero sí por Selección Natural.
¿A quién le extraña que la
Corona lo elevara al altar de los Lores?
No vamos a entrar ahora
en la participación del Ateísmo Científico en el conjunto de causas que,
acumulándose, arrastraron a las naciones del Siglo XX al campo de Gog y Magog. Aunque
su participación fue masiva. Lo que nos interesa a nosotros es cómo abolir la
herencia del Poder Absoluto, que jamás ha sido abortada sino pasada de unas
manos a otras; y legar a los Siglos que vienen una Civilización Libre fundada,
no en el Miedo a la Guerra, sino en el Derecho del Género Humano a la Paz.
Basta estudiar la
estructura del mundo tal cual se nos presenta a la inteligencia y seguir la línea
de caída de los pueblos en el Absolutismo para encontrar la
diana hacia la que dirigir la flecha del pensamiento, mirando a cortarle a
todo hombre, sea quien sea, el acceso al Poder Absoluto.
II
La estructura del mundo
es el reflejo de nuestro pensamiento. El pensamiento es el origen de la idea a
cuya imagen y semejanza es creada toda sociedad. Luego la sociedad es el reflejo del pensamiento.
No hay necesidad de perderse
en una discusiones filosófico-metafísicas sobre la conexión invencible entre
pensamiento-idea-sociedad. La existencia de la ideología un hecho universal
determinante de las fuerzas de gobierno bajo cuyos principios – ora políticos,
ora religiosos, económicos o científicos – se rigen las naciones, las palabras
sobran cuando el discurso proviene de los hechos. Pero aquí podíamos descender
a los bajos estratos de la dialéctica y liarnos a bocados con esos principios.
Ha sido el método, la costumbre, el instrumento de guerra o como quiera
llamarsele, adoptado por los pensadores de todos los tiempos; refutar los
sistemas para abrirle camino al propio. Es un método puritano tan manido que la
sola idea de echar mano de su recurso sería por mi parte una manera de
esquivar la cuestión sobre la relación entre pensamiento y estructura social.
Baste decir que no existiendo el pensamiento en ninguna especie, fuera del
hombre, es natural que la civilización sea privativa de la especie que sí tiene
en el pensamiento su naturaleza, nosotros, el hombre. La importancia de la
naturaleza del pensamiento, en consecuencia, emerge de esta exclusividad
universal que priva a toda especie de cualquier manifestación organizativa sujeta a leyes no autómatas - tipo instinto – y deviene
exclusiva de la especie inteligente en cuyo cuerpo la Vida alcanza su
apogeo al ser ella misma la que deviene ser, en este caso, el hombre.
Fuera de las contradicciones
y frente a la estructura de un mundo que nos viene dado, tenemos muchas maneras de actuar sobre la estructura social de las
naciones. La Historia está llena de ejemplos respecto a la acción basada en la
Fuerza. Pero solamente en los últimos siglos el Pensamiento vino a formar parte
de la Razón Creadora de la Civilización.
Aunque el pensamiento
viniera actuando desde milenios atrás de siempre estuvo
sometido a la Fuerza de las armas, y, consecuentemente, el pensamiento utilizó
la fuerza de las armas, generando el concepto de Revolución como método de
actuación sobre la estructura del mundo.
Pero el ideal utópico de
la inteligencia es el Pensamiento, Libre de cualquier coerción, como
instrumento y método de transformación
de las estructuras sociales. De donde nace el concepto de Diálogo como Parlamento de
trabajo.
III
La experiencia, ésa
realidad que nos viene impuesta y obervamos en toda su extensión sobre la faz
de nuestro mundo, tiene por vocación aborrecer el pensamiento no sujeto a
ideologías presupuestas, y su fin en hacer del hombre un esclavo del
pensamiento escrito, comentado y transmitido bajo decreto a las generaciones,
entre las que nosotros mismos fuimos una de tantas.
Ahora bien, Dios creó al hombre
desnudo, y no precisamente para que el macho y la hembra hiciesen del sexo su
norma y norte, el tope de la experiencia que puedan alcanzar. Contrariando a
tanto beato y demás torpes, la desnudez del hombre se refería a su no posesión
de armas de guerra y, lo que es más trascendente, a su ignorancia sobre la
ciencia de la guerra. Ignorancia maravillosa por la que la Palabra y el Diálogo
fue el instrumento de acción de las primeras familias y sus creaciones.
Es verdad que en las
cavernas y primeras habitaciones humanas las pinturas reflejan el conocimiento
del arco y la flecha. Como no es mentira que en esas mismas proyecciones de la
mentalidad humana de nuestros primeros orígenes esas flechas jamás tuvieran al
hombre por diana, y sí las bestias. Arcos y flechas, cuchillos y hachas prehistóricas
no fueron armas de guerra y sí instrumentos necesarios para la existencia de
las primeras sociedades naturales. El alto grado de composición pictórica alcanzado
en las cavernas murales negaría esta afirmación y afirmaría la negación
establecida mediante la representación del hombre como enemigo, algo que sólo
se produciría en lo que llamamos propiamente Historia, y era desconocido en la
Prehistoria, eso, la Guerra. Y porque era desconocida el arte prehistórico
ejerce su mano situando al hombre frente a la naturaleza, y jamás al hombre
frente al hombre. Ya sabemos que, posteriormente, y apenas a un paso en el tiempo,
las grandes mentes de la ciencia, utilizando la técnica de lavado de cerebro,
borraron del Pasado del Hombre su verdadera Memoria e instalaron en su Mente un
Programa de Souvenir de las Edades Prehistóricas escrito en las cloacas del
Poder, dentro de cuya estructura el hombre fue una bestia para el hombre desde
que la bestia se hizo hombre. Habría mil
formas de refutar esta perversión del conocimiento científico, jamás avalado
por los Hechos, impuesta a la Historia en base a la mediocridad del intelecto
científico de los dos últimos siglos pasados. Este Siglo se encargará de poner
a secar los cerebros. Así que sigamos.
IV
Pensar no lo es todo,
pero es lo máximo, y de aquí que la ruina de las sociedades y la destrucción de
las civilizaciones procediesen como efecto del embrutecimiento del pensamiento
humano. Sin ir más lejos no olvidemos que el mecanismo de todo poder, independientemente
de su cobertura democrática, tiene en la anulación del pensamiento, mediante la
imposibilidad de ejercerlo en base a la esclavización del hombre al trabajo, su aliado dantesco.
El trabajo es necesario,
porque el hombre en tanto que ser es un ente creativo y creador que necesita
expresarse actuando sobre la materia, pero cuando el trabajo deviene una cadena
al muro de la supervivencia el trabajo es una maldición. De aquí que,
conociendo esta ley, Dios hablase en su Juicio descubriéndole al mundo, una vez
que el mundo eligió entre la Palabra y la Fuerza la consecuencia de su elección: “Polvo eres y al polvo volverás”.
Tenemos, entonces, dos
realidades que son las dos monedas de una misma cara. El trabajo como expresión
del desarrollo creativo del ser humano, que le es inherente a su propia
existencia; y el pensamiento como expresión creadora de su inteligencia. Mediante
el trabajo el hombre actúa en su sociedad primaria, individual y personal;
mediante el pensamiento el hombre actúa en el conjunto de la sociedad y su civilización. De una forma natural digamos que el
trabajo transforma el espacio en el que el ser se mueve, y el pensamiento actúa sobre
el tiempo en el que el ser avanza.
Cuando el ser se fija en el espacio,
haciendo del trabajo y su actividad el absoluto, la sociedad se condena a la
oscuridad de la ceguera del que no dirige el curso de su actuación sobre las
fronteras del tiempo y hace del aquí y el ahora su todo, abandonando el futuro
a las fuerzas caóticas inherentes a la locura de la negación del ser. Es decir,
somos inteligentes por naturaleza y en consecuencia el tiempo no puede ser
desligado del espacio, o lo que es lo mismo, el trabajo del pensamiento. Un
hombre que piensa y no trabaja no es un sabio, es un esclavista; y uno que
trabaja y no piensa es un esclavo. El futuro inmediato de la Historia del
Hombre tiene en el encuentro de este equilibrio su próximo salto.
Diferenciemos, consecuentemente,
entre Poder absoluto y Poder Natural. El Poder Absoluto procede de la negación
de la Palabra a la Sociedad sobre
la razón que procede de las armas. El Poder Natural es aquel que se basa en el Diálogo
y establece sus conclusiones sobre el Pensamiento de los hombres, Diálogo
realizado entre hombres desnudos, es decir, voluntaria y libremente acogidos a la afirmación de la Palabra como Camino y la
negación al recurso de la Fuerza, negación que deviene Ley, tal que el tiempo para el Diálogo es
todo el del mundo y la acción estructural tiene su curso en el Pensamiento de la Sociedad.
Identifiquemos, de aquí,
la actitud del sujeto absolutista. Y, siendo la Historia rica en memorias, no nos será muy difícil concebir
que el sujeto absoluto tiende por inercia mental, superior a sus propias
fuerzas, investirse de todos los poderes de quien ejerce la
Fuerza de las armas para imponerle a la Sociedad su Pensamiento.
En las sociedades
absolutistas de los siglos pasados la Jefatura del Estado y la Dirección de
todos los cuerpos policiales, amén del gobierno de todas las componentes de la
Sociedad, eran la propiedad del sujeto absolutista. Y estas propiedades le
venían por derecho divino, la sangre azul …
En las sociedades del
Siglo XX aquél absolutismo devino Figura y se hizo legal en la persona del Jefe
del Estado. El Abolutismo no desapareció, por tanto, sino que se adaptó a la
época. Pero el fin del Absolutismo no es su adaptación: sino su abolición. El
Presidencialismo Democrático devino el producto final de aquella Adaptación de
la bestia absolutista a las circunstancias sociales de la Civilización, y desde
esta nueva posición celebró sus orgías bélicas y arrastró a las naciones al
campo de Gog y Magog.
No importa, pues, la
bondad de las personas sino la maldad de la posición sobre la que se establece su pensamiento en base a la Fuerza
que da el Poder Absoluto sobre los cuerpos armados de un Estado. ¿Por qué aspira
un sujeto a la Dirección Omnipotente sobre los ejércitos y los cuerpos
policiales sino en razón de la necesidad que tiene de establecer su pensamiento,
contra la Naturaleza de la propia Sociedad, sobre la Fuerza de las armas?
Es la propia figura del
Jefe del Estado la que se opone a la Libertad de Pensamiento del ser y se
levanta entre el Presente y el Futuro para someter la Libertad al pensamiento de un grupo.
Esta
Figura del Pasado es la
heredera directa del Poder Absoluto de los antiguos emperadores y reyes
sobre la Paz y la Guerra, que es, desde el pensamiento del ser, una negación
del hombre a su propia naturaleza, por en cuanto esta decisión universal en
manos de un individuo y su grupo significa una violación de la voluntad del hombre
en tanto que hombre.
La Democracia
Estadista y la Sociedad Monárquica fueron los dos muros contra los que se estrelló la convivencia pacífica de las naciones
durante el siglo pasado y ponen en peligro la Paz y la Libertad en nuestro
Siglo. Mientras estas dos figuras, la Democracia Presidencialista, con Poder
sobre la Paz y la Guerra, y el Jefe de Estado, con atribuciones complementarias
de Dirección sobre los cuerpos armados policiales del Estado, sigan existiendo:
el Pensamiento humano, y por tanto, la Civilización seguirán moviéndose a golpe
de revoluciones.
La desnudez de todo
Gobierno y, en consecuencia, la exaltación de la Palabra como Ley Suprema, descansa
su Valor Todopoderoso en la Separación entre Parlamento y Ejército, plataforma
de encuentro del que nos separa la Figura del Jefe de Estado, de un sitio, y la
Democracia Presidencialista, del otro. De la realización de esta Separación
durante nuestro Siglo dependerá la supervivencia de nuestra Civilización tal
como la concebimos en nuestro Pensamiento, basada en la Libertad y la Paz para
disfrute de las generaciones que nos sucederán, nacidas de nuestras carnes, y
formadas para mantener separadas la Fuerza y la Palabra.
V
El Ejército, tomado en tanto
que concepto, tiene por función la Custodia
de un territorio, y esta Custodia tal que ningún Ejército viole las fronteras sujetas
a su Custodia, y bajo ningún concepto, no dándose esta violación, el Ejército
pasa al otro lado de las fronteras bajo su Custodia. En este sentido el
Ejército es el Derecho a la defensa de la Vida de un Pueblo en tanto que
Nación. No representa ninguna Fuerza
sino la expresión real de un Derecho.
Desde esta plataforma el
Ejército no sale jamás de sus cuarteles. Desde este principio afirmamos la imposibilidad invencible de un
golpe de Estado. Los Parlamentos resuelven los problemas mediante la palabra, y
sólo mediante la Palabra. Y las Naciones sus diferencias mediante el Diálogo, y
sólo mediante el Diálogo.
Este Principio determina la
Separación del Cuartel del Parlamento y del Militar del Político, estableciendo
la conexión ente Ejército y Gobierno, mediante adcripción de Partido, como violación del Deber Militar, y por tanto causa
irresoluble del cese de Contrato entre
el individuo y el Estado. Y en el caso del político como causa potencial de
delito para asociación criminal con vistas a la sublevación para consumación de
golpe de Estado.
VI
La Policía, en cuanto
concepto, es el cuerpo social orientado hacia la lucha contra el Crimen, y su
sujeción a un Gobierno temporal es una violación de su naturaleza en la medida
que su esclavitud al Poder le impide ejercer su función con las garantías de Libertad natural a su trabajo. Desde esta principio la
utilización del cuerpo policial contra las manifestaciones del Pueblo en el
ejercicio de la Palabra: es un delito contra la propia estructura social de la
Nación, y su transformación en un cuerpo represor, no mediando la violencia del
pueblo en la manifestación de su humanidad, un delito contra la Sociedad.
De donde se ve que la Policía tiene por Deber
luchar contra el Crimen y cualquier desviación de este Deber de trabajo,
cargando sobre el Pueblo, es causa de cese de contrato entre el individuo y el
Estado, y determina la criminalidad del Gobierno en funciones de mediar sangre
en la perversión de las funciones.
La Policía no sale
jamás de sus centros de trabajo sino en cumplimiento del Deber para el que es
contratado su cuerpo, la lucha contra el crimen, aislado u organizado, y jamás
en violación de este Contrato. Mediante este principio el abismo entre
Parlamento y Pueblo queda abolido y la manifestación de la Palabra de la Nación
sobrepuesta a la tendencia del absolutismo del Poder, por el que utiliza la
represión sangrienta y violenta contra el ejercicio de la Humanidad natural al
ser.
VII
Resumiendo: Basta estudiar la
estructura del mundo tal cual se nos presenta a la inteligencia y seguir la línea
de caída de los pueblos en el Absolutismo para encontrar la
diana hacia la que dirigir la flecha del pensamiento, mirando a imposibilitar a
todo hombre, sea quien sea, el acceso al Poder Absoluto.
El primer paso hacia la
Paz es la abrogación de la figura del Jefe de Estado.
No hay excusa que
sirva de justificación a la hora de coexistir frente a una figura
que, sirviéndose de las circunstancias, puede proceder libremente a la
instauración de la Tiranía y la Dictadura.
La Memoria de la Civilización,
que llamamos Historia del Género Humano, o Universal, según el punto de vista
del historiador, nos presenta infinitos casos de paso de los dictadores en
potencia a dictadores en acto utilizando este paso por el que se lleva a la
transfiguración de una persona en una Figura. Y que, entretanto no se ha
producido el milagro, el sujeto se las arregla para mantener su apariencia de
cordero, máscara que se quita cuando es demasiado tarde y el lobo que se escondía
detrás del cordero de Ayer devino el Dictador y Tirano del Mañana. Que, por
supuesto, excusará y justificará su Delito en la Necesidad de combatir el Fascismo
de la Oposición ...
La Demagogia es tan vieja, en efecto, como la Democracia. Pero lo que verdaderamente alucina es cómo siendo tan vieja
los pueblos siguen cayendo en su telaraña.
La Historia es la que
testifica en contra de la Figura del Jefe de Estado, legado de las Monarquías
Absolutas, cuya pervivencia es un Peligro constante para la Civilización al
hacer imposible la Regulación del Movimiento del Ejército de acuerdo a la Ley
para la que ha sido creado: Protección de las Fronteras bajo su Custodia y
prohibición de avance sobre las mismas para cualquier fuerza extranjera.
No estando sujeto el Ejército
a ninguna otra Ley es imposible que la Democracia degenere en Dictadura por en
cuanto la coronación de ésta necesita del Ejército, y estando Libre el Ejército
de cualquier participación en la Dinámica de la Política: la salida del Cuartel del Ejército es un
Delito contra la Nación que aquéllos que lo realizan acometen exponiéndose a
las consecuencias debidas a la Amenaza de Guerra Civil.
VIII
La Sociedad, en cuanto Civilización,
está expuesta a transformaciones constantes, derivadas de su progreso y avance
en el conocimiento de las fuerzas del Universo, que aplicadas a la Tecnología
ponen sobre la mesa problemas nuevos, para solucionar los cuales están los
Gobiernos. Estas respuestas se basan en la inteligencia y estando la inteligencia
humana expuesta a la dinámica del error y el acierto, el síntoma del Poder
Absoluto tiene por manifestación querer imponer la voluntad personal a toda
costa, revistiéndose de la figura de Jefe de Estado, es decir, amenazando con
Guerra Civil y Dictadura en caso de reprobación de dicha Voluntad Personal.
La Necesidad Histórica de
abolir la Figura del Jefe de Estado y desligar el Gobierno del Ejército es,
como se ve de los Hechos, vital. Es esta Figura, representada ayer por las
coronas, con su Orden Divino, y al presente por el sistema presidencialista
democrático, basado en el Orden Natural - dicen -, la cueva donde el dragón de la Guerra y el
basilisco de la Dictadura crecen y se mantienen a la expectativa hasta la Hora
de escupir por su boca el Fuego del Horror.
Ahora bien, el
Absolutismo político necesita esta Figura a fin de imponer, vía democrática, el
interés de Partido, y emplear el discurso de la Guerra Civil como instrumento
de imposición de la voluntad de quien, por el miedo, impone la infalibilidad de
su respuesta a los problemas nuevos que, como se ve, la Civilización pone sobre
la mesa según las generaciones se van sucediendo.
Nada más contrario a la
Inteligencia del Hombre Libre que la aceptación de esta Infalibilidad Política,
y nada más natural a la misma que la identificación de dicha Mentalidad con la
de un Dictador en potencia que se está labrando su camino hacia la Tiranía sobre
la Teoría Delictiva de la justificación que le presta –según su doctrina - el
Fascismo de la Oposición.
Pero cualquiera sea el
juego que el Futuro depare a nuestros descendientes se entiende que roto el
acceso del Gobierno al Mando Supremo del Ejército, que reposa exclusivamente en
su Estado Mayor, la vía hacia la Dictadura queda imposibilitada y será el
propio intento el que acuse al Gobierno de turno del Crimen consecuente en razón
de lo avanzado del golpe de estado que se pretenda dar causando entre la Cúpula
del Ejército división ideológica de naturaleza cualquiera.
El Ejército obedece exclusivamente
a la Ley de la Paz y Defensa de las Fronteras
asignadas a su Custodia; y, en lo
Internacional, a lo que disponga la Alianza Internacional de las Naciones, a
cuyo Consejo de la Plenitud de las Naciones, deberá el Cuerpo de los
Estados Mayores de dicha Alianza su Obediencia en lo concerniente a las Fuerzas
De Pacificación Universal.
Sólo sobre esta base el
Futuro de la Civilización abrirá a nuestros hijos y los hijos de sus hijos un
camino por el horizonte de los siglos, cuyos meandros y destinos desconecten desde Hoy y para siempre la
posibilidad de la Caída del Género Humano en un Nuevo Fratricidio a nivel
nacional o mundial. Cómo llegar a este punto de partida es el problema.
El principio es, sin duda
alguna, la abolición de la Figura del Jefe de Estado y la adopción del Ejército
de la Custodia de las Fronteras de la Nación, y esta Custodia establecida sobre la
Ley de la Paz.
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