No abriré este trayecto siguiendo el cuestionario de
los antiguos, es decir: Qué es la salud, y su respuesta: Pues la ausencia de
enfermedad. A estas alturas de la Historia las implicaciones tienen demasiado
peso y gravedad para reducir el tema a un simple proverbio perogrullo.
Todos sabemos lo que es la salud y lo que es la
enfermedad. Y no porque uno no haya estado enfermo nunca no sabe nada de la
enfermedad, pero sí es cierto que nos olvidamos de lo que es la salud y sin
saber cómo, llega un día en que nos despertamos plenamente conscientes de haber
tirado lo más hermoso que teníamos a los cerdos.
Comprendamos que no es lo mismo vivir en una
sociedad occidental cristiano-europea que en una sociedad islámico asiática. Y
que el modelo social al que toda nación tiende por ley natural es aquel que se
encuentra en la cabeza del tren de la Civilización, y únicamente naciones
gobernadas por dementes y asesinos de los primeros puestos van reculando hasta
encontrarse, como quien dice, despreciando la compañía del mundo libre y
prefiriendo la de los dictadores. Cuando la ley de la inteligencia funciona es
el modelo social más avanzado el punto de referencia del más atrasado.
Desgraciadamente la sociedad más avanzada pasa por
una crisis de salud, física e intelectual, que abre un abismo entre ella y
aquélla para la que debiera ser referencia, causando el efecto de desprecio en
razón del cual la condena derivada hunde en el estancamiento de la miseria a la
nación que busca avanzar hacia un modelo de sociedad, si no perfecto, sí lo más
cercana posible a la perfección.
Pero la salud es un negocio y la enfermedad es otro.
Sobre el cadáver de la Salud hacen sus negocios todos los que trafican con la
muerte. Tabaco, alcohol y drogas son los tres enemigos públicos número uno de
la Salud Mundial y, por tanto, las minas de las que se nutren las
Organizaciones Criminales, muchas de ellas legales, como las Tabacaleras, pero
que, en cuanto lo que son, organizaciones criminales, amparadas o no por el
Poder, su fin es la destrucción de la Salud Mundial. La interconexión entre las
familias políticas y dichas organizaciones criminales no es necesario
demostrarlas; la demostración, en este caso, es exigencia apta sólo para
idiotas.
Política y Crimen son las dos caras de una misma
moneda, de aquí la imposibilidad de la Ley, que está sujeta al decreto
político, para acabar con el Crimen. Insisto, pretender que se demuestre lo que
se ve todos los días, es hacer ejercicio de una soberana idiotez. Antes, pues,
de esperar en el poder político debemos adoptar nosotros nuestra propia lucha
contra esos males y declararnos, respecto a nosotros mismos, guerreros a muerte
contra estos tres males del infierno: Alcohol, tabaco y drogas.
Lo perfecto sería que el alcohol no se vendiese en
ningún otro lugar fuera de los servicios profesionales dedicados al consumo de
un líquido que, su consumo natural, no lleva más riesgos. Recitar aquí el
número de los efectos malignos del alcohol sobre la personalidad, la familia y
la sociedad no viene a cuento; han sido recitados ya más veces que pelos tengo
en la cabeza. Hasta que una medida profesional como la señalada entre en
funcionamiento debemos resolver en el mundo privado nuestro comportamiento,
aboliendo por decisión propia el almacenamiento de alcohol en la casa y su
consumo en casa restringido exclusivamente a las fiestas familiares. El
organismo humano está perfectamente preparado para el consumo de alcohol en
cuanto que todas las frutas, los cereales y las hortalizas llevan alcohol.
Ahora bien, como la alimentación frutícola de una variedad restringida de
frutos acaba por minar la salud, el consumo diario de alcohol es un agente
destructor de esa resistencia tras la cual procede el alcoholismo.
Añadámosle a esto que a causa de la naturaleza
criminal de los productores el alcohol apenas si existe en una botella,
reduciéndose todo a química, y tendremos, aparte de una causa de enfermedad,
psíquica y física, otra razón para abolir su almacenamiento casero y centrar su
consumo en los sitios especializados. Derribada la producción criminal de la
química alcoholizante el producto volverá a ser alcohol y su compra en los
establecimientos especializados procederá con la garantía del que sirve lo que
vende y no cobra por lo que no tiene.
Es decisión personal, decimos, abrir esta batalla,
en cuyo campo tenemos al enemigo, una alianza entre política y riquezas, que se
vale de nuestra situación de esclavos, objetos de la lucha de la supervivencia
en la selva en que han convertido nuestra Civilización, para destruirnos como
hombres, reventar nuestras familias y mediante la alcoholización de nuestras
sociedades reducir nuestra capacidad de gobierno al vacío que a ellos les da
todo el Poder.
Ningún almacenamiento de alcohol en casa; no beber
jamás delante de los hijos, sino en los lugares reservados para el consumo de
alcohol; cuando quieras una cerveza, vete al bar; cuando hagas fiesta de
familia en casa, compra el alcohol en los lugares especializados, de la misma
manera que compras la buena carne en la carnicería, y jamás en los supermercados,
donde venden veneno, pura química. La alianza entre productor y vendedor, que
es el supermercado, no entiende de tu salud, sino de tu dinero, y confìa en que
el poder político te ha idiotizado por decreto lo suficiente para que no
entiendas la diferencia entre salud y dinero, y te creas que la salud es el
dinero y si tienes dinero estás sano y si no lo tienes estás enfermo. Es el
discurso del Poder.
De cada cual depende ser un idiota o una persona
inteligente. En las escuelas no se enseña a ser inteligente. Depende del signo
político se enseña a ser un borrego o un hombre libre. La misión sagrada de
todos los padres y las madres es dirigir el desarrollo físico y mental de sus
hijos contra la tendencia antipersonalizante de todo ciudadano de la clase media
para abajo que la escuela política, es decir, estatal, ha optado por modelo.
Cada borrachera es una pared llena de libros y de
instrumentos de cultivo de la inteligencia de los hijos que los padres tiran al
fuego donde sus gobiernos los queman.
Nadie trata de hacer genios, sino que sea
el que sea su camino en la vida nuestros hijos sean hombres libres y no borregos idiotizados
que beben porque beben los compañeros, y fuman porque es lo que hacen los
colegas, y se drogan porque el que no se droga es un fascista. Luego, cuando la
cruz de la enfermedad y de la tragedia familiar pega en la puerta, esa alianza
entre riquezas y política se limpia las manos y allá el idiota va camino de su
gólgota.
Nadie espere que el poder constituído por esa
alianza bendiga este fin sagrado ni encamine el futuro hacia la perfección.
Tenemos la ventaja que nadie puede imponernos fumar, beber y drogarnos, y menos
obligarnos a iniciar a nuestros hijos en esas tres ciencias del infierno.
Mientras tanto el que tiene un negocio especializado en la venta y consumo de
alcohol que cribe por cuenta propia y con el poder de su decisión condene a su
caída a quienes venden veneno en razón de los beneficios que raporta el tráfico
con la salud. Pues no tardará en llegar el día en el que quien trafique con
algo que dice ser una cosa y no lo es ni cumple una norma de salud, será
considerado, lo mismo quien lo produce que quien lo trafica, fuera de la ley, y
como tal delincuente tratado.
Lo perfecto sería que desde el Poder que nos
corresponde escribir y firmar en referendum universal la ley por la que queda
abolida la venta de alcohol en supermercados, grandes superficies y tiendas,
limitando la venta y consumo a bares, restaurantes y tiendas especializadas en
la venta de vinos y alcoholes. Y escribir y firmar la penalización sobre toda
la línea de producción-distribución de alcoholes y vinos químicos, sucedáneos
de los naturales que en sí no son más que venenos destructores de la salud humana.
Es obvio no menos que, si la lucha contra el
alcoholismo pasivo, y la conversión de esta enfermedad social en la mina de los
güevos de oro, título de propiedad en las manos de la alianza maligna entre
Capital y Estado, la lucha frente a la Ley del Pueblo, es decir, el Gobierno de
la Sociedad por Referendum Universal Vivo, continuo y constante, es un frente
de batalla infinitamente más complicado. Y aún así el Gobierno del Pueblo por
el Hombre lo implica y todos los males de la Democracia parten y proceden de la
falacia que es el sistema político de partidos con omnipotencia absoluta para
dictar leyes acorde a los intereses de sus patrones. Dado que a estas alturas
si aún hay un idiota que cree que los partidos políticos son organizaciones
sociales espontáneas e independientes y no criados de los monopolios y las concentraciones
de riquezas, yo doy por sentado que aún habemos muchos a cuyos pies el
idiotismo político-estatal se ha comido eso, "una mierda, la coida del futuro".
Las leyes que nos afectan a todos deben ser escritas
y firmadas por todos, no en representatividad sino en Referendum Universal. Y
desde este Poder Perfecto de la Democracia Cristiana debemos proceder a borrar
del código político todos los decretos dictados a favor y en pro de los
verdaderos amos de los Gobiernos que, según dicen, nos representaban y nos
representan.
El alcoholizado, pasivo o activo, no piensa más que
en el alcohol; el hombre sano, al no tener que pensar en el alcohol, piensa en
otras cosas, y estas cosas en las que piensa el hombre sano y libre es el
enemigo número uno de la alianza Capital-Partido Político que el Socialismo
representa, el Liberalismo bendice y el Capitalismo tiene por norma. Únicamente
una Democracia Cristiana donde la Ley se firma por Referendum Universal puede
plantearle a la Sociedad un futuro de Salud, fìsico e intelectual, y a la
Civilización un camino abierto a un horizonte en constante y continuo
crecimiento.
El alcohol destruye la parte más vital del ser
humano, el cerebro. El hombre es lo que es por su cerebro. Destruída su
funcionalidad por el alcohol, en todo o en sus partes, lo que queda es un
desecho en el caso extremo, y un humano de capacidad pensante reducida en el
caso más común y generalizado.
Dije arriba que no iba a meterme en una
radiografía de los efectos del alcohol sobre la personalidad, la familia y la
violencia social. Es curioso, sin embargo, cómo siendo un problema número 1 de
nuestros días ni los profesionales de la Medicina, ni los científicos de la
política, ni los mass media, ni nadie en absoluto para ser más directos, se
preocupe de luchar contra este enemigo universal de la civilización, a no ser
para recoger los restos, que es para lo que sirven las sociedades
antialcohólicas.
Teniendo estos enemigos tan poderosos delante es por lo que
dije que si el Fin es la Ley por Referendum, no por Decreto, el principio del
fin de esa enfermedad llamada alcoholismo social comienza en nuestras vidas
privadas, en nuestras casas, delante de nuestra familia.
Cuando compres, sea
vino o alcohol en cualquiera de sus formas, no compres veneno.
La Moraleja:
bebe en el bar, que para eso está.