EL
POLITIKOM
Capítulo Dos
La Redención de la tierra
I
Contra la Agricultura Artificial
Sin ninguna duda la Maldición que la
Desobediencia del Primer Hombre atrajo sobre nuestro mundo es una realidad
dispuesta a ser negada por quien se aprovecha de esa Maldición para bendecirse
a sí mismo. No hay dureza en la verdad y sí en la cabeza de quien escucha. He
aquí la verdad: La consecuencia de la Caída, por la que libremente el ser
humano, representado por aquél Adán, eligió la Fuerza que viene de la Guerra en
lugar de la Paz que viene de la Inteligencia como medio político para extender
su Civilización hasta los confines del mundo, acto de elección insano, demente
y maldito que desató la Cólera, Justa y Magnífica de Dios, que creó al Hombre a
su Imagen y Semejanza, es decir, dotado de toda la potencia metafísica activa,
traducida en ingeniería genética cerebral, para elevar su Pensamiento hasta la
Omnisciencia Divina y desde esta plataforma todopoderosa abrirle camino
pacíficamente a su Civilización hasta comprender en su estructura la Plenitud
de las Naciones de la Tierra; por aquella elección maldita, actuando el Hombre
como quien no es Inmortal sino que, arrastrado por la Mujer, se comportó como un
mortal sujeto a un tiempo de vida, y en consecuencia debe apresurarse para
llevar adelante su conquista del Poder, echando mano del recurso más lógico:
La Guerra y el Terror; por efecto de aquella decisión infernal el Juicio de
Dios Omnisciente fue, una vez creado el Hombre a su Imagen, es decir, para
comprender el Peso de sus Actos, retirarse de la Escena Histórica del Mundo,
dejando que el Hombre viera con sus propios ojos por qué Dios no puede ver, ni
en pintura, la Ciencia del Bien y del Mal.
La demencia que procede de la Ignorancia a
que fuera arrojado nuestro Género ha impulsado a, los en su dementia enemigos
de Dios a, predicar la teoría para terroristas de la inteligencia según cuya
doctrina el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es la Ciencia del Conocimiento y su fruto es el Sexo.
Sin duda alguna, inspirados por el mismo que usara a la Mujer para matar al
Hombre, dichos genios saben que la Elección que Dios le diera al Hombre está
precisamente entre el Árbol del Conocimiento, cuyo fruto es la Vida, y el Árbol
de la Ciencia del Bien y del Mal, cuyo fruto es la Muerte. Confundiendo a los
pueblos sirven a su dios y señor, acercándonos un poco más al Destino grabado
en la Historia del Futuro el Día que Dios dijera: “Polvo eres y al polvo
volverás”. Tal es la puerta de salida a la que dirige la Ciencia del Bien y del
Mal el curso de todo mundo atrapado entre sus ramas. Para redondear su
sabiduría infernal afirman que el Bien y el Mal no existen.
Pero dejémonos por ahora de hacer una
incursión demasiado profunda en la mentalidad de semejantes asnos diplomados,
con Nobeles incluso, y combatamos el Mal con el Bien.
Sigue sin caber duda, y el que la tenga que
la celebre, que la tierra es la madre sin la cual no puede subistir el
ser humano sobre la faz del planeta, porque aunque nuestro espíritu de hijos de
Dios tenga sus ojos puestos en el Cielo y el Pensamiento en las cosas eternas:
seguimos sujetos a la ley de la dependencia de la carne y la sangre; se sigue
de los Acontecimientos, pues, que no sólo el ser humano en cuanto ser sino la
propia madre tierra vino a ser maldecida por la elección de sus hijos. Sobre lo
cual me parece innoble suplir el Texto Bíblico mediante la apropiación de sus
Palabras y su consecuente insertación en este capítulo. Considero además
universalmente conocida la sentencia Divina: Maldita será la tierra por tu
causa, cuando la labres te dará abrojos y espinos... Etcétera.
Y maldita sigue ciertamente. Abrojos y
espinos es lo que a estas alturas produce en la gran parte del planeta, y esta
mala hierba avanza a velocidad vertiginosa sobre el resto aún cultivable a
lomos de un ejército de males contra cuyo avance es nuestro Deber alzarnos sin
conceder tregua ni cuartel y, puesto que estamos viendo que desde el Poder
Internacional Político la inacción es total y absoluta, es nuestro Deber
conquistar el Poder para desde el Poder redimir la tierra de la Maldición que
sobre ella atrajimos sus hijos.
Los demagogos concentrarán la atención
revolucionaria en la distribución libre y gratuita de la tierra. A lo que nada
se les puede objetar excepto que hoy, antes de las elecciones, hacen de Cristo,
y al día siguiente de las elecciones juegan a la perfección el papel de Judas
dándole el beso en la mejilla al pueblo. ¿De qué vale que la propiedad de lo
que tiene un Único Señor Universal se redirija de una mano a otra si el puñal
que se le hinca a la madre tierra en el pecho sigue labrando su herida?
Dejémonos, pues, de demagogia, que de todos
modos no es lo nuestro, y ataquemos el Mal con el Bien natural que requiere la
profunda herida cuya exposición abierta extiende el Mal sobre todos las naciones.
Tenemos que mirar cara a cara el futuro del siglo que viene desde este siglo
que nace a fin de proyectar sobre el milenio nacido una Sabiduría que, redimido
el Hombre, se centre Hoy en la redención de la tierra. Es decir, tenemos que
adoptar y poner en ejecución las medidas principalísimas y vitales sin aplicar
las cuales el cuerpo de la víctima pasa de la sala de urgencia a la del
crematorio.
Ignorar que la expropiación de la tierra por
el hombre, extendiendo sobre ella un título de propiedad es una declaración
de robo contra la Propiedad Universal que sobre su Creación tiene nuestro
Creador; ignorar que el comportamiento emergido de este latrocinio, y porque
destierra de la tierra el fin para el que ha sido creada, la alimentación de
sus hijos, que se suple por el interés de la producción de riqueza para el
invididuo, como si los árboles pudieran dar manzanas de oro; ignorar que este
comportamiento delictivo está en la base de la maldición que nos aqueja y
condena a millones de criaturas al hambre y a la muerte; ignorar este sencillo
y elemental conocimiento es condenar a nuestros hijos a comer espinas y
abrojos, y la verdad, no creo que la evolución corra a tal velocidad como para
parir humanos con dientes de acero, lengua de hierro y estómago de lata.
Debemos prohibir y destruir toda tecnología
dedicada al asesinato de la tierra cultivable, cuyo sector punta ha rematado el
nudo gordiano de su malicia mediante la producción del veneno actualmente de
moda utilizado en el campo para, entre cosecha y cosecha, limpiar la tierra de
hierbas.
En efecto, de toda la vida la tierra se nutre de lo que ella misma
produce en el campo: la hierba.
De toda la vida el hortelano ha cultivado el campo
arrancando esta hierba sin matar la vida del subsuelo de la que depende la
fertilidad del suelo.
Pero nuestros queridos terratenientes inventaron la panacea
final que a todos debe costarnos la extintión por hambre, y rizan el rizo al
labrar la tierra sin la ayuda del hortelano, para lo cual sencillamente
envenenan el suelo, consiguiendo de esta manera ahorrarse el salario debido
al trabajo del hombre.
Se me dirá que siendo la propiedad "sagrada" el propietario tiene el derecho a la libertad absoluta que le confiere el título sobre la tierra, y bajo este derecho puede envenenarla, sin pensar en el futuro de la Humanidad y exclusivamente poniendo su individualidad sobre y contra el peso del género humano entero.
Ahora bien, este mismo argumento de superioridad del individuo sobre el género es un delito en sí, puesto que entrega el todo a la unidad, dirigiendo la acción del individuo al genocidio, respecto al cual se declara inocente en función de no poner sus manos encima de la victima directamente.
Obviando y justificando en la ignorancia el comportamiento de nuestros antepasados del Siglo XX y para atrás, mas sin admitir su curso en este Siglo ni permitirle el paso a su Milenio, el hecho es que el argumento de la Propiedad sobre la tierra es, en su sustancia y esencia, un delito y en consecuencia el comportamiento del propietario no podia ser más que delictivo, y cultivando este efecto teníamos que llegar a la situación de jake mate contra la Naturaleza que actualmente sufre la Civilización, donde vemos cómo el aniquilamiento de su Sistema está siendo suplantado por una Naturaleza creada en Laboratorio y que al tener en el Individuo su principio y su Fin, reduciendo el Género a su campo de explotación de riquezas, el futuro de la Agricultura Transgénica y la Cultura de Cultivo mediante productos químicos tiene por horizonte a corto plazo la destrucción del Ecosistemma Natural Global, y a largo, la extinción del Género Humano. No es dramatismo, es simplemente la visualización del efecto iniciado.
El problema -centrando ahora el tema de la labranza del suelo mediante la esterilización de la tierra de campo y cultivo- viene a consistir en que el envenenamiento
del subsuelo, su primera consecuencia a corto plazo, ahonda su radio cada temporada de labranza en profundidad. La infertilidad de la capa de tierra sobre la que la Naturaleza ha extendido desde el Origen del Mundo su ecosistema poligenético, del que viven, insectos, aves invertebrados y mamíferos, al ser destruida por envenamiento químico, condena a todo el ecosistema poligenético a su extinción.
Dado que el sistema natural se basa en el juego de las especies sobre la capa de tierra viva, esterilizada por la acción química, cuyo fin es ahorrarse el salario del sudor humano, condenando de camino a la población humana a la miseria, la reacción a la infertilidad anunciada de la Naturaleza, que ahonda más y más en el subsuelo cada temporada de labranza, viene a suplirse, por el mismo delincuente autor de la muerte del ecosistema natural: con fertilizantes químicos.
Es decir, el delincuente primero hinca el puñal y luego el asesino se pone la bata del médico y corre a curar a su víctima porque se ha dado cuenta que su muerte es su ruina. Una vez curado y obtenido su deseo el médico se quita la careta, muestra su verdadero rostro de enemigo número uno de la Naturaleza y vuelve a hundir el puñal en la carne viva de su víctima, la tierra de labranza y cultivo, intoxicándola y envenenándola con más y más productos letales, asesino en serie de insectos, aves, invertebrados y mamíferos.
Hemos entrado de la mano de tales enemigos del campo, quienes sin embargo tienen en sus manos la Propiedad, en una espiral asesino-suicida que si en primera
instancia hace del subsuelo su víctima, en una segunda fase hace de todas las
aves, insectos y invertebrados, desde la prehistoria alimentadas por los árboles, su víctima inmediata.
La espiral nefasta, asesina, emprendida por
la aniquilación del fin para el que la tierra fue creada, la alimentación de
toda carne y vida en el planeta, según dijera nuestro Creador: “Ahí os doy toda
cuanta hierba produce la tierra para alimentaros, a vosotros y a toda vida que
se mueve sobre la tierra”, está acelerando la desertización del suelo
cultivable del planeta a tal velocidad que el mapa de la desertización más
parece el avance de un ejército extraterrestre quemando mundo que el desarrollo
progresivo de la ley geohistórica.
Contra esta postura de aniquilación de la
especie humana mediante la destrucción de su habitat, destrucción que la Edad
Atómica condujo cual si sus Páteres fuesen de procedencia lejana, a situar en
algún planeta al borde de la galaxia, envenenando aire y agua, rematando la
faena con la muerte, lenta pero efectiva, de la tierra cultivable por
envenenamiento del subsuelo agrícola; contra esta postura demencial que
progresa desbocada dejando a su paso inmensas áreas del Mediterráneo en los
huesos pelados, campo para invernaderos, de donde el alimento que sale está
carente de cualquier sustancia biológica natural,y como tal comienzan a
detectarse cosechas envenenadas, que matan lentamente pero tan efectivamente
como la peor de las especies virosas; contra este comportamiento heredado de un
siglo suicida al ciento por ciento, del que únicamente gracias a la
Omnisciencia Divina y sólo por ella el Género Humano ha evitado la regresión
esquizoide más violenta a la condición de las bestias salvajes heridas de
muerte; contra esta política agrícola el Futuro reclama medidas urgentes,
inmediatas e irreversibles. Y para vencer la resistencia de quienes en su
ignorancia premian sus barrigas hoy, sin querer ver el terrible mal que alimentan, la
necesidad implica un buceo hacia la base misma de las profundidades de la verdad universal
manifiesta a todo el género humano desde los primeros días de la Historia. A
saber:
Dios no renunció jamás a su Propiedad, sino
que entregó a toda vida sobre la Tierra el fruto de su trabajo. De aquí que
tengamos que recalcar el crimen contra la humanidad que extiende en la
legalidad el Poder que viene de quienes de toda la vida, desde la Caída a
nuestros días, hicieron del ser humano una bestia sobre cuyas espaldas y sudor
vivir como dioses, a imagen de los demonios que asesinaron al Primer Hombre.
Ese Poder eliminó de la tierra el sentido de su ser: alimentar a toda carne que
existe en el mundo, y le dieron uno Nuevo: ser la mina de la que extraer sus
riquezas, con las cuales comprar el Poder sin el cual era imposible que
pudiesen perpetuar el robo que supone la expropiación del campo de las manos de
quien cultiva la tierra.
Andando el tiempo y regando la tierra con el
sudor de los campesinos y la sangre de los hortelanos hemos llegado a este
punto de la Historia donde la maldad ha alcanzado su tope supremo cuando ya no
miman su tesoro sino que lo fuerzan mediante veneno a la manera que venían
haciendo con el hombre, matándolo de sol a sol a base de sufrimiento. El pobre,
por inercia imitador del rico, ha heredado este comportamiento asesino contra el
que no cabe más respuesta que el cierre, por ley, de todas las fábricas de
veneno químico destinados al campo y la prohibición, por ley, de dicho método
de envenenamiento del subsuelo.
Tengamos en cuenta que estos venenos, por las lluvias, pasan del
subsuelo a los veneros, de los que se alimentan los riachuelos, que a su vez
vuelcan sus cauces en los ríos, y pues que este comportamiento es constante y
es cada vez más extensivo el aniquilamiento de todas las especies vivientes
acuáticas es progresivo.
No olvidemos que estos ríos de almacenamiento del
veneno con el que alimentan la tierra desemboca en los mares, contaminando toda
la flora y fauna marina colindantes.
Ni podemos dejar en el tintero el efecto
homicida que este envenamiento tiene al hacer no potable el agua de pozos y veneros
desde el origen del mundo perfectamente saludables. Podrá objetarse que aún no
hemos llegado a tanto. A lo que se responde que el uso de este sistema de
labranza es cada vez más extensivo, y el veneno cada vez es más potente.
También es cierto que, cínicamente, se puede
decir que esta verdad es una falacia porque una vez esterilizado el subsuelo se
dejará de emplear el veneno. Contra cuyo discurso homicida no puede haber más
respuesta que la boca abierta ante tanta idiotez criminal y apta para ser catalogada como genocidio geocida.
Pensemos que un subsuelo fértil produce todo
lo que la producción del campo requiere. Ha sido así de toda la vida. La
agricultura ecologista no se inventa nada nuevo, sino que recupera el método
milenario de cultivo del campo, que no es otro que dejar que la tierra haga su trabajo,
algo que hace sin sudor ni desgana sino con la generosidad que caracteriza a
una Naturaleza que ha alimentado a millones de especies desde hace miles de
siglos.
Es cierto que una medida no es nada, pero si
esa medida irrumpe en el núcleo del problema el problema abre su espacio a la
solución de las incógnitas que contiene. Como cuando se abre una herida lo más
importante es cerrar la vía hacia el exterior para que el propio cuerpo detenga
la hemorragia, con la prohibición por ley universal de producción y empleo de
cualquier tipo de sustancia que tenga en la muerte del subsuelo su sistema de
labranza: actuamos sobre el exterior para dejar que desde el interior la
Naturaleza cicatrize la herida que le hemos hecho y viene sangrando desde el
día en que un hombre cercó el campo y, contra la Voluntad divina, condenó al
hambre a toda criatura que antes dependía de esa Voluntad para vivir alegre y
libre.
Es un tema, en verdad, que tiene diez mil
astillas enroscadas alrededor del cuerpo de una serpiente que se muerde la cola,
y tiene cola y cabeza atadas bajo candado de nudo gordiano.
El Homo Urbanita
es incapaz siquiera de comprender de dónde procede un tomate, es impotente para
distinguir entre el zumo de una naranja criada en árbol y el de una naranja en
bote; entre la leche de la vaca del campo y la leche de bote que le hacen pagar
a precio de fábrica el hombre urbanita entiende tanto de la diferencia como un
rico entre corrupción y justicia. Su vida, la del hombre urbanita, hijo del
asfalto y el aire tóxico, es la vida de un preso enajenado del conocimiento que
procede de la Naturaleza. La leche de los senos de la Madre naturaleza le es
tan desconocida al homo urbanita como lo es la leche de la madre a las
generaciones nacidas bajo el signo del izquierdismo feminista. Preocupada la
hembra por su propio cuerpo se niega a cargar el sistema defensivo de sus hijos
con el programa inmunológico creado a través de los siglos, criando
generaciones de urbanitas sin protección contra el habitat del que son sus legítimos
moradores. La Historia, queriendo denunciar por lo que se ve lo que no se ve,
refleja en el envenenamiento de la madre (la tierra) por los hijos (los
humanos) la situación de esquizofrenia a la que se entregó a muerte la Edad
Atómica.
El ciclo tiene diez mil ángulos y una sola
piedra angular. Veamos si lo definimos lo más sencillamente posible:
Enferma el subsuelo por envenenamiento, su consecución inmediata es la
necesidad de la alimentación arborícola y hortícola mediante papilla química.
El suelo se recupera, pero una vez fuerte se le vuelve a inyectar un chute de veneno químico; enferma y se le aplica el remedio del fertilizante intravenoso y letal de necesidad para el ecosistema viviente alado.
De manera que si por el primer chute de veneno se extermina el ecosistema invertebrado natural de suelo y subsuelo, por el segundo se le asesta un golpe mortal al ecosistema que mantienen las aves con el campo, quienes siendo, las aves, el control natural contra la procreación insectívora, a la vez que el insecto es propagador de enfermedades, se destruye lo que es beneficioso al ser humano y se propaga lo que es perjudicial para su salud al desterrar del ciclo al enemigo natural de los insectos, las aves.
Observemos que la destrucción de las aves, sea por necesidad alimenticia u otras cualesquiera, provoca una incidencia altísima de enfermedades letales en las zonas del planeta cuyos medios económicos para la lucha son insuficientes, cuando la sola procreación de la fauna alada sería un ataque masivo contra los mismos propagadores de las enfermedades bajo cuyos efectos sucumben por decenas de millares los seres humanos. Todos sabemos que la malaria y otras enfermedades se contagian por los insectos pero lo que ignoramos es en qué estado se encuentra la fauna alada en esos territorios, amén de los beneficios que podrían obtenerse del estudio sobre la resistencia de las aves a esas mismas enfermedades transmitidas por los insectos.
Regresemos a los hechos constitutivos del delito.
La secuencia de envenenamiento y fertilización, es decir, puñalada y cura, sistema de alimentación
artificial de la Naturaleza inventado por el ser humano, viene a destruir el alimento con el que la Naturaleza alimenta a sus
hijos, de la tierra y del cielo. En lo que esto nos afecta a los humanos se puede sintetizar así:
Como no hay hierba, el alimento natural de la vida mamífera desde toda la vida, el deber obliga a la alimentación de las especies mamíferas con productos elaborados químicamente, transformando sus cuerpos en campos de cultivo de poderosos virus y transmisores de potentes enfermedades, sobre lo cual el mal de las vacas locas y otros enfermedades de nuevo cuño en el mundo avícola de granja viene en mi socorro y le da veracidad a lo que fue un cuento de locos antes de que esos males se propagaran a niveles internacionales.
El ciclo continúa. Redunda la
esterilización del suelo, se redobla el proceso de administración fertilizante química. Más
alimentación artificial para los árboles y las plantas.
Y el efecto llega a la mesa.
La producción alimenticia es de baja calidad.
El árbol, transformado en un simple reconversor de basura química en
sucedáneos de sustancias orgánicas alimenticias humanoides, elabora frutos sin sabor natural y sin apenas nutriente. Efecto maravilloso que contribuye al propio sistema creador del sentido
del gusto propio del Homo Urbanita, una especie subhumana incapaz ya de distinguir entre una comida
producida por la Madre Naturaleza y una comida producida por las fábricas de comida-basura
en principio destinadas a la alimentación de las bestias y animales de granja, y finalmente extendida a la especie animal humanoide en vías de evolución hacia la Sub-Especie Humaniense Clónica de los Programas de Crecimiento de las grandes Compañías dedicadas a la Sustitución de la Naturaleza por la Transgenia.
¿Qué es el alimento transgénico sino comida para ganado?
Pero las compañias de producción de transgénico para consumo de ganados, viendo el negocio -cometiendo delito contra la Humanidad- han hecho del Hombre una nueva especie de ganado, más abundante y que, sujeto de por sí a enfermedades propias, entre este mar de agujeros negros en su sistema inmunológico ¿quién podría decir que las nuevas enfermedades trangénicas puedan proceder de su alimentación en tanto que ganado?, máxime teniendo esas compañías biocriminales dedicadas a la alimentación del Hombre como ganado en las clases políticas el aliado natural de quienes han hecho del delito contra la Humanidad, lo mismo que otros del narcotráfico y los otros de la trata de seres humanos, su negocio.
Es decir, podríamos estar viajando por las
implicaciones del sistema antihumano de la cadena alimenticia natural hasta una
hora antes de morirnos todos -como decía la canción- comiendo mierda, la comida del futuro (la Polla Record).
La respuesta que cabe no admite
vejaciones ni discusiones ni diálogos ni peros. Ya sé, en las orejas de un
imbécil y de un beneficiario de ese sistema esta última palabra tiene que sonar a una declaración
antidemocrática de guerra, bla bla bla, y esas cosas para consumo del Homo Sapiens Basurensis.
El hecho es que la
paralización y destrucción de dicho sistema de transformación de toda vida no humana en
fábrica de procesación química es una Necesidad Histórica para Ya.
No cabe
otra alternativa.
Gran parte de los millones de seres humanos que se están
muriendo de hambre lo hacen por la deficiente productividad a que ha conducido
dicho sistema de cultivo a la tierra. La tierra debe volver a ser cultivada por
la mano del hombre y abonada por las criaturas de la Naturaleza.
La producción,
distribución y uso de química o es detenida o detendrá la Historia de la raza
humana en un breve plazo de tiempo.
La desforestación por transformación de los
bosques en fábricas de materia prima para el mundo de papel en el que vivimos y
el cambio climático a nivel global inciden en este progresivo deterioro del
campo acelerando el proceso de su esterilización, con ello escribiendo la muerte anunciada de las generaciones
futuras de todas las especies mamíferas en función de la alteración a que están
siendo sometidas sus estructuras genéticas.
Estamos en un impasse histórico
trascendental. O acabamos con un sistema automático que está acabando con
nosotros o dejamos que ese sistema se extienda y acabe con todos. Tenemos que
romper una cadena alimenticia que se basa en la transformación de todo ser
viviente, animal y vegetal, en centros transformadores de sustancias químicas
sucedáneos de los verdaderos nutrientes orgánicos naturales.
La hora de la discusión ha pasado. Es la hora
de la acción. Mañana será demasiado tarde. Como se mima a un enfermo que sale
de urgencia y se le viste con miles de sonrisas, la Naturaleza, nuestro
enfermo, pide a gritos que dejemos de envenenarla, que liberemos a todos sus
hijos, del cielo, del agua y de la tierra, y al propio hombre de la cárcel en
la que fuera arrojado para salir a volver a labrar la tierra que Dios le dio
para que la cultivase.
Pedimos, por tanto, la abolición del uso de todo arma de
fuego contra las aves del cielo, pedimos la prohibición de todo tipo de caza
con arma de fuego contra la vida del cielo y la vida de la tierra. No hay en
este mundo ni en ninguna parte del universo conocido razón que justifique la
destrucción por deporte de la vida creada.
Y pedimos la inmediata desmantelación de toda la industria dedicada a la Agricultura Artificial, y cierre y derribo de todas las plantas de producción de venenos químicos agricolas cuyo efecto inmediato es la destrucción de todos los ecosistemas de suelo y subsuelo sobre los que la Naturaleza basa su producción alimenticia, su efecto a medio plazo el envenenamiento de los veneros y pozos de agua de riego y para consumo humano, efecto indeseable al que se le suma la destrucción de toda vida de ríos y riachuelos, más la deriva de esta porquería en las costas, eyaculando en los mares veneno puro.
Y pedimos la prohibición de la producción, transporte y uso de toda la gama de sulfatación agrícola, cuya necesidad se basa en el método delictivo de labranza por envenenamiento de la tierra. La sulfatación vaporosa es un agente de destrucción de todo el ecosistema alado cuya integración en el ciclo de producción alimenticia tiene su fundamento en la lucha de la Naturaleza contra las especies insectívoras portadoras de plagas y enfermedades de árboles y plantas. Como complemento a esta medida:
Pedimos la prohibición del negocio de venta al público de armas de fuego para la caza de todas las especies, sean aladas o terrestres. Pedimos la prohibición de la caza deportiva a todos los niveles y a todos los efectos, incluyendo su actuación como figura en el código penal de la Tierra. No caben
justificaciones ni excusas, es hora de acción; si este delito es un medio de vida natural a una clase, entonces hay que combatir el problema extinguiendo una clase social que ha puesto en peligro a la Humanidad y se niega a abandonar ese comportamiento genocida. Vivir o morir. Lo que elijamos eso
será.
Una vez desterrado el ciclo de producción
alimenticia acorde al modelo homicida del siglo XX podremos poner las bases
para una Sociedad de Producción y Distribución tal que se corresponda al Modelo
del Siglo que ha nacido. El hombre aspira en cuanto ser a una media de vida de
120 años, y en consecuencia el Nuevo Modelo Social de participación del
individuo en la comunidad mediante su trabajo está llamado a revolucionar todos
los hábitos en el origen de este alejamiento de la plataforma más importante
para su vida: cómo se produce y dónde come el pan de cada día.
Pero hacer futuro es comenzar a andar.