EL POLITIKOM

Capítulo Cuatro

Sobre la Salud y la Enfermedad

I

Contra el Alcoholismo

No abriré este trayecto siguiendo el cuestionario de los antiguos, es decir: Qué es la salud, y su respuesta: Pues la ausencia de enfermedad. A estas alturas de la Historia las implicaciones tienen demasiado peso y gravedad para reducir el tema a un simple proverbio perogrullo.

Todos sabemos lo que es la salud y lo que es la enfermedad. Y no porque uno no haya estado enfermo nunca no sabe nada de la enfermedad, pero sí es cierto que nos olvidamos de lo que es la salud y sin saber cómo, llega un día en que nos despertamos plenamente conscientes de haber tirado lo más hermoso que teníamos a los cerdos.

Comprendamos que no es lo mismo vivir en una sociedad occidental cristiano-europea que en una sociedad islámico asiática. Y que el modelo social al que toda nación tiende por ley natural es aquel que se encuentra en la cabeza del tren de la Civilización, y únicamente naciones gobernadas por dementes y asesinos de los primeros puestos van reculando hasta encontrarse, como quien dice, despreciando la compañía del mundo libre y prefiriendo la de los dictadores. Cuando la ley de la inteligencia funciona es el modelo social más avanzado el punto de referencia del más atrasado.

Desgraciadamente la sociedad más avanzada pasa por una crisis de salud, física e intelectual, que abre un abismo entre ella y aquélla para la que debiera ser referencia, causando el efecto de desprecio en razón del cual la condena derivada hunde en el estancamiento de la miseria a la nación que busca avanzar hacia un modelo de sociedad, si no perfecto, sí lo más cercana posible a la perfección.

Pero la salud es un negocio y la enfermedad es otro. Sobre el cadáver de la Salud hacen sus negocios todos los que trafican con la muerte. Tabaco, alcohol y drogas son los tres enemigos públicos número uno de la Salud Mundial y, por tanto, las minas de las que se nutren las Organizaciones Criminales, muchas de ellas legales, como las Tabacaleras, pero que, en cuanto lo que son, organizaciones criminales, amparadas o no por el Poder, su fin es la destrucción de la Salud Mundial. La interconexión entre las familias políticas y dichas organizaciones criminales no es necesario demostrarlas; la demostración, en este caso, es exigencia apta sólo para idiotas.

Política y Crimen son las dos caras de una misma moneda, de aquí la imposibilidad de la Ley, que está sujeta al decreto político, para acabar con el Crimen. Insisto, pretender que se demuestre lo que se ve todos los días, es hacer ejercicio de una soberana idiotez. Antes, pues, de esperar en el poder político debemos adoptar nosotros nuestra propia lucha contra esos males y declararnos, respecto a nosotros mismos, guerreros a muerte contra estos tres males del infierno: Alcohol, tabaco y drogas.

Lo perfecto sería que el alcohol no se vendiese en ningún otro lugar fuera de los servicios profesionales dedicados al consumo de un líquido que, su consumo natural, no lleva más riesgos. Recitar aquí el número de los efectos malignos del alcohol sobre la personalidad, la familia y la sociedad no viene a cuento; han sido recitados ya más veces que pelos tengo en la cabeza. Hasta que una medida profesional como la señalada entre en funcionamiento debemos resolver en el mundo privado nuestro comportamiento, aboliendo por decisión propia el almacenamiento de alcohol en la casa y su consumo en casa restringido exclusivamente a las fiestas familiares. El organismo humano está perfectamente preparado para el consumo de alcohol en cuanto que todas las frutas, los cereales y las hortalizas llevan alcohol. Ahora bien, como la alimentación frutícola de una variedad restringida de frutos acaba por minar la salud, el consumo diario de alcohol es un agente destructor de esa resistencia tras la cual procede el alcoholismo.

Añadámosle a esto que a causa de la naturaleza criminal de los productores el alcohol apenas si existe en una botella, reduciéndose todo a química, y tendremos, aparte de una causa de enfermedad, psíquica y física, otra razón para abolir su almacenamiento casero y centrar su consumo en los sitios especializados. Derribada la producción criminal de la química alcoholizante el producto volverá a ser alcohol y su compra en los establecimientos especializados procederá con la garantía del que sirve lo que vende y no cobra por lo que no tiene.

Es decisión personal, decimos, abrir esta batalla, en cuyo campo tenemos al enemigo, una alianza entre política y riquezas, que se vale de nuestra situación de esclavos, objetos de la lucha de la supervivencia en la selva en que han convertido nuestra Civilización, para destruirnos como hombres, reventar nuestras familias y mediante la alcoholización de nuestras sociedades reducir nuestra capacidad de gobierno al vacío que a ellos les da todo el Poder.

Ningún almacenamiento de alcohol en casa; no beber jamás delante de los hijos, sino en los lugares reservados para el consumo de alcohol; cuando quieras una cerveza, vete al bar; cuando hagas fiesta de familia en casa, compra el alcohol en los lugares especializados, de la misma manera que compras la buena carne en la carnicería, y jamás en los supermercados, donde venden veneno, pura química. La alianza entre productor y vendedor, que es el supermercado, no entiende de tu salud, sino de tu dinero, y confìa en que el poder político te ha idiotizado por decreto lo suficiente para que no entiendas la diferencia entre salud y dinero, y te creas que la salud es el dinero y si tienes dinero estás sano y si no lo tienes estás enfermo. Es el discurso del Poder.

De cada cual depende ser un idiota o una persona inteligente. En las escuelas no se enseña a ser inteligente. Depende del signo político se enseña a ser un borrego o un hombre libre. La misión sagrada de todos los padres y las madres es dirigir el desarrollo físico y mental de sus hijos contra la tendencia antipersonalizante de todo ciudadano de la clase media para abajo que la escuela política, es decir, estatal, ha optado por modelo.

Cada borrachera es una pared llena de libros y de instrumentos de cultivo de la inteligencia de los hijos que los padres tiran al fuego donde sus gobiernos los queman.

Nadie trata de hacer genios, sino que sea el que sea su camino en la vida nuestros hijos sean hombres libres y no borregos idiotizados que beben porque beben los compañeros, y fuman porque es lo que hacen los colegas, y se drogan porque el que no se droga es un fascista. Luego, cuando la cruz de la enfermedad y de la tragedia familiar pega en la puerta, esa alianza entre riquezas y política se limpia las manos y allá el idiota va camino de su gólgota.

Nadie espere que el poder constituído por esa alianza bendiga este fin sagrado ni encamine el futuro hacia la perfección. Tenemos la ventaja que nadie puede imponernos fumar, beber y drogarnos, y menos obligarnos a iniciar a nuestros hijos en esas tres ciencias del infierno. Mientras tanto el que tiene un negocio especializado en la venta y consumo de alcohol que cribe por cuenta propia y con el poder de su decisión condene a su caída a quienes venden veneno en razón de los beneficios que raporta el tráfico con la salud. Pues no tardará en llegar el día en el que quien trafique con algo que dice ser una cosa y no lo es ni cumple una norma de salud, será considerado, lo mismo quien lo produce que quien lo trafica, fuera de la ley, y como tal delincuente tratado.

Lo perfecto sería que desde el Poder que nos corresponde escribir y firmar en referendum universal la ley por la que queda abolida la venta de alcohol en supermercados, grandes superficies y tiendas, limitando la venta y consumo a bares, restaurantes y tiendas especializadas en la venta de vinos y alcoholes. Y escribir y firmar la penalización sobre toda la línea de producción-distribución de alcoholes y vinos químicos, sucedáneos de los naturales que en sí no son más que venenos destructores de la salud humana.

Es obvio no menos que, si la lucha contra el alcoholismo pasivo, y la conversión de esta enfermedad social en la mina de los güevos de oro, título de propiedad en las manos de la alianza maligna entre Capital y Estado, la lucha frente a la Ley del Pueblo, es decir, el Gobierno de la Sociedad por Referendum Universal Vivo, continuo y constante, es un frente de batalla infinitamente más complicado. Y aún así el Gobierno del Pueblo por el Hombre lo implica y todos los males de la Democracia parten y proceden de la falacia que es el sistema político de partidos con omnipotencia absoluta para dictar leyes acorde a los intereses de sus patrones. Dado que a estas alturas si aún hay un idiota que cree que los partidos políticos son organizaciones sociales espontáneas e independientes y no criados de los monopolios y las concentraciones de riquezas, yo doy por sentado que aún habemos muchos a cuyos pies el idiotismo político-estatal se ha comido eso, "una mierda, la coida del futuro".

Las leyes que nos afectan a todos deben ser escritas y firmadas por todos, no en representatividad sino en Referendum Universal. Y desde este Poder Perfecto de la Democracia Cristiana debemos proceder a borrar del código político todos los decretos dictados a favor y en pro de los verdaderos amos de los Gobiernos que, según dicen, nos representaban y nos representan.

El alcoholizado, pasivo o activo, no piensa más que en el alcohol; el hombre sano, al no tener que pensar en el alcohol, piensa en otras cosas, y estas cosas en las que piensa el hombre sano y libre es el enemigo número uno de la alianza Capital-Partido Político que el Socialismo representa, el Liberalismo bendice y el Capitalismo tiene por norma. Únicamente una Democracia Cristiana donde la Ley se firma por Referendum Universal puede plantearle a la Sociedad un futuro de Salud, fìsico e intelectual, y a la Civilización un camino abierto a un horizonte en constante y continuo crecimiento.

El alcohol destruye la parte más vital del ser humano, el cerebro. El hombre es lo que es por su cerebro. Destruída su funcionalidad por el alcohol, en todo o en sus partes, lo que queda es un desecho en el caso extremo, y un humano de capacidad pensante reducida en el caso más común y generalizado.

Dije arriba que no iba a meterme en una radiografía de los efectos del alcohol sobre la personalidad, la familia y la violencia social. Es curioso, sin embargo, cómo siendo un problema número 1 de nuestros días ni los profesionales de la Medicina, ni los científicos de la política, ni los mass media, ni nadie en absoluto para ser más directos, se preocupe de luchar contra este enemigo universal de la civilización, a no ser para recoger los restos, que es para lo que sirven las sociedades antialcohólicas.

Teniendo estos enemigos tan poderosos delante es por lo que dije que si el Fin es la Ley por Referendum, no por Decreto, el principio del fin de esa enfermedad llamada alcoholismo social comienza en nuestras vidas privadas, en nuestras casas, delante de nuestra familia.

Cuando compres, sea vino o alcohol en cualquiera de sus formas, no compres veneno.

La Moraleja: bebe en el bar, que para eso está.