CRÓNICAS DEL SIGLO XXI

ESPAÑA. LA CUESTIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

 

Sección 1.- Memoria e Historia

 

Toda praxis tiene su comienzo en una conclusión universal cuyo valor histórico, intelectual, sociológico, filosófico, científico, e incluso teológico, está más allá de cualquier duda, crítica y proceso inquisitivo. Y esto para bien o para mal. Pero pues que el Mal no nos interesa en cuanto praxis y sólo en cuanto tema de estudio, a la manera que es necesario conocer al enemigo paa derrotarlo, en la Cuestión de la Memoria Histórica de España, en estos últimos años parte de la política del Gobierno Socialista Español, bajo cuyos cascos ha sucumbido la estrella de uno de los jueces más competentes de la Comunidad Internacional en la Lucha Antiterrorista y Crimen Organizado a nivel Mundial, cuyo nombre espera su resurrección, pero que ha de sufrir el Calvario que ha de crucificarlo, según el guión escrito contra él por el Poder en funciones; y porque la Memoria Histórica de España es sujeto de Patrimonio Universal en razón de la Participación de su Historia en la Edificación de la Estructura del Mundo Actual, siendo el Bien el único argumento que nos preocupa, la praxis a la que se aspira debe partir de un fundamento, como dije arriba, perfectamente legible y natural a la inteligencia en cuanto axioma propio, libre de toda crítica subjetiva en orden a su valor objetivo.

Decir que la Memoria es el Principio de la Civilización, aunque  a algunos pueda sonarle a categoría tipo peripatetismo clasicoideo, es, la verdad, no decir mucho; y no porque no sea un axioma fundamental irreversible, innegable e irrefutable, sino precisamente porque, al serlo, abrir un estudio entrando por una puerta tan general no parece que pueda conducirnos a mucho, máxime habiéndosenos acostumbrado al discurso político del lobo que habla desde el otro lado de la puerta, y cuando se le dice, enséñame la pata, se la rapa. La verdad no necesita esconderse tras la puerta, ni echarla abajo, ni entrar por la ventana en la casa de la inteligencia. La verdad es directa, clara y no admite medias tintas. Y será siguiendo esta máxima que a estas líneas le servirán de caballo mi pensamiento.

Que la Memoria es el Principio de la Civilización basta probarlo mirando las Cuevas de Altamira y Lascaux para ver hasta qué punto el progreso del Homo Sapiens se basó en el discurso de la Memoria sobre un soporte material, primero las parades de las cuevas, y andando el tiempo, la arcilla, el papiro, el papel, y actualmente, en pleno estado de crecimiento, el Soporte Virtual, como medio de acumulación y transmisión del Conocimiento al Futuro. Conocimiento que, por esta regla, es igual a la Memoria en Activo de las generaciones que se suceden en el escenario de la Historia Universal. De tal manera que la generación que nace no deba volver a comenzar por donde empezaron las precedentes.

Visualizando el proceso del crecimiento de las Civilización podemos afirmar que el Desarrollo del Conocimiento y la Expansión de las facultades de la memoria Humana son dos actos de una misma Obra. A mayor Conocimiento mayor Memoria. Y a mayor Memoria, mayor Inteligencia. Concluyendo esta simple lógica en un “A mayor inteligencia más progreso de la Civilización”.

Y de nuevo, a mayor progreso de la Civilización más se potencia la Memoria, que es el principio del Crecimiento de la Civilización. De donde se ve, se deduce y se resuelve que una Nación que tara el Crecimiento de su comunidad científica en funciones de las necesidades económicas creadas por la ruinosa Administración de los recursos del Estado por un Gobierno donde la Mediocridad es condición de Talento y el servilismo causa de Ascenso,  esta tara del poder intelectual nacional produce en la Sociedad un profundo desastre dada la íntima conexión existente entre Ciencia, Historia, Memoria y Civilización.

¿Pero es la Historia : Memoria?

He aquí la madre del cordero. ¿Es la Memoria de una Nación aquella que es registrada en la Historia o la Historia es simplemente la pista básica que conduce a la Memoria? 

De nuevo, no es en vano adentrarse en estas profundidades con objeto de alcanzar el punto donde comienza la Memoria de España. Y no sólo de España, la condición es la misma para todas las naciones. Pue sabemos que la Historia la escriben los Vencedores. Ahora bien, ¿quiénes son los Vencedores?

¿Fue Caín el vencedor sobre su hermano Abel? Ya podemos imaginarnos la Historia de Caín y Abel si, en lugar de haberla escrito Set, la hubiera escrito “el vencedor”. Veamos :

-Pues sí, señor, mi hermano Abel era un cobarde de tomo y lomo; tuvimos la oportunidad de reconquistar el reino perdido por nuestro padre, y siendo del interés de la Humanidad la Monarquía del elegido, su negación hacía imposible la restauración de la corona bajo cuyo imperio creciera la Civilización, y que al hundirse arrastró consigo a todo el reino. Ergo, Razón de Estado, Abel tenía que morir, por cobarde y por traidor a la Humanidad”.

Afortunadamente la Historia la escribió Set. No tuvo tanta suerte el pueblo de la India, como se ve en sus Upanishads, donde el Caín del momento justificó la Guerra Civil y la destrucción de sus hermanos en una Divina Razón de Estado.

Idem podemos decir de las historias sobre las que se basa la Historia de las naciones antiguas. Hasta el punto tal que sin prejuicio de ninguna clase podemos afirmar que la Biblia es la Única Historia escrita por “los Perdedores”. ¿No fue Jesucristo un “perdedor”? ¿No lo fueron sus Discípulos? ¿No fueron los Profetas todos unos “perdedores”?

Lo que sabemos, tras un estudio extenso y profundo de las ciencias históricas, es que toda la Historia escrita es un conjunto de Memorias Falseadas por “los Vencedores”. Tomemos el caso de Enrique VIII, un Héroe para los Ingleses, la heroicidad del cual rey se basó en su todopoder para asesinar a todo el que le dio la gana y, siendo el crimen su Valor, no dudó en asesinar a no sé cuántas mujeres, amén de varones de moral y ética un millón de veces superior a la de semejante gusano, y lanzar una persecución anticristiana que ni los Nerones, pues la de los Romanos duró tres siglos; pero la persecución contra los Católicos por la Corona Británica, los mismos que fueron perseguidos por los Nerones, ha durado Cinco Siglos. Y aún colea como se ha visto en el proceso inquisitorial contra el Católico Tony Blair. 

Se entiende que la Historia escrita por esta Escuela Inglesa sea un compendio de falsedades de la A a la Z. Quien no es capaz de llamar a un asesino de la calaña de Enrique VIIII por su nombre difícilmente puede llamarse historiador. Realidad que se aprecia en toda su omnipotencia en el genocidio Inglés contra el pueblo Irlandés en el siglo XVII, justificando el Historiador Inglés la Invasión y la Deportación de Población irlandesa tipo Asirio, alzado a su exterminio mediante su envío a las guerras suecas, a que los matara el enemigo, en lo atrasado de su nación.  Como si dijéramos que porque Bulgaria, en el presente, se halle en pésimas condiciones económicas, los Franceses, que se hallan boyantes, estarían en todo su derecho a invadir Bulgaria, exterminar a su pueblo, y repartirse el territorio.

Justificar en semejante barbarismo antihumano el Genocidio Irlandés, que ha coleado hasta finales del siglo pasado y aún subiste en el Odio de la población, porque la justificación de un genocidio es injustificable, convierte a la Escuela de los Historiadores Ingleses en perfectos manipuladores, utilizando de esta manera la Historia para la perversión de la Memoria.

 Ejemplo que nos sirve para separar Memoria e Historia. La Historia Ideal, en su estado puro, es, en verdad, la proyección sobre la materia, cualquiera sea su soporte temporal, de la Experiencia colectiva de un pueblo, a todos los niveles, con objeto de su crecimiento, en todos los espacios propios de la Civilización. ¡Es la Historia en su estado puro! Ahora bien, como sabemos que la Historia ha estado escrito por “los vencedores”, tipo Britáico, darse una vuelta por la Historia Universal sin meterse antes en la armadura de la Inteligencia es sujetarse a una castración del intelecto. La Historia, en definitiva, excepto la Historia de los Divinos Perdedores, ha sido escrita por Criminales, Asesinos, Genocidas y Dementes que, teniendo el Poder de Estados Omnipotentes, ordenaron y vigilaron la composición de las historias de sus reinados e imperios. 

Pasando a consideraciones reales es por cierto más seguro que nosotros, a dos mil quinientos años de Sócrates, conozcamos mejor la Historia del Pueblo Heleno que el mismísimo Aristóteles. Y es que la distancia y la desaparición de un pueblo, cuando se está en posesión de documentos procedentes de diferentes naciones, da lugar a la reconstrucción de la Memoria, deviniendo, entonces SÍ, la proyección de esa Experiencia Colectiva en la materia : Verdadera Historia.

En el caso del Pueblo Español, que es el que nos ocupa, siendo la Trascendencia de la Participación de esta Nación en el Desarrollo de la Civilización de tan grande importancia, y porque es una Nación Viva, sujeta a las Perturbaciones del Poder, su Memoria, habiendo sido escrita desde intereses manifiestos, ha estado sujeta a perturbaciones manipuladoras constantes y continuas, tanto más penalizadoras de la verdad cuanto fuertes fueron los intereses extraños e intestinos en desvirtuar esta verdad en beneficio de los intereses de unos y otros. El primer punto a destacar es, por consiguiente, la trascendencia para el Curso de la Historia Universal de una de las Naciones sin las que entender el Mundo es totalmente imposible.

Podemos decir que hay naciones intrascendentes sin el concurso de las cuales la Civilización se ha formado y ha superado los miles de problemas contra los que se ha ido enfrentando. O lo que es lo mismo, así como en relación al futuro de uno cualquiera de nosotros que conozcamos o dejemos de conocer a fulanito tal y cual, tanto como si sí como si no conociéramos su existencia o no existencia sería una experiencia intrascendente en relación a nuestro crecimiento futuro, de esta misma manera hay naciones cuya existencia no ha tenido ninguna relación con la Civilización, y su Historia es una Memoria que le compete a quien le competa pero en ningún caso a la memoria de la Civilización, ni para bien ni para mal. Sin embargo, esta Memoria, la Historia de la Humanidad, sería inexplicable sin la Historia de España. La ausencia de España en la Historia sería igual a practicar una lobotomía en el seno de la Memoria del Mundo.

Desgraciadamente, y a este punto había que llegar, la Inteligencia del Pueblo Español, que se caracteriza por una abstracción muy alta, de aquí que la Teología fuese su ciencia favorita durante las Edades Medievales, y la Ciencia en cuanto ciencia haya devenido su campo de desarrollo al presente, cuando la cualificación del Intelecto Científico Español es altamente requerido por las naciones más desarrolladas del Planeta, y esto no es chovinismo, sino constancia de una realidad. Desgraciadamente, la Historia no entró jamás en el punto de mira del Español. Por muchas razones. La más lógica, porque la larga mano de la Inquisición, al servicio de las dinastías reales, se alzó como una barrera insuperable a la hora de pasar de la Historia a la Memoria. Al pueblo le convenía la Historia escrita por “los vencedores”, no el conocimiento de “las Causas que determinan los acontecimientos”. Punto que hace de la Historia una Ciencia, y de aquí que se hable de ciencias históricas.

Es decir, como el objeto se opone al sujeto, entablándose por Naturaleza una dialéctica de investigación entre ambos, cuando la Memoria deviene Razón de Estado se produce la necesidad de la elevación de la Historia a la condición de Ciencia, mediante esta transformación y por ella el Historiador, el sujeto, es obligado a abrirse camino hacia la Memoria, el objeto, por el mar de documentos enterrados bajo la Razón de Estado.

Cerrada la Inteligencia óptima del pueblo español a esta transformación de la Historia en Ciencia por el Poder de la trama inquisidora, era imposibe que en España naciesen Historiadores dignos del nombre de científicos. De aquí la gran ignorancia y el poco conocimiento de la inmensa mayoría del pueblo español sobre el valor, trascendencia e importancia de su Nación en el seno de la Historia Universal de la Civilización. Curiosamente han sido extranjeros los que, maravillados por el carácter de este pueblo, convirtieron su admiración en obras históricas dotadas de valor científico.

Cristo Raul. 3/1/11.

 

Continuará : Sección 2.-EL QUIJOTE