I
Aproximación al problema
La naturaleza de la relación entre el hombre y la
mujer tiene dos enfoques. Por el primero, el uso del otro y el disfrute del
individuo sobre la importancia del otro, éste otro relegado a una mera función
de manipulación por el que la persona deviene una cosa, y la relación humana se
transforma, en este orden, en la manipulación de un objeto cualquiera con
funciones específicas, y por este tipo de relación el hombre y la mujer
devienen simples mecanismos de satisfacción de un instinto desprovisto de todo
tipo de ley natural y no sujeto a ninguna razón social fuera de la inmanente a
la satisfacción personal del instinto bajo cuya ley vive el individuo, sea
hombre o mujer. El adolescente se mueve sobre esta línea de comportamiento, aunque
sin conocimiento de causa y efecto, y sujeto su comportamiento a la evolución
de la personalidad, aún no consumada, en orden a cuyo crecimiento los valores
del efecto de la relación entre el hombre y la mujer no se dan en su plenitud.
En la adolescencia al amor es un juego no establecido sobre una relación dada y
sujeta a ley, no hay Derecho y Deber. Durante esta etapa de crecimiento físico
terminal y de desarrollo intelectual en evolución germinal la naturaleza de la
relación entre él y ella se ajusta a un modelo u otro de comportamiento acorde
el patrón social determinativo de la familia de la que proceden. Y el derecho y
el deber a que se somete la relación entre ellos durante la adolescencia queda
establecido por las leyes sociales reguladora de los límites de la libertad
individual y patrocinadora del respeto entre los individuos, hombre y mujer. El
término de esta fase de desarrollo del individuo en tanto que ser no se produce
al pie de una única puerta, sino que tiene varias: 1.-el celibato sacerdotal,
2.-el celibato no sacerdotal, y 3.-el matrimonio. De estas tres puertas la que
nos interesa en esta sección es la número 3.
II
Fenomenología de la cuestión
Digamos pues, una vez dentro, que son muchas las
causas determinantes de la transformación de dos personas maravillosas a sus
ojos un día, en dos puros monstruos. Este será el otro tipo de enfoque desde el
que debe procederse al estudio de la naturaleza de la relación sexual entre la
pareja humana.
Por regla general, y sin deternernos en las excepciones,
mirando más al futuro que al pasado, pero tomando el pasado como lección y
materia desde la que extraer las conclusiones pertinentes y necesarias para
aplicar al presente, la relación sexual ha sido establecida por la Naturaleza
del Universo con un sentido teleológico definido y específico, a saber, la procreación
de la especie humana en el seno de una organización familiar no creada por la
especie y sí dada por las leyes de la Naturaleza creadora del Hombre. Aquí
podemos criticar la sabiduría de la ley natural para inmiscuirse en la vida
humana y mandar la Naturaleza al cuerno. ¡La demencia tiene muchas formas y sus
ramificaciones llegan hasta los congresos, las academias, y por todas las
esferas de la sociedad planta trono y cátedra¡
En esta sección la crítica no es nada y sí el
fenómeno consumado de la existencia de una ley natural cuyas implicaciones
extiende el universo de sus consecuencias sobre todas las especies de la
Tierra, sujetando la reproducción de toda clase de vida a su ley y mandato.
Creer que el hombre en tanto que especie viviente está fuera de la ley
universal natural es, en sus raíces, tronco y ramificaciones, el principio de
una demencia, y su efecto: establecer una ley que anule la ley natural, es el
imperio de esa demencia sobre el individuo, él y ella.
La trascendencia del conocimiento de esta ley
natural cuyo gobierno sobre la vida en la Tierra desde el principio de la
Historia hasta nuestros días es una corona de éxitos, es de una importancia
histórica incualificable, y su ignorancia una de las causas por las que esas
dos personas maravilllosas en su día, al siguiente se transforman en monstruos
para sí mismos. No en vano ni con ánimo de sentar sabiduría vuelvo a esta
Cuestión del Divorcio, enfocando su fenomenología desde el principio, pues para
que exista divorcio debe darse primero un Matrimonio. Y será sobre éste donde
deba ejercerse cualquier estudio que conduzca a la estructura cardiaca del
Divorcio como puerta de salida a una situación cuyo control escapó a los dos
individuos y se abrió a una psicopatología cultivadora del monstruo en el ser, que
dando fruto llega al terrorismo de género.
El Divorcio, en definitiva, como una puerta a la
luz después de una relación basada en sus orígenes en el amor, y no al infierno
de quien se ve o se sabe impotente para no poner el pie jamás al otro lado de
esa puerta de tinieblas tras la que el individuo no puede controlar el odio y
procede a cultivar en su corazón el monstruo, es el punto de vista desde el que
se contempla este estudio.
III
Filogénesis de la Reproducción y Origen de
la Familia Sapiens
La primera causa determinante de la sustitución de
la reproducción de la especie, base de la existencia, por la reproducción del
divorcio, agente destructor de la propia especie en su razón de sus efectos
psicopatológicos sobre la progenie, la tenemos en la ausencia total de una
Educación sobre el significado de la Reproducción de la especie humana dentro
del marco de la Naturaleza.
En una sociedad gobernada por los principios de la
razón del animal político, tal cual tenemos como habitat natural al alba de
este Siglo y Milenio, no sólo el
comportamiento sexual de la especie humana se establece sobre una alienación
respecto a la ley natural a la que obedecen todas las bestias, sino que se rompe el modelo natural animal y se
interpone uno nacido de la esclavitud y la servidumbre del hombre al hombre,
bajo cuyo imperio el monstruosismo de las clases monárquicas y teocráticas de
la Antigüedad humillaron al hombre y a la mujer mediante la desposesión de
todos sus valores naturales y ontológicos, transformando el ser humano en un
simple objeto sin individualidad, personalidad, derecho ni existencia consciente
acorde a la ley de la Libertad Universal.
Subyugado el ser humano por el monstruosismo
teocrático de las monarquías de la Antigüedad, y el salvajismo inherente a la
pasión bélica de sus dinastías, en perpetuo estado de delito contra la
humanidad, el comportamiento sexual de la especie humana acabó asumiendo lo que
en su día fue una humillación y un delito contra la Naturaleza como un
comportamiento social, procediendo el monstruosismo monárquico y teocrático a
crear el Tercer Sexo.
Fueron, pues, las clases monárquicas y teocráticas
de la Anigüedad, que persistieron en su existencia hasta nuestros días, las
que, con su degeneracionismo de clase, impusieron un Modelo Sexual no Natural
en el que la Ley del Universo fue desterrada de la Sociedad Humana y vino a ser
sustituída por una ley antinatural que le impone a la Reproducción de la
Especie un Modelo no escrito en la filogénesis de la Humanidad.
Las consecuencias de una ley basada en un delito
contra la Humanidad se manifiestan en la reproducción del fracaso, a escala
universal, de la Familia, creación natural del Universo, estructura
espacio-temporal en cuya materia la Vida echó sus raíces en la búsqueda de la
Creación de la Inteligencia, la dinámica de cuyo proceso de búsqueda llevaba en
su filogénesis ese Modelo de Reproducción que llamamos la Familia. Es este Modelo
de Familia Natural el que ha sido atacado y está siendo demolido por aquélla
Ley nacida de un Delito contra la Humanidad, que las dinastías y las teocracias
persistentes en la Tierra patrocinan y defienden en base a la necesidad de
mantener su status quo, “más allá de la Ley”, sobre el que deben responder ante
el tribunal de la Historia, invocando a su creación, el Tercer Sexo, como medio
de no responder “sino sólo ante Dios”, de su Delito.
La Reproducción del Género Humano, pues, se basa en
el principio de la evolución de la Inteligencia de la Vida sobre una plataforma
de generaciones en el Tiempo, al servicio de cuya Ley la Naturaleza trajo a luz
la Familia Sapiens. La creación de este Modelo implicaba una Filogénesis
Antropológica del comportamiento reproductor del Hombre, fruto de la cual vino
a ser el Modelo de Sociedad Nuclear en cuyo seno se realiza la Herencia de la
Inteligencia Adquirida de una generación a otra, sobre esta Dinámica Universal
levantando la Sabiduría Creadora ese maravilloso edificio que es la
Civilización. Este Modelo Antropológico sobre el que la Inteligencia Sapiens
fue posible y desde cuyo suelo emergió en la Historia la Primera Civilización,
base de la etapa final de la Consciencia y la Memoria de la Humanidad, fue el
Modelo contra el que las clases monárquicas y teocráticas de la Antigüedad se
lanzaron sin piedad ni misericordia, declarándose fuera de la Ley y en estado
existencial perpetuo de Delito contra la Humanidad.
En aquella tierra delictiva fue donde surgieron el
Tercer Sexo, producto de la esclavitud, el imperio y el terror de las dinastías
bélicas, y un modelo de familia, no filogenético, alienado de una base
antropológica, impuesto por el terror, cuyas manifestaciones fueron:
1.-la poligamia,
2.-el sacrificio humano de los hijos a los dioses
de la Guerra,
3.-el machismo monárquico,
4.-la hembra putativa aristocrática,
5.-y la
prostitución teocrática connatural al paganismo.
Efectos monstruosos que heredó el Ateísmo y
mediante la Ciencia le dió forma a lo que fue, a los ojos de la Naturaleza
Creadora y del Creador del Universo, un Delito, naciendo de esta manera el
Ateísmo Científico, es decir, el monstruosismo como Modelo de Comportamiento
Sexual-Social.
Tales son los orígenes de la ausencia total y
absoluta de la Formación de la Inteligencia Humana de cualquier referencia a
una Educación Sexual basada en una Filogénesis de la Reproducción del Género
Humano y una Antropología de la Familia Sapiens, sustituyendo esta carencia,
los unos mediante la teoría de la semilla que se posa en el pico de una
cigüeña, y los otros mediante la programación política de la Sexualidad
Humana. Si los primeros basan su
inocencia en que hasta las ratas saben como se mete y se saca, los otros hacen
basar su adopción del monstruosismo legado por la Antigüedad en razones de
libertades políticas, siendo los primeros más buenos y los segundos más malos,
pero ambos sin entrar en el problema de la Familia como Modelo Sapiens no
creado por el Hombre y única estructura válida ante la Naturaleza, cuyo
transgresión implica, efectivamente, la extinción de la especie, de aquí que el
Creador del Universo le anunciara al Primer Hombre que se levantó contra la Ley
Natural las consecuencias de su delito, diciendo: “Polvo eres y al polvo
volverás”.
Este Modelo Natural basado en la Filogénesis de la
Reproducción Sapiens es el que heredó la Familia Cristiana, si bien, como
efecto de la pervivencia en el Cristianismo de las Monarquías y su modelo
delictivo de comportamiento sexual, quedó sujeto a las perturbaciones
connaturales a la delictividad extemporánea de las dinastías europeas.
IV
La Educación Sexual
Tenemos, pues, que para establecer una ciencia del comportamiento sexual dentro de una
Sociedad sujeta a Ley, debemos basar sus principios en la Naturaleza y no en
los efectos sobre el cuerpo de la Civilización del imperio fratricida que
ejercieron las dinastías de la Antigüedad y sumiera al Mundo en el infierno de una
Guerra Civil Perpetua.
Pero si al Conocimiento científico del Origen de la
Sexualidad Reproductora Específica y la Adopción por el Cristianismo del Modelo
de Familia Sapiens no le sumamos la Consciencia de la estructura de la Ley que
rige los Deberes y derechos de los miembros de la Familia, incluyendo la propia
ley del Divorcio, provocamos una situación de espertento. Vemos en el día a día
que la juventud sale de la escuela con mucha experiencia sobre el mete y saca y
ninguna sobre la definición de las complicaciones ulteriores a que se expone
por el Matrimonio, llegando a las puertas del Divorcio sin conocimiento de sus
secuelas, razones, batallas y provocaciones criminales a que da lugar la contienda.
NO vamos a decir que el legislador y el educador se
confabularon para bendecir el infierno y arrojar a la juventud en las manos del
demonio del odio predecesor del divorcio. La estructura de la Formación Humana,
aún cuando hemos dejado atrás la Edad Atómica, sigue anclada en la estructura
medieval, que no rompió la Edad Moderna, limitándose ésta a sumarle al
Quadrivoum las nuevas ciencias, sin entrar jamás en el Problema de la Familia
como Núcleo sin el cual la existencia de la especie humana se hunde en el
proceso de su extinción, por un medio op por otro. Al muerto, una vez muerto, lo mismo le da que lo mataran con veneno antirratas
que con veneno contra reyes. No es cuestión, pues, de perderse en buscar culpables. Pues en el matrimonio, como
en la vida, no hay un único culpable.
Desgraciadamete y he aquí el origen del terrorismo
de género, o violencia de género, según quien la ejecute se llama, la
culpabilidad de la ruptura del matrimonio recae exclusiva, total y absolutamente
en él. De aquí que la injusticia, investida de justicia, actúe como una máquina y viole el espírotu de
la Ley al preestableer un juicio deliberado sobre una situación sujeta a los
tribunales. Porque como bien sabe hasta el más asesino un juicio cuyo tribunal ya está preestablecido en su
sentencia no es justicia, es una farsa y en el mundo real esta farsa consta
como terrible deito. Terriblemente ,o que en el mundo real es un delito en el
mundo del divorcio es ley. Y de aquí su consecuencia, el terrorismo de género.
El fin de una Educación Sexual comienza en la
Formación del Individuo, pero el principio de ésta exige la abrogación de
semejante ley criminal impuesta a la Civilización por las dinastías delictivas
que desde la Antigüedad han impuesto a la Civilización un Modelo de Comportamiento
Sexual y Familiar en esencia y sustancia demoledor del Modelo Sapiens que la Naturaleza
trajo a luz, fruto de una evolución creadora, germen de la Vida Inteligente
sobre la Tierra.
Dos, por consiguiente, son las grandes esferas que
debe cubrir una Educación Sexual del Individuo. La primera el Conocimientro
científico de la Filogénesis del Sapiens y su Modelo Natural de Reproducción. Y
la segunda el Matrimonio como Ley. Y una tercera en la que no hemos entrado
aún, la Ontología del Ser, tanto en lo que concierne al Desarrollo de la
Personalidad del Individuo dentro del Matrimonio como en lo que concierne a la
Psicología de la Formación del ser dentro de la Familia. Área ésta que si,
hablando de las dos primeras observamos el mutis, sobre ésta tercera es la Nada
la que predomina. De tal manera que no sólo se adentra el individuo en el
matrimonio sin conocimiento de la naturaleza del proceso del divorcio, sino lo
que es más terrible y trágico, sin conocimiento de ninguna clase sobre lo que
es el Ser, la Formación del Ser y la Psicología de la Familia, tomando como núcleos de ciencia el padre, la madre y los
hijos.
¿A quién le extraña que dada la complejidad de la
Inteligencia y la absoluta carencia de una Ciencia de la Familia el fracaso del
Matrimonio no sea una cuestión sino un Problema?
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